Título: Horas extra.

Ubicación: En la oficina del jefe.

Paring: GaaIno

Categoría: One-Shot.

Género: Romance.

Disclaimer: Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto.


Horas extra

En la oficina

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Seis en punto. Fin de la jornada laboral. Hora de partir.

Desde su sitio, Yamanaka Ino podía escuchar claramente cómo las personas fuera de su oficina conversaban amenamente, mientras recogían sus pertenencias y se alistaban para irse a sus casas, o a donde tuvieran que ir. Esposa, hijos, padres, deberes. Una cita, una fiesta, una cena romántica… lo que sea.

Diablos, como le gustaría poder salir como ellos. Tener una cita normal a la luz de la luna, ver la película romántica que acababan de estrenar el jueves pasado, salir a divertirse con sus amigas...

Pero no. Ahí estaba ella, sentada frente a un escritorio lleno de papeles, cumpliendo con sus deberes como secretaria del presidente de una de las compañías de equipos de cómputo más grande de todo Japón, e intentando cuadrar el documento de balance general de fin de mes. Y todo gracias a la amabilidad y gentileza de su amadísimo jefe, a quien no se le había ocurrido mejor idea que dejarle semejante tarea sobre su escritorio, justo cinco minutos antes de las seis, viernes por la noche.

—¡Ahhhh! ¡Como lo odio! — chilló irritada, observando con furia los de papeles sobre su escritorio— ¿Qué si no tenía nada que hacer hoy? ¡Por supuesto que tenía que algo que hacer! ¡Tenía por lo menos tres invitaciones para salir esta noche! — volvió a gritar, golpeando con el puño la mesa—. ¡Pero ya verá cuando le refunda con las horas extra que voy a facturar este mes! ¡Y…—

Y estaba a punto de continuar con su queja, cuando de pronto el intercomunicador sonó. Si, se trataba de él, de su jefe. Él egocéntrico narcisista, e increíblemente sexy de…

—Yamanaka-san, ¿Me puede traer un café bien cargado?

¿¡Cargado?! ¡Claro! Pero con dinamita…

—Ahora mismo se lo preparo—. Contestó, con la voz más fingida que pudosoltar.

Luego de maldecir un par de veces más, la rubia se levantó para cumplir con la solicitud de su superior. Pero justo cuando estaba terminando de llenar la tetera con agua hirviendo, la puerta del despacho principal se abrió de golpe, haciendola saltar del susto. Y en ese momento, ocurrió lo inevitable.

Desde su posición, Gaara observó con terror como las escenas se daban justo frente a sus ojos, como si estuvieran ocurriendo en cámara lenta. Un desastre total. Tetera. Agua hirviendo. Ino. Quemadura. Todo, y en ese mismo orden. Maldición. Y sin pensarlo dos veces, corrió hacia ella.

—¡Cuidado!

Ino soltó un grito desesperado y cerró los ojos ante el inminente accidente, cuando de pronto una fuerte mano varonil apareció a tiempo justo tras ella, jalándola con rapidez hacia un lado y poniéndola fuera del peligro. Pocos segundos después, la joven pudo ver con terror cómo el agua quemante se derramaba justo sobre su posición anterior, y como la tetera terminaba estrellándose estrepitosamente contra el suelo, quedando hecha añicos.

Aliviada, suspiró hondo y agradeció haber sido salvada, cuando de pronto notó que un par de brazos la estaba rodeando a unos cuantos centímetros más arriba de la cintura, apretándola con fuerza hacia un cuerpo cálido y endurecido como la roca, que por unos instantes la hizo sentirse en las nubes…

Hasta que una voz la obligó a regresar a la realidad.

—¿Esta bien, Yamanaka-san?

Ino sintió que su corazón se paralizaba al reconocer al dueño de aquella voz.

—¿Yo? Sí, estoy bien—. Contestó agitada, abofeteándose mentalmente y obligándose a reaccionar, para luego intentar librarse del agarre del varón. No lo logró—.Etto, ¿Podría soltarme?

En el acto, Gaara reaccionó ante la solicitud de la joven y regresó con rapidez ambos brazos hacia sus lados, sin notar cómo el cuerpo de Ino era arrastrado torpemente en el movimiento de su brazo derecho, hasta terminar tropezando y cayendo. Y en esa caída, terminó arrastrándolo a él.

—¡Auch! — gritó de pronto ella, confundida y adolorida ante la caida.

