Summary: Hinata Hyuuga y Naruto Uzumaki se casarán posteriormente una serie de sucesos ocurrirán en su, aparentemente, feliz matrimonio. Terminando en tragedia. —Dedicado para San Valentín—
Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto. Solo la trama me pertenece.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: ::::::::::::
.
Beauty and the Beast.
Capítulo dos: Mi primera mentira y tú primera sospecha.
.
Transcurrieron dos años desde el día de su casamiento, en ese lapso de tiempo tanto Naruto como Hinata compartieron una vida plena llena de armonía y felicidad; todo marchaba con absoluta tranquilidad...
La tranquilidad antes de la tormenta.
Pero eso ninguno lo sabía, así que un día en el que el sol resplandecía tan fuerte como el día en que unieron sus vidas, los pájaros volaban y cantaban, las flores abrían sus capullos otorgándoles un hermoso aroma en cada parte en que estuvieran. Era el comienzo de la primavera, una bella época, ¿no les parece? Pues a mí, sí, al igual que a la pareja de casados; por lo que ese día tendrían una amena plática en el jardín, era muy grande ya que vivían en unas de las casas del Clan de la ojos níveos, cortesía Hiashi.
—Naruto-kun —llamó Hinata a su marido llevándole su merienda que consistía en sushi con un poco de wasabi—, ten —se lo puso en las piernas. Era sabedora que la comida preferida del Uzumaki era el ramen sin embargo no hacía daño prepararle algo que no fuera eso—. Espero que lo disfrutes —se sentó a su izquierda, apoyando su cabeza en el hombro de su amado ¨Ah, Naruto-kun, me has hecho la mujer más feliz de la tierra¨ poseía una cálida sonrisa y, sin siquiera proponerse-lo, recordó lo que se prometieron en su boda.
"La novia entraba a la festividad de la familia Uzumaki-Namikaze y Hyuuga, llevando puesto un vestido blanco extenso hasta topar el suelo formándose de este una cola de un metro de largo con un escote, sin tirante, que resaltaba, más de lo normal, sus pechos; la tela era completamente lisa con pequeños pliegues que se configuraban con cada paso que daba, usaba unos guantes, sin dedos salvo por un pequeño cinta que iba amarrado a su dedo medio, prologándose comprendiendo dos dedos abajo del codo. Su peinado era muy diferente al habitual: Su cabellera ahora era ondulada y su cepillo era del lado derecho, encima de su cabeza una corona platina con un estrella en el centro, del mismo tono, mientras que desde que el astro hasta donde iniciaba sus orejas dos diamantes diminutos, a cada lado. El velo que usaba le databa por encima de los hombros, amarrado a la diadema, cubriéndole todo el rostro; detentaba un poco de maquillaje natural, mínima cantidad de rubor en las mejillas, un brillo tonalidad durazno en los labios y una sombra plateada.
Estaba, simplemente y a ciencia cierta, hermosa.
Entraba con el ritmo de vals que pertenecía a ese artista, ¿cómo lo nombraron Ino y Sakura? Ya recuerdo, Chayanne. Si bien no era japones pero la melodía de esa canción contrastaba con el evento, en opinión de la organizadora de su boda.
Escuchaba, atentamente, la letra de... ¿Su nombre era? ¡Claro! Tiempo de Vals, así era el apelativo de la copla de Chayanne.
~Tiempo de Vals es el tiempo hacía atrás, donde hacer lo de siempre es volver a empezar. Cuando el mundo se para y te observa girar... Es tiempo para amar.~
No hallaba, aún, la similitud entre la canción y su día pero no iba a ponerse a discutir con la rubia. Si ella decía que eso pasaría, pues, sólo tenía que aguantarse y ya.
Conforme iba ingresando notó que todos la veían luciendo su hermoso vestido siendo acompañada por su padre, quien iba con un traje que consistía en una camisa blanca con un esmoquin negro y pantalones del mismo color, zapatos formales negruzcos y un corbatín obscuro. Sus facciones eran muy serias pero Hinata sabía que su progenitor se alegraba por ella.
O eso anhelaba.
—Hija mía —comenzó el patriarca Hyuuga a su primogénita, la aludida le contempló con la sonrisa que no se le quitaba desde que entraron a lugar—, ¿segura que no puedes esperar un día más? Todavía ansió que seas mi pequeña princesa —manifestó.
—Papá, hoy me caso y no hay nada que puedas hacer para evitarlo —habló Hina' dando un paso más, ya iban al cuarto del camino— mas sigo siendo tu "pequeña princesa" solo que sin el "pequeña" —rió jovial por lo bajo.
Como iba a extrañar Hiashi esa risa aunque no se lo dijera la amaba, pese a que la consideró una vergüenza y desgracia para su familia desde aquel suceso.
—¿Si te digo que te mostraré más cariño te darías media vuelta y te irías? —con intentar no perdía nada.
—Ja, ja. No papá —mitad del camino, el tiempo se acaba. Eso se decía Hiashi.
—¿Y si...? —no continuó porque Hinata no se lo permitió.
