-No comprendo… ¿Quién pudo hacer esto?- murmuro un atractivo hombre de cabellos azules y mirada inteligente que, en ese momento, se había inclinado para observar el cadáver, se trataba de Aioros… claro que había muchas razones por las que podrían matarle, al fin y al cabo, tenía un trabajo peligroso… tanto y mas que el que el mismo tenia, porque Saga, era plenamente leal a Milo y a la familia Scorpios…
Aioros se había prácticamente criado con ellos, si bien, el padre de él, les había mantenido a él y a su hermano menor, Aioria, en las sombras para su protección, fue por ello que Aioros había sido el miembro perfecto de la banda para infiltrarse en el terreno enemigo, y es que, la familia Scorpios y Hades estaban enemistadas desde mucho antes de que Milo naciera.
-¿Crees que Hades halla podido descubrirle?... pero…¿Cómo?... es decir… no se ponía en contacto con nosotros nunca, nunca directamente al menos… siempre lo hacía por medio de Shaka- murmuro Kanon mientras recorría con su mirada la habitación, buscando algún tipo de señal de violencia, una pista que delatara a su asesino, pero no había nada, quien le disparo por detrás, obviamente había entrado en el departamento con extremo sigilo, sus ojos azules se fijaron entonces en la tercera persona en esa habitación, Aioria.
-Debemos irnos... nadie sabe encargarse de este tipo de cosas como Shura… descuida Aioria… te juro que conseguiremos a quien lo hizo- aseguro el gemelo menor poniendo su mano en el hombro del león, que se encontraba terriblemente afectado
-¿Sabes dónde podemos encontrar a Shaka?- pregunto esta vez Saga caminando a la puerta, no podía quedarse allí mucho tiempo mas, los demás les siguieron.
-Aioros… nunca me dijo su dirección… o nombre real… pero Milo debe tener su número telefónico...- respondió escuetamente Aioria evitando aun mirar el cuerpo de su hermano en el suelo
-Eso tendrá que bastar por ahora…. Sigamos a Saga y vámonos
-¿Aceptaste la invitación a cenar de un sujeto que no conoces? Tú no eres así Camus…
Dos jóvenes enfundados en batas blancas hablaban en suaves susurros sentados en unos sillones en la sala de emergencias, que, afortunadamente no estaba muy llena y todo estaba bajo control, el pelirrojo sonrió un poco apenado y se encogió de hombros
-¿Qué puedo decir?... estoy corto de dinero, realmente no podría rechazar una cena gratis… Y NO, no podría aceptar de nuevo dinero tuyo Mu, ya me has ayudado en demasía y sé que tienes gastos también- se apresuro a agregar al ver intenciones del lemuriano de interrumpirle – solo será una cena y ya...
-Ummm… ¿sigues renuente a llamar a tus padres entonces?... da igual lo que haya pasado en Francia… son tus padres y no fue tu culpa de todas maneras…- susurro Mu esta vez más bajo para que las enfermeras que pasaban en ese momento por su lado, no les oyeran, mas nada más ver el rostro de su amigo, supo que ni había considerado esa opción
-Ellos no me quieren en su vida…y yo no les obligare a ayudarme económicamente si tanto odio les ocasiono… yo he llegado hasta aquí prácticamente solo, y sé que podre continuar de esta manera… bueno… contigo claro está- acabo por añadir sonriéndole, realmente Mu se había convertido en un hermano para él, y era cierto que siempre era bien recibido en la casa Hivä, mas Camus no quería recargarse siempre en alguien, así que comía poco y ahorraba mucho en vivienda y comida
-Camus… bueno tú sabrás- término por ceder Mu y suspiro – eso quiere decir que te irás temprano… que envidia, yo tengo turno esta noche
- Ya… pero tienes permiso de una semana luego, tráeme algo de las montañas- bromeo Camus, en realidad no quería que Mu se fuese con su padre Shion y su hermano Kiki de vacaciones a un balneario, sabía que era egoísta pero, era porque, aunque Camus parecía frio y en ocasiones, asocial, de hecho, no le gustaba la soledad, y cuando no estaba con Mu, así era como estaba, solo.
La tarde se convirtió en Noche sin que hubiesen muchos incidentes que contar, lo cual era una fortuna, pues Atenas podía ser una ciudad peligrosa en ocasiones, la mayor agitación en la jornada de Camus, había sido una pequeña niña que había llegado con una picadura de abeja y no cesaba de llorar aun cuando Camus ya había extraído el aguijón y la madre la cargaba en brazos intentando calmarla y solo se calmo cuando este le consiguió una paleta de fresa.
-¿Ves? Así si llorar pareces toda una princesa- dijo con dulzura poco propia de él, al menos para alguien que no le conociera, como un cierto rubio que, como perro por su casa, había interrumpido en la sala de emergencias buscando al "Doctor pelirrojo"
- aquí estas Camus – sonrió Milo sin mirar a la mujer y a la pequeña que se despidieron de Camus agradecidas y se fueron, entonces Milo noto que Camus le miraba serio cruzado de brazos y comenzó una retahíla…
-Hola Señor. Milo, muy buenas noches ¿Cómo esta?, bien gracias ¿y usted?... ¿no conoce acaso las normas básicas de educación? Se toca la puerta antes de entrar a una habitación y cuando se entra a un lugar, se saluda siempre - le regaño sin cambiar de postura, pero por supuesto, Milo le ignoro la rabieta y sonrió burlón
- Hablas como mis tutores- le contesto simplemente y lo miro de arriba abajo- Son las 8 ya… ¿Qué dicen las normas de cortesía sobre hacer esperar a las personas?- agrego jugando de la misma manera que Camus, que solo bufo y negó con la cabeza
-Señor Milo… es usted imposible- se quejo algo ruborizado Camus y se apresuro a quitarse la bata, bajo esta, iba con un jean azul oscuro y una camisa manga larga de color negro que hacia resaltar sus cabellos rojo fuego, aunque esta no había sido su intención, mas bien, era que le gustaba el negro –¿ vamos entonces…?
Te voy a llevar a un restaurant Francés al que dudo que hallas ido jamás- contesto el rubio y sin pedir permiso, le tomo delicadamente del brazo para invitarle a caminar y salir del hospital
