Bueno, gracias a aquellos que pasaron a leer mi historia y a maleja twihard por su comentario, espero el siguiente n.n
Los personajes son de Sthepanie Meyer la historia es sacada de algun lugar de mi mente.
Capitulo Uno
Isabella respiro profundamente llenando sus pulmones del innecesario aire y de los olores que la rodeaban, el aeropuerto de Seattle era un lugar frio y estéril, con miles de personas yendo y viniendo, cada una enfrascada en su propia mente o en sus celulares.
El mundo moderno se había vuelto muy ruidoso, pero eso era algo que tenía sus ventajas.
Isabella tomo sus maletas y se encamino hacia la salida, afuera estaba lloviendo, ella podía ver el brillo de las gotas mientras caían y la forma en que se fragmentaba en el suelo, aquellas gotas de lluvia siempre le hacían recordar con añoranza la sensación de llorar, si diera un paso a la lluvia y cerrara los ojos podría fingir que el dolor en su muerto corazón podía liberarse a través de aquellas lagrimas falsas, pero era una ilusión tonta. Ella estaba allí para cumplir una misión, y como cada una de sus anteriores misiones desde que se unió a los Vulturis, la llevaría a cabo satisfactoriamente.
La lluvia borraría los rastros, escondería la sangre derramada en las calles, eliminaría las pruebas que necesitaba.
Con el rostro inexpresivo camino por las calles, ya era de noche, los humanos dormían en sus cómodas camas, ajenos a el terror que los rodeaba, a los seres sobrenaturales que los asechaban.
La estación de policía se Seattle era un lugar imponente, con su estructura sobria y los autos de policía en frente, pensó Isabella mientras se escondía en el callejón frente a aquella estructura.
Con movimientos gráciles corrió internándose en aquel lugar, escondiéndose entre las sombras, lejos de ojos indiscretos. Con sumo cuidado entro en la oficina del jefe de la policía, abrió en silencio el archivador y busco la carpeta de desaparecidos, era una gran carpeta, habían veinte personas reportadas desaparecidas, la menor de ellas era una pequeña chica de quince años con el nombre de Bree, Isabella suspiro conteniendo su ira, esa pequeña niña no había vivido absolutamente nada de su vida. Escucho pasos acercándose, y velozmente dejo todo como estaba antes de saltar por la ventana, corrió tomando sus cosas y desapareció entre los callejones, era hora de buscar al aquelarre que estaba en Forks.
Un suspiro salió de los labios de Edward Cullen mientras miraba, por décima vez en una hora, las grietas del techo. La escuela de Forks era un lugar comparado con el mismísimo infierno, y él, estaba más que aburrido.
Hacía años que había entrado en un estado de sopor, sus años se hacían cada vez más rutinarios, alimentarse, fingir, alimentarse. El constante lo tenía al borde de escapar de nuevo de las reglas de Carlisle pero su conciencia le recordaba lo que había pasado con anterioridad.
Edward intentaba imaginar ir a algún lugar del mundo, a cualquier lugar que pudiera inspirar un interés en él, pero al parecer eso no sucedería.
Emmett y Rosalie estaban enfrascados el uno en el otro, ignorándolo completamente, dejándolo a merced de las voces adolescentes que no lograba sacar del todo de su cabeza, el tema del día era la chica nueva, ella se convertiría en el nuevo juguete de todos estos niños, y seguramente sería otra niña caprichosa y tonta, solamente esperaba que dejara su aburrida vida en paz.
La cafetería estaba a rebosar, y luego todo el ruido se terminó de golpe, Edward miro en dirección a la entrada de la cafetería, allí había una chica muy hermosa, de rasgos delicados, andar suave y cuerpo perfecto, tenía una falda a nivel de la rodilla a pesar del frio y una cómoda chaqueta a juego, se tensó y sus hermanos al verlo alterado giraron el rostro, sus bocas se abrieron por la sorpresa, allí, frente a ellos, había otra vampira.
Isabella había pasado la mañana más larga de su muy larga vida, y ni siquiera se había encontrado con los Cullen, que decepción, se suponía que ellos deberían estar mejor preparados para encuentros fortuitos en lugares imposibles.
Había llegado a Forks hacia cuatro días, había vigilado muy de cerca a los Cullen sin que estos se dieran cuenta, a pesar de los años que ella calculaba tenia cada uno eran blancos muy fáciles, descubrió cosas muy interesantes a pesar de lo que otros dijeran, se querían como una verdadera familia y vivían de manera normal, como si también fueran humanos. Isabella había aprendido a utilizar para su beneficio aquella belleza antinatural que le confería el ser vampiro, había usado a los chicos de la escuela para sacar información, los Cullen tenían una residencia permanente desde hacía tres años en aquel pueblo, y lo más raro de ellos era que no se mezclaban con otra gente.
Camino a paso decidido hasta la cafetería, esperaba que allí estuvieran los Cullen para recibir su mensaje, no quería tener que ir directamente a su casa sin una invitación, su educación humana aún estaba muy arraigada en ella.
