CASADO, PERO ¿DISPONIBLE?
La historia gira en torno al sub mundo del intercambio de pareja, será un tema tratado con delicadeza.
Pero si eres menor de edad o simplemente te sientes mal, por malinterpretar la esencia que encierra el ser swingers, tienes todo el derecho de dejar de leer.
Lo haces bajo tu responsabilidad.
En la guerra y el amor todo se vale… pero más aún en el sexo.(ANÓNIMO )
TE PIENSO…EN TODO MOMENTO
CINCO AÑOS DESPUES…
Solo en mi cuarto.
Intentando estudiar para un parcial.
Un vacío en el pecho, difícil de llenar.
Un libro de medicina entre mis manos, un par de apuntes sobre la mesa y mi mente en blanco.
Mi mente me asalta una tortuosa vez más, con imágenes de mis amigos, en medio del bosque, jugando en la oscuridad.
Mi piel reacciona a los recuerdos, a sus recuerdos, a su figura, sus labios, sus ojos color cafés, todo en ella, despierta cada terminación nerviosa en mí.
Por momentos mi vida era vivir en el pasado. Un lugar seguro en donde la única figura que anhelaba era tener a ella en mi presencia.
Lamentablemente habían pasado cinco años desde aquel hermoso beso. Y no había un solo día en el que pueda dejar de pensar un minuto en mi dulce Bella.
Desde el día que se marchó del pueblo, mi vida ha sido diferente.
Dolor.
Angustia.
Soledad.
En mi casa, en mi cuarto, al caminar por la calle, por las mañanas, por las tardes, por las noches.
Mi mundo era perfecto, hasta esa maldita mañana, en la que pasé por su casa a buscarla para ir a la escuela, esa maldita mañana en la que le pensaba declarar mi amor, esa maldita mañana en la que un camión de mudanza cerraba sus puertas para viajar a su destino.
Un destino, alejado de mi lado.
Durante semanas me sentaba en el umbral de su casa, esperando a que ella regrese, no supe nada de ella en estos largos cinco años, sumido en una agónica tristeza, como si viviera en piloto automático.
Me mude de Forks a Seattle.
Me compré un apartamento, en un viejo edificio y me alejé del pueblo, que me traía recuerdos con solo respirar.
Me encerré en estas cuatro paredes, que además de servirme de guarida, a la vez me hacia de templo, para pensar en ella todo el tiempo y revivirla en mis sueños.
Al tiempo que ella se marcho, por motivos laborales de su padre, también lo hizo mi hermano, mi amigo Jasper. Dejándome solo con la tortura de mis pensamientos.
Y luego terminé haciéndole lo mismo a mi amiga Alice, cuando me mude aquí.
Por diferentes motivos, los cuatro tomamos diferentes caminos.
Pero muy en el fondo de mi alma, sabia que algún día nuestros caminos se volverían a cruzar.
Retomé la lectura del libro de anatomía, por culpa de mi laguna mental, ni recordaba en que párrafo iba leyendo.
Aventé el libro con toda mi ira acumulada, tomé mi cazadora de cuero que descansaba en una silla, arranque las llaves de mi auto del tablero y al cerrar la puerta descendí por las escaleras a toda velocidad hasta que el aire frío del invierno golpeó con fuerza sobre mi rostro.
Esa conducta en mí, la tenía a diario. Solo me tomaba dar un par de vueltas por la ciudad para darle un respiro a mi cabeza y regresaba con aires renovados a mi guarida.
Todos los días lo mismo.
Mientras daba unas vueltas por el mismo lugar, mi estómago rugió por el hambre, por lo que aparqué mi coche y entré a la cafetería.
Solía desayunar, almorzar, merendar, en fin todas las comidas en este lugar. Caminé con paso pesado hacia la mesa del rincón, cercana a la ventana, luego de venir los trescientos sesenta y cinco días del año, durante los últimos cinco años, Rebecca solo se acercaba a saludarme ya con mi pedido en su bandeja.
– ¡Buenos días doctor Cullen! – me saludaba con aquella pequeña broma, la cual me robaba una media sonrisa y servia mi desayuno.
– Buenos días y dime Edward, cinco años y aún me llamas por mi apellido.
– Me gusta verte sonreír. – Tomó su bandeja y al retirarse me guiño su ojo. Rebecca era una mujer mayor, a pesar de sus arrugas y su cuerpo excedido en peso, aún conserva en su rostro la frescura de haber sido una joven muy bella.
Tenía frío, revolví el café, coloqué mis manos alrededor de la taza buscando su calor y miré a través de la ventana a la gente pasar.
Jóvenes, madres con niños, adultos, ancianos, continuamente la misma gente, apurados, acomodando sus abrigos. Siempre la misma postal.
