Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, al igual que la historia original e idea original.
INSTINTO
Por: Pinkipick
Capitulo: Él
Apartó la mano de mi rostro y soltó mi cintura para que pudiera levantarme. Cuando me puse en pie, no tardó en posicionarse a mi lado con postura defensiva.
-Cuantos son –demandó Ganku sin ni siquiera preguntarme. Me conocía demasiado bien como para saber entender mis expresiones -.
-Son tres –le respondí mirando en la dirección de donde provenían las zancadas con el ceño levemente zurcido –. Pero van acompañados de canes, creo.
-Son demonios... –acertó él leyéndome de nuevo la expresión por el rabillo del ojo. Zurció el ceño y cogió de su espalda su Hiraitetsu con gran habilidad, posando la vista en la misma dirección que la mía.
La gran arma que aproximadamente era de mi tamaño entero, tenía forma ondulada, exactamente con forma de "S"–una de las letras del abecedario que me había enseñado mi madre de pequeña –. El sol reflejado sobre ella hizo que el metal reluciera como si estuviera nueva, dando la impresión de que aún no había sido estrenada cuando sin embargo sus afiladas hojas de ambos extremos habían matado a cientos de demonios.
-Y son muy rápidos.
Ganku como respuesta agarró con más fuerza el mango que estaba situado en el medio del gran metal.
Escuché como los pasos se aproximaban cada vez más al límite del bosque. Pasados unos segundos fue cuando pude divisar una gran humareda de polvo levantada –seguramente por la velocidad –aparecer entre las sombras de los árboles.
Un olor repentino me hizo arrugar la nariz.
-Demonios lobo… –susurré con cautela.
Coloqué la mano en la empuñadura de mi katana, esperando a poder ver a los intrusos. Si venían de modo defensivo y agresivo, no duraría ni un segundo en desenvainarla y demostrarles todo lo que era capaz de hacer.
Cuando el polvo se disipó por fin, pudimos ver tres figuras altas observándonos también con muchísima atención.
Ganku levantó una ceja pero sin aflojar su agarre.
Tres chicos demonios lobo acompañados de dos canes también lobos nos miraban con atención, estudiándonos. Tenían la apariencia de ser jóvenes, más o menos como nosotros, de entre quince y diecisiete años.
-¡He! –gritó el joven de en medio captando nuestra total atención -¿Quiénes sois vosotros? –preguntó mirándonos con asco.
Vestía una armadura de metal negra y una falda de pelo de color blanco, al igual que unos calentadores puestos en sus pantorrillas y unas hombreras que hacían como de manta también de color blanco.
-¿Un humano … y una gata? –cuchicheó uno de los demonios de atrás con total curiosidad.
-No parece humana... –comentó el otro en un susurro a la oreja de su oyente como si le contara un secreto.
Apreté los dientes.
Pedazo de estúpidos… ¿se creían que no podía escucharles o qué?
-Eso a ti no te incumbe–respondió Ganku en tono seco mirando al primero desde la distancia con los ojos entrecerrados y el ceño levemente zurcido.
Los de detrás dieron un respingo y el joven de la vestimenta blanca gruñó posando la mirada en él. Luego me miró a mí y le enseñé los colmillos en un acto reflejo. Permanecí en silencio mientras sentía que me estudiaba con sus ojos verdes.
Le observe con más atención, posando mi mirada su rostro moreno por un momento.
Relajé la mandíbula, esas facciones…
-¿Se puede saber qué es lo que estás mirando, estúpida? –rugió mirándome con ira.
No respondí, simplemente le seguí mirando con atención sin reaccionar y con la mano aún colocada sobre la empuñadura de la espada.
Mi amigo se posicionó más cerca de mi cuerpo, ocultándome levemente sobre su hombro mientras tensaba el brazo listo para lanzar su arma en caso de ataque.
Ese demonio lobo era…
Salí de detrás del cuerpo de Ganku y me posicioné de nuevo a su lado.
-¿Eita? -El lobo de ojos verdes zurció el ceño. Sus dos acompañantes se quedaron en silencio totalmente boquiabiertos y Ganku giró levemente la cabeza para mirarme totalmente confundido -¿Me recuerdas? –le pregunté de nuevo mirándole incrédula, ignorando la mirada de mi amigo.
