Los días siguieron pasando, no había vuelto a ver Edward, todavía se me hacia extraño todo lo que había pasado, era imposible que le conociera por más que intentaba recordar y recordar me di cuenta de que en mi vida le había visto, y lo más raro era que me sentía como si fuera alguien muy importante para mí, pero ¿como va a serlo alguien que solamente has visto en tus sueños?
Me sentía muy confundida, esa noche él, ese extraño, consiguió que mi dolor desapareciera, pero tan solo duro minutos, al día siguiente cuando comprendí que no volvería a verle esa sensación que oprimía mi pecho volvió con más intensidad de la normal.
Había decidido que no le daría más vueltas, al menos lo que refería a las pesadillas, porque su rostro era imposible sacármelo de la cabeza, lo tenía grabado con fuego en mi mente. En mi vida nunca me había interesado nadie como él había conseguido, ni siquiera tuve las ganas de vivir que como un soplo de aire fresco el trajo de repente a mí, quería volver a verlo, daría cualquier cosa por ello lo tenía claro.
Pero como no eso era algo altamente imposible, después de esa noche le busque por la ciudad, pero la suerte no estuvo de mi lado ya que no conseguí encontrarle. Y ahora menos, me encontraba en un avión a minutos de aterrizar en la fría Alaska, me sentía algo triste por saber que mis posibilidades de volver a ver a ese chico serian una entre un millón ahora que me encontraba a kilómetros de donde se produjo nuestro primer y último encuentro, para que algo así pudiera suceder haría falta la fuerza del destino.
El avión estaba lleno y me estaba agobiando, mi asiento estaba en medio de un hombre enorme al que se le salía la baba del sueño tan profundo en el que se encontraba y una mujer de mediana edad a la que le hacía mucha falta un psicólogo o por lo menos un amigo, se había pasado las últimas horas hablando de su vida. Dejé que siguiera hablando sin interrumpirla, haber si al darse cuenta de que no le prestaba atención dejaría de hablar, pero al parecer ella se lo tomo al contrario, porque su voz irritante seguía soltando palabras que ya ni se filtraban por mis oídos.
Cuando salí del avión le di gracias a mi madre mentalmente por haberse asegurado de que llevara un abrigo en mano, el frio fue notorio nada desembarcar, no estaba acostumbrada a temperaturas menores de 30 grados como mínimo.
Mis maletas fueron las ultimas en salir, así que había tardado más tiempo del deseado, me encontraba luchando contra mis dos maletas y mi bolso de mano con mi portátil, pesaban mucho para mí y las llevaba arrastrando.
Al salir del aeropuerto, la fila que debería estar decorando la entrada llena de taxis no existía, mi suerte iba siendo la peor que había tenido en días y para empeorar todo estaba de mal humor, mis emociones estaban a flor de piel, no sabía si llorar o gritar.
A unos pasos de mi vi que aparcaba un taxi libre, y como pude corrí hacia él, antes de que un chico con una cabellera cobriza que se me hizo muy familiar entró rápidamente robándome el único coche libre. Toque la ventanilla de mal humor y abrí la puerta, no iba a dejar que nadie me robara algo que yo había visto primera.
-¡ yo vi primero el taxi...!- casi gruñi, pero mis palabras se quedaron atoradas en mi garganta cuando viró la cabeza para replicarme, dejándome ver su rostro, uno que había estado buscando en estos últimos días-Tú..- salió casi inaudible, esto debe ser un sueño más seguramente me habré dormido en el avión, sí, abrí y cerré los ojos pero él no se iba.
-si yo…- me miraba mientras intentaba reprimir una carcajada, me estaba sonriendo con esa sonrisa torcida que me dio el primer día que le vi, de pronto sus facciones se mostraron serias y frunció el ceño- ¿no me estarás siguiendo?
¡No!- grité, note como mis mejillas se ponían calientes, delatando lo que había estado haciendo esta semana, bueno en teoría le busqué, no le seguí- Claro que no,..¿No me estarás siguiendo tú a mí?- ahora fue mi turno de levantar la ceja y poner mi mejor cara interrogante.
Edward iba a decir algo pero el conductor se metió en medio interrumpiendo-Perdonen peor yo tengo que trabajar así que decidan quién va a coger el taxi, por favor.- me mordí el labio indecisa, el chofer tenía razón estábamos aquí haciéndole perder el tiempo.
-Bueno, tú entraste antes, buscaré otro- me dispuse a salir del taxi, ya que no sé cómo había acabado sentada en el asiento de atrás junto "al chico misterioso", pero una mano no me dejo agarrándome y volviendo a sentarme.
-¿Qué te parece si lo usamos los dos?- me miro sonriente- a mi no me importa...y asi me cuentas como te ha ido siguiéndome, acosadora- asentí mirándole con mala cara y sali para poder meter mis maletas en el maletero. Con algo de fuerza pude meter mis dos maletas ya que gracias a Dios el maletero era lo bastante para su maleta y las mías.
En cuanto me senté el conductor puso el taxímetro y nos preguntó hacia donde nos dirigíamos los dos soltamos a la vez- Alaska Southeast- vale esto era muy raro, me quede mirándole intentado descubrir algo, cualquier cosa, yo no creía en la coincidencias y esto de seguro no lo era.
-¿Vas a seguir mirándome, acosadora?- entrecerré los ojos, intentando parecer amenazadora algo que no ocurrió y causo que él se riera, sonreí, me sentía extraña, yo nunca era así, pero con él había descubierto una nueva faceta, nunca fui una persona que se riera mucho, o simplemente sociable, pero con él todo era fácil, por primera vez me sentía yo misma, sin ese peso de dolor que llevaba siempre conmigo, respire hondo disfrutando como podía respirar sin sentir esa opresión.
