Capitulo 2: La trampilla en el techo.

Había transcurrido la noche y Hermione estaba sentada en el alfeizar de la ventana, mirando hacia el horizonte. No tenía ni idea de porque seguía allí, trabajando de sirvienta para su peor enemigo. "¿Dónde me he metido?" se preguntaba. Aun sin saber porque, su instinto le obligaba a quedarse. No tenía elección, además, pues de verdad necesitaba el trabajo. Pagaban bien y no tenía que gastar dinero en alojamiento, así que podía ahorrar algo de dinero y después irse de nuevo a su piso, para prepararse los EXTASIS. Se levantó y oyó crujir el techo, mientras un poco de polvo caía en su pelo. Miró arriba. De pronto, vio otra vez ese saliente en el techo, y vio que tenía una argolla para tirar hacia abajo, oculta entre miles de telarañas y un poco de polvo. Le habían dicho que en entre el segundo piso y el tercero había muchísimas escaleras, así que no le habría extrañado que, siendo Malfoy Manor, tuviera algún que otro pasadizo secreto. Así que, sin pensarlo mas, tiró de la argollita (Después de algunos saltitos y un par de "Accio argolla") y una escalera antigua y de madera surgió de la cima de su dormitorio. Hermione dudó ¿qué encontraría ahí dentro?. Decidida, levantó un pie y lo posó delicadamente sobre la antigua madera, por si acaso se rompía. Pero siguió subiendo, esta vez con más rapidez. Al llegar arriba, vio que todo estaba muy oscuro. Así que bajó a por una vela y al subir, vio algo que la dejó un tanto confundida.

Una cama de solamente colchón de dos plazas, con sabanas y colcha beige se abría ante sus ojos, y una estantería a lo largo, muy bajita pero muy ancha, contenía muchos libros. Hermione se sorprendió al ver que eran libros de niños, libros infantiles. No sabía porque, pero le agradaba aquella habitación, la hacía sentirse cómplice de sí misma de algo privado y especial. Se sentó en la cama y olió las sabanas: Olía igual que su madre, igual que olían todas las madres, con su perfume particular. En aquella habitación se respiraba ternura. Pero un poco más tarde se encendió una luz, a lo lejos. Hermione fue a gatas silenciosamente hasta aquel lugar, y vio al "señor" , que era como a partir de ahora en calidad de ayudante de cámara, debía llamarle. Aquella preciosa buhardilla, o lo que fuera que fuese aquello, daba a su dormitorio, el mas grande de la segunda planta. Hermione se le quedó observando. Vio como se quitaba la camiseta, como se quitaba los pantalones y se ponía un pijama negro de una tela que no alcanzaba a ver. Soltó un largo suspiro, pensando. "porque he suspirado? –Se dijo en voz baja-. Acabo de suspirar por Malfoy? Que horror!" esto último lo dijo en voz alta, y el chico se sobresaltó. Salió apresuradamente de la habitación. Hermione salió corriendo de allí, se quitó la bata y dejó allí la vela. Corrió con todas sus fuerzas y llegó a la puerta de la trampilla. Bajo los escalones de tres en tres, y en una de estas se torció el tobillo. Sin importarle aunque con el dolor en la boca, ahogó un grito y se metió de un salto en la cama, se tapó y justo cuando cerró los ojos, se abrió la puerta. Escuchó pasos lentos y silenciosos, para no despertarla (aunque no estuviera dormida) y se detuvo. Hermione se dio la vuelta, quedando e frente al techo, dándole a entender que estaba profundamente dormida, o al menos fingía estarlo. Un olor agradable llegó a su nariz, pero no se atrevió a abrir los ojos.

-Que hermosa… -susurró. Después de eso, le retiró el pelo del rostro y le acarició una sola vez la mejilla. Ando hacia la puerta, y susurró- Realmente hermosa.

Y así, dejando a Hermione algo sonrojada, se fue, cerrando la puerta suavemente. "¿Qué ha sido eso? Mi peor enemigo… ¿Halagándome? y anda que yo, también podría haber sido un poquito mas discretita o al menos callarme. Bueno, pondré el despertador". Y con ese pensamiento, se fue al perfecto mundo que le brindaba Morfeo.

*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*

-Todo el mundo habla de la chica nueva.
-Si, dicen que es muy estricta, o marimandona... Al menos, el señor lo piensa.
-Y como será?
-A lo mejor es tímida.
-O puede que no le guste hablar con nadie…

A la mañana siguiente, dos voces conversando tras su puerta despertaron a una muy cansada Hermione. Se había pasado la mayor parte de la noche despertándose a cada rato, preguntando una y otra vez por Draco Malfoy. No entendía por que, tal vez por lo muy sorprendida que el muchacho de ojos grises le dejo esa noche, acariciándole el rostro. Se sonrojó de solo pensarlo, y se reprendió a si misma por el atrevimiento. Se vistió con su nuevo uniforme. Tampoco le sentaba tan mal. Sintió como la puerta se abría y una tímida cabeza de una sirvienta rubia, con cara que podría haber sido bonita si no fuese por sus arrogantes miradas o su boca arqueada en una expresión de desprecio. Entró sin llamar, y eso molestó un poco a la castaña. Pero no hizo comentarios al respecto.

