En el mismo instante en que desapareció de la sala de la Madriguera, Charlie Weasley se apareció, cientos de kilómetros a la distancia, a lado de una vieja torre de reloj en un callejón semivacío, justo como le había descrito la profesora Horbbak en su carta. Miró a su alrededor y vio que el callejón, ya iluminado por los rayos del sol, estaba compuesto por muchas tiendas con letreros en noruego, que él no podía entender, pero en cuyas vitrinas se exhibían diferentes artefactos mágicos. Charlie se dio cuenta de que aquel debía ser el equivalente al Callejón Diagon en Oslo. A parte de él había un par de personas más que empezaban a abrir algunos de los locales.

En ese momento, vislumbró una figura alta caminando desde un extremo del callejón en dirección hacia donde él estaba. Conforme se acercaba, pudo ver que se trataba de una muchacha joven, de tez blanca y cabello castaño. Charlie supuso que aquella debía ser la asistente de la profesora Horbbak, quien tenía instrucciones de recibirlo allí. Cuando por fin la tuvo enfrente, se dio cuenta de que era aproximadamente una cabeza más alta que él, cosa que no le sorprendió demasiado, ya que siempre había sido el más bajito de todos sus hermanos, a excepción de Ginny, aunque ella tenía apenas doce años.

- Buenos días – dijo la muchacha con un marcado acento noruego –. Tú debes de ser Charles Weasley, ¿cierto?

- El mismo. Aunque prefiero 'Charlie' – respondió, ofreciéndole la mano –. Mucho gusto.

- Mucho gusto, Charlie. Soy Ivva – la muchacha le respondió el apretón de manos con más fuerza que la que esperaba –. Qué alivio que llegaras puntual y en el lugar correcto; otras veces he tenido que buscar a algunos por horas porque se pierden.

- ¿La profesora Horbbak suele recibir a muchos estudiantes?

- Yo no diría que a muchos, pero de vez en cuando viene algún nerd a pasar unos meses, como tú – dijo Ivva riéndose –. Bueno, ahora agarra mi mano.

- ¿Disculpa? – a Charlie le tomó por sorpresa esa repentina orden.

- Voy a aparecernos en la casa de la profesora. Tiene el desayuno listo para ti.

- Ah, ent…

- A menos que prefieras tomar el transporte no-mágico – lo interrumpió la joven, alzando la ceja –, en cuyo caso nos tardaríamos una eternidad en llegar – Ivva giró los ojos de manera dramática –. Y a la profesora no le gusta que la hagan esperar.

- Entonces hay que darnos prisa – dijo Charlie con una ligera sonrisa.

- Sensata decisión – la joven le sonrió también, y antes de que Charlie le tomara la mano, ella lo agarró del hombro y desaparecieron del callejón, donde empezaba a llegar más gente.

Se aparecieron frente a una enorme casa de aspecto solitario, y completamente rodeada por un frondoso bosque. Charlie sintió un ligero mareo mientras caminaban hacia a la entrada, sensación que solía invadirlo siempre que se aparecía más de una vez en muy poco tiempo. La aparición nunca había sido su forma de viaje favorita, y solo la empleaba cuando no le quedaba otra opción.

- Adelante– dijo Ivva después de sacar su varita y darle un ligero toque a la perilla de la puerta, que se abrió con un rechinido –. Descuida, yo tengo la contraseña para entrar – comentó cuando se fijó en la cara de Charlie, a quien la escena le parecía como si estuvieran entrando a robar una casa.

Entraron a un pequeño vestíbulo que a su vez daba paso a una amplia sala de techo alto y cuyas paredes y piso eran de piedra.

- Por aquí – Ivva le hizo una seña de que la siguiera a través de una puerta a su derecha.

Llegaron a un comedor donde había una mesa larga, y sobre la cual había un mantel doblado, cubriendo solo un cuarto de ésta. Por otra puerta, que sin duda conducía a la cocina, entró una mujer alta, de complexión delgada y facciones delicadas, con un rostro que expresaba sabiduría y seriedad, que le recordó al de la profesora McGonagall, la jefa de su casa en Hogwarts. Su corto cabello era canoso, pero aún se podían apreciar varios mechones dorados.

- Buenos días, Charles – la mujer lo saludó con un apretón de manos mucho más ligero que el de la muchacha. Su acento noruego, a la vez, era casi imperceptible.

- Él prefiere Charlie – soltó Ivva.

- Profesora Horbbak, es un honor conocerla en persona – se apresuró a decir Charlie.