Para cuando pudo darse cuenta de lo que había pasado, recién fue consciente que estaba en el suelo, y que su jefe estaba prácticamente sobre ella, apoyando el peso de su cuerpo en su mano izquierda, y sujetando su busto con la otra mano….

—Qué rayos cree que hace?! — gritó indignada, intentando sacar la fuerte mano del varón de su busto. No lo logró. Por su parte, Gaara intentó de la misma forma soltar a la rubia, pero tampoco lo logró. No tardó mucho en notar qué es lo que había pasado.

—Creo que mi reloj se atoró en su blusa.

—¿¡Que!?

Durante los siguientes minutos, Ino se la pasó aplicando todos los métodos que se le vinieron a la mente, para intentar desatorar el rolex de miles de dólares que se había enredado con uno de los botones de su blusa, justo el que cubría su busto. No logró mucho.

Por su parte, el pelirrojo solo se limitó a quedarse parado frente a la rubia, observándola…

En verdad, hacía mucho que ya había perdido la cuenta de cuando exactamente había comenzado a mirar con otros ojos a Yamanaka. Ni siquiera lo había visto venir. Se suponía que ella iba a ser solo una secretaria sustituta, mientras le consiguieran una con más experiencia para el puesto permanente. Y sin darse cuenta, terminó prendado de ella.

Y es por eso que esa noche, como todas las anteriores, había terminado pidiéndole que se quedara a trabajar más de la cuenta, buscando con ello la oportunidad de acercarsele y hablarle, de invitarla a salir, de decirle que le gustaba….

Pero eso nunca iba a ocurrir. No. Durante toda su vida, Gaara había sido preparado para ser un hombre, frío y calculador. Un hombre de negocios. Y en su mundo, no había espacio para los sentimientos, y menos para Ino….

—¡Jale!

La voz de la joven sorprendió al varón.

—¿Qué?

—Que jale. No nos queda de otra, tendrá que romper el botón para despegarse de mí.

Resignado, el varón accedió ante la petición de la rubia y jaló el brazo hacia él como ella le había indicado, pero por instinto contuvo su fuerza, y en el acto solo logró arrastrar a Ino contra su cuerpo, haciendola chocar contra peligrosamente él. Demasiado tentador….

Lo intentó un par de veces más, con el mismo resultado.

Y con su cada intento, sentía que sus hormonas llegaban al límite.

—Tiene que hacerlo con fuerza—. Ordenó de pronto ella, tajante. Y él solo volvió a asentir.

Resoplando hondo, y buscando alejarse lo más pronto posible de Ino antes de que terminara perdiendo la cabeza, el pelirrojo hizo un último esfuerzo por liberar a ambos de aquella situación, y jaló con brusquedad el brazo que tenía atorado en los botones superiores de la rubia, logrando con ello cumplir con su objetivo: separarse de Ino. Sin embargo, eso no fue lo único que consiguió.

Al parecer, el varón jaló con tanta fuerza a la rubia, que pronto ella perdió el equilibrió y terminó siendo lanzada hacia adelante, cayendo justo sobre su jefe. Éste por su parte, apenas atinó a sujetarla con las manos contra su cuerpo, antes de terminar cayendo de espaldas al suelo por el golpe, con ella sobre él.

Y así se quedaron por largos instantes, respirando agitados y con sus cuerpos más cerca que nunca, mientras Gaara se permitía disfrutar por una vez más de de la suavidad del cuerpo de la rubia sobre el suyo, e Ino reaccionaba acalorada e impresionada ante la imponente masculinidad de su jefe encajándose en su la cintura, mientras disfrutaba de las manos firmes del varón aferradas a su cintura, cogiendola de esa forma tan posesiva y dominante…

Hasta que de pronto, ambos se obligaron a regresar a la realidad.

Con pesadez, el varon se incorporó y ayudó a Ino a levantarse, quedando ambos uno frente al otro. Y estaba a punto de regresar a su oficina, cuando de pronto fijó la mirada en cierta parte prominente de la anatomía de la rubia, que había quedado bastante al descubierto. Al parecer, el jalón impreso por el presidente había terminado rompiendo más que un simple botón…

—¡Rayos!—. Gritó ella al notar el hecho, levantando la mano y cubriendose el pecho, avergonzada—. ¡¿Y ahora que hago?! No puedo andar por las calles así con la blusa rota y…

Ino estaba a punto de agregar unas palabras más, cuando de pronto vió algo que la dejó estupefacta: frente a ella, su jefe estaba terminando de soltarse la corbata, para luego comenzar a desabotonarse la camisa italiana de alta costura.

