Capítulo 1
Tras algún instante de espera delante de la majestuosa puerta taraceada de los aposentos de la reina, los batientes se abrieron de golpe, girando en silencio sobre los goznes.
La soberana estaba cubierta solamente con una combinación transparente y brillante, por la que se extendía, por zonas, pedazos de encaje, todo rigurosamente negro. Emma se quedó literalmente con la boca abierta frente a tal espectáculo.
Regina despidió al guardia, para después centrar su atención en la muchacha.
«Aquí estás, querida. Entonces, ¿estás lista?» preguntó, acercándose lentamente a ella, balanceándose sobre los altos tacones.
Emma tuvo que hacer un notable esfuerzo de concentración para lograr preguntar, de nuevo
«¿Lista para qué?»
«Para arrodillarte ante mí» le respondió rozándole el rostro con los dedos.
La princesa tragó saliva, estremeciéndose ante aquel toque.
«Sí» murmuró, arrodillándose al instante mismo
La reina caminó a su alrededor, mirándola con satisfacción
«Bien» dijo sonriendo «Ahora, desnúdate»
Emma no logró contenerse para no lanzarle una mirada de asombro, pero de todas maneras dobló los brazos hacia detrás y comenzó a soltar los lazos que sujetaban la ropa en torno a su cuerpo. Sintió las mejillas teñirse de rojo mientras se erigía desnuda frente a ella. Regina se tomó su tiempo para observar su cuerpo desnudo, y después se sentó en el lecho.
«Eres un bonito juguete…» comentó, deslizando la mirada por sus formas «Ven aquí» ordenó, lamiéndose los labios.
La muchacha obedeció, caminando lentamente hasta el borde del lecho, con la mirada fija en el suelo, y las mejillas al rojo vivo.
«No seas tímida. Mírame»
Emma elevó la mirada hasta encontrarse con sus ojos. La reina le ordenó acercarse, pero ella vaciló, dudosa.
«¿Queréis que suba al lecho, Majestad?» preguntó, mordiéndose distraídamente el labio inferior.
«Sí» respondió ella fríamente
La princesa asintió antes de obedecer, subió a la cama y se quedó de rodillas sobre las sábanas de seda negra, a la espera, sin desviar nunca la mirada de la mujer.
«Hacía tanto que no tenía un nuevo juguete…» murmuró la reina acercando su rostro al de ella «¿Tienes miedo?» preguntó después, escrutando los ojos gris verdoso.
«No» respondió tras algunos segundos la muchacha, añadiendo una sonrisa
Regina sonrió, aferrándole el rostro entre sus dedos cuyas uñas estaban pintadas de negro.
«¡Brava, así será más divertido!»
Sus labios se encontraron en un beso cargado de pasión, del que la rubia no se apartó.
«¡Qué valiente…!» comentó Regina apenas hubo roto el contacto. Movió la mano derecha y sus ropas desaparecieron al instante. «Ahora eres mía»
Emma recorrió su cuerpo con una mirada de admiración.
«Siempre lo he sido…» susurró con voz ronca
La sorpresa iluminó por un instante los ojos oscuros de la reina.
«Superas mis expectativas…creía que iba a necesitar más tiempo para abatir tu voluntad…»
«Mi voluntad es enteramente suya…» replicó Emma, sonriendo tímidamente
La sorpresa creció en Regina
«¿De verdad?»
La muchacha se limitó a asentir. Un momento después los dedos de la mujer apretaban alrededor de su garganta.
«Explícame…antes de que te destruya…»
La princesa inspiró buscando aire, pero de ningún modo intentó oponerse.
«Estoy bien…con vos…» susurró, mirándola a los ojos
La mujer entrecerró los ojos, y después una ligera sonrisa destensó sus labios mientras movía ligeramente la cabeza.
«Eres verdaderamente el mejor resultado que haya obtenido» dijo un momento antes de lanzarse sobre ella para morderle el labio, haciéndole gemir.
«Dichosa de complacerla, Majestad» murmuró Emma estremeciéndose, poco antes de ser empujada fuera del lecho.
«Complace a tu reina ahora»
Emma la miró, confusa
«¿Cómo, Majestad?»
Como única respuesta, Regina se arrastró hacia el borde del lecho y abrió las piernas.
La princesa se arrodilló delante de ella, mirándola a los ojos. Deslizó sus manos a lo largo de sus muslos antes de hundir la lengua dentro de ella.
Regina le agarró los cabellos, empujándola hacia su cuerpo.
«Sí, así…» murmuró excitada.
Emma salió de ella y comenzó a lamer el clítoris con lentos movimientos circulares, saboreando su aroma, gimiendo, demasiado excitada para contenerse. Regina elevó la pelvis hacia ella, invitándola a darle más, mientras un gemido de placer salió de su boca. La morena, presa del placer, encontró apoyo en su espalda, arañándola.
«Sí, continúa…y quizás no te mate…»
La rubia tuvo que aguantar un grito de dolor, pero esto no la hizo detenerse, sino todo lo contrario, comenzó a succionar su clítoris, ya empapado e hinchado. La reina no pudo contener esta vez un gemido más alto.
«Así, brava» jadeó
El placer y el dolor confluyeron en un gemido por parte de la princesa, mientras su lengua no dejaba de dar placer a la mujer que tenía delante.
La reina apretó las piernas al sentir el éxtasis invadir su cuerpo, temblando mientras el orgasmo la atravesaba.
