Hola, ya saben que publico un nuevo capítulo y bla, bla, bla. No me tardare e iré al grano, creo que tendré un avance aquí puesto que las ideas fluyen como agua en vacaciones.

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Capítulo 2: Albor.

A veces Ventus tenía unas ideas bastante buenas, al menos para evadir sus más grandes temores. Sabía como entrar y salir de algún lugar sin ser visto ni detectado aun por las cámaras o los guardias, todo por miedo a que le reprendieran. Sabia también como hacer algunas cosas más, falsificar firmas o cosas así. Era un… ¿Cómo decía Roxas? Ah sí, estuche de monerías. Y algo así había encontrado en ese muchacho con cara de loco que tenía por nombre Vanitas. Y es que era alguien muy interesante, puesto que aunque superficialmente no parecía ofrecer mucho era todo lo contrario.

Tenía 20 años, y era un chico bastante normal según el mismo, salvo por dos cosas, le habían adelantado la carrera preparatoria porque era demasiado inteligente para esta. Ahora cursaba el último año de universidad para dedicarse a enseñar a niños de preescolar y primaria. Si, ese tipo loco quería enseñar a niños. (Según Ventus, esto era lo más tierno y hermoso del mundo) y lo que era mucho más tierno, era quien se encargaba de Sora a tiempo casi completo. Si bien Sora había conocido a sus padres estos habían desaparecido y siendo encontrado algunos años después, en un lago. Después se concluyó que habían parado ahí por salir en una noche de tormenta, una lamentable perdida. Y eso no era todo, ambos eran inmensamente millonarios hasta parecer pudrirse en dinero, y Vivian en una casita humilde y sencilla cerca de sus lugares de estudio.

Quizá por esto vanitas era tan callado y ensimismado que parecía una roca. Pero esto nos resume al punto inicial, a veces Ventus tenía enormes ideas, bastante buenas, pero ahora había invitado a una piedra a estar sentada en la sala de su casa mirándolo como si no tuviera nada más que hacer. Había platicado un poco con él y por eso supo lo que había pasado, aunque parte lo sabía por Sora y Roxas vanitas le había terminado por llenar esas lagunas que se hacían en la historia.-Yo… ¿Te agrada leer?- Que pregunta tan idiota. Sería más provechoso preguntar si sabía hacer algo más, pero sus piernas temblaban por el nerviosismo. Vanitas miraba entre pestañeos como si despertara de alguna clase de trance extraño, entendiendo lo que le estaban preguntando.-Me gustan los títulos de fantasía. Ya sabes, elfos, dragones, batallas, esas cosas. O las lecturas vampíricas, esas también me encantan.-Ventus no se hizo esperar con esto y tomo asiento algo más cómodo.-A mi… Me gustan esas también. Tengo algunos libros que me regala mi hermano. ¿Quieres verlos?-

Vanitas asintió y con ellos el pequeño y frágil Ventus se dispuso a sacarlos de un baúl que estaba arriba en su cuarto. A rastras le movía desde arriba hacia abajo, y en cuanto entro en el rango de visión de aquel muchacho tan alto y corpulento se dispuso de pie para subir y cargar ese baúl en apariencia liviano (Pues era en realidad bastante pesado) en lugar del otro.-Deja que te ayude, no debes cargar estas cosas tu solo.-Vanitas no tenía muy en claro cómo era posible que un niño de su misma edad, quizá un par de años menos, fuera tan frágil y más aún se viera así de frágil o quizás más. No lo sabía, pero desde que su hermano le había contado de Ventus le había causado algo de curiosidad, saber porque era tan… así.-No es nada, yo puedo ocuparme de ello.-Dijo Ventus sacándolo de sus pensamientos.-¿Ves esa tira que cuelga del techo? Es una trampilla que me ayuda a bajar objetos pesados. No… Me da miedo romper algo.-Vanitas negó con la cabeza, algo divertido por eso.-Deberías dejar de preocuparte tanto por esas cosas, al final son solo eso. Cosas reemplazables que puedes encontrarlas en una tienda-Al fin dejo el baúl en la sala donde antes descansaba la mesa de cristal que se había roto y Ventus con un gesto agradeció por ello abriendo el baúl. Ahí mostro su pequeño botín.-Estos son mis libros…-

Y es que tenía bastantes. Muchos de los títulos vanitas ni siquiera los conocía, le eran completamente nuevos y extraños. Algunos tenían pinta de ser muy viejos y de aspecto valioso. Pastas usadas y gastadas, encuadernados incluso en engargolados para no perder el texto, fotocopiado. Vanitas no podía dejar de ver eso soltando suspiros de asombro cada cierto rato.-Wow, esto es… es una mina de oro.-Exclamo al fin rompiendo el silencio-¿De dónde los sacas?-

-Bueno… Mi mama me los consigue a veces. Trabaja en una tienda de antigüedades, y otros papa me los compra. Y la mayoría los compra Roxas, o los consigue cambiando cosas.-Dijo Ventus con modestia. No presumía sus cosas a sabiendas de que tenía algo valioso. No lo creía necesario, solo eran suyas, y ya.- ¿Te gustan algunos? Podrías leerlos si quieres.-Ante la pregunta vanitas se sintió emocionado ¡Cuánto no podría leer de ahí! No quiso verse muy avaro, pero la emoción era demasiada como para dejarla pasar. Tomo dos, para leerlos en el tiempo que estuviera ahí.

