Gracias por las visitas, los comentarios, los favs y follows. Quiero aclarar que este fic está ubicado en la cuarta temporada, no en el cuarto episodio. Eso cambia bastante las cosas ¿no creen? Me pareció que alguien por allí se confundió con lo que expliqué.

No sé si se me da muy bien el humor pero siempre lo intento. Creo que soy de la broma fácil y es mucho para mi que alguien tenga en cuenta ese detalle. ¡Gracias en serio!

Té verde

Quitando la forma aparatosa en la que esa masa oscura se te pegaba en los dientes y el paladar, Regina tenía que reconocer que la experiencia de probar una Oreo no era tan terrible. El sabor estaba bien, tenían su "no sé qué". Y tenían kilos de azúcar añadidos pero como una merienda esporádica podría pasar bien. O quizás era la compañía, aún no estaba muy segura qué de toda esa mañana de sábado había influenciado más para colocar las galletas en los permitidos de la mansión Mills.

Emma llegó con el tiempo justo para que Regina se comiera su panecillo y borrará las evidencias de su existencia en casa. Henry, despeinado y con aspecto de "me levanté recién" entró a la casa como un torbellino directo a la cocina, y dándole la excusa perfecta a Emma para invadir la estancia también. Podría haberse quejado, pero la sonrisa de oreja a oreja de su hijo fue un excelente paliativo. Los tres se enfrascaron en la tarea de convertir una receta en YouTube y los ingredientes en algo que se pudiera comer. El resultado fue una tarta de queso con base oscura y trozos de galletas en la superficie que reposaba en la nevera por la hora y media establecida por el vídeo.

Tiempo en el que Henry se sentó en el sofá y arrastró a sus madres con él para una conversación que giró en torno a acontecimientos pasados, presentes y posibles. Su hijo hizo gala de mediador casi cómica adaptándose al acontecimiento como si se tratase de un conductor de televisión.

-Mamá – dijo finalmente mirando a la morena mientras sonreía con la tontería de turno que Emma hablaba sobre su subestimado escarabajo amarillo que había sido la comidilla de los últimos 2 minutos - ¿cómo te imaginas que será tu final feliz?

Regina se vio a sí misma arrastrada hasta la mirada expectante de su hijo - ¿qué? – indagó con desconcierto.

-¿Qué cómo te imaginas que será tu felicidad… ya sabes, tu final feliz? – repitió el joven muchacho con evidente curiosidad. Emoción que Regina percibió multiplicarse en el rostro de Emma Swan.

Regina abrió los ojos un poco más de lo normal preguntándose en silencio si alguna vez había imaginado siquiera cómo debería ser o esperaba qué fuera esa realidad en la que era feliz. ¿Qué era la felicidad después de todo? Para cada persona era algo diferente, supuso la reina. Apretó los puños para evitar cualquier gesto de inseguridad, cómo comerse las uñas, algo que su madre se dedicó a corregir de su comportamiento durante años.

-Yo… no lo sé… ni siquiera me había detenido a pensarlo nunca – explicó.

-¿Y qué esperas que el autor haga por ti cuando lo encuentres? – Emma se unió a la conversación con la intención de ahondar un poco más en la duda de Regina.

-Qué escriba algo que me permita ser feliz… - su voz se tornó palpablemente dubitativa y carraspeó deseando obtener el control de la situación – si es el autor debe saber que hacer… ¿o espera que yo haga su trabajo también? – sonó borde, pero no pareció importarle a los demás.

-¿Y tú mamá? – Henry le dirigió el mismo cuestionamiento a su otra madre que respondió sin tomarse un solo segundo para reflexionar.

-Oysters Bar and Grille en Pembroke, Maryland, jueves a las 14 horas, sirven el mejor sándwich de langosta del mundo… ¡Lo prometo!

-¡MAMA! – Henry se quejó por todo lo que no pudo quejarse Regina porque no era de su incumbencia, ¿verdad?

-Pero tú y Regina también están allí – se defendió tratando de darle crédito a su definición de felicidad – también David y Snow – levantó la mano derecha – ¡Lo prometo!