Al entrar en la cafetería sintió miradas penetrantes en ella, tres pares de ojos dorados la miraban fijamente, sin parpadear, pudo sentir una pequeña presión en su barrera mental, así que dirigió su mirada al vampiro de cabello color cobre que la miraba pasmado, ella solo sonrió negando suavemente con la cabeza y empezó a acercarse a ellos a paso humano, ellos se tensaron en sus lugares, listos para luchar pero conteniéndose de revelar el secreto, muy sensato de su parte.
Isabella se sentó junto a Edward escuchando el jadeo generalizado de los niños humanos, y estiro la mano para tomar una manzana de la bandeja de comida que tenían aquellos vampiros en la mesa. El silencio se hizo presente mientras ella le daba un mordisco a la manzana, el asqueroso sabor recorrió su boca y callo pesadamente en su estómago, luego iría a vomitar, lo sabía, pero por ahora podía controlar el tiempo en que la comida duraba en su estómago. Aprovecho el silencio para mirar al hombre que tenía al lado, le parecía familiar, el solo mirarlo le hacía añorar algo desconocido, había pasado eso desde que lo vio a lo lejos hace solo un par de horas atrás y esa sensación no había desaparecido al estar cerca de él, se había incrementado considerablemente.
- ¿Qué quieres? –La voz grave del chico enorme de cabello oscuro resonó solo para ellos, Isabella salió de sus pensamientos encogiéndose de hombros.
- No importa quién soy, ni de dónde vengo, necesito reunirme en privado con todos ustedes, especialmente con Carlisle.
- ¿Por qué lo haríamos? –Las palabras de la vampira rubia estaban cargadas de molestia, esa pregunta había sonado más a "¿podemos confiar en ti?".
- Estoy pidiendo formalmente una reunión, sería muy maleducado y ciertamente un anuncio de guerra si llegara como si nada a su hogar, díganle a Carlisle que necesito verlo con urgencia.
- De acuerdo –La voz suave del lector de mentes hizo que girara el rostro hacia él, era un hombre realmente guapo, pero Isabella sabía que la belleza escondía a los monstruos más horribles.
- Los veré entonces, iré hasta su alojamiento permanente al anochecer.
Isabella dejo la manzana en la mesa y se levantó, el olor a canela golpeo a Edward en el rostro y la boca se le hizo agua por esa mujer, por primera vez en su vida tanto humana como vampira el olor de una mujer había despertado algún interés en él, un interés que no tenía nada que ver con la alimentación.
Isabella salió por la puerta de la cafetería, y camino hasta su auto, ya había cumplido su cometido, ahora solo quedaba esperar pacientemente.
- Carlisle, ella es aterradora –Dijo Emmett apenas se bajó del auto y vio a Carlisle, habían ido a cazar en las cercanías, preparándose por si aquella misteriosa vampira decidía empezar una lucha.
- ¿No preguntaron su nombre? –La voz tranquila y conciliadora de Carlisle no se hizo esperar.
- No respondió.
"¿Edward?" La pregunta mental de Carlisle lo saco de sus pensamientos y negó con la cabeza.
- No pude leer su mente, tiene algo que me impide hacerlo. –Murmuro Edward saliendo de sus pensamientos, aquella mujer era una incógnita, y cada vez que recordaba su olor algo dentro de él despertaba, algo primitivo que pedía a gritos cosas que no podía entender.
- ¿De dónde conocerá a Carlisle? –Pregunto Esme tomando de la mano a su compañero.
- No lo sabemos tampoco.
- Jamás había visto a una vampira a la que le gustara esconder el color de sus ojos y que se controlara de esa manera con tantos humanos alrededor –Comento Rosalie cruzando los brazos frente al pecho.
- Necesitamos a Jasper –Atino a decir Emmett cruzándose de brazos.
- El necesitaba un tiempo a solas, por eso se fue, regresara cuando lo crea conveniente –Esme defendió a su hijo, como hacia siempre con cada uno de sus hijos, con vehemencia.
- Solo nos queda esperar para saber que quiere de nosotros.
Se quedaron allá de pie como estatuas hasta que oscureció, la suave briza jugaba con sus cabellos y ropas, cinco perfectas esculturas talladas por el artista más talentoso.
- Gracias por haber aceptado reunirse conmigo –Se escuchó la voz que salía desde el bosque, los Cullen se tensaron y miraron hacia esa dirección, allí, con la espalda recostada en el tronco de un árbol y escondida por la oscuridad, se encontraba aquella vampira, sus sentidos no habían sido capaces de sentirla antes y todos se preguntaron cuanto tiempo llevaba allí mirándolos.
- No hay de que –Carlisle se adelantó para recibir a la desconocida, Edward y Emmett a su lado protegiéndolo.
- ¿Tu eres Carlisle verdad? –La voz monótona de la chica estaba ahora llena de infantil curiosidad.
- Lo soy, ¿Qué deseas de mí?
Y en ese momento Isabella corrió hacia Carlisle, esquivo con precisión a Emmett y a Edward antes de atrapar a Carlisle quien no tuvo tiempo de defenderse, unos delicados brazos femeninos rodearon su cuello, Carlisle cerro los ojos esperando el final de su vida… pero fue sorprendido al sentir un pequeño cuerpo encajado contra él, la pequeña y extraña chica lo estaba abrazando.
Okey, aclarare que Alice y Jasper aun no se conocen, pero Jasper si se unio a los Cullen xp.
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Besos!
