Bucky no era la clase de persona que se desnudaba y se lo demostraba a los demás, ni siquiera en su época de galán, sí, tenía mucha seguridad en todo lo que hacía y decía pero no era tan descarado o desvergonzado esto era solo una estrategia.
Había descubierto que la chica se sonrojaba y se incomodaba por la desnudez, así que pensó que un poco de eso haría que ella se asustara y pidiese no ayudarle más, porque al final de cuentas él no quería ayuda, quería salir y explorar el nuevo mundo por sí mismo, no necesitaba una niñera.
—Necesito ropa.
—Eso puedo notarlo.
Una pequeña sonrisa socarrona se apareció en los labios de Bucky, ella negó levemente con la cabeza, dejó la tablet sobre la mesita y se dirigió al guardarropa. Empezó por buscar la ropa interior: camisetas y para su suerte él era una persona que usaba bóxer así que tomó uno. Prosiguió con tomar un pantalón y después se dirigió hacia las playeras y camisas que estaban colgadas.
Estaba entretenida buscando una buena camisa hasta que sintió la respiración de Bucky en su cuello, esto provocó que se exaltara y la ropa cayera de sus manos. Se dio media vuelta y en efecto, él estaba demasiado cerca, tragó saliva con dificultad y alzó la vista hacia él.
—¿N-n-n-necesita algo?
—Mi ropa.
Su tono de voz era bajo y casi provocativo, lo que hizo que ella se pusiese más nerviosa. Él sonrió con tanta altanería que en ese momento quiso golpearlo y ella no era una persona que disfrutase de la violencia. Bucky se agachó por su ropa y en ese momento su toalla cayó hasta sus pies, Maddie bajó la mirada desde su rostro hasta su…
—¡Sr. Barnes!
Maddie gritó, esta vez no se limitó en solo alzar un poco la voz, ¿Por qué le estaba haciendo esto? Bucky no dejaba de sonreír, sus planes parecían funcionar. Se inclinó tomó la toalla y volvió a ponerla en su lugar justo en el momento en que Steve entró en la habitación.
—¿Esta todo bie…?
Steve se quedó ahí parado, observando la escena tan poco común. Un Bucky Barnes medio desnudo frente a una Madison Fields roja como un tomate, la mirada del rubio iba de Bucky hacia Maddie esperando que alguno decidiera explicarle que estaba pasando.
—No puedo hacer esto, Steve, lo siento.
Sin pensarlo dos veces Maddie salió de ahí, Steve gritó su nombre un par de veces pero no respondió, estaba demasiado avergonzada como para volver ahí.
…
Las semanas habían pasado, Madison había escuchado (sin querer) una conversación entre Steve y Bucky, en el que tema principal era el comportamiento "irracional e inapropiado" del soldado hasta que él terminó confesando que todo aquello se trataba de un plan para incomodar a la joven y hacer que lo dejara en paz. Steve no reaccionó muy bien y Madison decidió que dos podían jugar el mismo juego.
Pero no, su estrategia no consistía en la desnudez, su estrategia básicamente consistía en ir tras de él, insistir con sus preguntas, molestarlo a la hora en que tomaba su café o en los entrenamientos (que generalmente era un momento en el que él disfrutaba de la silenciosa soledad).
—¡Sr. Barnes!
Su tono sonó muy entusiasta, considerando que eran las seis de la mañana y la cocina estaba desierta salvo por Bucky quien casi escupió el café cuando la escuchó, profirió un ligero gruñido y Maddie sonrió ampliamente.
—Estaba pensando que hoy podemos ir de compras.
—No. Yo estaba pensando que hoy me vas a acompañar a entrenar.
El buen entusiasmo y ganas de molestar de Madison se esfumaron justo en ese momento. En su segundo año en la torre, Tony había decidido que la joven necesitaba entrenamiento y esas habían sido las peores semanas de Maddie, no era muy buena con los ejercicios.
—¿Perdón?
—Que me acompañarás a entrenar.
—Yo no… No necesito entrenamiento.
—Tony dice que todos los que trabajan aquí lo necesitan y yo nunca te he visto en el gimnasio.
—No lo necesito.
—No se trata de eso, vas a ir conmigo, ve a cambiarte y te veo allá en diez minutos.
Sin ninguna palabra más y sin tiempo para protestas Bucky salió de la cocina. Maddie no vivía en la torre, tenía una habitación propia con ropa básica por si alguna vez necesitaba quedarse ahí, casi nunca utilizaba esa ropa así que odió que fuese esta la primera vez.
…
Maddie entró en el gimnasio con mucho pesimismo, tener que compartir más tiempo del necesario con Bucky era molesto y pensar que él tendría un montón de cosas por las que fanfarronear no la animaban mucho.
—¿Qué sabes hacer?
—Tome clases de defensa personal con Natasha.
—¿Te volviste tan buena como ella?
—No creo que a ese nivel, pero puedo defenderme.
Entonces de la nada, Bucky la atacó y por puro acto reflejo pudo detener el golpe y luego vino otro y después otro. Maddie tenía que reconocer para sí, que estaba demasiado fuera de práctica y esquivar cada golpe que el castaño lanzaba la estaba agotando pero en un momento en que él se descuidó, ella aprovechó y lo hizo caer.
—Supongo que ya terminamos. —Dijo Madison con un tono lleno de satisfacción por haber logrado vencerlo pero justo en ese momento Bucky la hizo caer y en un rápido movimiento, éste se posicionó sobre ella.
—No deberías presumir antes de tiempo.
Justo ahí se hizo el silencio y compartieron un momento diferente. Sus agitadas respiraciones chocaban, su pecho subía y bajaba y apenas ahí, él de verdad la observó: sus ojos que parecían brillar, sus delicadas facciones, sus mejillas adorablemente sonrojadas, los hoyuelos que se formaba con solo sonreír ligeramente. Ella también lo observó a él con detenimiento: la forma en que caía algunos mechones de cabello sobre su cara, esa expresión dura pero vulnerable a la vez, ese ceño fruncido que lo caracterizaba, la línea de su mandíbula tan bien formada y por primera vez quiso tocarlo.
Maddie se había dejado llevar por sus pensamientos, así que lo siguiente que estaba pasando ya no sabía si era real o si había pasado mucho tiempo desde que estaban en esa posición pero podía jurar que Bucky la miraba a los ojos y luego bajaba su mirada hasta sus labios y de pronto estaba bajando su rostro hacia el de ella. Estaba cerca, peligrosamente cerca cuando se escuchó que alguien se aclaraba la garganta.
—¿Interrumpo algo?
