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Nota preliminar:
Quiero extender mi más sincero agradecimiento a todos quienes siguen esta serie por y en especial a: Saiyuri, Thara, AndreaZthator, Neo-San y Kidogo, por tomarse un momentito para dejarme sus impresiones, de corazón les agradezco y discúlpenme si no les respondí antes.
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La próxima vez que te enamores
Kari no Chiryu.
Capítulo 2
El Brindis
La mirada de Shiryu siguió desviándose involuntariamente hacía Seiya, quien estaba muy.-demasiado.- en el concepto del Dragón, cerca de Hyoga.
Julián aclaró la garganta, la atmósfera en el comedor podría cortarse con cuchillo de mesa probablemente.
"Sahorí y yo decidimos casarnos en otoño".
Shun sonrió, siendo el primero en tomar la ficha hacia la normalidad. "¿Honto? (¿verdad?), será una boda encantadora seguramente".
"Hai". Sahorí sonrió un poco ruborizada. "Decidimos finiquitar todo los asuntos relacionados a los negocios de ambas transnacionales para poder irnos sin pendientes a la luna de miel".
"¡Ay!. ¡Que envidia, Sahorí-san!".
"Uh... Oniichan nunca ha tenido su propia luna de miel". Julián se burló amistosamente de quien, antes, ahora y siempre, fue, es y sería su hermano mayor.
Shun frunció el ceño, cuando habló, todos en la mesa dirigieron la mirada hacia él para asegurarse que era ese muchacho dulce quien profería aquella voz. "¿Sabes, ototo?". Shun meneó el tenedor entretenidamente. "Quizás no podía tener el Olimpo, pero el hermano pequeño nunca tuvo tanto trabajo allí como yo en el inframundo. Nada de tiempo para un viaje de luna de miel".
El único en la mesa que parecía ignorante al cambio en la voz y actitud fue el propio Julián.
"Pero todos tuvimos obligaciones, O-nii-chan!". Julián hizo énfasis en la última palabra. "Y también un momento para nuestras esposas".
"Sí, en especial nuestro estimado Zeus, tiempo para sus esposas, sus amantes y su amante". (1) Hades agitó las cejas.
Poseidón sonrió. "¡Dios!, yo también habría buscado tiempo para estar con Ganímedes, era el sol".
"No más que mi esposa". Hades suspiró con tristeza. "Sí hubiese podido tenerla para mi... le habría dedicado todo mi tiempo". El amor brilló en sus ojos al recuerdo de su joven princesa.
"Ahem". Ikki aclaró la garganta. Ambos hombres se sacudieron de su conversación al regresar al presente y encontrar las miradas de extrañeza en el rostro de sus acompañantes.
"¿Ganímedes era el sol?". Sahorí preguntó con un ceño profundo en su rostro.
Julián parecía debidamente acongojado, encogiéndose de hombros, intentó desaparecer.
Shun, por su parte, dirigió lentamente los ojos hacía su hermano para encontrar el par de orbes azul océano devolviendo, inflexiblemente, su mirada. Así como Shun pensó que Ikki apartaría, éste sonrió dulcemente, una sonrisa que no alcanzó realmente sus ojos.
"¿Oniichan?". Ikki dijo. "Es extraño oír que mi hermano pequeño es el hermano mayor de alguien más". Shun sonrió, su sonrisa mansa usual. "Iya Niisan, (no, Hermano mayor) prefiero ser sólo tu hermano pequeño y nada más". Dijo, su voz dulce. Ikki captó la confesión y disculpa detrás de las palabras y por fin sonrió sinceramente conmovido. "Aa".
"¿Y entonces, Julián?". Sahorí se inclinó hacia su novio y casi... casi (todos pueden estar seguros en esa mesa) está apunto de halar su oreja para reprenderlo. Era gracioso, Sahorí pensó, que después de tanto tiempo, Ganímedes siguiera siendo adorado por dioses y odiado por diosas.
"¿¡Y qué ha pasado por aquí!?". Julián se volvió de repente suplicando con sus ojos una intervención benévola.
"Hyoga y yo somos amantes". Seiya aportó inexpresivamente, sosteniendo la mano de Hyoga sobre la mesa.
Decir que todos los presentes, incluyendo a Hyoga, estaban pasmados ante tal declaración fue absolutamente una subestimación.
