Advertencias: AU, sobrenatural, suspenso, mención de suicidio, posible Lemmon más adelante

Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama


Aparición

Después de un par de días finalmente logró terminar de limpiar la casa, aunque no podía decir que todo había sido tranquilo. En realidad no era que hubiera tenido algún contratiempo, era más como una sensación de incomodidad que no le permitía concentrarse en lo que estaba haciendo.

Cada vez que se distraía podía sentirse observado, aunque claro, cuando volteaba no había nadie detrás de él, además era imposible que hubiera alguien más pues se había encargado de revisar cada puerta y ventana. Sólo había algo que le molestaba, la puerta del sótano, que no había logrado abrir en todo ese tiempo.

Salió de la cama sin mucho ánimo pues ahora que no tenía nada que hacer la depresión aprovechaba para atacarlo de nuevo. Se habría quedado todo el día acostado si no tuviera que recibir visitas esa tarde.

Tomó una ducha y se cambió de ropa antes de bajar a la cocina por un café, esa tarde iría Hanji, seguramente acompañada del rubio, y necesitaba verse bien para evitar que sus visitas se volvieran más continuas o, en el peor de los casos, alguien se quedara con él. Necesitaba que se confiaran para terminar lo que había dejado pendiente. Y, más que cualquier otra cosa, que nadie notara el hecho de que no tomaba sus medicinas.

Ese sería un día largo.


—¿Hola? —respondió el teléfono luego de verificar el número.

—Hola, —saludó la castaña al otro lado de la línea —Sólo quería saber si irás conmigo esta tarde.

—Claro, apenas termine aquí paso por ti para ir juntos. —Aun necesitaba terminar algunos asuntos en el hospital pero él también quería saber cómo estaba pasándolo el pelinegro.

—Bien, tendré todo listo. Erwin... —se detuvo, tal vez no sería buena idea preguntar por teléfono pero había algo que la había tenido pensando toda la semana, —olvídalo, nos vemos más tarde.

Su extraño comportamiento le dejó pensando después de cortar la llamada, no era normal que ella se abstuviera de preguntar algo. Dejó el teléfono en paz, aún necesitaba terminar el papeleo.


Ordenó la sala de estar, limpió el baño de la planta baja, lavó y acomodó los trastes que había usado en el desayuno y volvió a limpiar el suelo de la cocina. Todo buscando mantenerse ocupado aún cuando lo único que estaba logrando era sentirse ansioso. Por suerte no tardarían en llegar, después de eso podría volver a la cama.

Así había sido desde que tenía memoria, necesitaba entretenerse en algo, mantenerse ocupado todo el tiempo o llegaban las crisis de ansiedad y la ya tan familiar sensación que trae consigo la depresión.

Algunos días se sentía bien, con ganas de salir y gozar la vida, pero eran pocos y cada vez más efímeros, abundaban más los días malos donde, si bien le iba, al menos salía de la cama. Esa era su vida.

Con un suspiro, se dejó caer en el sofá a esperar su llegada.


—Entonces, ¿qué era lo que querías preguntarme? —le llamó el rubio mirándola de reojo atento al camino.

—Es sólo algo que me daba curiosidad, olvídalo, no es importante. —Respondió mirándole con una sonrisa, después de todo era sólo una duda que surgió en un momento de aburrimiento.

—Adelante, puedes preguntar. No importa si es sólo curiosidad. —Le animó, ahora él también estaba intrigado por lo que fuera a decir.

—Bueno... me preguntaba cómo habías conseguido esa casa, es muy grande y estoy segura de que no es tuya.

Desde que le hablara sobre el lugar unos días atrás, había surgido en ella la curiosidad por ese asunto, y es que aquella casa le recordaba mucho a otra de la que había oído hablar hacia tiempo aunque no lograba acordarse de lo que había escuchado. Por alguna razón, el recuerdo le causaba escalofríos.

Sonrió, al menos ya esperaba esa pregunta y estaba listo para responder, no tenía caso revivir viejas historias.

—Es de un amigo, él y su esposa se mudaron hace un tiempo luego de un... incidente.

—Ya veo. —Respondió dando por terminada la conversación, aunque sus palabras sólo habían servido para inquietarla más. Había algo en esa casa que no acababa de gustarle.


—¡Levi! ¡Que gusto verte! —Le saludó la efusiva mujer intentando darle un abrazo que terminó siendo esquivado como siempre.

—Deja de ser tan ruidosa. —Se quejó el pelinegro alejándose del alcance de su terapeuta y dejándoles pasar.

—¿Ya te has acostumbrado al lugar? —Preguntó atento Erwin a modo de saludo.

—Sí, es agradable. —Admitió sinceramente, de todas formas no tenía nada en su contra. Habían sido amigos por años a pesar de que su relación fuera más de médico—paciente la mayor parte del tiempo.

Los tres pasaron a la sala acomodándose en los sillones, Hanji en uno de una sola plaza mientras Erwin y Levi compartían el más grande.

