Capitulo 2: Lo que es correcto

El olor de la sangre, tierra húmeda y un calor abrasador se filtraba a través de sus fosas nasales. Escuchaba como colisionaban miles de metales entre si y de vez en cuando eran acompañados con gritos de dolor estremecedores que cesaban casi al instante de ser emitidos. Era peor de lo que pudo haber imaginado, la tierra se sacudió nuevamente bajo sus pies. Sintió como el sudor surcaba su frente y como este ya comenzaba a picar su piel, estaba cansada, sus manos dolían y su cabeza palpitaba.

Decidió descansar sobre un árbol camuflándose entre el follaje de este y ocultando su chackra, intento limpiar sus manos llenas de tierra frotando su pantalón varias veces para eliminar la suciedad y dedico su mirada una vez más al cielo no se había percatado que había oscurecido de hecho se atrevía a decir que faltaban media hora para que amaneciera, cerro sus ojos mientras inhalaba profundamente para serenarse. Aún podía sentir como su corazón latía errático dentro de su pecho. La guerra ... había imaginado como seria pero nada la había preparado para enfrentar esto, solo podía dar lo mejor de ella hasta que la batalla finalizara por el día de hoy, de hecho no quedaba mucho tiempo para que llegara a su fin definitivamente, hasta entonces solo debía resistir de la manera en que había hecho desde que llegó, ya hacía dos semanas que había sido enviada al frente de batalla incorporándose a su clan, pero ella prefería estar alejada de ellos por el momento, aunque sabía que la volverían a regañar cuando regresaran a la aldea.

No había pasado ni dos minutos desde que subió en el árbol cuando se formo una pelea cerca de donde estaba ella. La batalla finalizo rápidamente cuando un ninja de la aldea de la hoja atravesó con su espada al ninja de la roca dejándolo desangrándose para poder defenderse de dos ninjas más que comenzaron a atacarlo alejándose de la zona.

El hombre comenzó a quejarse de dolor y ante esto ella bajo del árbol donde descansaba hasta arrodillarse a un lado de él con precaución.

-Si vas a matarme.. hazlo de una vez -dijo el ninja de la roca, al parecer tenia perforado un pulmón, su respiración era acompasada y podía ver como tal acción le provocaba dolor por la forma en que su rostro se contraía. Por su condición su probabilidad de que se defendiera con un arma era de un 89% y de herirla un 0,01% En ningún momento el hombre le había dirigido la mirada como si careciera de importancia conocer el rostro del enemigo frente a él.

-No quiero matarte- dijo Teresa con sinceridad, sacó de entre su ropa un paño que había bordado su madre y lo paso por la frente del hombre quitando rastros de sudor y sangre por el rostro del shinobi, luego humedeció el paño con un poco de agua y comenzó a limpiar su ojo derecho que permanecía cerrado y cubierto de sangre, supuso que aquello le impedía ver con claridad.

El hombre se sorprendió al escuchar la voz de la joven abrió su ojo izquierdo para mirarla. Al verla se sorprendió, solo era una niña probablemente de la edad de su hija, su aldea no había mandado a niños tan pequeños como ella a la guerra... ¿acaso Konoha no le quedaban mas shinobis y ahora recurrían a los niños?...pero que importaba pensar eso ahora, unos años mas o años menos para ir a la batalla, lo que tenían en común era que todos morirían de igual manera.

-Si no vas...- el hombre llevo su mano a la boca para toser y sangre escurrió por la comisura de sus labios- a matarme entonces vete otro lo hará dentro de poco.

-Estas herido y necesitas ayuda - dijo como si fuera lo más obvio del mundo

-Niña parece que no te han entrenado bien, mira. Dijo el hombre seriamente mientras señalaba la banda de su brazo- Soy un shinobi de la aldea de la roca, tu enemigo.- dijo lentamente cada palabra como para asegurarse de la pequeña frente a él lo entendiera.

La niña le sostuvo la mirada al hombre por breves instantes sin decir nada, luego se quito el collar que tenía en su pecho, era un frasco pequeño con un liquido azul que parecía brillar.- Si bebes de esta agua tus heridas internas sanarán, por favor beba.- dijo ignorando el comentario dicho por él.

En cuestión de segundos el hombre había sacado un kunai y se dirigió directamente al cuello de la niña en un intento de degollarla. -Eres buena- admitió el hombre a la vez que su boca se torcía en una sonrisa forzada mientras sentía el frio de una katana contra su cuello, su kunai ni siquiera se había acercado lo suficiente a ella. Soltó el aire que tenia contenido y tragó con nerviosismo, la niña era buena, ni siquiera había podido ver el movimiento que realizo hasta que sintió el frio acero contra su garganta.

-¿Cuantos shinobis has matado?- pregunto intrigado, mientras alejaba su brazo del cuello de la joven y esta retiraba su katana

-Ninguno- afirmo Teresa, quien en ningún momento había perdido su semblante imperturbable y vertía el frío liquido que sostenía en el frasco en la boca del hombre resignado.