—Papá —en vez de molestarse se ponía feliz, era la primera vez que lo veía/oía tan sobre-protector con ella—, te amo pero también amo a Naruto-kun y, además, debías ser consciente que no siempre estaría soltera. Algún día me casaría con el hombre que amo... Y ese día es hoy —concluyó.
—Te echaré de menos, hija mía —era la primera vez que se rendía y eso era más amargo que un limón.
—Yo también, papá —si se hubieran podido abrazar lo habrían realizado.
Más avanzaban y menos tiempo le quedaría a Hiashi para seguir teniendo a su pequeña princesa... Antes de tener que entregarla de por vida al rubio.
A ese rubio...
Ese día era el más triste y deprimente de su existencia, corrección el segundo ya que el primero fue cuando su amada esposa, Hana, falleció. ¿Y quién tuvo la culpa? Su hija mayor, Hinata; ¡culpó a una pequeña de cinco años de edad! Ni él había reaccionado antes, ¿cómo esperaría que una niña asustada lo hiciera? Ilógico en toda la palabra. Desde ese momento la olvidó y descuidó dándole más cuidados y atenciones a su hija mejor, Hanabi, la viva imagen de su Hana. ¿Quizás por eso despreció a Hina'? Como quería creer que eso era cierto.
—Te amo, papá. Espero que nos visites —dijo Hinata.
Y para colmo ella siempre lo amó y nunca lo culpó por algo que sí debió haber hecho.
—¿Por qué? —en vez de pensarlo lo preguntó audible.
—No entiendo —habló la novia.
—¿Por qué siempre me amaste si yo te he tratado tan mal todos estos años? —completó el cuestiona-miento.
—Porque eres mi padre y no podría odiarte —inició respondiendo—, yo siempre te amaré hagas lo que hagas; digas lo que digas, para mí siempre serás mi padre... Él que apreció y estimó con mi vida —terminó conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir de sus orbes.
Mismo estado de Hiashi.
~Tiempo de vals tiempo para sentir, y decir sin hablar y escuchar sin oír. Un silencio que rompe en el aire un violín... Es tiempo de vivir.~
Ambos, padre e hija, quedaron en un silencio, por primera vez, cómodo; viendo como todos estaban callados para ver pasar a la mujer que dejaría a su padre para unirse a su prometido. Él cual la ojeaba pacientemente, también por primera vez.
—Hija —rompió la quietud el padre de la del vestido blanco, a un cuarto del camino hacía el altar—, lamentó tanto todo lo que te he hecho; no te lo merecías y yo, cegado por mi dolor e impotencia, te culpe. Perdóname, por favor —rogaba Hiashi. ¿Quién lo diría? Verlo y oírlo rogar por algo.
Y ese algo tenía nombre y apellido.
Hinata Hyuuga, próximamente Hinata Uzumaki Hyuuga.
—Papá —comentó con un hilo de voz—, gracias. No sabes lo mucho que significa para mí —añadió sonriente.
—Créeme, lo sé —un sonrisa muy pequeña apareció en imperturbable rostro del patriarca de la segunda familia más poderosa de toda Konoha.
—Si tan sólo no fuera en el justo momento en que me dejas. Ironía, ahora que yo me quiero acercar tú te vas —decía y Hinata se hacía la que no oía.
—Después de todo, sí te preocupas por mí —fue tan bajo que no fue escuchado.
Siguieron encaminándose en dirección al altar y, al llegar, Hiashi, ejerciendo un enorme esfuerzo, soltó el brazo de su hija. La susodicha subió peldaño a peldaño hasta ponerse a la par del blondo.
Él del traje supo que un pedazo de su vida jamás volvería, por mucho que lo deseará.
Intercambiaron una mirada más, la última y supieron lo que se dijeron.
—Siempre estaré a tú lado.
Esa era un promesa.
Promesa que sin importa qué cumplirían.
Cuando regresó su vista con su moreno contempló que llevaba el mismo traje de su procreador con la excepción de que iba a juego con su vestido, segundos después se dio una vuelta de ciento ochenta grados y vio al que precedía el acontecimiento.
—Señores y señoras —principió el hombre con cuarenta y ocho años de edad de pelo platino, tez medio morena y ojos violeta—, hemos venido este día para celebrar la santa unión de Naruto Namikaze Uzumaki con su prometida Hinata Hyuuga; si alguien no está de acuerdo con esta unión que hable ahora o enmudezca para siempre —pronunció.
Todos se quedaron en silencio esperando alguna contestación.
—Yo me... —comenzó hablando Hiashi, quien acaparó toda la atención y... Una mirada triste de su primogénita— tengo que levantar a corresponder una llamada importante —cambió con velocidad lo que iba a expresar al tiempo que sacaba un teléfono móvil y se marchaba del lugar.
El sacerdote procedió, ligeramente sorprendido ya que nadie transforma el "Yo me opongo"— En ese caso procedo a decir —los novios se voltearon noventa grados al Oeste quedando uno frente al otro, se tomaron de la mano derecha—: Naruto Namikaze Uzumaki, ¿aceptas recibir a Hinata Hyuuga como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida hasta que la muerte los separe?.
