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Peridot llegó a la universidad cansada y bostezando, con esa, era la octava noche que no podía conciliar el sueño tranquilamente.

Ya habían pasado dos semanas desde el… encuentro en el departamento de la extraña chica. Desde ese día había tenido largas noches de insomnios; insomnio autoinfligido pues, temía que mientras dormía gimiera tan fuerte que todos en su casa la escucharan; sí, había estado teniendo sueños húmedos con aquella chica desde ese día.

Se sentía sucia al recordar el más reciente, el de hace dos días cuando cedió ante el sueño y terminó soñando, de nuevo, con aquel día. En sus sueño ella no se iba, por el contrario, se quedaba y terminaban lo que la castaña había iniciado. La mayoría sus sueños derivaban de lo mismo.

Maldijo por milésima vez el ser tan observadora porque, aunque intentó evitarlo, recorrió a la castaña con tanta meticulosidad como a su departamento. Recordaba, además de sus ojos, cabello y su color de piel, su nariz respingada, su perfecta y blanca dentadura, su rosada lengua, el contorno de su rostro, su delgado cuello, su clavícula marcada contra su piel, el color de sus…

Sacudió la cabeza con fuerza, llamando la atención de las personas que caminaban a su alrededor, pero estaba tan sumida en sus pensamientos que lo ignoró. Todo lo que podía, y trataba de evitar, hacer era recorrer el desnudo cuerpo de la chica desconocida una y otra vez de memoria.

-¿Peridot?- volvió, por fin, a la realidad cuando Pearl, su compañera de clases, la nombró -¿Estás bien?- preguntó, impregnando su voz con la preocupación que sentía.

-Emh… Sí, ¿Por qué lo preguntas?- ¿Acaso su comportamiento había sido tan inusual?

-Pues, para empezar, te llamé al menos unas cuatro veces antes de que me prestaras atención, no creo que tus ojeras sean de tu "proyecto secreto" y Amethyst me dijo que el otro día te salvó de ser atropellada- Vaya, sí que había estado actuando extra… ¡Espera!

-¡¿Amethyst te habló de mi proyecto?!- Preguntó enojada. Pearl desvió la mirada, era más que obvio que había metido la pata.

-N…S… Tal vez lo mencionó una vez- Si Amethyst sabía que había mencionado el más preciado secreto de Peridot ¡En las narices de la misma! La mataría –Pero no dijo nada más- trató de remediarlo.

Peridot quiso enojarse más pero, estaba tan cansada por la falta de sueño que no pudo hacer otro reclamo.

-Pearl, ¿Puedo ir a dormir contigo esta noche?- preguntó, cambiando por completo de tema.

-Si quieres, ¿Tienes problemas con tus padres?- la rubia negó. A pesar de ser, técnicamente, su mejor amiga en toda la universidad, no le contaba muchas cosas a Pearl. Era más probable que le contara a la novia de la pelirroja, Amethyst.

-Estaré ahí esta noche- se despidió con la mano y caminó en dirección al salón donde tendría su próxima clase.

Cuando llegó al cuarto salón del segundo piso, se sentó tras el pupitre exhausta. Bebió un poco de café de su termo y esperó unos minutos hasta que su maestro llegó. Se esforzó, realmente se esforzó durante esa y el resto de las clases, para no dormirse. Cuando por fin la última hora del día llegó, ella tuvo una batalla consigo misma sobre si asistir o no; optó por no manchar su perfecto record de asistencias con una única tacha en preescolar.

Se encontró en el camino a su parada de autobús de nuevo a Pearl, le recordó que iría esa noche, aunque no era realmente necesario. Esperó unos eternos minutos hasta que su autobús llegó, pagó al conductor y se sentó en uno de los asientos de en medio.

Durante el camino, mantuvo la vista en el exterior en todo momento mientras escuchaba sus canciones favoritas en sus audífonos. Pero todos sus sentidos se bloquearon cuando pasó frente al edificio de departamentos de nuevo, su cansancio desapareció durante los eternos segundos que el semáforo duró en rojo.

Recorrió el edificio con la mirada de manera automática, como siempre. Veinte pisos de altura y ella estuvo a punto de ser profanada en el catorceavo. Sintió su intimidad contraerse con los recuerdos, sabía que sus mejillas estaban sonrojadas pues sentía el rostro caliente. Seguía preguntándose una y otra vez cómo demonios estuvo a punto de dejarse llevar, no sabía quién era esa extraña, en su maldita vida la había visto, y esperaba no volver a verla.

