Capítulo 2. Estúpido perro.
-WAAAAA -Una vez que entraron, tuvieron que atravesar por lo que parecía ser un tobogán hasta otra salida. Cayeron amontonados y adoloridos, Azrael fue el único que llegó ileso a donde se encontraban -Eso dolió.
-Si, ya he recibido muchas quejas con eso.
-¿Donde nos encontramos?
-En una de las grandes metrópolis del mundo. Tokyo, Japón.
Lo chicos se encontraban en medio de la ciudad, todo a su alrededor era nuevo, cosas tales como pantallas, autos, grabadoras, radios, videojuegos, inclusive ropa los tenía completamente anonadados.
-Este lugar es impresionante.
-Eh visitado este lugar muchas veces, me se perfectamente de memoria cada calle que cruza por este sitio.
-¿Y donde nos quedaremos nosotros?
-No sean impacientes, vayan y conozcan la ciudad, yo los alcanzo luego, necesito arreglar unas cosas.
-¿No es un poco peligroso?
-Para nada, soy un ángel así que pueden caminar confiados por donde quieran.
-Aguarda -Detuvo Louise -Cuando invoqué a Saito no le entendí al principio y he visto que su lenguaje es muy diferente al nuestro.
-Que buena observación -Halagó Azrael.
-Tal vez demasiado buena.
-Oh vamos no sean así con ella. Dejando de lado eso. Louise tiene razón, les enseñaré el japonés, así cuando se encuentren con Saito podrán comunicarse con él.
-Buena idea.
-Pero tendrán que esperar -Todos lo miraron sorprendidos -Oigan yo también tengo asuntos que atender, ¿creen que es fácil esperar mil años para un día libre? -No esperó respuesta y desapareció.
-Ya que, si ustedes me disculpan vi unos preciosos zapatos.
-Y yo a unas lindas jovencitas.
-Ni creas que te dejaré solo -Susurró Montmorecy mirando celosamente a Guiche.
-Iré con Kirche. Suerte con Saito, Louise -Cada uno se fue por su camino dejando sola, en medio de la acera, a la brujita.
Ella caminó, simplemente eso, a donde sus pies decidieran llevarla. Sumida en sus pensamientos no se dio cuenta de que había chocado con el ángel y al ver mejor su entorno notó que ya no se encontraba rodeada de edificios enormes, sino más bien en una pequeña zona residencial.
-Oye, ¿como me encontraste?
-Lo siento, no vi por donde iba.
-No te preocupes, ya acabe lo que tenía que hacer aquí -Suspiró satisfecho -Ahora si podré disfrutar mis vacaciones a gusto.
El sonido de una sirena hizo desaparecer el silencio y la calma que cubría el lugar -¿Qué ocurre?
-Nada importante, tu sigue caminando -Observó un reloj de bolsillo y sonrió -Justo a tiempo -Murmuró solo para que él oyera.
Una ambulancia paró secamente enfrente de la casa donde ambos habían estado parados. Una señora salió presurosa de ella y varios médicos entraron a aquel hogar.
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-¿Donde estaban?
Todos volvieron a juntarse en el mismo lugar en donde habían aparecido. Siesta había explicado que como no entendían el idioma no pudieron hacer muchas cosas más que caminar, claro que algunos estaban cansados de tanto ir de aquí para aya.
-Vamos, son jóvenes y no aguantan ni una hora. Mírenme a mi, tengo más de seis mil años y tengo más energía que un corre-caminos.
-¿Un corre qué?
-Olvídenlo -Como vio a todos fastidiados decidió que era momento de dirigirse a lo que sería su hogar ese año -Síganme, no tardaremos mucho.
Caminaron otro rato, esta vez nadie se quejó. En poco rato llegaron a una zona residencial bastante elegante, podría decirse que era uno de los barrios adinerados. Azrael los condujo hasta la puerta enrejada de una elegante mansión al estilo japonés alejado de todo. Entraron al lugar y este era mucho más espacioso de lo que parecía, la mayoría de los muebles estaban cubiertos por sábanas para evitar que el polvo y el ambiente los deteriorara.