- Me alegra que llegaras a buen tiempo, Charlie. Perdona que te haya hecho aparecer primero en otro lugar, pero es imposible aparecerse en mi casa si no se ha estado aquí antes. Imagino que no has desayunado; puedes ir a dejar tus pertenencias al cuarto que preparé para ti, y luego bajas a comer un poco.

- Se lo agradezco, profesora. Este, ¿por dónde…?

La profesora se aclaró la garganta y le lanzó una mirada a Ivva que observaba distraída por la ventana. La joven reaccionó dando un pequeño respingo.

- Ah, sí, claro. Sígueme, Charlie.

Él la siguió afuera del comedor y subieron unas anchas escaleras de piedra hasta llegar al pasillo del segundo piso, que por un instante le hizo creer que se encontraba en una especie de castillo del tamaño de una casa.

- Vaya – exclamó Charlie.

- Linda decoración, ¿cierto? – se mofó Ivva –. Un poco exagerada para mi gusto, pero te darás cuenta que la profesora tiene gustos algo extravagantes.

Charlie prefirió no hacer ningún comentario sobre los gustos de la profesora, así que solo esbozó media sonrisa y continuaron caminando por el pasillo hasta detenerse frente a una puerta de roble que Ivva abrió, dejando ver un cuarto mucho más grande que la sala de estar de la Madriguera. La habitación estaba iluminada por la luz de la mañana, que se colaba a través de un ventanal que hacía de cuarta pared. Todos los muebles, incluyendo la cama con cortinas de dosel color verde botella, tenían un aspecto de llevar allí muchas generaciones; sin embargo, todo se veía limpio y en buen estado.

- ¡Hogar dulce hogar! – dijo Ivva, abriendo sus brazos y observándolo con una sonrisa –. Solo temporalmente, claro, así que no te vayas a acostumbrar.

Charlie entró lentamente a la habitación, observando cada detalle y pensando en que nunca se hubiera imaginado que pudiera tener una habitación tan grande para él solo.

- Mostrarle el cuarto, listo – Ivva movió su mano en el aire como si tachara una lista de pendientes –. Ahora, debemos regresar antes de que se enfríe tu desayuno.

Regresaron por el mismo camino hacia el comedor, donde la profesora Horbbak había servido tres tazas de café, y un solo un plato con comida.

- Charlie, ¿todo en orden con tu habitación? – preguntó la profesora.

- Todo está perfecto, profesora, gracias.

- Excelente. Ahora siéntate a la mesa por favor, te preparé havregrot… no sé si ustedes coman algo similar.

Charlie se sentó frente a un plato hondo que contenía una especie de cereal espeso, como si fuera una papilla.

- Me recuerda al porridge que comemos en casa. Es avena caliente.

- Bueno, esto no es avena, pero espero que sea de tu agrado. También hay pan y paté, por si gustas – señaló un pequeño canasto en la mesa.

- Disculpe, pero, ¿ustedes no van a desayunar? – preguntó Charlie, confundido de por qué él era el único con comida.

Ivva se rio por lo bajo mientras le daba un sorbo a su café.

- Nosotras ya hemos desayunado – le contestó la profesora –. En el verano solemos empezar nuestro día muy temprano, como ya te había comentado.

Mientras probaba el espeso cereal, Charlie se preguntó qué tan temprano era "muy temprano", ya que en ese momento apenas pasaban de las seis y cuarto de la mañana, pero no quiso hacer más preguntas, por lo que el resto del desayuno transcurrió en silencio.

- Charlie, si te parece bien, me gustaría que comenzáramos de una vez con el trabajo. A menos de que prefieras descansar un rato, o desempacar primero – comentó la profesora Horbbak en cuanto el pelirrojo hubo terminado su havregrot.

A pesar de que no había dormido en toda la noche por la emoción de su nueva aventura, Charlie prefirió ocultar el cansancio y demostrarle que había llegado con intención de estudiar en serio.

- No se preocupe, profesora. Estoy listo para comenzar – comentó, suprimiendo un bostezo.

- Vamos entonces– la profesora Horbbak se puso de pie, y sacó la varita de su bolsillo – evanesco – murmuró y los platos desaparecieron de la mesa.

Charlie siguió a la profesora y a Ivva de vuelta al vestíbulo y hasta el fondo de la sala, donde había unas escaleras que conducían al sótano. En el momento en que bajó el último escalón no pudo evitar abrir la boca al observar lo que tenía enfrente. Ante él se extendía un espacio tan amplio que parecía ser el doble de tamaño que el exterior de la casa. El techo alto y de él colgaban enormes candelabros antiguos. De un lado había mesas altas, sobre las cuales se hallaban varios aparatos de diferentes tamaños y formas, de los cuales Charlie reconoció muy pocos, y en el otro extremo había media docena de esqueletos (aparentemente reales) de dragones; Charlie sintió que su respiración se detuvo al verlos. Al joven pelirrojo le pareció que estaba dentro de una (muy limpia y ordenada) cueva de tesoros, como las tumbas egipcias a las que Bill los había llevado durante sus vacaciones. En ese momento, desapareció de él todo rastro de cansancio, y, en cambio, lo invadió la emoción.

