HISTORIA DE UN BLACK
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso, incluida la familia Black, es propiedad de la señora Rowling.
Después de la primera viñeta, le toca a la segunda. En este caso, toca hablar un poco sobre la lástima. A ver cómo queda la cosa. Decir que ciertos detalles relacionados con Marius Black vienen de otra de mis historias, "La Cruz Victoria", porque, para bien o para mal, todo lo relatado allí forma parte de mi canon mental sobre este personaje.
2
LÁSTIMA
La última vez que vio esa casa, Marius Black tenía once años. Ahora, dos décadas después, tiene la sensación de que nada ha cambiado. El hombre traga saliva mientras espera en el recibidor. No está allí por gusto. Su hermana Dorea, ésa a la que llevaba tantos y tantos años sin ver, se presentó en su casa por sorpresa para darle tan desagradable noticia. "Me alegro tanto de verte, Marius" le dijo con voz entrecortada y confusa. "Siempre quise creer que estabas bien. Madre nunca dijo nada, pero yo sentía que ella sabía de ti. Te buscó, Marius. Y le alegró saberte feliz" Al hombre le costó trabajo creerse esas palabras, pero las escuchó igual. "Ha enfermado de repente. Esta muy mal, Marius, y se da cuenta de que no le debes nada, pero quiere verte. Te necesita"
Marius se lo pensó mucho. Dorea, la que una vez fuera una niña parlanchina que sentía devoción por él, le había tocado el brazo y le había pedido que por favor cumpliera el último deseo de su madre, y Marius ha necesitado varios días para tomar una decisión. "Es tu madre, Marius. Haz lo que sientas que debes hacer" le dijo su mujer, siempre apoyándole, siempre dándole buenos consejos. Y Marius ha escuchado al corazón y no a la razón y por eso está allí, porque en el fondo no puede odiar a su madre, porque ella siempre fue buena con él, porque pese a todo siempre le quiso y Marius la ha necesitado más que a nada en el mundo. Porque su propia hija se llama Violetta, demonios, y eso debe significar algo.
Mientras espera, Marius Black observa su reflejo en un ornamentado espejo. Se centra en la cicatriz que le marcó como héroe de guerra y se siente orgulloso de sí mismo porque pudo recuperar el honor que perdió al nacer siendo un squib. Tal vez eso no signifique nada para los Black Siempre Puros, pero a él le ayuda a caminar con la cabeza bien alta. Y a pesar de saberse tan digno como cualquier otro miembro de la familia, agradece que sea Dorea la encargada de recibirle porque sabe que un encuentro con sus otros hermanos o con cualquiera de sus tíos podría ser horrible. Peligroso. No pregunta por ninguno de ellos porque en realidad no quiere saber y deja que Dorea le guíe hasta la habitación en la que su madre se muere.
Recuerda a Violetta Black como a una mujer bella, una especie de ángel que siempre estaba a su lado cuando se hacía daño o estaba asustado. Se estremece notablemente al encontrarse con una sombra oscura de aquella criatura, demacrada por la enfermedad y con la mirada rota de dolor. Escucha a Dorea cerrar la puerta tras de sí y se queda muy quieto hasta que su madre le habla.
—Marius. ¿Eres tú?
La voz es un graznido que habla de muchas cosas. Sufrimiento, vergüenza, culpa, desesperanza y, ante todo, muerte. Marius, que lleva años sin escuchar a su madre ni hablar con ella, traga saliva y se horroriza al escucharse a sí mismo. Parece tan roto como la moribunda Violetta Black.
—Sí, madre. Soy yo.
—Acércate, por favor. Quiero verte.
Una mano arrugada y pálida se extiende en su dirección y Marius actúa por impulsos. Se acerca hasta la cama velozmente y agarra esa mano sintiendo que el gesto es del todo familiar. Que no sobra ni falta nada.
—¡Merlín bendito! ¡Qué guapo eres, mi niño!
Violetta se echa a llorar y hace ademán de acariciarle. Marius se agacha para dejar que la mano temblorosa toque su rostro. Siente a su madre reseguir las líneas de su cicatriz y cierra los ojos un instante porque, aunque ha intentado retenerlas, las lágrimas también recorren sus mejillas.
—No me odies, Marius —Le dice entonces la mujer. Y todo son sollozos y caricias y Marius siente que no puede odiar a esa mujer. Si acaso sentir lástima por ella porque, de la misma manera que él perdió a su familia, ella tuvo que ver cómo le arrebataban a un hijo—. Por favor, mi niño. No me odies.
—No te odio, madre —Y Marius besa sus manos para demostrarle que es verdad, que el resentimiento no está presente en su corazón—. No te odio.
—Te quiero tanto, hijo mío —Violetta le mira a los ojos, creyendo en sus palabras y muerta de alivio, y sigue tocándole, intentando recuperar el tiempo perdido, lamentando no haber hablado con él cuando tuvo ocasión, después de que Cygnus se muriera—. Y estoy tan, tan orgullosa de ti, Marius. Sé cosas de ti, mi niño. Muchas cosas.
Violetta quiere decirle que últimamente le ha observado en la distancia y se ha empapado de detalles sobre su vida, pero el ataque de tos le sobreviene de repente y la deja muda y prácticamente inconsciente. Marius la ayuda a beber unos sorbos de agua y la tranquiliza.
—Lo sé, madre. Dorea me lo ha dicho, no te preocupes.
Violetta lucha por respirar y deja que Marius haga que su cabeza repose en la almohada.
—Tienes una hija —Musita con voz débil.
—Se llama Violetta. Es una niña muy lista.
Y Violetta Black no necesita escuchar nada más. Se aferra a la mano de su hijo y siente que ha sido perdonada por completo, mucho antes de atreverse a dar ese paso. Siente a Marius más cerca que nunca de ella y desea morir en ese preciso instante porque tiene todo lo que puede desear. Ha recuperado a su hijo.
Y Marius Black a su madre.
Esta segunda viñeta tiene exactamente 930 palabras. Tengo la sensación de que para la última voy a terminar apurando aún más, así que voy directamente a por la última emoción. La alegría.