-Si que tienes una casa muy bonita.
-Ni tanto, esta la conseguí hace unos mil años y me las he arreglado para conservarla como mi propiedad. Pero que digo, adelante siéntanse como en su casa, aquí no les faltará nada.
-Muchas gracias, lo primero que haré será tomar un buen baño caliente.
-Segundo piso a la derecha -Aclaró el ángel -Bien el lugar está algo sucio así que no me molesten con eso.
-Terminé.
-¿Perdón? -Azrael volteó hacia donde se encontraba parada Siesta, viéndola a ella con una escoba en su mano y justo detrás el lugar completamente aseado y limpio -¿Pero como...?
-Es una forma de agradecerte lo que estás haciendo por nosotros -La chica hizo una leve reverencia.
-No es nada -Se rascó la nuca totalmente apenado.
-Azrael creo que es tiempo de contarnos esas condiciones -Por primera vez en todo el viaje, Julio dijo algo.
-Que impaciente, pero si, nada más traten de contarle a su amiga pelirroja también -De sus ropajes sacó el papel que firmaron -Es algo muy simple, durante su estadía en este lugar ustedes no podrán usar magia pase lo que pase, si hacen algún hechizo, por más insignificante que fuese, los regreso ¿entendido?
-Si -Asintieron todos al unísono.
-Muy bien, si me disculpan quiero dormir -El chico subió por las escaleras y dobló a la izquierda -De este lado dormirán los chicos y del otro las mujeres, que descansen.
-Hay algo en ese sujeto que no me agrada.
-Que no te escuche Louise, Julio, podría enojarse.
De repente escucharon un fuerte estruendo proveniente de afuera, todos fueron a esconderse en algún lugar, aun así sintieron curiosidad por quien irrumpiría en el lugar. Pasaron pocos minutos en los que creyeron que no había sido nadie, hasta que de a poco la gran puerta principal se abrió dejando ver a una joven pelinegra, muy parecida a Siesta por cierto.
-¿Estás seguro de que debemos estar aquí?
-Claro, será divertido.
Esa voz, esa voz era inconfundible, ciertamente lo era. Louise no pudo evitar asomar un poco la cabeza, quedó shockeada al ver a Saito vivo, frente a él. Iba a correr a abrazarlo, pero Julio logró evitar que lo hiciera y comprometiera a todos.
-¿Pero que te sucede? -Susurró.
-Mira -Señaló al par recién llegado.
Cuando la brujilla volteó, no dio crédito a los que sus ojos veían. Su Saito besando a esa mujer y la tipa correspondiéndole gustosa rodeando su cuello con los brazos. Louise sintió una daga atravesándole el corazón, inconscientemente sacó su varita, estaba a punto de lanzarles un hechizo y eso claro, no iba a permitirlo el rubio.
-¡Será mejor que se vallan si saben lo que les conviene!
La voz de Azrael se oyó por toda la habitación. Saito y la chica se separaron bruscamente, volteando a todos lados buscando el sitio de donde provenía el sonido. Sin que ambos se lo esperaran el ángel apareció detrás de ellos, con oz en mano y su cuerpo se había vuelto un esqueleto completamente, cuando voltearon los chicos se dieron el susto de sus vidas.
-Tienen tres para salir -Su tono de voz se había convertido en un chirrido espantoso. Lo peor de todo eran los orificios de sus ojos, iluminados por un par de flamas dándole un aspecto aterrador con su capucha oscura -Uno, dos... ¡Tres! -Agitó su arma y ambos salieron corriendo a toda prisa -¡Y no vuelvan! -Les gritó ya normalmente.
-Louise, ¿estás bien? -Pregunto Julio preocupado, sabía que eso había dejado afectada a su amiga y la expresión en su rostro se lo confirmaba.
-Ese... ese perro estúpido -Gruesas lágrimas surcaron su rostro.