Sorprendida, la rubia siguió con la mirada embelesada cómo el pelirrojo iba desabotonando uno a uno los botones de su camisa, hasta que terminó llegando al último. Y luego, observó con deleite como éste retiraba la prenda del ajuste de su pantalón, dejando al aire un cuerpo como jamás había visto en su vida.

Increíblemente guapo. Sexy. Apetecible…

—Ponte esto por mientras, hasta que llegues a tu casa.

Aún hipnotizada con la imagen que tenía frente a ella, Ino levantó lentamente la mano para recibir la prenda del varón, cuando inesperadamente rozó aquella mano varonil con la suya. Un pequeño toque. Un roce casi inocente.

Casi…

Y de pronto, esa mano la sujeto con fuerza, y la arrastró hacia él.

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Para cuando fue consciente de lo que estaba haciendo, Gaara tenía sujeta a Ino con fuerza de la cintura, mientras disfrutaba de la frescura y suavidad de su cuerpo apretado contra el suyo, aspirando en suave aroma a rosas que desprendían sus cabellos sueltos y alborotados, y disfrutando del sabor increíble de sus labios. Simplemente, deliciosa.

En cuanto a Ino, ella estaba en esos momentos en las nubes. Jamás en su vida se hubiese imaginado que ese tipo tan frío y huraño al que atendía con molestia a diario, pudiera llegar a ser tan apasionado. ¡Y que besara tan bien! En definitiva, su jefe guardaba muchas más sorpresas de las que había imaginado, y pronto se daría el gusto de descubrirlas…

Hambrientos el uno del otro, Gaara pronto levanto a Ino en peso hasta su altura, mientras ella rodeaba con sus piernas la cintura de éste, permitiéndole llevarla a donde deseara….

Y así terminaron llegando al despacho del presidente.

Estando frente a su escritorio, el pelirrojo rápidamente limpió la superficie de la enorme y elegante pieza de madera con una mano, y luego depositó con suavidad a Ino sobre él, para terminar quedando frente a ella, observándola. Se veía hermosa, perfecta. Y ahora la tenía a su merced, solo para él. Para poder disfrutarla hasta el cansancio.

Ino gimió de placer. Nunca antes se había imaginado que, tener el cuerpo amplio y varonil de su jefe sobre ella, pudiera ser tan excitante. Y esas manos hábiles deslizándose sobre su cuerpo, y su torso desnudo sobre sus pechos apenas cubiertos por el sujetador, y su lengua recorriendo cada milímetro de su piel… comenzaban a hacerla perder la cordura.

Y pronto quiso probar más.

Ino observó sonriente al varón, y sus manos pronto comenzaron a recorrer el torso y musculatura del hombre sobre ella, en un camino que la llevaba directo al cierre de su pantalón. Al verla, Gaara sonrió y deslizó hábilmente las manos tras la espalda de la rubia, dispuesto a quitarle aquella prenda que no había logrado romper minutos atrás…

Hasta que de pronto… el teléfono sonó.

—¡Maldición! — gritó con furia el presidente, para luego avanzar hacia el cable del teléfono, y desconectarlo de un jalón.

En el acto, Ino reaccionó

—¡Hey! — exclamó, sorprendida—. ¿Y que pasa si era alguien importante? ¿Algo del trabajo? ¿O si era sobre la reunión que tiene mañana con el señor Furukada? ¿O sobre la cena que tiene este fin de semana con los…

—Olvídalo—. Le cortó él, molesto—. Nadie trabaja un viernes en la noche, salvo nosotros dos. Y aunque fuera el mismísimo emperador, o peor aún, mi padre, no pienso detenerme…

Al escucharlo tan convencido, Ino solo sonrió.

—¿Tienes idea de todas las horas extra que voy a tener que registrar solo por hoy?

—Por mí, puedes registrar horas extra todas las noches….

Y en el acto, volvió a colocarse sobre ella, para poder continuar con lo suyo…

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Y ese fin de mes, la cuenta por horas extra de Ino fue la más alta en toda la historia. Y también el resto del año…


Fin del One-Shot.

Hola con todos. Bueno, yo aquí con el segundo de estos oneshots, esperando que les guste.

Se que ando atrazada con los otros gaaino que tengo, pero prometo que pronto les daré la continuacíón.

Saludos, y gracias por leer y comentar.