Disclaimer: No soy Jotaká (el rubio no es mi color), no soy Warner (cómo desease que Grant Gustin pusiese sus manos en mí). Inherentemente Harry Potter no me pertenece. Lástima.

Este fic ha sido creado para el "Amigo Invisible de Verano 2017" del foro "La Madriguera".

Espero, Lucy, que esto te guste. ¡Con mucho cariño, linda!


ENREDOS CON SABOR A AMOR

...

CAPÍTULO 02 | HARRY Y DRACO.


Todo lo que supe esta mañana cuando me desperté es

que ahora sé algo, ahora sé algo que antes no sabía.

Y todo lo que he visto desde hace 18 horas es:

ojos verdes y pecas y tu sonrisa,

en mi cabeza una y otra vez, haciéndome sentir como:

Solo quiero conocerte mejor, conocerte mejor,

conocerte mejor, ahora.

― Everything has changed – Taylor Swift ft. Ed Sheeran.

Draco mete las manos dentro de los bolsillos de su abrigo y abre y cierra los puños, desde hacía unos meses había dejado el tabaco y su voluntad flaqueaba, pero le bastaba recordar aquellos ojos decepcionados y toda debilidad huía de él, excepto en esos momentos. Justo y precisamente en ese momento en que estaba frente a un restaurante muggle, esperándolo. Y el dueño de sus recientes angustias llega doblando apresuradamente la esquina y él pone su mejor cara de fastidio.

—Llegas tarde—dice como saludo y el azabache alza una mano mientras se dobla y recupera el aliento.

— ¡Lo lamento! —se excusa cuando ha metido suficiente oxígeno en sus pulmones e incluso así su cara está sonrojada y jadea—. Estaba en una reunión sobre la próxima redada y el jefe Brashid se puso insoportable, aunque pudo ser porque Xavier mencionó aquello de…

El rubio rueda los ojos imperceptiblemente y se acerca a su compañero callándolo con un beso. Los labios del azabache, como siempre, hacen que Draco pierda la noción del tiempo y que sus labios se vuelvan demandantes hasta que se siente saciado, por el momento.

—Hola—murmura tímidamente su compañero, mientras el sonrojo tiñe su cuello y a Draco se le hace gracioso que después de más de un año aún las demostraciones públicas de afecto arranquen esas reacciones de él.

—Hola—responde satisfecho y lo toma de la mano mientras los hace entrar en el restaurante muggle.

Draco camina por el lugar con familiaridad y se sienta en la mesa del fondo, en seguida la camarera le trae un café a su acompañante y un té negro a él, sonriéndoles con cariño y desapareciendo cuando terminan de ordenar. Sí, a Draco se le hacía bastante familiar el restaurante muggle al que había estado visitando desde hace poco menos de un año; todo gracias a él, a Harry Potter.

¿Qué si era una sorpresa? ¡Claro que lo era! ¿Draco odio al cara rajada Malfoy y Harry santurrón Potter juntos? ¡Que merecía la primera plana de El Profeta! Sin embargo la razón por la que sus encuentros con el azabache eran en la clandestinidad del mundo muggle era para no aparecer en alguna página del famoso diario mágico. ¿Harry quería mantener su relación oculta? Por supuesto, ni dudarlo. ¿Draco lo quería? Al principio, sí. Desde la muerte de Astoria, su mujer, el rubio tenía una sola preocupación: su hijo, todo lo que hacía lo hacía pensando en su pequeño de ojos grises y relegaba todo lo que sentía a un segundo plano. Sin embargo un día había chocado con esos ojos verdes y muchos encuentros casuales, y no tan casuales, después habían terminado en una relación. ¿Ahí había decidido que quería que lo suyo con Potter fuese de dominio público? Por supuesto que no, la relación que llevaba con el azabache eran demasiado inestable, un mes juntos y al siguiente peleados, una noche amándose y la siguiente odiándose. Definitivamente no iba a arrastrar a su hijo a una relación así. Sin embargo, meses después, de los labios del ojiverde habían salidos esas dos palabras que el mismo Draco llevaba mucho sintiendo: Te amo. Y ahí sí todo fue claro; ya no era una relación que viene y va, era algo serio, si no que le preguntasen a su armario que tenía más de la mitad de la ropa de Potter en él, era algo que debía saber su hijo. Sin embargo, cada vez que el rubio intentaba sugerirle a su novio (nunca hubiese imaginado lo feliz que lo hacía llamarle así a Potter) que le dijesen a sus hijos el azabache salía con las mismas excusas:

"No me siento listo" "Con la presión de la prensa podríamos terminar cortando y sería más difícil si les dijésemos a los niños" "¡Entiéndeme, yo tengo tres hijos por los cuales preocuparme!"