Di un paso hacia a delante y los canes me gruñeron como respuesta. Mi amigo me cogió del brazo y me atrajo de nuevo a su lado en un acto reflejo.
-No sé de qué hablas gata enclenque.
Los dedos que me agarraban con fuerza el antebrazo no se relajaron ni un segundo.
-¿Se conocen? –inquirió uno de los demonios lobo en un susurro al otro en secreto, colocándose cerca de su oreja puntiaguda de nuevo.
Eita giró sobre sus pies y le propinó un fuerte puñetazo en la cabeza al chico que había cuchicheado; al de ojos muy grandes y con notorios hoyuelos. El chico hizo un gesto de dolor, pero no se quejó.
Zurcí el ceño. La paciencia no era algo que me caracterizara…
-¿¡Pero se puede saber qué te pasa?! -Mi voz sonó en un grito por todo el claro. Intenté moverme y dar un paso hacía a delante de nuevo, pero la mano que me tenía firmemente agarrada no me lo permitía.
-Nos vamos. –sentenció el demonio lobo de ojos verdes sin más.
Y acto seguido comenzó a correr de nuevo por donde había venido ante todas las atentas miradas, incluidas las de sus compañeros. Los dos jóvenes nos miraron un segundo y luego siguieron los pasos de su camarada.
Seguí con la mirada puesta por el lugar por donde se habían marchado.
Ese era Eita. Estaba segura, segurísima. Tenía las mismas facciones que cuando era pequeño, solo que ahora costaba reconocerlo por el gran cambio que había dado. Ese estúpido…. ¡Seguía siendo el mismo imbécil que siempre!
-¿Quién era ese? –Me preguntó Ganku haciendo que saliera de mis pensamientos. Relajó su agarre y por fin pude sentir como la sangre comenzaba a circular de nuevo por mi brazo.
-El estúpido hijo de unos amigos de la familia…–susurré apretando la mandíbula mirando al frente.
Ganku torció el gesto, pero antes de que se dispusiese a hablar, salí corriendo del lugar, dejándolo atrás seguramente atónito por mi reacción.
Me encontraba sentada en mi árbol, en el árbol en donde siempre iba cuando quería pensar o simplemente estar sola. El color del sol al atardecer se reflejaba sobre mi cabello con sutileza, haciendo que se viera débilmente anaranjado.
Suspiré.
Ese gran idiota…
¿Cómo era posible que no me recordara? ¡Si hasta los once años aproximadamente estábamos peleando como si nada! Y solo habían pasado cinco años desde entonces. No era posible que no me recordara, era básicamente imposible.
Apreté la mandíbula mirando la puesta de sol y volví a suspirar. A lo mejor sí que era cierto lo que había dicho…
No. Estaba segura de que no.
Dejé que mi mente viajara otra vez a lo ocurrido de esta mañana. Se veía tan cambiado, tan... A decir de verdad seguía teniendo el mismo rostro, solo que ahora se había convertido en un adolescente. Un adolescente demonio lobo muy guapo.
Sacudí la cabeza. Puaj.
Eso era también una de las ventajas por así decirlo de los demonios y de los Hanyous. En los primero años de vida se crece al ritmo normal de un humano hasta que se llega a la edad adulta, es entonces cuando nuestro cuerpo deja de avanzar tan "rápido" y la longevidad se hace notoria.
El aire fresco del atardecer movió mi flequillo con delicadeza, llevando un aroma muy familiar con él.
-Hola papá. –saludé en un susurro sin dejar de mirar al frente.
Y un segundo después, estaba sentado a mi lado con las piernas cruzadas.
-¿Qué te pasa? –inquirió con tono demandante analizándome por el rabillo del ojo como si intentara leerme.
Contuve una débil sonrisa.
-No es nada. Sólo necesitaba pensar. –Giré la cabeza y le dediqué una amplia sonrisa, pero él siguió con los ojos levemente entrecerrados, buscando una respuesta satisfactoria.
Por un segundo me vi reflejada en él. Mi madre tenía razón, mi padre y yo éramos el vivo retrato de padre e hija. Y no sólo en lo físico, que era visiblemente predecible, sino en el carácter y en la personalidad. Según ella, -y todos nuestros conocidos– afirmaban que éramos igual de testarudos. Entre otras cosas.