—Sí, acepto —respondió el hijo de Kushina y Minato con una sonrisa muy alegre y una mirada llena de amor.
—Hinata Hyuuga, ¿aceptas recibir a Naruto Namikaze Uzumaki como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida hasta que la muerte los separe? —ahora se dirigió a la novia.
—Sí, acepto —contestó la hija de Hana y Hiashi con una visión un poco tímida.
—En ese caso procedo a declararlos marido y mujer —suscitó el de ojos violeta.
~Bésame en tiempo de vals, un dos tres un dos tres, sin para de bailar. Haz que este tiempo de vals, un dos tres un dos tres... No termine jamás.~
—Puede besar a la novia —completó el sacerdote cerrando la Biblia.
Naru' le levantó el velo, que cubría el rostro de su esposa, y la beso tomándola de la cintura e inclinando-la para atrás ejerciendo una rotación de cuarenta y cinco grados al Este.
Alejados de ellos, específicamente en el marco de la puerta, estaba el padre de la, ya, señora Uzumaki-Hyuuga, quien dijo.
—Tomate y Minato estarían orgullosos de ti, Naruto."
Eso fue lo máximo que recordó ya que un preocupado blondo la saco de su ensimismo.
—Hina', querida, ¿estás bien? —le consultó a su esposa colocando sus manos sobre los hombres de la susodicha.
—Por supuesto, Naruto-kun —corroboró la Uzumaki—. Solo meditaba lo que sucedió en nuestra boda.
Un gesto soñador apareció en el amante del ramen.
—Sí, fue el mejor día que tuve —habló—. Quitando cuando te conocía, obviamente —agregó al ver el falso gesto de molestia de Hinata.
—Ajá —se limitó a decir cruzándose de brazos.
—En serio —se metió otro bocado de sushi ignorando la mirada de regaño que le mando la hermana de Hanabi por comer "demasiado rápido"—, ah, todavía rememoró lo que nos dijeron nuestros amigos/as y... —la palabra se le quedó atascada en la boca.
—No pasa nada, Naruto-kun, no tienes que decirlo —le subió el ánimo su amada y respetada cónyuge.
—Muchas gracias, Hinata —comenzó el aludido—. Pero igualmente lo diré: Nuestra familia —como le dificultó pronunciarlo no obstante lo hizo ¨Aunque me dolió que mi mamá y papá no estuvieran allá, conmigo, felicitándome¨ se entristeció mas no lo demostró ¨por contraer matrimonio con la mujer más bella de la faz del planeta Tierra. Ah, desearía que no hubieran fallecido; mamá y papá quisiera haberlos conocido sin embargo ¡no por fotografías! Sino... ¡Con vida! Que me hubieran visto crecer¨
—¿De verdad? —inquirió la de pelo azul devolviéndolo a la realidad
—Sí. Considero a tu padre, a Hanabi y a Neji como si lo fueran —contestó inmediatamente, seria raro que se quedará callado—; quitando a Ero-sennin y a la vieja Tsunade —rió el de las marcas tipo zorro.
Su esposa le miró suspicaz— ¿Qué te pasa, Naruto-kun? Te noto raro —preguntó/aclaró.
—Nada —quitó la importancia rápidamente ¨Lo siento, Hinata, querida. No puedo permitir que te preocupes por cosas sin importancia¨ pensó—, mi amor —sonrió con alegría.
Y esa fue la primera mentira que salió de la boca del rubio pero no la última. Eso era muy seguro, demasiado quizás.
—Como digas, Naruto-kun —no se convenció del todo y no replicó ¨Confiaré en él, no sería capaz de engañarme¨
—Por cierto, Hinata —se levantó caminando donde la antes mencionada—. Perderemos hoy lo más preciado que tenemos.
Los colores se le subieron a la primogénita Hyuuga— E-esto —tartamudeó ¨¡Naruto-kun!¨
—Por favor~ —canturreó el primogénito Namikaze-Uzumaki poniendo sus ojos de cachorro bajo la lluvia.
—B-bien —aceptó con la misma emoción de antes.
Y con eso ambos se fueron adentro, específicamente a su dormitorio donde pasarían una tarde muy movida.
.
Fin.
.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: ::::::::::::
Comentarios: Hola, mis queridos lectores, este es el segundo capítulo de este fic; sí, hay una escena feliz y lo seguirán haciendo sin embargo sólo, repito sólo como recuerdos de lo una vez fue y no será... Esa es la única manera. Además quiero agradecer a Lilipili por dejarme su comentario, me alienta a seguir y no lo dejaré por nada (a menos que ese "nada" sea la High School) Ah, otra cosa, no pensarán que de verdad iba a poner, mejor dicho describir lo último, ¿cierto? Bueno esta ficción es T no M y así se quedará; por lo tanto lo que me queda decir es: ¡Adiós y nos leemos pronto!
