Para la familia Granger, estos días eran un suplicio agónico. La señora Granger a cada momento se ponía a llorar al ver a su hija postrada en aquella cama del hospital. Su pequeña castora se debatía entre la vida y la muerte.

Su esposo estaba lleno de rabia que hace dos días estaba perdido. Las noticias que recibieron fueron inquietantes y aun no las podían creer.

¿Por qué a su pequeña? ¿Qué había hecho su pequeña en merecer aquel acto salvaje e inhumano?

La señora Granger volvió a romper en llanto. Su hija estaba en coma. Los policías la trasladaron inmediatamente al hospital cercano mientras hacían los procedimientos necesarios en recolectar información. ¿Por qué a su pequeña?

¿Por qué?

No había explicaciones suficientes, ni palabras necesarias para describir como se sentía. Ella a sus cuarenta siete años, no sabía que más hacer. Su Hermione fue un milagro divino, le rogó y rezó demasiado a dios para que le permitiera ser madre. Después de casarse y concentrarse en su carrera odontóloga, decidió dar el siguiente paso, y ser madre. Diez años en intentarlo se resignó aunque eso la hizo caer en depresión fue su marido quien la levanto y siguieron adelante. Fue cuando cumplió los cuarenta que se dio cuenta que estaba embarazada.

Su hija fue un milagro.

Su hija fue un regalo de dios.

Su hija fue el fruto del amor de su matrimonio.

Su hija estaba rota con la infancia perdida postrada en la cama y se sentía impotente en no poder hacer nada.

Solo deseaba que esos hijos de puta se pudrieran en el infierno. Y que nunca tengan el descanso eterno.

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Un padre tiene que proteger a sus hijos, ahora Richard Granger no sabía qué hacer. La impotencia lo embriaga para hacer una estupidez. La pregunta del millón era: ¿a quién?

Los malhechores huyeron del lugar, y la prueba de ADN, no había arrojado resultados. Era como esos hijos de puta, no existieran. ¿Por qué a su pequeña flor?

Richard se puso a llorar de nuevo mientras se servía otro trago. ¿Cómo iba defender su primogénita, si no sabía quiénes eran los culpables?

¿Qué es lo que tenía que hacer?

Por el momento regresar a casa y estar con su hija. Dejó un fajo de billetes y fue hacia su hogar.

A trompicones llegó a su hogar, pasó hacia la habitación de su hija y se detuvo. Abrió la puerta, y las lágrimas volvieron a salir. Con un ronco lloriqueo se acercó a la cama de su hija y tomó aquel oso de peluche. Lo abrazo mientras rompía en llanto.

—perdóname…

Llanto amargo, garganta obstruida por el dolor.

— ¡HERMIONE! —gritó como un loco— papá lo siente… papá te pide perdón por no protegerte. Ahhhhg…

Entre llanto, quedó dormido. Y se lamentó. En sus sueños su pequeña gritaba por ayuda, gritaba su nombre, y cuando él estaba cerca para poder ayudarla, ella desaparecía para aparecer en unos arbustos semidesnuda, y con la entrepierna llena de sangre.

Para la familia Granger estos momentos parecía un calvario, era todo inefable.