El rostro de mi padre se relajó y puso la mirada al frente mientras se escondía las manos en las mangas de su haori rojo.
Volví a sonreír y fijé de nuevo la vista al frente.
Nos mantuvimos así durante minutos, disfrutando del silencio mutuo, cada uno enzarzado con su mente. Relajé mi cuerpo y suspiré con delicadeza mientras ponía toda mi atención en los latidos rítmicos de su corazón.
Era totalmente increíble la diferencia que había entre nosotros –los hanyous – y los demonios de los humanos. No sólo exteriormente, como por ejemplo el color de cabello, los ojos, las orejas, las marcas de clan al cual se pertenece como las de mi tío Sesshomaru, la fuerza, la velocidad, la curación de las heridas etc., si no que había otras en las que los humanos corrientes no podían fijarse, ni siquiera las sacerdotisas.
Me acerqué a su cuerpo y me recosté sobre su costado, apoyando la cabeza sobre su brazo. No apartó la vista de la puesta de sol, sin embargo se movió ligeramente para que me pudiera acomodar mejor.
Sonreí débilmente.
Ahora sí escuchaba con claridad las fuertes bombeadas de su corazón. Cerré los ojos y me concentré más aun en ese sonido que tanto me relajaba. Esa era una diferencia que no se podía percibir a simple vista. El latido del corazón. La de los humanos corrientes eran audiblemente más delicados y más seguidos, en cambio, los medio demonios y demonios completos eran latidos con más fuerza y más lentos de lo "normal" por así decirlo.
-Cuando eras pequeña hacías lo mismo que ahora –comentó mi padre reconociendo el gesto que había hecho. Me mantuve con los ojos cerrados: -. Solo dejabas de llorar cuando yo te cogía en brazos y te mantenía sobre mi pecho.
Eso era cierto. Sólo me calmaba cuando él estaba cerca de mí, cuando percibía su olor o cuando escuchaba su corazón como ahora. Me arramblé más hacia su cuerpo, pegándome más aun involuntariamente y soltó una risa triunfante.
-Izayoi – me llamó al cabo de unos minutos. Su voz se había vuelto dura, la cual me advirtió que se había puesto serio de nuevo –si hay algo que te preocupe... –inspiró llenándose los pulmones y se tensó por un momento –sabes que yo te protegeré siempre.
Mi sonrisa se expandió por mi rostro totalmente. Sabía de sobras que a él no le gustaba expresar sus sentimientos y que incluso en ocasiones era demasiado tímido, pero… me encantaba su manera de mostrarme su preocupación por mí.
Pasé los brazos alrededor de su torso y le abracé con fuerza, intentando contestarle mudamente.
-Vamos, es hora de volver a casa. Tu madre nos estará esperando para cenar.
Me besó en el cabello y se puso en pie para luego saltar al suelo. Le seguí el paso y me posicioné a su lado para caminar junto a él. Ni siquiera me había percatado de que ya estaba oscurecido. Había pasado todo el santo día subida a "mi" árbol y sin darme cuenta se me había echado la noche encima. Literalmente. Y todo por el idiota de Eita.
Mantuve la vista en el suelo.
Eita. Volvería a buscarlo. Seguiría su olor hasta donde fuera y le aclararía la mente hasta que me recordara, aunque había algo que me decía que si lo hacía. Y si no, ya me encargaría de recordarle mi nombre. Aunque fuera a golpes y sin ayuda de nadie, ni siquiera de mi mejor amigo al que por cierto… seguramente me pediría explicaciones sobre loocurrido.
REVIEWS
¡Oh! Muchísimas gracias a todos, son casi 100 lecturas en tan solo dos capítulos!
Parece muy poco, pero para mi es un gran paso porque al haber estado tanto tiempo desaparecida, pensé que me iba a ir peor, la verdad.
Gracias de nuevo a esa gente de España, Chile, Venecuela, Mexico, etc que leen mi fin y esperan con ganas al siguiente capitulo.
Y respecto a este... ¡por fín descubirmos quien es el intruso que ha interrumpido a estos dos "amigos".. ejem. Estad atentos, que pronto subiré el próximo capítulo.
¡Muchos abrazos!