- Entonces de nada sirve que estés en un campo de batalla, no le eres útil a tu aldea si no eres capaz de eliminar enemigos en una guerra, ¿Qué sentido tiene? - inmediatamente de beber el agua que le ofrecio la niña en su interior sintió un alivio muy grande y el escozor en su pecho habia cesado.

-He salvado la vida de varios compañeros de mi aldea- dijo la niña - Y de la tuya

-¿Por qué hacer algo como eso? - Preguntó incrédulo, ¿se burlaba de él? - Cuando volvamos al campo de batalla luego de recuperarnos mataremos mas ninjas de la aldea de la hoja.- le dedico una mirada feroz a la niña

-No lo harán- dijo y por primera vez desde que conoció a la niña esta le dedico una pequeña sonrisa.- La guerra acabara en 2 meses cuanto mucho, en ese tiempo no podrás pelear ni tus compañeros, ya que les bloquee el flujo de chakra que va desde tu cerebelo al resto del cuerpo. No podrás realizar ningún movimiento coordinado dentro de 3 meses por lo que ir al campo de batalla sería un suicidio.

-Tu...-le había sorprendido, sus habilidades y raciocinio iban más allá de un niño de su edad.- en qué momento...- no alcanzo a terminar su frase cuando dos dedos de la joven tocaron la parte posterior de su cabeza cerca de su cuello y sintió como su chakra recorría su sistema sintiendo de un momento a otro una explosión dentro de él y al instante quedó inmóvil no podía mover ni un dedo.

-Ahora. Respondió la niña con una sonrisa divertida.- bien..ahora tengo que esconderte junto al resto para que te encuentren los ninjas de tu aldea cuando nos retiremos del campo de batalla.- Realizo rápidamente una serie de posiciones de manos y los teletransporto a una zona alejada del campo.

El hombre reconoció algunos cuerpos de sus compañeros en aquel lugar donde lo dejaba la niña, cuando intentó hablarle se percató que no podía.

Teresa lo dejo rápidamente en el piso, su dolor de la cabeza había aumentado considerablemente y sabía exactamente la causa, tendría que irse cuanto antes.

-Recuperaras el habla dentro de poco- dijo mientras lo acomodaba mejor y le dio una pequeña hoja de papel entre sus manos.- Esté papel se rompe inmediatamente cuando absorbe chakra, al romperlo el genjutsu que los oculta desaparecerá y vendrán a buscarlos. Le he dado un papel a cada uno de tus compañero así que cualquiera puede hacerlo.- explicó pausadamente la niña.

- Es una trampa, nos está usando como carnada y nos mataran a todos cuando lleguen los refuerzos- alcanzo a decir un hombre con ira en su voz mientras permanecía alejado en el escondite entre un montón de rocas donde ella lo había dejado- es del clan Amuri- escupió las palabras con desprecio- ya deberían estar cerca de nosotros el resto de su clase. - Teresa lo miró durante unos segundos como si reflexionara las palabras que debía decirle al shinobi

-Espero que en el tiempo que deban permanecer en reposo puedan reflexionar sobre las secuelas de esta guerra...Como shinobis pienso que debemos mostrar misericordia, si perdonas y comprendes que no hay ninguna diferencia entre nosotros no tendríamos porque pelear y lastimar a otros. .- los siete ninjas reunidos en el refugio que ella había construido para ellos la miraban incrédulos- Mi madre siempre me ha dicho, que todos nacemos misericordiosos, pero en el camino aprendemos a odiar demasiado rápido. Yo creo que si es posible aprender a odiar, también es posible volver a aprender a amar.

-¿De qué sirve entonces ser un shinobi? Cuestionó intrigado uno esperando la respuesta de la joven pero esta no llegó. Observaron como de la nariz de la joven comenzaba a botar sangre que ella intento limpiar rápidamente con su manga.

-Parece que se acabó el tiempo- dijo sujetando su cabeza que sentía que era taladrada por el dolor. Un símbolo comenzó a formarse en su frente, aquel que los unía y distinguía como clan.

-Algún día cuando sus corazones sean libres de su odio espero que nuestros caminos se crucen.- dijo la niña con un pequeña sonrisa y sus ojos tenían un brillo de inocencia propio de su edad pero a la vez de sabidurí joven se puso en pie alejandose de ellos dandoles la espalda y cuando estaba a punto de irse escucho la voz de hombre que habia ayudado hace un momento dirigirse a ella.

-Niña de la aldea de la hoja, cuál es tu nombre.- dijo en tono plano sin emociones notorias observando la espalda de la joven.

-Teresa-respondió con los ojos cerrados sin abandonar su posición aun conservando su sonrisa intacta en su rostro. Luego realizó los mismos sellos con sus manos rápidamente para teletransportarse bajo el árbol donde descansaba antes de que su clan pudiera localizarla.