Y así se pasaron toda la noche, o parte de ella, hablando de títulos y de historias que conocían o las criaturas que más les encantaban. A Ventus le gustaban los elfos de luz, y los dragones dorados, plateados y broncíneos. A vanitas, los elfos oscuros y los dragones rojos negros y azules. Nada común al parecer. Ventus también sabía hablar el idioma elfo, mientras que vanitas el idioma Drow, por mero ocio ambos. Se empezaron a escribir estupideces en ambos idiomas a ver quién lo descifraba primero. De ahí pasaron a los juegos de mesa, historias de terror que Vanitas no soporto porque tenía temor a los fantasmas, historias de sí mismos, y de los sueños que tenían. No fue hasta que Sora le dijo a Vanitas que ya se callaran que se dieron cuenta de las risotadas que emitían. Por supuesto que Roxas no paso por alto en esto, por eso mismo los había dejado en total libertad. Creía que le hacía bien a su hermano el estar riendo tanto. No lo había visto así en toda su vida, no que el recordara.

Ventus por su parte el dejaba olvidado que le tenía miedo, y ahora estaba mostrando sus objetos personales a este. Algunas cosas sencillas, un collar, una roca con forma de corazón, un anillo tejido en madera flexible, cosas así.-Este lo encontré cuando iba de camino a casa.-Dijo enseñándole un anillo de plata que tenia un bordado con forma de angel.-Me gusta mucho y me parece que a alguien se le cayo.-

-Parece valiosos, seguramente tienes razón.-Le habia dado la razón. También vaitas habia notado ese sutil cambio poco común en el estando con ese muchacho. Pero se lo atribuyo mas a que era una persona bastante pasiva y por tanto mas moldeable. Pronto el sueño le canso, y al parecer a Ventus también porque empezó a bostezar.-No soy un viejo, pero tampoco soy un niño. ¿Dónde dormiré? Puedo hacerlo aquí en la sala.-Ante esto ventus no hizo nada mas que asustarse y ofenderse.-No te voy a dejar dormir aquí afuera, no… eso no seria amble. Ven, te llevo a mi cama, podemos compartirla.-Dijo este mientras andaba rumbo hacia las escaleras. Y fue aquí cuando vanitas perdió la cabeza por tanta amabilidad y quizá algo de vergüenza ¿Cómo podría ofrecer eso? Quiso negarse, de verdad que quiso, pero no podía evitar pensar en la mullida cama y en las sabanas calientes. Por lo que acepto. Ventus le indico donde habría de cambiarse y donde estaba el baño. Pero vanitas era practico y dejaba esos modismos de lado comenzando a cambiarse, a lo que ventus rojo de vergüenza emitio un sonoro gemido de sorpresa.-¡Porque haces eso aquí!-Gritaba bajito cubriéndose los ojos. Vanitas carcajeo divertido por su inocencia.-No quiero ir al baño es todo.-Al final quedo en unos pantalones cortos y una camisa de tiras. Ventus usaba una pijama en dos partes muy holgada.

Al acostarse, Ventus le dio las buenas noches, y Vanitas le respondio. Un par de minutos ventus quedo en un sueño algo profundo. Y fue vanitas quien lo seguía mirando insisitente, como queriendo descubrir algo que no habia visto ya. Le gustaba, lo sabia bien. Pero no le diría nada hasta estar seguro de que le gustaba de verdad. Era un chico que se declaro a si mismo homosexual desde hacia años, pero por eso mismo le habían maltratado ocasionando en el un dolor profundo en el corazón. Y tanto fue el dolor que sufrio que decidio que eso cambiaria. De la noche a la mañana todos empezaron a tenerle miedo a Vanitas, el niño que golpeaba incluso a las personas mas grandes solo por pequeñeces, el jovencito que metia al mas gigante en los contenedores de basura, el que asustaba en donde pisaba. Nadie, nadie podía contener la ira y el terror que generaba su sola precensia. Nadie se sentaba a su lado, nadie le hacia frente, nadie se oponía. Y esa ola de terror la llevo consigo en la secundaria, y en la preparatoria, y mucho mas ahora en la universidad. Todos en toda la extensión del campus universitario le tenían terror real, profundo y mas aun, hasta los huesos. Nadie habría de burlarse de vanitas, aquel que se había declarado gay desde pequeño.

Sus pensamientos fueron interrumpidos tras escuchar Ventus gemir por alguna pesadilla, quejándose de que lo perseguían y lo atrapaban monstruos. Se movía algo asustado y casi a punto de llorar y vanitas no pudo evitar pasar una mano por su frente tarareando la misma nana que le cantaba a veces a sora. Sorprendentemente esto tuvo efecto. Ventus se quedó dormido de nuevo y no volvió a moverse más.