Hola de nuevoo! bueno primero que nada quiero advertirles que este capìtulo contiene Lemmon asi que he advertido.
Los personajes son propiedad de SM yo solo juego con ellos en mi mente :3.
.Capítulo 1.
El Guerrero
"La vida se vuelve monótona, cuando lo tenemos todo."
Meses atrás….
EPOV
Arena. Desierto. SOLEDAD… y calor.
Era todo lo que veía a mi alrededor. Me encontraba montando mi negro corcel a través de las gruesas dunas del desierto.
Me golpeaba mentalmente por haber sido necio y no haberle hecho caso a Jessica y haber aceptado posada en su hogar durante la noche.
Ella personalmente se me había acercado y descaradamente ofrecido durante la cena en el palacio de Tracia donde celebramos por otra batalla ganada en nombre de Macedonia. Todo fue arrebato, alegría, euforia, bebida y mujeres.
Mi vida perfecta.
Mi nombre es Edward Anthony Cullen Masen III, Príncipe heredero y guerrero de Macedonia. Mi "padre" es el Gran Edward II Cullen y mi madre Elizabeth Eillen Masen. Eso al menos decían los humanos de mí y asi guardábamos las apariencias.
La verdad es que cuando era apenas un bebé mi madre me entregó a los dioses Zeus y Hera. Eran tiempos de guerra y yo recién había nacido. Elizabeth para protegerme invocó a Hera, la diosa madre, y me entregó a ella antes que los ejércitos de Los Vulturis irrumpieran nuestro palacio y tomaran como rehenes a mis padres.
Hera me acogió en su seno y me crió en secreto. Un día el secreto se descubrió y los dioses armaron un jodido lío tremendo, supuestamente ningún humano podía pisar el Olimpo, osa que era prohibida por ley, pero Zeus no pudo negarse y Hera estuvo conmigo durante mi niñez.
Afrodita, a ella la llegue a considerar mi hermana y al poco tiempo con los años llegue a ser algo así como un integrante más de la "familia".
Por eso desarrollé muchas habilidades sobrehumanas y gracias a algunos dioses que me acogieron y bendijeron con ciertos dones.
Los años pasaron y la situación en Macedonia no mejoraba, así que cuando cumplí los 18 años regresé al mundo humano decidido a enfrentarme de una buena ves a Aro, el Rey de los Vulturi. Fue una batalla esplendorosa y agotadora, pero gracias a mis habilidades y el ejército de Macedonia logré liberar a mis padres y así regresar a Macedonia a la normalidad.
Las batallas eran mi pasión, y eso que ni hablemos de las mujeres. Todas caían a mis pies apenas verme y yo no podía decir que no, nunca quise decir que no.
Simplemente no creo que haya algo más pasional que ver a una mujer bajo tus brazos susurrando y suspirando mientras entras en ella y así dejas libre la bestia interior.
Mujeres y mujeres calentaban mi lecho cada noche.
Así era mi vida. Batallas a muerte, botines inimaginables y placeres pasionales. Con el tiempo y mis incontables hazañas los pueblos empezaron a llamarme Edward el Implacable. Los ejércitos temblaban al escuchar mi nombre y más aún siendo General de batalla tan joven.
Y aquí me encontraba, atravesando medio desierto para poder llegar a mi hogar.
-Necio- me repetía una y otra vez.- Qué hubiera sido lo peor que podría haber pasado si me quedaba en la cabaña de Jessica durante la noche?-
Bueno contando que esa mujer está loca y su figura no le beneficia, sin contar que está desesperada por mi cabello y mi cuerpo…. Iugh
Sacudí mi cabeza para desterrar esa idea. Gracias a los dioses que escapé a tiempo de esa anaconda.
El amanecer estaba cerca y mi camino llegaba a su fin. Podía ver a lo lejos el comienzo de las murallas que protegían Macedonia y sus alrededores. Reducí el galope de mi caballo pura sangre, que fue un preciado regalo de Atenea, y bajé de él cuando estuve a la entrada del palacio.
