La oficina del Sheriff de King County normalmente era un remanso de paz, solamente alterada por uno o dos borrachos y alguna disputa familiar salida de madre. Pero en la última semana aquella paz había dado paso a un verdadero pandemónium por culpa de las desapariciones de excursionistas. Al principio no se preocuparon mucho. Excursionistas perdidos se daban semanalmente y luego aparecían, deshidratados y con algunos kilos de menos, pero vivos y con una anécdota buena para contar en las reuniones de amigos los sábados por la noche.

Pero ahora las cosas se estaban poniendo feas. Ocho personas habían desaparecido en los bosques. No perdidas por salirse del camino. No. Desaparecían de los campamentos, cuando todos dormían. En un momento estaban en sus tiendas y al siguiente no había nadie. Sólo un saco de dormir y una tienda desgarrada. Rick miraba la pila de expedientes fijamente, deseando con toda su alma que desapareciera y pusiese fin a todos sus males.

- Si sigues así te va a doler la cabeza -Shane entró en su despacho sonriendo. Le ofreció una taza de café y se dejó caer en la silla.

- No creo que pueda dolerme mas de lo que ya lo hace. Estoy completamente perdido. Esas personas no pueden haberse esfumado. Ni huellas, ni sangre... Nada. Solo las marcas de garras en las tiendas y esos leves rastros de arrastre que desaparecen a los dos metros de los campamentos. Estoy comenzando a creer que es cosa de brujería.

- Esto no es la Bruja de Blair, Rick. Seguro que se los llevó algún oso o se largaron a hacer el gilipollas y se estraviaron.

- Pues debe ser un oso listísimo para haber cubierto tan jodidamente bien su rastro.

- Nuestros hombres son buenos siguiendo rastros. No tardaran mucho en encontrar alguna pista.

- Permiteme dudarlo. Puede que se les de bien. Pero tú sabes que no son los mejores.

Shane dejó su taza en la mesa y sacudió la cabeza negando vehementemente.

- No, Rick. Ni lo pienses siquiera.

- Sabes que son los mejores rastreadores del condado, por no decir del jodido país.

- Solo son problemas. Y de esos tenemos ya más que suficientes. Debe haber otra solución.

- Ellos son la solución, Shane. Si no queremos que esto vaya a más, tenemos que pedirles ayuda.

-¿Y qué piensas hacer cuando se nieguen a ayudarnos? Odian a muerte todo lo que tenga que ver con la ley.

- No creo que se nieguen. Por lo menos el menor no. ¿ Dylan se llamaba?

- Joder. No te sabes ni sus nombres y esperas convencerlos para que te ayuden. -Shane apoyó la frente en la mesa- El mayor es Merle. Deberías saberlo ya a estas alturas. Si mis cálculos no fallan lo has detenido unas quince veces. Y la última lo mandó un año a la cárcel.

- He detenido a tantos... -Rick bostezo. Llevaba sin dormir en condiciones desde que todo aquel asunto comenzó -¿Crees que eso será un problema?

- Si Merle dice que sí, su hermano (que se llama Daryl y no Dylan) lo seguirá sin rechistar. A pesar de que Merle lo trata como una mierda son como uña y mugre. Todo lo que el mayor dice es ley para el pequeño.

- Bueno, pues decidido. Esta tarde iremos a por ellos.

- ¿Y si dicen que no?

- Los detengo por obstrucción en una investigación en curso... Y les obligo.

Shane se limitó a suspirar. Cuando a Rick se le metía algo entre ceja y ceja, no lo sacabas de ahí e iba a piñón fijo hasta conseguir su propósito.

La casa parecía llevar abandonada décadas. Las maderas del porche estaban podridas. Los escalones que llevaban a la puerta de entrada estaban torcidos y las ventanas agrietadas y llenas de suciedad.

- ¿Seguro que es aquí Shane? Aquí no vive nadie.

- Si, Rick, si. Viven aquí. -Shane bajó del coche patrulla y caminó a paso vivo hasta la entrada. No le gustaban los Dixon. Y el estar en su territorio lo ponía muy nervioso.

Rick se colocó el sombrero de sheriff y golpeó la puerta con los nudillos. La madera crujió peligrosamente. Esperaron en silencio. Del interior de la casa surgieron gruñidos, seguidos por unos pasos irregulares y varios juramentos. La puerta se abrió de golpe, dando paso a un hombre de unos cuarenta y cinco años, pelo casi rapado, ojos azul turbio y cara de mala leche.

- Qué haces aquí Walsh? Creía que la paliza que te di hace cinco días te habría servido de lección.

