Capítulo 1

Paraíso quebrantado

Salieron de la tienda aún sin creerse del todo lo que habían visto; estaban flotando en al aire en medio de una ciudad voladora. La misma idea les producía hasta rechazo

-¡Esto no es verdad, no puede estar pasando, es técnicamente imposible!-masculló Conan.

-Lo sabemos Conan, pero es lo que acabamos de ver…-murmuró Ran, igual de chocada.

-¡Pero las ciudades no vuelan, Ran, los pájaros sí, los zepelines también, pero las ciudades no!

-¡Pero es lo que hay! ¡Así que compórtate y deja de actuar como un loco!-le reprendió Ai.

El chico la quiso responder, pero en ese momento oyeron un grito no muy lejos de allí y fueron calle abajo para ver que había sido eso; se encontraron entonces con un Vox Populi, sacando a empujones a un dentista de su local.

-¡No por favor, no tengo nada que daros, de verdad!-masculló el dentista, un hombre entrado en años.

-¡No me mientas viejo, seguro que tienes algo! ¡Los Vox Populi necesitamos dinero y recursos para poder combatir a los Fundadores, necesitamos de vuestra colaboración!

-¡¿Qué?! ¡Pero si sois vosotros los que nos presionáis! ¡Agh!-masculló entonces el hombre, recibiendo un golpe en el estómago.

-¡Esto es lo que pasa cuando hablas demasiado! ¡Voy a darte una lección!

Pero antes de que pudiera hacer nada, Kogoro se adelantó y le cogió por la espalda, ejecutando su llave de judo que más usaba. El golpe contra el asfalto fue tremendo y el Vox Populi se levantó resoplando y farfullando.

-¿¡Cómo te atreves?!

-¡Largo de aquí, deja en paz a este pobre hombre!

-¿¡Pero qué dices?! ¡Te vas a arrepentir!-masculló el Vox, sacando una porra de su cinto.

Pero en ese momento un balón de fútbol salió de la nada y golpeó al hombre con tanta fuerza que salió despedido y cayó varios metros más abajo, inconsciente.

-Demonios, ¿Qué le pasa a esta gente?-masculló Conan, pateando el suelo con la punta de su zapatilla.

Kogoro levantó al dentista, el cual masculló.

-Gracias, muchas gracias… vaya, es raro ver por aquí a inmigrantes… normalmente se hacinan en Shantytown…

Kogoro se quedó algo descolocado, pero Conan respondió por él.

-No ha sido nada, hicimos lo que debíamos… ¿Shantytown dice usted?

-Sí, las barriadas del distrito industrial de Finkton… normalmente aquí, en el centro del distrito Comstock no suele haber inmigrantes… y menos aún japoneses-explicó el dentista.

-Discúlpenos, pero es que estamos algo perdidos, aparecimos aquí de repente y no sabemos lo que está pasando… vaya, ni siquiera entendemos del todo donde estamos…-explicó Conan.

El dentista le miró algo confuso, pero luego murmuró.

-Creo adivinar qué es lo que les ha pasado… puedo ayudaros a comprender mejor en qué os encontráis, pasad por favor.

Entraron dentro del local y el hombre cerró por dentro; luego fueron a la trastienda, que resultó ser su casa, y se dirigieron al salón. El hombre cogió un libro gordo de un estante y comenzó a hablar.

-Mi viejo álbum de fotos… comencé a llenarlo cuando Columbia echó a volar y desde entonces está lleno de recuerdos, buenos recuerdos. No como ahora…

-Pero ¿Qué es Columbia?-inquirió Conan.

El dentista sonrió brevemente y murmuró.

-Sí, buena pregunta ¿Qué es Columbia? Muchos te dirían que es un arca para otro tiempo, otros te dirían que es el cielo, o lo más parecido a ello antes del día del juicio. Aun así nadie sabría decirte del todo lo que es Columbia y lo que significa, pero yo os puedo explicar lo que pasó antes de Columbia… y después también.

-Se lo agradeceríamos mucho.

Todos tomaron asiento alrededor del hombre, mientras iba contando.