- Como verás, Charlie, esta es nuestra área de trabajo – comentó la profesora, sonriendo al ver la expresión de sorpresa grabada en el rostro del pelirrojo –. Aquí guardamos y estudiamos toda la información sobre los dragones que han existido en Escandinavia durante los últimos dos mil años, aproximadamente.

- Y estos, ¿son reales? – preguntó Charlie acercándose, casi con veneración, a los enormes esqueletos.

- Por supuesto – le respondió Ivva –. Yo misma los reconstruí, hueso por hueso – pasó su mano ligeramente sobre uno de los huesos que flotaban estáticos.

- Todos son restos que hemos encontrado en nuestras expediciones. Ese solía ser un Pesadilla Monstruosa, o por lo menos así era conocido antes – agregó la profesora Horbbak señalando el enorme esqueleto que Ivva había acariciado –. Y en un par de días tú nos acompañarás a una nueva expedición.

- ¿En serio, adónde? – a Charlie le costó ocultar la emoción que aquella noticia le provocaba.

- Anoche recibimos un aviso, por parte de un colega, sobre posibles restos de dragón en un pequeño archipiélago al norte del país. Ya antes habíamos descubierto restos ahí, pero parece ser que esto es algo diferente.

- ¿Diferente cómo?

- Bueno, verás Charlie, como probablemente ya sabrás, los dragones que solían habitar los archipiélagos del círculo polar hace cientos de años se extinguieron por diversas razones independientes a la magia; por ejemplo, enfermedades como virus mortales, o los constantes enfrentamientos entre distintas especies de dragones. A parte, claro, también se cree que un par de especies se extinguieron gracias a los ataques por parte de los vikingos que no convivieron con ellos. En fin, hasta ahora solo hemos descubierto unos cuantos casos aislados en los que la magia fue empleada para asesinar o atacar dragones en dicha zona; sin embargo, nuestro colega piensa que descubrió algo que sugiere que pudo haber más contacto del que creíamos entre los dragones del norte y la magia.

- ¿Qué tipo de evidencia encontró?

- Eso ya lo veremos cuando estemos allá – contestó la profesora –. Por ahora, déjanos introducirte a los dragones escandinavos de la antigüedad.

Ivva colocó sobre una mesa dos libros anchos y gruesos que contenían información detallada de cada dragón que alguna vez había existido en el noroeste de Europa. Ahí pasaron el resto de la mañana, dragón por dragón, algunos más interesantes que otros.

- Me enorgullece decir que gran parte de esta información la hemos recabado nosotras, junto con nuestros colegas, a través de muchos años de búsquedas y trabajo – comentó la profesora Horbbak –. También hemos complementado con los hallazgos de otros dragonolistas a lo largo de los siglos. Y, además… – la profesora caminó lentamente hacia una vitrina que resguardaba en su interior un libro de cuero de aspecto antiquísimo – tenemos este libro, o manual, escrito en runas nórdicas antiguas entre el siglo nueve y diez, y que creemos que algunos vikingos usaron para identificar y defenderse de los dragones.

Charlie se acercó a la vitrina también y observó, impresionado, el desgastado libro, en cuya portada todavía se alcanzaba a apreciar el grabado de un dragón formado una espiral.

- Y, ¿han encontrado restos de todos los dragones que se mencionan en el libro?

La profesora e Ivva intercambiaron miradas rápidamente, gesto que no pasó desapercibido por el joven pelirrojo, quien fingió no darse cuenta.

- En realidad, existe una gran parte de dragones mencionados de los que no hemos hallado nada aún… ni siquiera los dragonolistas antes de nosotras – la anciana mujer guardó silencio por unos segundos, mientras su mirada se perdía en el libro bajo el cristal –. Por eso el trabajo nunca se acaba, Charlie. Así que por ahora, volvamos a lo que estábamos.

La profesora regresó a la mesa sobre la que tenían los dos libros abiertos, y Charlie la siguió, en silencio, lanzándole una mirada fugaz a la vitrina, reprimiendo la enorme curiosidad que lo embargaba sobre lo que había dentro de ese libro.

Esa noche, sobrecargado de tanta información y privación de sueño, Charlie Weasley cayó rendido al cansancio en el instante en que puso la cabeza sobre la almohada.