Regina sintió una alarma mental alzarse por sobre sus pensamientos relacionados a lo superficial y mundana que era la definición de felicidad de Emma Swan. Ella estaba allí pero Hook no. ¡Ella sí pero Hook no! ¿Por qué Emma era tan fácil de contentar? ¿Por qué ella estaba en el Oysters B&G y Hook no? ¿Por qué un sándwich hacía feliz a Emma, solo un estúpido sándwich? Y por qué sentía celos de un estúpido sándwich? ¿Por qué ella comía del estúpido sándwich y Hook abandonado en su barco? ¿Por qué? ¿Por qué tantos por qué? ¿Por qué la entusiasmaba este desliz de Emma Swan? ¡Maldición!

Henry le dio un coscorrón suave en el brazo a Emma para que dejará de hablar del famoso sándwich – ya no hables más de comida má… - la amonestó tomando un segundo antes de agregar – ahora la verdad… ¿qué idea es la que te hace feliz?

La rubia tampoco se tomó mucho para responder – una familia – dijo cuadrando los hombros – una familia es lo que me hace feliz, tener un sitio al que regresar después del trabajo – explicó – tú y los abuelos ya son mi familia, aunque quisiera alguien más, alguien a quien proteger, alguien a quien no le importará que yo sea la versión más impertinente e inmadura de las mujeres, que me aceptará así como soy, alguien que alguna vez en medio de su día me dedicará un pensamiento y apareciera en los míos…

-¿No tienes a alguien así? – la pregunta se escapó de los labios de Regina colándose en el silencio que inundo la estancia después de que Emma dejará de hablar.

Emma la observó antes de responder. En ese instante, esa sheriff insoportable le pareció más que nunca el ser más difícil de predecir de los que había conocido en todos los reinos – No – fue toda la respuesta que recibió.

A Regina se le llenaron los pulmones de un excedente de aire que no se atrevió a expulsar por los siguientes 10 segundos hasta que no tuvieron mejor idea de escaparse como suspiro. Dio un respingo al notar una inesperada tibieza en su garganta.

Emma miró su reloj y anunció – ya han pasado los 90 minutos de rigor… ¡HORA DE CHEESECAKE!

-Sigue siendo una cría – la morena rodó los ojos recuperándose.

-¡EY! – Emma se quejó –, pero es que han pasado los 90 minutos – la miró con ojos de cordero.

Regina rio mientras se ponía de pie – ¡Bien! Hora de la verdad – los 3 caminaron rumbo a la cocina y la morena añadió - ¿qué deberíamos beber para acompañarlo? – preguntó interesada por lo que fuera que los dos invitados tomaban junto al postre en New York - ¿leche, café, té?

-Té verde para mí, por favor – dijo Emma con solemnidad.

Henry dejó escapar una leve carcajada -¿Desde cuándo?

-Desde… desde hoy mismo – aseguró Emma con una seguridad cuestionable – soy una adulta después de todo ¿No?

A la reina le pareció una actitud de lo más boba y al mismo tiempo se encontró sonriendo tontamente, pero se recompuso para no mimetizarse con Emma –Señorita Swan es consciente de que el té verde es bastante amargo, ¿verdad?

La sheriff hizo una mueca de disgusto - ¿qué tanto? – inquirió y luego sacudió las manos en forma negativa – no interesa - fingió restarle importancia – puedo con ello – estableció irguiéndose tan derecha que parecía incluso anti natural.

Regina se apiadó de ella - ¿qué tal si lo dejamos en tres tazas de leche tibia?

Emma la abrazó dejando en punto muerto cualquier movimiento potencial de la alcaldesa. Todos los músculos de su cuerpo se tensaron al mismo tiempo y luego fueron cediendo al calor de ese gesto hasta que Regina sintió que todo su cuerpo era una masa elástica que se mantenía en pie por fuerza de la costumbre.

-Gracias Gina – sentenció Emma – dándole espacio por fin – eres la mejor.