Capitulo 2:

-¡Sesshomaru-sama! – gritó la jovencita bajando las escaleras a saltos.

El Taiyoukai no respondió, la muchacha estaba acostumbrada a su silencio, más bien, lo entendía. La chica abrió una cómoda i sacó dos mullidos cojines, los dispuso en la mesa de manera que la distancia entre los dos fuese la mínima, se sentó y miró a quién se hallaba en la entrada con una mirada llena de ilusión y una sonrisa de oreja a oreja. Él, cuya batalla entre su orgullo y la chica daba por perdida, se sentó en el lugar que tenía reservado para su persona. Comenzaron a charlar, era más exacto decir que ella hablaba mientras el Taiyoukai se mantenía totalmente inmóvil, con los ojos cerrados escuchando las historias de su protegida. Kagome se acercó a la mesa con una bandeja que contenía dos tazas de barro, llenas de té humeante, que sirvió a ambos, tras depositarlas, se levantó con la intención de irse.

-Noto el olor de ese cachorro Hanyou observando desde el falso techo, pero no noto el olor de Inuyasha. –sentenció mirando fijamente a la mujer que estaba de espaldas.

Se escuchó un golpe en el techo, la sacerdotisa no pudo evitar sonreír, realmente pensó que podría espiarles sin que Sesshomaru se percatase, no había aprendido la lección después de que Inuyasha lo golpease en diversas ocasiones por escuchar sus conversaciones privadas. Rin empezó a explicarle al demonio que Inuyasha frecuentemente abandonaba la casa de un día para otro, y no se presentaba hasta pasado un tiempo. La contestación de Rin hizo que Kagome disipase los pensamientos sobre su hijo y los centrase en la pregunta, miró hacia otro lado intentando que la conversación siguiese como hasta entonces, con él callado y ella hablando, para poder escabullirse silenciosamente, pero no fue así.

-¡Mi padre es un idiota y un inútil! –Gritó el pequeño asomándose por el falso techo - ¡Él siempre presume de ser fuerte y siempre dice que no nos ocurrirá nada porque nos protegerá! ¿Pero cómo pretende hacerlo si nunca está? ¡Soy yo quién tiene que destruir a esos miserables pequeños demonios que se atreven a atacar a mi madre! ¡Si fuese por él ella estaría muerta! ¡Es un charlatán bueno para nada!

-¡Tora! ¡Deja de decir tonterías sobre tu padre y baja de ahí! –La mujer se aproximó y lo cogió en brazos, pero él se escabullo – ¡Deja de defenderle mamá, tú sabes muy bien que lo que digo es cierto! –gritó el Hanyou encarándose a la madre, pero cuando esta estaba por darle una bofetada, algo la dejo perpleja.

-Me sorprende que alguien como tú con sangre humana hable como un demonio, que entienda lo que significa que sus cachorros y su hembra sean intocables. –felicitó Sesshomaru, a lo que el niño respondió con un "hum".

-Rin, Tora, déjenme hablar con Sesshomaru a solas. –dijo ella con un tono severo.

Rin se levantó inmediatamente, Tora quiso protestar pero se vio arrastrado por la chica que se lo llevó fuera de casa.

-¡Me parece despreciable que alimentes semejantes ideas en un niño! ¡En mi propia casa! ¡No te inmiscuyas en la educación de mi hijo! ¿Me oyes? –riñó Kagome.

El Taiyoukai, se la miró severamente, esa mujer no conocía cuál era su lugar, varías veces habían sido las que le había hablado con ese tono y esa falta de respeto, hasta ahora la había perdonado por ser una débil humana, pero esa había sido la última vez. La mujer, mantuvo su postura, ni un ápice de arrepentimiento o temor en sus ojos, eso encendió más los ánimos del demonio. La agarró a una gran velocidad y la puso contra la pared, para cuando ella se dio cuenta de la situación, ya estaba siendo agarrada por sus garras y acorralada por su cuerpo, la diferencia de tamaños hacia que escapar de él fuese imposible para ella.

-No sé quién te crees que eres para hablarme así ni por quién me has tomado, que sea la última vez que me levantas la voz, porque entonces acabaré la discusión en ese mismo momento para siempre y te advierto, aunque Inuyasha haya decidido vivir como un humano, yo sigo siendo un demonio y me rijo por las normas de los demonios, normas no escritas que vienen en nuestra sangre y que Inuyasha, aunque tenga una sangre sucia, también tiene y ha de seguir, no proteger a su hembra y a sus cachorros para nosotros quiere decir que puede venir otro y tomarlos y si él quisiese recuperar sus posesiones, tendría que matar a quién se las arrebató –la mujer tragó saliva, asombrada por la declaración, tras una pausa añadió-No sabes nada acerca de nosotros mujer, tu hijo tenía mucha razón, él tiene la sangre demoniaca más despierta que su padre y él sabe desde su nacimiento nuestras normas. –se la miró, vio la mirada asustada de la mujer y se complació, a la vez que su ego se estaba alimentando-parece que Inuyasha sigue siendo tan inútil como siempre, no me sorprende, es un Hanyou que no conoce lugar.