-Gracias- sonreí sinceramente.
-¿Por?-le miré mordiéndome el labio, ni yo sabía exactamente por qué, y no podía decirle que era importante en mi vida a un desconocido que le conocía de horas.
-Por haber aparecido…digo aquella noche- me quede esperando a que contestara, dejándome llevar por su verde mirada, no me di cuenta de que me estaba acercando más a él, sus ojos cambiaron de color en un segundo, dejando de ser verdes a negro oscuros, profundos, cerré y abrí mis ojos y ese verde me sonreía de nuevo, seguro esto si era a causa de mi imaginación, estaba exhausta por el viaje, no había podido dormir nada.
-Entonces... ¿que haces por aquí desconocida?- había estado tanto tiempo en mis pensamientos que no me había dado cuenta que no le había dicho mi nombre.
-Isabella, me llamo Isabella….mm- carraspeé aclarando mi voz intentado centrarme- y bueno vengo a estudiar aquí, supongo que igual que tú.
-Bonito nombre, Bella- se me quedó mirando como si intentara decirme algo, mientras decía mi nombre de una manera nunca había escuchado hasta ahora, pero que me hizo sentir una punzada de reconocimiento, Bella, ¿de qué me era tan familiar? Mi cuerpo había reaccionado a su voz como si fuera parte de él, sentía mi corazón bombear sangre con fuerza y rapidez amenazando con salirse de mi pecho, sentí como deje de respirar por unos segundos que me parecieron eternos hasta que el volvió a hablar- y supones bien, que coincidencia que nos volvamos a ver o quizás no-
Cuando llegamos al campus él se ofreció a pagar intente negarme pero en no me dejó, nos acompañamos hasta llegar a una puerta donde en letras mayúsculas y negritas decía –recepción- más abajo rezaba que ahí era donde se recogían las llaves de los cuartos, en cuanto me dieron las, llaves y un mapa del lugar donde también decía que había que ir a una presentación hoy a la tarde en el salón de actos, me despedí de Edward y me dirigí al que se suponía que era mi cuarto. Para llegar a mi cuarto se tenía que salir de la universidad y dirigirse a través del campus hacia dos edificios grandes donde se diferenciaban gracias a unas letras grandes "A" y "B", el edificio de las chicas era el A, así que entre sin preámbulos, arrastrando mis maletas, dentro habían muchas chicas de un lado para otro, saludándose entre ellas, llevando maletas, riendo...bueno Bella... vamos allá. Como pude zigzagueé entre la gente dirigiéndome hacia los asesores. Mi habitación se encontraba en el tercer piso, cuando logré llegar, aparté las maletas hacia un lado y me dispuse a abrir la puerta con la llave, pero alguien fue más rápida que yo y la abrió desde dentro.
-¡Hay, Hola! Supongo que tú debes ser mi compañera, es tan emocionante nunca había compartido piso con nadie- una chica de pelo negro y largo se me tiro a darme un abrazo sin parar de hablar- mi nombre es Alice- me sonrió ampliamente, no quería hacerle un feo a esta chica que me había dado una bienvenida algo…efusiva.
-Bella- sonreí por mi nuevo apodo- me llamo Bella- cuando ya la pude ver mejor, me di cuentas de que era muy bonita, era de mi misma estatura, pero algo mas blanca que yo, su pelo cuidado le llegaba hasta un poco más debajo de la cintura, y sus facciones eran de hada, una preciosa hada, tenía unos ojos grandes y llamativos de un negro brillante que transmitía lo emocionada que estaba.
-Creo que vamos a ser grandes amigas, Bella- dijo con seguridad, cogió una de mis maletas y me dirigió dentro llevándome directamente al que sería mi cuarto. El piso era grande, teníamos cocina unida al salón lo cual lo hacía todo más amplio, dos habitaciones con propios baños y armarios grandes y después había un cuarto pequeño con lavadora y secadora.
- No sabía que íbamos a tener para lavar y secar la ropa, pensé que íbamos a tener que ir al cuarto de lavandería-le mire algo contrariada, según mis búsquedas de google, solo podíamos lavar la ropa con el cuarto de lavandería o contratando el servicio.
-Es que no había, la traje yo de casa de mis padres, iban a comprar nuevas así que se me ocurrió traerlas, como también la televisión y algunas cosas más- se sentó en mi cama y abrió mis maletas, no me importaba su confianza, ya que esta chica transmitía algo que me decía que era una buena persona en la cual confiar, así que la ayude y en pocos minutos acabamos de ordenar mis cosas, que no eran tantas.
Alice y yo estuvimos hablando mientras hacíamos algo de comer, ya que eran las 3 de la tarde y no habíamos comido aun, resulta que ella venia de una familia bien acomodada, pero sus padres viajaban mucho y pasaba sola la mayoría de tiempo, hablamos sobre nuestras vidas y también me explico sobre el campus, esta noche se abriría el comedor para ir a cenar y cenaríamos después de la charla de apertura.
Solté un gran bostezo- uff estoy cansada voy a acostarme un rato- cuando acabamos de comer nos habíamos sentado a ver la tele, me levanté- no pude dormir nada en el vuelo de anoche-
Alice sonrió- tranquila vete a acostarte yo también haré lo mismo a las seis te despierto para arreglarnos para la reunión.
-Gracias Alice, eres una gran persona me alegro de que nos haya tocado juntas- me dirigí a mi cuarto y me cambié a mi pijama, estaba agotada, me tiré rápidamente a la cama, me sentía más feliz de lo que recuerdo estar antes, era una sensación extraña, pero agradable, solo pensaba en volver a ver a la razón por la cual dormía tranquila, y con ese pensamiento me quedé dormida.