El rubio se volvió muy lentamente para mirar al niño. Si en sus ojos brillaba el desconcierto o la ira, sería difícil de distinguir, pero había tal mirada feroz en sus rasgos que sea lo que fuere era fuerte y poderoso.
Ninguno de los presentes se atrevió a hablar, incluso el propio Julián se reprendió internamente por haber traído esto entre su familia, en un destello de lucidez, volvió hacia Shiryu e hizo una mueca de dolor a la expresión del muchacho chino, después de todo, supo las verdaderas razones por las que éste había regresado a Japón.
Shiryu miró incrédulamente a Seiya, lo miró durante mucho tiempo y muy duramente tratando de entender lo que su... ex amante había dicho. Equilibrando la sub-realidad del momento con el peso fáctico de la sentencia. Su sentencia.
Finalmente se estableció sobre él como una mortaja, la predicción –ahora hecha realidad-- que su corazón no había querido aceptar. Seiya lo había olvidado... así... justo así como se lo pidió.
Los ojos de Ikki y Julián, que estuvieron sobre Shiryu, ensancharon incrédulamente al verlo ponerse de pie, tomando una copa de vino tinto en su mano derecha. "Entonces". Declaró con una sonrisa dulce... casi tierna. "Tenemos algo más por lo que brindar esta noche".
Seiya lo miraba, sus ojos y toda su expresión regalaron el dolor pero Shiryu, tan sumergido en su propio sufrimiento, era incapaz de verlo. Para Hyoga, sin embargo, no pasó desapercibido.
"Brindo por la felicidad de Hyoga y Seiya". Ikki dijo poniéndose de pie también con toda la severidad que siempre lo había distinguido. "Y brindo por la felicidad de Julián y Sahorí". Se volvió hacía Shiryu y dijo significantemente. "Y brindo por tu regreso, Hermano". Shiryu sonrió suavemente reconociendo la ofrenda de honor de Ikki.
Shun se puso de pie suavemente sosteniendo su propia copa. "Secundo a mi hermano. Les deseo Felicidad". Dijo dirigiendo su copa hacia ambas parejas y entonces a Shiryu. "les deseo felicidad". Repitió. Julián se puso de pie también y extendió la mano para Sahorí mientras Hyoga y Seiya emulaban sus acciones.
"¡¡Kampai!!". (¡¡Salud!!) Dijeron al unísono sonando sus copas entre sí.
La cena continuó en un ambiente colado por la tensión.
Finalmente, sin poder sostener más la casualidad en su expresión, Shiryu se disculpó alegando estar muy cansado. Cortésmente pero evitando todas las miradas, dejó el comedor.
El resto de la familia encabezó hacia la estancia.
"¿Oniisan?".
Ikki se volvió comprendiendo inmediatamente las intenciones de Shun. Con un suspiro, continuó, dejando atrás a su hermano. Shun sonrió al correr para alcanzar al Dragón.
Fuera de la vista de todos, la angustia sofocó a Shiryu, sin necesidad de mantener ya sus barreras, su rostro convergió en mimesis perfecta de la agonía en su alma.
Seiya logró lo que él no pudo durante esos tres años, pensó subiendo con pasos lerdos las escaleras. Seiya lo olvidó pero no era sólo su indiferencia sino todo el odio que su... que él, parecía haber cosechado en su contra. Era tanto peor de lo que esperó. No tener ni siquiera la oportunidad de recuperar su amistad...
Al alcanzar la cima de los escalones, suspiró mirando hacía la planta baja, donde sólo un par de habitaciones más allá de la recepción, él estaba tan cerca... pero nunca, como ahora, tan lejos.
Mordiendo su labio inferior reanudó su camino por el pasillo sólo para ser detenido por una figura alta que le hizo retroceder.
Aunque se afianzó, su mente aún no podía explicarse aquella presencia.
"¿Que esperabas, Shiryu?". La voz grave preguntó.
Le tomó un segundo comprender quién realmente fue aquel hombre y por qué lo llamó por su nombre, al recuperarse de su impresión inicial, se recordó que éste era Shun. "¿Qué había esperado?. No sé". Admitió.
La figura que sobresalió irrefutablemente encima de la suya se acercó a él con ojos mansos.
"Lo esperé todo. Excepto esto".
Un momento de silencio se extendió entre ambos antes de que Shun hablara. "¿Pensaste que él se sentaría a esperarte cuando tú te marchabas para casarte con Shunrey?".