Retiré la mirada del cristal, le dí un sorbo a mi taza y el golpetear continúo de unos nudillos, me obligaron a desviar nuevamente la mirada a la ventana.
Mi asombro fue tal al volver a ver a Alice, mi amiga de la infancia, que no pude evitar pensar que quizás Bella estaba con ella o sabría algo por lo gran amigas que eran.
Le hice una seña con mi mano para que ingresara a la cafetería, a la cual respondió con una enorme sonrisa.
–¡Edward! – gritó a todo pulmón al tiempo que se arrojaba a mis brazos. – ¡No puedo creerlo! – las pocas personas que se encontraban en el lugar observaban la escena entre curiosos y divertidos por los gritos emocionados de mi amiga de la infancia.
– Si, Alice…soy el Edward, que piensas. – tras regalarme una enorme sonrisa, se sentó frente a mi y pedimos mas café. – Alice ¿Cómo has estado? – debía pensar bien mis palabras, para llevarla lentamente a un terreno peligroso, ese lugar en el que renacería o me moriría lentamente, necesitaba saber de Bella. – ¿Vives aquí, en Seattle?
– No lo puedo creer, estar sentada frente a Edward Cullennnn– exclamó mi nombre como si hablará de y con su ídolo.
– Alice, por favor, baja la voz que todos aquí me conocen y no suelo dar este tipo de escándalos. – me sonreí y acaricié mi pelo en un gesto nervioso.
– Lo siento. Pero la emoción me embarga, hace como cinco años que no te veo y realmente me siento feliz. Desde hace una semana vivo aquí, hemos comenzado con unas amigas un micro emprendimiento, organizamos eventos para mega fiestas y manejo sola una empresa de catering, realmente no me puedo quejar, nos va muy bien.¿ Y tú, que has estudiado?¿Sabes algo de Jasper?
– Medicina. No. – esta chica si que sabia ser directa. Al grano y sin ruedos. Y yo que buscaba en mi mente una manera para ser sutil y averiguar sobre Bella, mientras que ella, lo soltó así, sin más consideración que saciar su intriga. – Dime tu sabes de tu amiga.
– Realmente es muy poco lo que sé. – inclinó su cabeza en señal de derrota y me respondió sin mirarme a los ojos. O sabía mas o simplemente le dolía no tener mucho para compartir.– Lo único que recuerdo es haber recibo un mail, hace mas de tres años, contando lo mal que lo estaba pasando y como nos extrañaba a los tres. Y creó que mencionó algo, de estar estudiando, Ceremonial y Protocolo. Pero no se si terminó la carrera o que ha hecho con su vida. Lo siento mucho Edward.
– Esta bien Alice. Supongo que es hora que me haga la idea de que mi vida debió haber comenzado el mismo día en el que ella se marchó.
De nada sirve, seguir una ilusión, que se desvanece un poco cada día.
¿No lo crees así, Allie?, – mi corazón se quejó débilmente al escuchar mi pregunta de derrota. Me apresuré a despedirme, ella me recordaba a mis amigos –me alegro haberte visto. Suerte en tu negocio.
Pagué mi cuenta, delante del semblante interrogante de mi amiga, en señal de disconformidad por intentar desaparecer de aquel lugar. Caminé ensimismado en mis cavilaciones, totalmente genuinas en cuanto a la realidad de volver a ver a Bella por intermedio de Alice.
Me despedí de ella y salí rumbo a mi departamento.
El volver a ver mi amiga, dejó en carne viva, aquellas cicatrices que había intentado cerrar por casi cinco años.
Pero aún no me encontraba dispuesto a olvidarla.
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CINCO AÑOS DESPUES…
Algunas personas dicen que tu vida cambia en un instante determinado, en el cual, marcó el rumbo de los acontecimientos en una fracción de tu vida en un antes y un después.
Eso me pasó a mí.
Hace cinco años, una noche me fui a dormir con mariposas en el estómago.
Un beso ganado, como prenda en un juego, fue la razón por la que mi corazón sonrío feliz por haberse enamorado.
Esa noche me resultó difícil conciliar el sueño, mi mente recreaba una y otra vez la suavidad de sus labios, el sabor, el calor y el toque de sus manos sobre mi cuerpo.
Me había enamorado perdidamente.
Ese día me levanté feliz, ese día le confesaría a él, los sentimientos de mi corazón, el anhelo por ser amada.
Como todas las mañanas me pasaría a buscar para ir juntos caminando a la escuela, oportunidad que aprovecharía para confesarle mi amor.
Elegí mi ropa, por primera vez deseaba agradarle. Robé del vestidor, el perfume de fragancia dulce que embriagaba los sentidos de los hombres, según mi mamá.