La rubia se separó un poco de ella, pero se quedó de rodillas. Se lamió los labios, degustando su sabor.
«Eres una de las mejoras siervas que he tenido, tengo que admitirlo» le dijo Regina tras haber recuperado el aliento.
En un instante la agarró y la hizo extenderse sobre la cama. Emma se dejó manejar, estremeciéndose solo por el contacto.
«¿Estáis diciendo que no me matareis?» preguntó sin dejar de mirarla.
«Quizás…» replicó la morena, haciendo aparecer unas cuerdas que rápidamente se amarraron alrededor de las muñecas de la princesa, atándola al lecho.
Emma posó su mirada en las cuerdas, después en la mujer. Así expuesta, indefensa, se sintió vulnerable más de lo que imaginaba posible. Su respiración se aceleró.
«Oh, ¿tienes miedo?»
La muchacha deglutió.
«Es difícil no tenerlo cuando no se puede uno mover…» intentó justificarse, enrojeciendo.
«De hecho, debes tenerlo…» dijo la mujer extendiéndose sobre ella y arañándole los mulos, para después hacer aparecer una fusta.
Emma gritó, y después abrió los ojos de par en par al ver el objeto.
«Cre…creía que le había dado placer, Majestad…»
«En efecto, así es…» dijo Regina, pasando la fusta por su cuerpo «Quiero recompensarte…»
La princesa fue recorrida por un temblor cuando sintió el contacto del frío cuero.
«¿Con dolor?» preguntó con voz temblorosa
«Puede ser placentero…» dijo la otra golpeándola con la fusta
Emma gritó, intentando inútilmente apartarse. Sin embargo, la excitación era tan intensa que casi dolía, más que la fusta.
Regina se inclinó hacia ella, susurrándole al oído
«¿Te ha gustado?»
Con su rostro rojo de vergüenza, Emma tuvo que admitir la verdad y susurró
«Sí»
La reina sonrió, mordiéndole el lóbulo de la oreja
«Lo sé» dijo, acariciándole su cuerpo con la fusta, desde el pecho a la barriga, hasta llegar a su intimidad. La muchacha gimió bajo ella, arqueando la espalda.
«Abre las piernas» ordenó la reina
Sin vacilación, la rubia la obedeció
«Ahora veamos si estás lista…»
Regina deslizó la fusta por toda su intimidad, e instintivamente la mujer bajo ella cerró las piernas, pero las volvió a abrir un segundo después.
«Lo siento…» susurró, dándose cuenta del error.
Como toda respuesta, la morena le apretó el cuello en un doloroso agarre.
«No lo hagas más, ¿has entendido?»
«Sí, Majestad» susurró Emma en un hilo de voz
La mujer aligeró el agarre sobre su cuello.
«Tienes que ser castigada» dijo pegándole con fuerza con la fusta. Un grito de dolor resonó por la estancia.
La reina la besó inmediatamente después, para después entrar en ella con fuerza. Otro gritó escapó de sus labios, haciendo sonreír a la morena, que comenzó a moverse velozmente en su interior.
«Regina…» dejó escapar la muchacha mientras el dolor se transformaba velozmente en placer
«Se dice "Su Majestad"» la corrigió la otra, hundiendo los dedos más fuertemente dentro de ella, haciéndola llegar al orgasmo.
La muchacha se quedó sin aliento, derrotada ante la intensidad de placer que acababa apenas de experimentar.
Se sobresaltó cuando los dedos de la mujer la abandonaron. Intentó concentrarse en las palabras que la reina le dirigió, parpadeando varias veces para enfocarla mejor.
«¿Has visto? Te había dicho que sería muy placentero»
«Sí, Su Majestad…» le respondió, aun con la respiración entrecortada
Sintió cómo desaparecían las cuerdas de sus muñecas, dejándola libre.
«Márchate ahora»
La orden llegó como un cubo de agua helada. Apesar del inicial desconcierto, obedeció, levantándose como pudo, pero a gran velocidad del lecho y vistiéndose a toda prisa para después dirigirse a la puerta.
«Quizás te mantenga un poco» añadió la voz ronca de la reina a su espalda. Emma se giró para mirarla, inclinándose de repente ante ella, escondiendo el rostro. De nuevo, intentó obedecer la orden, y dirigirse a la puerta, pero de nuevo la detuvo la voz de la soberana.
«Espera» Emma se inmovilizó, limitándose a girar la cabeza hacia ella «Duerme en el diván. Quizás después querré hacerte daño» continuó la morena estirándose en el lecho, con una sonrisa maliciosa en su hermoso rostro.
«Como Su Majestad desee» respondió asintiendo la rubia, para después acercarse dócilmente al diván y echarse sobre él.
«No hagas ruido» le advirtió la mujer cubriendo su cuerpo con las sábanas negras.
«Sí, Majestad» dijo Emma, colocándose en posición supina en el diván. Debieron transcurrir algunos minutos de silencio antes de que encontrase el valor para añadir, tímidamente «Buenas noches, Su Majestad»
Regina desorbitó los ojos en la penumbra de la habitación.
«Buenas noches, sierva» le respondió al final.
Como ya advertí este fic es angst, nos encontraremos a una Evil Queen deseosa de hacer daño física y emocionalmente a Emma, es lo que hay, para eso comienza siendo malvada, pero las apariencias engañan, y como han podido observar, Emma no está tan a disgusto. Ya veremos cómo sigue la situación.