Shiryu hizo una mueca al escuchar el nombre de Shunrey en los labios del Dios de la Muerte, sin embargo, sus cejas surcaron en un ceño al preguntar. "¿Por qué todos pensaron que me marchaba para casarme con Shunrey?".
"¿Y no fue así?". Preguntó Hades sin absolutamente ninguna sorpresa.
Y con una mano en el corazón, Shiryu contestó. "No".
"Sin embargo supiste que todos, y principalmente él, nos quedamos aquí pensando que así sería".
Shiryu inclinó su cabeza antes de asentir un afirmativo.
"Y le dejaste pensar durante tres años que estabas con ella. ¿Ahora regresas y quieres cambiar lo que tres años han consolidado con tanto dolor?".
"Pensé...".
"¿Que debías castigarlo mientras tú te castigabas a ti mismo por haberte enamorado de alguien de tu mismo género?".
"Eso no es cierto". Shiryu interpuso con severidad. "Nunca quise lastimarlo".
"Pero sabías que lo hacías y no te importó".
Shiryu arqueó de nuevo su cabeza fijando su mirada en la alfombra. "No es cierto que no me importara".
Hades no tuvo que pedirle repetirlo, lo oyó. "Pero eso no es lo que parecía. No para los ojos de ninguno de nosotros".
"Pensé...".
"¿Sí?".
Shiryu suspiró al inclinar sus hombros.
"Pensé que sería mejor hacerlo sufrir un poco entonces que hacerlo sufrir demasiado en el futuro".
"¿Qué?". El más alto exclamó, incrédulo.
"Shun, yo... yo estaba...". Shiryu masculló una última palabra y los ojos oscuros de su acompañante ensancharon en sorpresa. No tuvo que preguntar. De nuevo, había oído muy bien.
Y de todo lo que Shiryu hubiese esperado, esto no había pasado ni remotamente por su cabeza.
"¡Ouch!". Exclamó frotando la parte posterior de la cabeza en cuestión, donde Hades lo había palmoteado.
"¡BAKA!". Hades casi gritó. Casi.
"¿Qué?". Era el turno de Shiryu para no entender.
"Soy el Dios de la Muerte, Shiryu. Habría sabido si la muerte estaba cercana a ti o no y la única forma en que mueras en cualquier momento en un futuro cercano, será porque yo te mate".
"¿¡Qué?!".
"Oh, Shiryu!". Hades hizo una mueca de simpatía.
El Dragón llevó una mano a su frente. "No estás queriendo decirme que... que tú... que yo nunca... que todo esto fue...".
"¿Inútil?". Proporcionó el otro.
Las manos de Shiryu comenzaron a agitarse y una risa nerviosa, casi satírica, abandonó su garganta. "Todo este tiempo perdido... y desde el principio tú pudiste decirme...". Contrario a su risa, hubo lágrimas en sus mejillas.
"Sí, pero soy el Dios de la muerte, no de la quiromancia". Hades dijo inclemente pero sin maldad. Era un punto fáctico de buen sentido común, Shiryu debió confiar en ellos, porque ellos eran, 'son', sus amigos, sus hermanos.
Pero sobre todo, Shiryu debió confiar en Seiya, porque supo que tenía en sus manos el corazón del muchacho. "No podría adivinar que estabas huyendo para no hacerlo sufrir".
Una pausa.-
"¿Qué era, Shiryu?". Hades preguntó serenamente.
"Cáncer en los pulmones". Respondió sin levantar el rostro.
Hades consideró la respuesta un momento antes de sonreír. "¡Eso es obvio¡después de tantos golpes!".
Sin entender su propia reacción, Shiryu comenzó a reír, primero suavemente, después sin frenos. "¡Oh!, realmente".
La risa se marchitó al sentirse abrazado, su espalda contra un pecho ancho, poderoso. Shiryu tragó el nudo en su garganta. Se sentía realmente extraño, ser consciente de la presencia de Shun en un cuerpo que no era realmente el suyo. El cabello largo de ébano lo cubrió cuando el hombre más alto apoyó la cabeza en su hombro.
"¿Qué habrías hecho, Shiryu, si te enteraras que Seiya te dejó porque estaba enfermo y no te permitió estar a su lado cuando más te necesitaba?".