¡Ni un maldito café le había invitado! Y mira que había notado la estupenda cafetera que había en el departamento. Por primera vez se preguntó si ese era el departamento de sus padres o era propio, si ella lo pagaría y, de ser así, qué edad tenía realmente. Sabía que no era una chica de su edad, se veía de al menos unos treinta. ¡Para variar era alguien que le llevaba quizá 10 años!

Cuando por fin llegó a su casa le avisó a su madre que se quedaría en casa de Pearl, porque ella no pedía permisos, sólo avisaba. Sus padres eran conscientes que ella siempre cumplía lo que decía y que era una chica responsable. Todo lo contrario a su hermano mayor.

¡Oh, su hermano! Él era la principal razón por la que deseaba tan desesperadamente terminar la carrera universitaria y mudarse de una maldita vez por todas. A pesar de ser cuatro años mayor que ella se comportaba como un crío de diez. En ese momento estaba estudiando fisicoculturismo y, debía admitirlo, le iba muy bien en ello. Era como si el fisicoculturismo fuese creado para él.

Cuando llegó a casa abrió, con pesadez, la puerta de su habitación encontrando al susodicho, como siempre, hurgando entre sus cosas.

-¡¿Qué carajo haces aquí, imbécil?!- eran realmente pocas las veces que le gritaba al chico pues, literalmente, podría partirla con las manos como gelatina, pero su falta de sueño la hacían diez veces más irritable de lo que de por sí ya era.

-Calma, enana, sólo vine por mis tenis- ¡Ah, otra cosa! Su habitación era como la bodega familiar en la que todos podían meter cualquier cosa que quisieran. Por ejemplo, las luces de navidad estaban al fondo del armario.

-¡Póntelos en tu basura de cuarto y largo de aquí!- el mayor tronó sus nudillos al apretar las manos con fuerza, pero Peridot no se intimidó como normalmente lo hacía.

-Ya, ya, que sensible estas estos días- se quejó el mayor cuando se dio cuenta que su intimidación no había funcionado –Como sea, esta noche saldré al bar, así que ponte el traje- le "avisó".

-No me pondré esa basura y mucho menos iré- Peridot se puso firme, por lo que a su hermano no le quedó de otra más que dejarlo pasar esa vez –odio el traje- pensó.

Así le decían a cuando Peridot se disfrazaba de un chico, se hacía pasar por "el mejor amigo nerd" de su hermano y este lograba conseguir más chicas que cuando iba solo. Lo odiaba. Para su hermano no era nada más que un simple método de ligue.

Superó su enojo unos segundos después y buscó ropa limpia para meter en su mochila. No era la primera vez que iba a dormir a la casa de Pearl, antes lo hacía sólo para interponerse entre Amethyst y ella.

Quiso reír ante los recuerdos. Un par de años atrás había conocido a Amethyst, en el examen de ingreso a la universidad, intercambiaron números ese día y se mantuvieron en contacto desde entonces. Desde el momento en el que la vio sintió "mariposas" en el estómago, se había enamorado por primera vez. Para su mala suerte, la chica había hecho examen para el área de arte, mientras que ella prefirió el área de ingeniería y ahí conoció a Pearl, la en ese entonces mejor amiga de Amethyst. Aunque eso duró poco, pues se volvieron pareja unos meses después de entrar a la universidad. Desde ese entonces Peridot se entrometía cada que podía, ya fuera interrumpiendo sus citas cuando estaba a su alcance, adicionándose autoritariamente a las "pijamadas" en casa de Pearl que, cómo vivía sola, sabía cómo terminarían. La lista fue larga, hasta que la misma Amethyst le pidió un poco de espacio para ellas. Entonces supo que no fue Pearl quien se le declaró a Amethyst, sino al revés, y que ella salía sobrando.

Tenía poco de haber superado su enamoramiento, pero aun así viejos hábitos no se dejan tan fácilmente. A veces todavía interrumpía las citas de esas dos pero estas veces sólo por molestarlas, algunas noches se quedaba en casa de Pearl, especialmente cuando Amethyst estaba ahí, sólo para tener charlas con ambas, y en otras ocasiones sólo era por trabajos en equipo que hacía con Pearl pues compartían algunas clases.