Y ahora, un mes después, Draco ya tenía todas las respuestas a esas preguntas que incordiaban al moreno.

— ¿En qué piensas? —pregunta Potter mirándolo medio curioso y medio divertido.

—En que debemos decirles a nuestros hijos de nuestra relación—alza una mano antes de que las palabras salgan de la boca de su asustado novio—. Sé y comprendo todos tus miedos, Harry. Claro que lo hago, tengo los mismos. Sin embargo llevamos más de un año en esta relación, que ahora es muy seria, al menos desde mi punto de vista, y tengo la suficiente confianza en nosotros para saber que si lo enfrentamos juntos no caeremos.

—Pero, ¿y la prensa? —contraataca el ojiverde y Draco se sienta recto y lo observa como lo hace cuando está en una negociación difícil.

—No sabía que la prensa te importase tanto, Potter. Luchaste más de dos años diciendo que Lord Voldemort había vuelto y nunca te amilanaste frente a los titulares de El Profeta—dice con un deje de sorna—. Y, no sé tú, pero considero que he enfrentado cosas más desagradables que los afilados comentarios de Dasha Ogden*.

—Bueno, es cierto—Draco sonríe de lado y Harry lo observa confundido—. Pero, ¿y los niños? ¿Qué hay de ellos?

—No creas que no he pensado cada pequeña posibilidad de que todo se podría ir al traste y si se lo decimos a nuestros hijos ellos después sufrirán si esto no resulta bien, sobre todo teniendo en cuenta la amistad entre Scorpius y Albus, y también sabiendo del carácter impulsivo de James y la sensibilidad de Lily. No pienses ni un solo instante que las reacciones de nuestros hijos no me han preocupado. Pero confío en esto, Harry—el rubio de acerca y entrelaza sus manos con las del azabache, su iris gris mirando fijamente a los verdes—, confío en nosotros. ¡Merlín, yo te amo! Y sé que este amor no es juego, no es un rato, es esa clase de amor que te impulsa a arriesgarlo toda, a dar cada pequeña parte de ti mismo para complacer al otro. Esa clase de amor que derrumba montañas y cumple imposibles.

—Yo también te amo, pero…

Draco se separa abruptamente del moreno y Harry luce confuso por el repentino alejamiento y un tanto alarmado por la mirada fría que le dirige Draco, la primera que verdaderamente le recuerda a aquella época en la cual lo odiaba.

—Si estás tan inseguro sobre decírselo a nuestros hijos es porque no confías en nosotros. Y eso es una verdadera lástima, Potter—el desprecio en su apellido hace temblar a Harry—. Porque si eso es verdad aquí se terminó todo. No soy un juguete desechable.

Y Draco se levanta, dándole una última mirada desdeñosa y se voltea.

Y la mente de Harry vuela; ¿qué acababa de hacer? ¡Claro que amaba a Draco Malfoy y estaba endemoniadamente seguro de su relación! Y no iba a dejar que esos estúpidos miedos acabasen con la única tranquilidad y confianza que había conseguido luego de que Ginny lo dejase. ¡Por supuesto que no!

Medio trastabillando Harry agarra por el brazo a el rubio y lo encarcela entre sus brazos.

—Te amo, Draco Malfoy. Te amo como nunca imagine poder hacerlo, ¡y por supuesto que confío en nosotros! Pero soy un idiota inseguro, un imbécil, un tonto, un retrasado…

—Oh, vamos. No te detengas.

—Un idiota, un lelo, un desastre… y te amo.

—También te amo, Potter—susurra el rubio y termina de unir sus labios.

Y Harry sonríe, porque no hay nada más seguro que su amor por Draco.

Y Draco sonríe, porque había conseguido a su chico.