—Entonces, ¿cómo te has sentido en estos días?

Finalmente había llegado la esperada pregunta, siempre hablaban de cosas triviales, o al menos ella lo hacía, y luego se lo preguntaba. Era como si buscara hacerle sentir cómodo para que le hablara con sinceridad. Cosa que casi nunca sucedía.

—He estado ocupado, apenas ayer terminé de limpiar.

—Perdona, no esperaba que estuviera tan sucia. —En realidad no hacía mucho que la casa estaba deshabitada, por eso le sorprendió que estuviera en ese estado cuando llegaron.

—Estoy segura que fue una buena distracción para él. —Después de años de conocerle, sabía que al menos cuando se mantenía ocupado no sufría de ansiedad.

—Lo fue, en realidad me mantuvo ocupado. —Ambos les miraron estando de acuerdo en que se veía más animado que de costumbre, sin embargo Hanji sabía lo bueno que era aparentando estar bien.

—¿Estás tomando los medicamentos adecuadamente?

—Siempre lo hago. —Respondió simplemente, claro que no le diría la verdad. Era también por eso que no decía nada sobre su extraña sensación de ser constantemente observado, seguro se lo atribuirían a que había dejado el tratamiento y no pensaba arriesgarse a ser vigilado. Tendría que resolverlo él mismo.


Cuando llegó la hora de marcharse Hanji fue la primera en salir. Estaba a punto de cerrar la puerta cuando recordó que aún había algo que tenía que preguntarle al mayor.

—Espera Erwin. —Le llamó antes que se alejara.

—¿Sucede algo? —Preguntó curioso por su llamado, volviendo sobre sus pasos.

—Sólo quería saber si podrías conseguir la llave del sótano.

Aquella pregunta le había resultado muy extraña pues estaba seguro que no había ninguna llave para el sótano.

—¿Estás seguro de que no está atascada? Hasta donde sé no hay ninguna llave.

—Supongo que es eso. —Respondió arqueando una ceja sin sentirse cómodo con su respuesta pues ya había intentado abrir por muchos métodos. —Intentaré abrirla entonces.

—Está bien, preguntaré por la llave así que déjalo por ahora. —Recibió un asentamiento por parte del pelinegro y decidió dejar el tema, en cualquier caso no podría haber más que basura y suciedad en ese lugar.

Ambos se despidieron dirigiéndose hasta el vehículo en el que habían llegado. Justo cuando estaba a punto de subir del lado del copiloto, Hanji pudo sentir una penetrante mirada clavada sobre ella que hizo que su piel se erizara. Volteó hacia la casa buscando al causante de aquella sensación mientras intentaba en vano convencerse de que se trataba del más bajo, sin embargo, se encontró mirando una ventana vacía en el segundo piso.

—¿Sucede algo? —La voz de su acompañante le hizo pegar un salto y volver su atención hacia él.

—Nada, vámonos. —Subió al auto esperando por él, ignorando que también había sentido aquella presencia, con la diferencia de que él sí logró distinguir la oscura silueta que les observaba desde el interior.

Suspiró antes de subir al auto, seguro de que lo había imaginado. No tenía caso preocuparse por cosas del pasado.


Después de que se fueran una extraña sensación se apoderó de él llevándole de incomodidad. Intentó ignorarla tanto como fue posible mirando la televisión, pero no era tan fácil cuando sentía una mirada inquisidora clavada en su nuca.

Luego de cambiar continuamente de canal por un par de horas, decidió darse por vencido e irse a la cama, tal vez allí si lograría alejar ese sentimiento.

Sé dirigió a su habitación, tomando su pijama y una toalla para lavarse el rostro antes de dormir. Una vez en el baño, cambió su ropa y se lavó los dientes, mirándose en el espejo.

Fue cuando estuvo listo y se enderezó para mirarse por última vez al espejo, fue entonces cuando lo vio por un instante. Los mismos ojos verdes que había visto en sus sueños la primera noche. Los mismos que le seguían a todos lados por más que intentara ignorarlos.

Sólo que esta vez, estaban acompañados por un rostro juvenil, de unos 16 o 17 años, que le miraba entre curioso y molesto.

—¿Quién... —giró rápidamente intentando controlar el temblor en su voz para encontrarse con el dueño de aquellos ojos.

Pero terminó viéndose completamente sólo en el baño. Allí no había nadie más.

Esa noche, después de mucho tiempo, volvió a tomar sus medicamentos para dormir, buscando escapar de esa penetrante mirada al menos por unas horas.

Pero ni siquiera en sus sueños podía estar tranquilo. Esa imagen le seguiría hasta sus peores pesadillas.

Sal de aquí... aún hay tiempo…

Aquí no queda más nadie

La oscuridad gobierna cada rincón donde la luz no alcanza a llegar

No saldrás de aquí con vida

No saldrás de aquí estando muerto

Él atrapará tu alma... para toda la eternidad