-Corría el año 1892, yo era un joven emprendedor comprometido con mi patria y muy entusiasta, dispuesto a llegar muy alto en la vida. Mi padre era dentista, su padre también y así lo fue durante las anteriores generaciones de mi familia, yo tan solo podía seguir sus pasos, pero quería ir un poco más allá. Buscaba gloria, un intento de enaltecerme a mí mismo y a los que me rodeaban, por eso me mudé a Chicago. Ya allí monté una pequeña consulta donde poder hacer despegar mi carrera. Un año después la ciudad de Chicago decidió albergar la próxima exposición universal, yo naturalmente quise ir y fui, ya que yo también quería maravillarme con los adelantos tecnológicos de la época; vi muchas cosas, pero ninguna de ellas era tan perfecta y hermosa como la ciudad flotante de Columbia, quizás el mayor gancho de la exposición. Fue construida por el gobierno de los EEUU para llevar más allá la visión de lo grande que era nuestro país, pero ideada por un solo hombre: Zachary Hale Comstock, el profeta. Dio un discurso al que yo asistí, explicó que un ángel se le había aparecido para revelarle la ciudad, donde se construiría un nuevo Edén y en el que todos podríamos tener cabida si queríamos. No pudo resistirme a sus palabras, y yo, entre otros muchos, nos mudamos aquí para predicar la nueva visión al mundo. Eran tiempos felices, todos estábamos orgullosos de todos y fueron unos años en los que nada parecía perturbar la paz. Pero en contra de los deseos del gobierno de los EEUU, intervenimos en la rebelión de los bóxers en China, poniéndola fin; eso supuso un fuerte golpe para la administración McKinley y éste ordenó que la ciudad regresara a suelo soberano, pero Comstock se negó y como resultado la ciudad se separó de la unión, desapareciendo en los cielos. Durante años hemos sido completamente autosuficientes, siempre lo fuimos, por lo que no había problema en separarnos. Pero todo empezó a cambiar, los Fundadores comenzaron a presionar al pueblo a su antojo y Daisy Fitzroy, la que fue una de las sirvientes personales de lady Comstock, la mujer del profeta, la asesinó y fundó una resistencia que iba en contra de la tiranía en la que se convirtió la supuesta utopía de Comstock. Una vez estuve de acuerdo con todo lo que decía el profeta, pero cuando me di cuenta de lo que estaba pasando realmente dejé de apoyarle. Ahora mismo estamos en plena Guerra Civil entre Fundadores y Vox Populi, estando los ciudadanos justo en medio. A no ser que ocurra algo que pare esta debacle… no sé qué será de todos nosotros. Ni siquiera sé que será de la ciudad.

Todos se quedaron bastante chocados con la historia, Conan y Ai lo entendieron todo a la perfección, Ran a medias y Kogoro nada, por lo que se lo explicaron de forma resumida mientras el hombre iba explicando.

-Ya veo… antes vimos una especie de pájaro mecánico enorme ¿Qué es?

-El songbird, fue creado por los Fundadores para mantener vigilado al cordero.

-¿Cordero?

-Sí, el cordero de la ciudad, el que salvará a todos del desastre, dicen algunos. El profeta depositará su legado en él y éste continuará la obra, pero al paso que vamos… dudo que haya obra alguna de la que ocuparse.

-Todo esto está muy bien, pero apenas explica cómo hemos aparecido aquí.

A esa frase, el dentista se levantó y miró por una ventana.

-Hace poco que ha estado pasando… yo los he visto, son como una especie de… perturbaciones que desgarran el aire y cambian cosas de sitio. No sé qué son exactamente, pero muchos dicen que son los causantes de todas nuestras desgracias.

-¿Cómo se ven?

-No tienen una forma definida, a veces son corrientes de aire, otras veces afectan a objetos modificándolos o incluso haciéndolos desaparecer… una vez vi desvanecerse a toda una barricada delante de mis ojos. Aunque a veces comentan que se ven como si fueran cortinas invisibles ondeando en el aire…

Conan y Ai abrieron mucho los ojos, recordando el mismo efecto que vieron ellos antes de venir aquí.

-Quizás sea eso…-obvió ella.

-Sí… esos fenómenos… ¿ocurren a menudo en algún punto específico, sabría dónde encontrarlos?

-Pof, me pides demasiado pequeño… son completamente aleatorios, quizás veáis alguno calle abajo… o quizás no.

Los cuatro se miraron, algo preocupados; si ese hombre estaba en lo cierto, esos fenómenos eran la clave para volver a su hogar. Pero ¿Cómo encontrarlos?

-Siento no seros de más ayuda… pero si vais a salir ahí fuera, os recomendaría que os armarais, no es seguro pasear por la ciudad sin un arma en los tiempos que corren. Esperen aquí.

El dentista regresó con una pistola que entregó a Kogoro con varias cajitas de munición.

-Si fuerais ciudadanos norteamericanos no tendríais problemas para andar por este distrito, pero siendo japoneses os será complicado pasar desapercibidos. Esos fenómenos ocurren en toda Columbia, os sugiero que vayáis a Finkton, es donde más podréis pasar inadvertidos. Y otra cosa, no confiéis en la policía, está del lado de los Fundadores-añadió.

Le agradecieron al hombre por situarles y volvieron a la calle; un poco más abajo, bajando por la calle, vieron al fondo un restaurante de nombre Blue Ribbon y varios accesos cerrados. Al fondo pudieron ver más edificios flotando entre las nubes, todo parecía tranquilo.

-Vale ¿cómo podemos llegar hasta Finkton?-inquirió entonces Kogoro.

-No lo sé, necesitamos un mapa…-murmuró Conan, acercándose a un puesto de información vacío.

Trató de alcanzar la ventanilla, pero en ese momento Ran le aupó.

-Mejor ¿verdad? ¿Ves algo?-inquirió ella.

-Ah, eh… gracias, Ran-agradeció el chico, algo colorado.

Buscó entre las cosas de la mesa y encontró un mapa plegado; la chica le dejó en el suelo mientras él lo consultaba.