- Eso díselo a tu nariz, Merle. Podemos pasar?

Merle los miró en silencio y se hizo a un lado. Rick siguió a su compañero hasta el interior de la casa. Se detuvo en el centro de lo que se suponía que era el salón.

- Esto está mucho más limpio que la última vez que vine a detenerte -Shane conocía muy bien al mayor de los Dixon y sabía cómo cabrearlo. Aunque no le estaba funcionando en ese momento.

- Estoy de demasiado buen humor como para entrar al trapo hoy, Walsh. A que debo el dudoso placer de vuestra visita?

-Necesitamos tambien a Daryl.

- Ha hecho algo mi hermanita? - Una sonrisa torcida cruzò el rostro del hombre al mencionar con burla a su hermano.

- No. No ha hecho nada - Rick se sentó en el sofá sin apartar la mirada de Merle- Estamos aqui porque necesitamos de vuestra ayuda. Has oído algo sobre las desapariciones en el bosque?

- Rumores. Algo sobre un oso cabrón que se ha decantado por comer turistas.

- Creemos que es algo más que un oso - Rick se quitó el sombrero y se frotó la nuca nervioso- Nuestros rastreadores han hecho todo lo que han podido, pero estamos como al principio. Sin una pista.

- Vamos, que el asunto os ha pillado con el culo al aire y estais de mierda hasta el cuello.

Ambos policías podían ver cómo disfrutaba el hombre con sus problemas. El silencio descenció sobre el salón pesadamente. Ninguno abrió la boca los siguientes veinte minutos. Rick esperaba pacientemente. Tenía el presentimiento de que aquel hombre de aspecto rudo les iba a ayudar. El ruido de la puerta abriéndose sobresaltó a los policías.

-Qué mierda has hecho ahora, Merle?

Rick se giró hacia la entrada. Parado a medio camino de entrar, los observaba un hombre de unos treinta y nueve, pelo castaño corto y ojos azul límpido. En cuatro movimientos estuvo entre Merle y ellos. Rick no pudo evitar sorprenderse. El recién llegado no había hecho ningún ruido al desplazarse, a pesar de calzar unas pesadas botas de montaña y una ballesta.

-Tú debes ser Daryl. Rick Grimes - tendió la mano a modo de saludo, pero el otro no movió ni un músculo.

-Sé quien eres. Qué se os ha perdido aquí?

-Hermanita -Merle se levantó del sofa con movimientos perezosos y se metió en la cocina para salir con un botellín de cerveza- Nuestro amado sheriff y su zorra necesitan nuestra ayuda.

Daryl miró unos segundos a su hermano y luego empezó a reírse a carcajadas. Tardó varios minutos en poder calmarse.

-Debes estar de coña, Merle.

-Tu hermano habla en serio -Shane se frotó la sien. Comenzaba a tener jaqueca- Nuestro departamento está estancado con lo de las desapariciones y ya no sabemos que hacer. Si de mi dependiera, saldríamos de aquí y esta conversación jamás habría tenido lugar. Pero la gente sigue desapareciendo y la cosa puede salirse de madre. Necesitamos lo mejor para solucionarlo. Y para nuestra mala suerte, vosotros sois los mejores. Conoceis los bosques y la montaña al dedillo y rastreando... Qué quereis que diga que no sepais.

- Esto es demasiado bueno para ser cierto -una sonrisa lobuna cruzó su rostro, acentuando su ya de por sí peligroso aspecto- Que ganamos nosotros?

-Hacer algo bueno por la comunidad -Rick no quitaba ojo al menor de los Dixon.

-Por qué? Esa Comunidad de la que tanto presumes no ha hecho una mierda por nosotros. Sólo hemos recibido desprecio tras desprecio. Tendrás que darme una razón de mayor peso para que empiece siquiera a plantearmelo.

-Tampoco es que seais unas blancas palomas -Shane fulminó con la mirada a Daryl, que se limitó a ignorarlo.

-Nunca nos dieron la oportunidad y los medios para serlo -La profunda voz de Merle, mucho mas ronca que la de su hermano, recordó a los presentes que seguía allí.- Pero mi hermanito tiene razón. Que ganamos nosotros?

-Tu historial delictivo de los últimos quince años desaparece por completo. Como si no hubieses hecho nada. -Rick señaló con el dedo a Merle y luego a Daryl - Y a tí... Ve pensándolo. Cuando lo tengas decidido me cuentas.

Ambos hermanos permanecieron en silencio, mirándose fijamente. Tras unos minutos, Daryl asintió y Merle le tendió la mano a Rick.

-De acuerdo. Seremos vuestros rastreadores.