Declaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: Contiene lenguaje obsceno y ¿tensión sexual? xD Es una serie de drabbles, viñetas o one-shot (dependiendo de mi inspiración xD) en el cual, los capítulos entre sí no tienen que estar estrictamente relacionados y pueden dar saltos en el tiempo.
Domíname
2. Posesivo
¿A dónde crees que vas?
No he acabado contigo. Déjame seguir. Quiero seguir explorando tu piel.
¿Ya estás cansada? No te pienso dejar dormir esta noche, de todos modos.
Además, qué carajo, nunca fue una petición, siempre fue una orden.
Persistente. Si había una jodida palabra que te definiera en ese instante, -porque no siempre lo eras- era justo esa: persistente. La tenías acorralada contra la pared, besabas su cuello con fiereza, casi devorándolo y te importaba una reverenda mierda los quejidos absurdos de ella -como siempre.- Al igual que te importaba más bien poco -por no decir nada- que estuvieras en casa del cabrón Uchiha, en uno de sus largos pasillos y expuesto a que cualquiera -hablando claramente, el mismo dueño de la casa y Juugo, porque allí no entraba nadie más.- pudiera verlos. Te gustaba el peligro y la excitación que causaba dicho peligro.
–Cara pez, suéltame de una maldita vez. –Te exigió con tono demandante -y pese a todo entrecortado, falto de aire por tu culpa. Y como te gustaba saber que era así.-
Gruñiste contra su piel, haciéndole cosquillas con tu fuerte respiración, ignorándola deliberadamente. Joder. ¿Qué no era capaz de entender que no querías soltarla? Te gustaba tenerla acorralada como un cervatillo asustado -sentir su cuerpo caliente aplastado contra el tuyo. Oh, sí.- Y, definitivamente, te gustaba besar su cuello -hasta que aparecían una de esas marcas rojizas, chupones, y ella se pusiera a gritar, histérica.-
–Oye, engendro, te estoy hablando. –Te volvió a reclamar, tratando -en vano, porque seamos claros, no es tan fuerte- de empujarte.
–Ya cállate, zanahoria, estoy concentrado.
La miraste a los ojos rojizos, apenas unos segundos, con claros signos de molestia por su maldita interrupción. Tus manos seguían a los costados de ella, clavados en la pared, impidiéndole el paso de cualquiera de las maneras.
–Concentrado ¿en qué? –preguntó con indicios de enojo.
Rodaste los ojos, impaciente. ¿No era obvio? ¿Acaso se le había fundido el cerebro a esa zanahoria andante?
–En esto–le susurraste al oído, estremeciéndola.
Sonreíste ladinamente y mordiste su pálida piel allí donde el pulso le latía -como un vampiro. No es como si te gustara toda esa mierda de crepúsculo y los chupasangres que brillan, pero…reconocías que podía ser excitante morder, o morderla.- Oíste su quejido de sorpresa y quizás de dolor, pero te dio igual -es más, te gustó, porque sabías que a ella también le gustaba.-
Succionaste con tu boca una y otra vez -como si trataras de extraer algo de allí. Pero, ojo, eso no era un pecho y leche seguro que no encontrarías.- Tu lengua se paseó en círculos por donde la marca de tus dientes se notaban junto con una suculenta mancha rojiza -la misma que la definía como tuya. Absolutamente tuya.-
Emitiste una pequeña carcajada ronca, contemplando tu gran obra maestra-y tan maestra, ella se pondría furiosa.-
– ¿Y ahora de qué mierda te ríes?
–Míralo tú misma. –le respondiste apartándote levemente de ella, dejándole el espacio suficiente para que pasara.
Se alejó de ti, dando tumbos, seguramente mareada por tu presencia -embriagada con tu aroma varonil, modestia aparte.- Casi corrió hasta el final del pasillo, donde se encontraba el baño y escuchaste, con una sonrisa autosuficiente dibujada en tu rostro, el chillido agudo de horror de Karin -ni que la hubiera atacado alguna especie de animal que ella consideraría raro y el vería como una monada.-
Te acercaste con paso lento y despreocupado al lugar del incidente y te quedaste observándola desde el marco de la puerta. Ella se miraba el cuello, colocada desde un cierto ángulo extraño -pronto se rompería el cuello, la muy bruta- y susurraba palabras incoherente que no lograbas captar-pero que estabas dispuesto a asegurar que eran insultos hacía ti. ¡Oh, que tierna! Porque sabías que esos insultos sólo te los dedicaba a ti.-
– ¡Tú! Gran imbécil. –te señaló con un dedo. –Mira lo que me hiciste.
Dirigiste sus ojos malvas a la zona rojiza, el centro de la discordia, que adornaba perfectamente su cuello, que destacaba entre la palidez de su piel y te volviste a felicitar a ti mismo -quedó esplendido. Ciertamente, eras un genio en lo que respecta a marcar. ¡Bien por ti!-
–Oh, qué descuido de mi parte. –dijiste de manera teatral y fingiendo una preocupación que no sentías- lo habías hecho a propósito y ella lo sabía.-
– ¡Mentiroso! –Touché. – ¿Y ahora qué hago? Tendré que tapármelo.
Frunciste el ceño, ahora enojándote tú. ¿Taparlo? Fue hecho con la clara intención de lucirlo, no de taparlo -querías marcarla como tuya, hacerle saber a los demás, y a ella misma, que él era su puto dueño.-
–Histérica, no es para tanto. –chasqueaste la lengua, impaciente, irritado. –Y no tienes que taparlo.
– ¿Qué no tengo que taparlo? –Te observó, con esos ojos rojizos echando chipas-jurarías que estaba a punto de convertirse en la psicótica Carrie White. Sip, has visto esa jodida película y después de verla, aunque no lo deseas admitir, estuviste durante una semana viendo chicas que se parecían sospechosamente a Carrie.-
–Nop.
– ¿Y qué se supone que debo hacer? ¿Lucirlo como un trofeo? –Sus puños se cerraron-estaba a esto de pegarte y tú, como el jodido masoquista que eres, estabas esperándolo.-
–Sip.
Y sonreíste, una sonrisa de tiburón -una de esas que odiaba. Y desataste a la fiera enjaulada.-
– ¡Maldito bastardo posesivo!
Con ese simple grito -de guerra, supusiste- se lanzo a por ti. Quería golpearte, aplastar tu puta cara de pez y destrozar todos y cada uno de tus dientes afilados -y todo eso lo supiste con su simple expresión de rabia. Era fácil de leer y predecir. Aparte de que no variaba mucho en su forma de actuar, no contigo.-
Y aun así, no logró mucho-¿y qué esperaba? ¿Qué te dejaras golpear? No, no tan fácil.-
Porque esquivaste su golpe mortal -una vez más. Lo que demuestra que tú posees el control- y la besaste –dejándole claro a ella, quién tiene el control. Y Karin no lo tiene.-
Bueno, si les soy sincera, me gustó más el otro, pero...no quedó tan mal como creía, además, lo que es la idea en sí, me gusta, me fascina y con tal de que a mi me agrade, pues...qué más da xD
Por cierto, este capítulo se lo dedico a mi Gemela viciosa (la que denomino este fic con Sado-leve xD) y la que me animó a subirlo y compartirlo con los demás seres de este planeta xD ¿Viste? ¡Sí me acordé! mi cortas neuronas de pez si dieron pa' más xD
Gracias por leer y sobre todo por comentar ^^
Nos leemos!