Al comenzar a bajar las escaleras, la realidad me cayó como un piano de un quinto piso sobre mi cabeza, mi casa, no era mi casa; cajas, canastos, grandes, chicos, rotulados, sin rotular, bolsas y toda el alma de la casa, se escondía dentro de esos contenedores.
Mis lágrimas caían sin cesar, no debías ser muy inteligente para caer en la cuenta de que nos estábamos mudando.
¿Por qué?¿Hacia donde?¿Quién lo decidió?¿Por cuanto tiempo?. Miles de preguntas y ninguna respuesta.
Charlie solo dijo que realmente necesitaba un verdadero caso para investigar y un sueldo digno para un hombre como él.
Mi madre se movía en bloque con mi padre y no tenía un maldito hermano para que argumentara con fundamento, el porque nos debíamos quedar.
Por ser niña e hija única, sin chistar debía ir donde me llevaban mis padres.
Lo último que recuerdo de ese fatídico día, es haberme subido al coche con lágrimas en los ojos y las imágenes del pueblo en el que nací, pasar frente a mi nariz como diapositivas con formas y colores distorsionados, mientras que el camión trailer cargaba las últimas cajas con nuestras pertenencias y en breve cerraría las puertas para entregar todo en el destino.
Durante semanas me senté en el umbral de la lujosa casa, en las afueras de un pueblo, esperando que me pasaran a buscar como todas las mañanas, como cuando vivía en Forks.
En cambio, sonaba la bocina del coche con chofer, que me enviaba mi padre, para aparentar ser de la alta sociedad. Patético.
En el estado de Seattle, la vida era mas mundana, prácticamente se vivía de noche y de fiesta en fiesta, mientras crecía me convertí en una adolescente rebelde que todo el tiempo les recordaba a mis padres, lo poco que me amaban por no tenerme en cuenta a la hora de decidir por nuestro destino y alejarme de la única persona, la cual extraño hasta el día de ayer. Hoy Jasper se ha cruzado en mi camino a modo de ángel redentor, intentando salvarme de mi vida alocada y encauzarme en los estudios abandonados de Ceremonial y Protocolo, digno titulo para la hija de papá, de mi papá.
Han pasado cinco largos años.
He dejado atrás la niña obediente y estudiosa que era el orgullo de papá. La pequeña que sacaba las notas más altas y figuraba en el cuadro de honor para que luego mi madre alardee con las vecinas cuan inteligente era.
En cambio me he convertido en una tierna adolescente, promiscua, manipuladora, curiosa y de muy malas costumbres, pasando a ser la vergüenza de la familia.
Charlie, ese padre pulcro, nacido en cuna de pueblo, convertido en el perfecto jefe de policía de una gran ciudad, renombrado profesional gracias a encontrarse en el lugar y momento indicado, para esclarecer los casos de delincuentes mas famosos para la opinión publica, negaba una y otra vez, el tener una hija con problemas.
Mi padre era ese hombre del cual toda una familia estaría orgullosa por solo ser su integrante, mientras que a mi me causaba nauseas tener que negar mi origen común y corriente por intentar aparentar ser alguien que no deseaba.
Hasta se sentía completamente feliz por ser ciudadano ilustre, salvo un pequeño detalle, su hija.
La vergüenza personificada, en una tierna niña, de no mas de cincuenta kilos, curvas perfectas, facciones delicadas y modales inigualables, capaz de embaucar toda una gran nación.
En la ciudad solo corrió el rumor de Isabella libertina Swan.
Pero mi circulo de amistades, me conocían perfectamente y la población masculina conocían mis mas oscuros y profundos secretos en el arte de amar.
Ante los adultos me mostraba como señorita perfección, entre mis pares había aprendido a gozar de la vida.
Lo que nunca nadie se detuvo a pensar si sabían cual era mi real motivo de ese comportamiento.
No pararía de arrastrar a toda la raza masculina por mi cuerpo, mientras buscaba en cada boca, el sabor perfecto de mi amigo, aquel que aun amaba con todo mi corazón y me había besado en medio del bosque.
DISCLAIMER
Los personajes, como sus similitudes y perfiles, no son de mi invención.
Son propiedad de Stephenie Meyer y asociados.
Este fanfic es un trabajo realizado por una fan (luz de luna), creada con el único propósito de entretener y de dar vida a estos geniales personajes en otro contexto que son de su invención.
La información o algunos nombres están tomados de los libros editados en español por Alfaguara (Santillana) y por las webs de Stephenie Meyer.
Ninguna de sus historias está autorizada para reproducirse total o parcialmente en página, grupo o blog…
By Luz De Luna
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