-Veamos, estamos aquí, en Comstock… hay un puente cerca de aquí que da al Campo de los Soldados, por lo que veo es un distrito de ocio que conecta con Finkton a través del Salón de los Héroes, un museo estatal. Podemos tomar esta ruta de aquí…-sugirió él.

En ese momento, de entre los tejados, apareció una especie de hombre con escafandra en llamas que en cuanto los vio aterrizó en la calle, esparciendo un mar de llamas a su alrededor.

-¡Arderéis en el nombre del profeta! ¡Sólo los puros de raza poseen el derecho a vivir aquí!-masculló, con voz mecánica.

-¡La leche! ¿¡Qué es esa cosa?!-masculló Kogoro, sacando su arma.

En ese momento el hombre con escafandra formó una bola de fuego en sus manos y se la lanzó, pero ellos se movieron deprisa y esquivaron la andanada. Kogoro le disparó sin dudarlo, pero apenas notó nada.

-¡Mierda, está que arde! ¿¡Que hacemos, que hacemos?!-inquirió.

-¡No podemos avanzar, tenemos que deshacernos de él! ¿¡Pero cómo?!-masculló Conan, nervioso.

En ese momento Ai levantó la vista y vio una columna algo desgastada que sostenía un balcón, y justo debajo se encontraba el hombre, cargando otra bola. Aún se preguntaba que cómo demonios hacia eso, pero no era tiempo para hacerse preguntas retóricas.

-¡Allí arriba, el balcón!

Conan lo vio y se movió deprisa, echando a correr y preparando otro balón con su cinto; el hombre en llamas lo vio, pero Kogoro salió de su cobertura por un momento y le disparó con precisión, dándole en el cuello y desenganchándole un poco su escafandra.

-¡Pagaréis con sangre y fuego!-masculló.

En ese momento Conan lanzó el balón, rasgando el aire y consiguiendo golpear la columna, la cual cedió y el balcón entero cayó a plomo sobre él; el golpe fue tremendo, la escafandra entera se cayó sobre él al estar desenganchada y en ese momento comenzó a temblar incontroladamente.

-¡No, el profeta me guiará hacia la eternidad!

Y tras esas palabras reventó, literalmente, sacudiendo la calle y esparciendo más llamas en todas las direcciones; Conan se echó al suelo y los demás se cubrieron tras el poste de información. En cuanto el humo se despejó, una botella rodó hasta la rodilla de Ran, la cual la miró con curiosidad.

-¿Y eso?

La cogió y la observó, tenía un diseño muy extraño, era de color rojo y se podía leer una inscripción en ella, sino más curiosa aún.

-Beso del diablo… ¿para qué será?

-Cayó de ese hombre, lo tenía él, yo lo he visto salir volando-murmuró Ai.

Ran la destapó y olió su contenido.

-No parece oler a nada… ¿será agua?

Ran fue a probarlo, pero Conan la paró.

-¡Quieta, no sabemos lo que es, podría ser peligroso!

Aun así ella le ignoró y dio un trago; al principio no notó nada, pero en ese momento pudo sentir como sus manos la ardían y por un momento se las miró. Prefirió no hacerlo. Como si las hubiera acercado a una hoguera, pudo ver como su piel se quemaba hasta llegar al hueso, observando los cartílagos quemados y notando un dolor sin fin que se extendía por todo su cuerpo, haciéndola chillar como una loca.

-¡Ran! ¿¡Qué pasa?! ¡Ran, Ran!-exclamó Conan.

Tanto él como los demás no parecían ver ni notar lo que la pasaba a sus manos, tan solo ella; cerró los ojos con fuerza, segura de que así calmaría el dolor, pero en cuanto los abrió vio todo normal. Sus manos estaban bien, ella parecía estar bien, no había dolor. Todo normal.

-¿Qué ha sido eso?-masculló.

-¿El qué, Ran?

-Pensaba que me quemaba, pensaba que…

En ese momento alzó una mano, la cerró y después la abrió; una bola de fuego apareció de repente y ella la soltó por inercia, estallando pocos metros más allá de donde estaban.

-¡Ah, ah!

-¿¡Pero qué demonios?!-masculló Conan, alucinado.

-¿¡Cómo has hecho eso?!-inquirió su padre.

En ese momento Ran salió corriendo, algo asustada.

-¡Ran, espera!

Los demás salieron tras ella, pero Conan cogió la botella por un momento y leyó su etiqueta.

-"Beso del diablo, el vigorizante más ardiente, el infierno en tus manos" ¿Qué es esto, realmente?-pensó, extrañado.

Se guardó la botella y salió corriendo tras los demás, perdidos en una ciudad de otro tiempo y de otro mundo. Y sin saber ni siquiera cómo salir de allí.


¡Por fin tengo el juego! Las cosas como son, es impresionante, de cabo a rabo, una obra de arte. Ya llevo un par de partidas y tengo algo consistente con lo que empezar, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y decidme que os ha parecido. ¡Nos leemos!