-Familia he llegado- dije animadamente al ver a mis padres descansando en la estancia. Elizabeth me recibió con un gran abrazo y mi padre con un estrechamiento de manos y unas cuantas palmadas en mi espalda.
-hijo que bueno que llegaste, escuchamos sobre tu nueva victoria en Tracias, es un gran orgullo.- exclamó mi padre.
Después de un tiempo que dediqué para saludar a mis escuderos y a mis mejores amigos y oficiales, Emmett McCarty y Jasper Hale, me dirigí a mis aposentos. Había sido un día agotador y eso que eran recién las 10 de la mañana, pero necesitaba descansar.
Estaba en mi cuarto desvistiéndome cuando escuché una peculiar e insinuante voz a mis espaldas.
-No entiendo porque tardas tanto cuando vas a batallar, te he extrañado mucho Edward.- anunció la seductiva voz de Tanya. Me di la vuelta y pude verla, desnuda, exponiendo toda su belleza, recargada sobre la columna central de mi habitación y con un sexy puchero en sus labios.
-Tanya.- susurré mientras me dirigía hacia ella solo en ropa interior. –Tan bella como siempre- dije acercándome más hasta tenerla en mis brazos y así con ansias uní mis labios con los suyos salvajemente.
-ummmmm- un gemído se quedó atorado en su garganta mientras mi lengua exploraba sus labios y la hendidura de su cuello mientras la apegaba rápidamente contra la columna.
La temperatura empezó a subir unos cuantos grados.
Tomé a Tanya por las caderas y ella enrolló sus piernas alrededor mío. Al sentir su empapado sexo contra el mío un escalofrío de placer me envolvió y embestí mi miembro contra ella sintiendo la dulce fricción.
No tenía tiempo para preliminares así que me separé de ella por un segundo y logré bajar la última prenda que nos separaba así arremetiendo contra ella con fuerza. Si la lastimé ella no se quejó.
Disfruté embestida tras embestida como su húmedo sexo envolvía el mía, nuestros cuerpos sudados satisfaciéndonos completamente.
Embestida.
Embestida.
Cada vez sentía que ella me aprisionaba más y así supe que Tanya estaba por llegar al cielo.
Solo me importaba la pasión en esos momentos. Un escalofío sacudió el cuerpo de Tanya anunciando que su orgasmo estaba cerca y aumenté la fuerza y rapidez de mis embestidas. Tras unas cuantas estocadas más ella gritó de placer y su sexo aprisionó el mío tan deliciosamente que me corrí en ella segundos después.
-No quiero que me tengas tan olvidada- susurró ella cuando nuestras respiraciones volvían a ser normales. Salí de ella y me dirigí al cuarto de baño.
-No tengo tiempo Tanya cuantas veces te lo he dicho- respondí cansado, siempre era lo mismo. Ella pedía atención pero yo no tenía tiempo para eso, ella solo era una de las muchas mujeres que calentaban mi lecho por las noches, una amante, nada más, no quería ni me nacían sentimientos por ella más que la pasión y lujuria. –Será mejor que te vayas- dije cansado.
Ella me miró con una ceja alzada, me mandó un beso volado y tomó unas ropas que al inicio no había visto, se vistió y se acercó a mi.
-Está bien mi Eddy, descansa y sueña conmigo.- dijo mientras se paraba en puntitas y dejaba un pasional beso en mis labios. –Buenas noches.- y abandonó mis aposentos.
Me acosté en mi cama suspirando de cansancio, pensando en muchas cosas y en nada a la vez. Lo tenía todo y era feliz con ello, pero sentía que algo faltaba. Cuando ese pensamiento me azotó de inmediato lo desterré. No me faltaba nada eso era ridículo, y tenía todo lo que quería.
Y con ese pensamiento me embarqué al mundo de los sueños.
Bueno aqui les dejo el 2 cap. Espero que les haya gustado y ya saben los reviews se agradecen n.n!
besos samii