Hubo una pausa larga antes de que Shiryu contestara. "No lo habría perdonado". Contestó entendiendo ahora más que nunca, todas las dimensiones de su error. Su espíritu se derrotó ante la luz de la comprensión. Hiciera lo que hiciera, estaba ligado a perder. Ya sea que Seiya continuara creyendo que tuvo la intención de casarse con Shunrey o que se enterará de su enfermedad y su separación había sido consecuencia de orgullo tonto, quizás un poco de egoísmo, aunque indiscutiblemente, de amor.
Perdería, porque ni una ni otra cosa era fácil de perdonar.
Pero ahora eso no importaba porque Seiya estaba con... Hyoga., quien, muy probablemente, lo mereció una cantidad inestimable más que él.
"En Grecia existía la creencia de que al nacer, las almas eran divididas en dos por los dioses y las mitades estaban condenadas a vagar rotas hasta encontrarse nuevamente. De allí viene la famosa frase 'las almas gemelas'. Si alguna persona no lograba encontrar su mitad sería eternamente incompleto e infeliz".
La luz brilló en los ojos de Shiryu al preguntar puerilmente. "¿Es eso verdad?". Como un Dios, Hades debía saberlo.
El inmortal sonrió apretando su agarro en el cuerpo delgado. "No lo sé con seguridad, sabes, estaba en el extremo opuesto de los negocios de 'los nacimientos'".
Shiryu parecía de nuevo cabizbajo. "Pero sé de muy buena fuente". Hades continuó de inmediato. "Que esto es verdad". Sonrió. Una mentirilla blanca y nada más. Él no estuvo muy seguro de eso, quizás hasta era verdad.
"Y aquí en Japón, hay la creencia que las personas se atan con sus almas gemelas con hilos rojos invisibles que ligan a sus dedos meñiques". (2) Mientras habló, Hades trajo la mano izquierda de Shiryu al frente. "Apuesto que sé con que otros hilos se atan los de tu destino".
Shiryu tragó de nuevo. Shun sonrió al soltarlo y agregar. "¿Quien sabe, Shiryu?, quizás aún no sea demasiado tarde".
Shiryu continuaba observando su mano izquierda. ¿Podría ser verdad?. ¿Podría Shun tener razón?.
"¡Shun¡Eros se desató!". La voz de Ikki hizo eco desde el lugar cualquiera donde se encontrara. Shiryu escuchó los pasos de Shun apresurarse a las escaleras. "Ya voy, Niisan". Escuchó la voz dulce, Shiryu se volvió para ver la figura frágil correr escaleras abajo sin mirar atrás una sola vez.
Shiryu sonrió llevando su mano izquierda sobre su corazón. "Arigatou, Shun".
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(1): Ganímedes: Ganímedes fue príncipe de Esparta, un joven rubio y hermoso que un día, cuidando el rebaño de su padre, fue descubierto por Zeus, quien quedó prendado de su belleza, así que no pudiendo resistirse (Y ZEUS ERA EL DIOS DEL LÍBIDO), se convirtió en águila (no sé cuál era el fetichismo del Dios con los animales) y lo raptó de los campos de su padre llevándolo al Olimpo y convirtiéndolo en su amante. (Como ven, aunque me gustaría... yo no inventé el YAOI). Más tarde, cuando Hebe, diosa de la juventud, fue desplazada por Zeus del cargo de servirle agua a los dioses, lo cuál era un gran honor entre los Olímpicos, y cuyo desplazo se hizo en nombre de su propio bien (y ese es otro pasaje)... El Dios nombró a Ganímedes el Aguador oficial de los dioses... posteriormente, Zeus lo inmortalizaría convirtiéndolo en una constelación y es lo que hoy reconocemos como la décimo primera constelación del Zodíaco: Acuario.
(2). Tanto la Leyenda de las Almas Gemelas en Grecia, como la de los Hilos Rojos en Japón, son ciertas. Fueron y son creencias de ambas civilizaciones.
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Bueno, ahora como en su momento hago el siguiente comentario: Shiryu, por alguna razón nunca escribí mucho acerca de él, pero indisputablemente siento mucho cariño por este niño y absolutamente no lo concibo sino siendo noble, quizás tozudo y desencaminado algunas veces, pero noble y de buen corazón. Ya ven, él tenía sus razones aunque igualmente no lo justifico… Mmm, mi estimada AnónimaZ, me gustaría saber tu opinión… (¡y gracias de nuevo por estar pendiente!)
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© Kari. Septiembre. 2001. Editado. Julio 2007
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