La chica enfureció con las palabras del Taiyoukai, intentó con todas sus fuerzas deshacerse del agarre, pero eso solo hizo que este la apretase más, arrinconándola con su cuerpo.

-¿Lo entiendes ahora mujer? No puedes medirte con la fuerza de un demonio, no podrás evitar que haga contigo lo que quiera, no podrás evitar nada, él hará lo que quiera contigo.

-¡Inuyasha estará para defenderme! ¡Estoy segura!

El demonio se la miró burlón, realmente esa chica era testaruda, no entendía nada de lo que le había explicado.

-Entonces, ¿Dónde está Inuyasha ahora para defenderte? ¿Para liberarte de mí agarre? Estoy seguro que no permitiría que yo te agarrase así. –La sacerdotisa enmudeció- Tampoco está aquí para defenderte si te hiero –con una uña hizo un leve pinchazo en la mejilla de la chica, de donde emanó un puntito de sangre, ella palideció-tampoco está para defenderte si quisiese tomarte.

Tras eso, el demonio posó sus fríos labios en los de la sacerdotisa, besándola, ella se quedó inmóvil por un momento, absorta en el inesperado beso, luego reaccionó y empezó a luchar, el demonio la agarro de forma que no pudiese moverse, ella le mordió el labio pero no parecía tener ningún efecto aparente, aunque eso hizo que el Taiyoukai se encendiese, abriéndole la boca con la fuerza de sus labios e introduciendo su lengua, la chica se quedó inmóvil, sabiendo que no podría luchar contra una fuerza así, la inmovilidad hizo que el demonio se apagase, dejando su boca libre. La chica se lo miró aterrada.

-No voy a tomarte, no tengo ningún interés en hacerlo, pero ya has tenido una demostración de que Inuyasha no está aquí para defenderte, y que nunca podrás competir con la fuerza de un demonio, si alguien viene a reclamarte, te tomará y tú no podrás hacer nada para impedirlo.

Tras eso, el Taiyoukai se dispuso a salir, pudo escuchar como la mujer caía lentamente al suelo mientras su espalda se deslizaba por la pared, escuchó sollozos y notó un aroma salado en el ambiente, miro de reojo a la mujer, abrazándose a sí misma llorando y luego salió por la puerta con calma y en absoluto silencio. Una vez afuera pudo visualizar a Rin que estaba jugando con el Hanyou, se dirigió a ellos para despedirse de la muchacha, pero para su sorpresa…

-Pero… ¡usted me prometió que se quedaría a dormir! –se quejó la chica.

Sesshomaru había olvidado completamente su "promesa involuntaria" a su protegida, era demasiado tarde para deshacerla, no tenía ganas de tener a otra chica llorando, por lo que decidió quedarse.

-Dormiré fuera.

-¡Sí! ¡Sesshomaru-sama se queda a dormir! ¡Yo dormiré con usted! ¡Hace muchísimo que no dormimos juntos! Aunque falta el señor Jaken para que sea igual que antes… ¡Bah! ¡No importa! –La niña empezó a correr dando vueltas alrededor del Taiyoukai, a pesar de que había crecido, su comportamiento no había cambiado.

Llegó la noche, Sesshomaru se quedó fuera apoyado en un árbol, después de la cena, la chica le llevó una bandeja con comida, pero él no la aceptó alegando que ya había cazado su propia comida, la chica devolvió la bandeja de comida, cuando volvió iba a acompañada del pequeño Hanyou, se sentó apoyándose en un pequeño arbolito, mirando fijamente al demonio.

-No es trabajo tuyo.

-¿Quién va a hacerlo sino? –contestó el Hanyou malhumorado.

El pequeño cachorro se iba a encargar de vigilar al hombre, Rin se acomodó en la bufanda del demonio y se dispuso a dormir, él cerró los ojos y solo quedó el Hanyou, cuya vigilancia duró poco porque quedó dormido haciéndose una bolita. Kagome desde el dormitorio, se miraba al demonio, se tocó los labios recordando los hechos y se sonrojó, cerró los ojos y sacudió la cabeza intentando sacar esos pensamientos de su cabeza, cuando volvió a mirar, el Taiyoukai ya no estaba, dejó la bufanda que servía de cama a Rin, la cual no se despertó.

-Menudo vigilante, ese cachorro, no es capaz ni de sentir cuando su objetivo se mueve. –Escuchó la voz del Taiyoukai en su espalda.

CONTINUARA…

Gracias por los reviews, lo siento pero no tengo mucho tiempo para contestarlos ., espero que les guste la continuación, ya me dirán :), si son nuevos lectores ¡les doy la bienvenida! Y espero que también les guste y me dejen su comentario.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Sukimine~~