Suspiró sonoramente, volviendo a la realidad. Terminó de empacar dos mudas de ropa en su maleta y cerró su cuarto con llave, era la única forma de dejar su cuarto intacto y aun así tenía sus dudas.

Fue hacia su madre, quien estaba en la cocina, y se despidió de ella. Salió de la casa y tomó el autobús con las últimas energías que le quedaban. Apenas llegó a la puerta del departamento de Pearl, sacó a llave que la propietaria le había dado y entró, no avanzó más de seis pasos antes de tirar todo su equipaje y lanzarse sobre el sofá. Si se golpeó no lo sintió pues ya estaba sumergida en el subconsciente desde antes de caer.

Primero tuvo un sueño normal, soñaba que ya era una adulta, tenía su propia casa y estaba en su oficina, puliendo con orgullo sus múltiples premios; méritos por su increíble intelecto. Entonces su puerta se abrió de golpe y unos brazos no tardaron en rodearla. Un tacto suave tocó su nuca, pues aún mantenía su cabello corto, luego fue un tacto más húmedo; una lengua. Gimió, mientras sentía las suaves manos recorrer su cuerpo de arriba a abajo, hasta que una mano fue a parar debajo de su pantaloncillo, sintiendo un cálido tacto en su entrepierna, mientras la otra mano se posaba, arriba de la ropa, sobre su pecho, estrujándolo. Reconoció la piel, era aquella chica de nuevo. Gimió sonoramente cuando introdujo un dedo, sintiéndose más mojada cuando medianamente lo sacó sólo para volver a meterlo. La escuchó preguntarle si le gustaba, con una voz levemente distorsionada, a lo que Peridot respondió gimiendo más fuerte cuando introdujo un segundo dedo. Se sentía tan bien. Peridot. La llamó, estaba tan ida que no notó que no era su voz.

–Peridot… Peridot… ¡Peridot!- la voz de Pearl la despertó abruptamente, haciéndola caerse del sofá ante la sorpresa. La risa de Amethyst llenó el silencio luego del sonido del golpe.

-Viejo, ¿Estás bien?- Preguntó rodeando su estómago con los brazos –Me da miedo preguntar pero, ¿Qué rayos estabas soñando?-.

Peridot se incorporó rápidamente, notando a la pareja frente a ella. Temió preguntar si balbuceó algo mientras dormía cuando vio la mirada de incomodidad en los ojos de Pearl. Demonios.

-¿Tú…? ¿Descansaste bien?- Peridot asintió, insegura -¿Quieres un café o algo?- Pearl caminó hacia la cocina, siendo seguida por las otras chicas, quienes era unos centímetros más bajas que ella.

-¿Hice o dije algo mientras dormía?- preguntó la rubia, no estando segura de si quería saber la respuesta.

-A decir verdad, tú…-

-Amethyst- aunque no lo gritó, era más que obvio que vendría una reprimenda si no cortaba la frase.

-Bien, díselo tú- Amethyst se lavó las manos.

-¿Entonces, Pearl?- la rubia dirigió la mirada a la más alta.

La pelirroja deseó, por un segundo, no haber interrumpido a su novia como siempre. Pero, ¿Cómo decirle que no dejaba de llorar mientras parecía tratar de alejar a alguien entre sueños?

-Nada, sólo… estabas roncando- inventó la chica, mientras le pedía a su novia con la mirada que le siguiera la farsa.

-Es cierto, normalmente roncas, pero creo que esta vez dejaste que el motor se oxidara- se burló, tratando de sonar convincente.

-Ya veo- se sintió aliviada de que no ocurriera lo que ella evitaba a toda costa. Parecía que no necesitaría evitar dormir por más tiempo –Bueno, entonces yo me regreso a dormir, no hagan nada raro mientras tanto- se despidió moviendo la mano, mientras bostezaba, camino a la habitación que Pearl ya había acondicionado para la rubia.

Cuando Pearl y Amethyst se quedaron solas, voltearon a verse entre sí con preocupación. ¿Acaso algo le había pasado a su pequeña amiga? ¿Era eso lo que la había mantenido tan somnolienta y distraída los últimos días? ¿Alguien había abusado de ella?


Disclaimer: Los personajes de Steven Universe no me pertenecen, son de Rebecca Sugar.

Hasta pronto.