-El señor quiere verte.
-Donde se encuentra?
-En la tercera habitación del quinto piso. Corre, quiere verte urgentemente.
-Tu cara me suena. Eres… -su cara se tornó en una expresión de desconcierto-. Pansy Parkinson? Es que todos acabamos llegando aquí?
-Cállate, Sangre sucia, y sube a ver a Draco.
-Está bien.

Pansy la llevó por un pasillo en el que se alzaban unas escaleras de grandes dimensiones. Ella entonces recordó que en su entrevista, Draco Malfoy le había advertido que seguramente alguna de sus compañeras la reconocerían. Ahora comprendía que Pansy Parkinson, la que iba a ser la futura esposa de Malfoy en sus años de estudiantes, había terminado limpiando el suelo por donde pisaba el chico, literalmente. Ellas subieron silenciosamente, y sin dirigirse la mirada una a la otra. Era obvia la tensión que en esos momentos podía masticarse en el ambiente, pero ninguna comentó nada.

-Es aquí.
-Está bien. Gracias.
-No hay de que –dijo Pansy con una mueca que podría pasar muy al dedillo como una sonrisa. Al abrir la puerta la empujó diciendo- pásatelo bien… -y cerró la puerta con llave.

Hermione se quedó asombrada por lo que veía. Azulejos verdes con las paredes blancas, y una especie de piscina en el centro, rodeada de muchos lavabos de mano y una hilera de cabinas, seguramente tras las cuales se encontraban los excusados. Muchísimas cabezas de serpiente hechas de cobre resplandecían alrededor de la gran piscina. Hermione se percató de su parecido con un recuerdo de su adolescencia: El baño de los prefectos. Pronto comprendió que no debía de estar ahí, que Pansy le había tendido una trampa. Desesperada, escuchó un ruido provinente de una puerta blanca que había a un lado. Preparándose para lo peor, se quedó congelada ante la imagen que presenció: Draco Malfoy acababa de aparecer por la puerta, con una única toalla reliada por su cadera, y dirigiéndose hacia la gran piscina, poniendo una mano en el nudo de la toalla.

-¡No! –dijo escandalizada, y Draco se dio la vuelta, quedando tan sorprendido como ella-. Lo… lo siento señor.
-¿Que haces aquí? –Dijo escandalizado por el supuesto atrevimiento de la chica-. ¿Acaso has perdido todo el decoro que decías tener, Granger? –preguntó, con una ceja levantada-.
-P-Pansy… -culpó ella inmediatamente a la rubia sin ningún remordimiento. Se tapó los ojos con una mano mientras con la otra se apoyaba en la pared de azulejos, temblando del susto-. Ella, me a…
-No me digas más-. Dijo religándose de nuevo la toalla y girándose hacia la chica-.
-Lo siento, señor –se volvió a disculpar-.
-Si estamos solos puedes llamarme Draco, o Malfoy, fiel a tu costumbre –le aclaró el chico-.
-No, Señor. Prefiero seguir las normas –dijo, desafiante-. Las normas están para cumplirla.

-Las normas están para romperlas –le corrigió-.

-No es cierto. Y además, este es el último sitio en el que me gustaría estar ahora mismo, mucho menos con usted ahí de pie, con su… su toalla a la vista –dijo-.
-Como quieras. Puedes irte –le reprendió. Ella le miró con gesto de "Eso ya lo había pensado"-.
-En realidad no podemos ninguno de los dos. Estamos encerrados con llave.
-Oh… -suspiró cansinamente-. Recuérdame que despida a Parkinson.
-¿porque trabaja aquí? ¿A caso no era su novia?
-pues si, pero digamos que por conveniencia suya. Yo me enteré y la deje. Después la deje quedarse como servicio domestico, pero se cree la reina de la casa. Estaba buscando una excusa para echarla a patadas. Y aquí la tengo –dijo abriendo los brazos y señalando a nada en particular, haciendo que la toalla se resbalara un poco, dejando a la vista su pelvis-.
-y yo que hago? Tengo que ocuparme de… de lo que sea que me asignen. Además, estoy en un baño privado, con el "señor", ¡y no se donde meterme!
-siempre puedes meterte bajo mi toalla, Granger, serías bienvenida -hermione destaó sus ojos para perforarle con la mirada-. ¡Es broma, es broma! Pues… date un baño –bromeó el rubio-. Bueno, también puedes ver como me doy un baño, o girarte (como tus principios te indican, siempre tan vergonzosa y respetable) pero te aseguro que no te despediré, como espera que haga Parkinson.
-Pero… pe-pero… no puede ducharse aquí! Estoy yo!
-Si, pero no puedes salir y yo quiero tomar mi baño de las once y media, y son… las doce menos diez, así que… -dijo girándose y sacándose la toalla de espaldas a la chica- tenme esto, si no te importa –pidió, y se lanzó al agua-.

"Está loco –pensó Hermione -, pero si es una bañera, como se va a tirar de cabeza?"

-Ya puedes mirar, no se ve nada. Quiero charlar contigo.
-¿Que que, señor?
-En realidad me gusta que me llames así –dijo el chico, con su sonrisa perversa-. Me da aires… autoritarios.
-por mucho que me pese, los tiene –le recordó ella-.
-Oh, vamos –dijo echándole agua con las manos. El uniforme le quedó empapado, y ella se retiró un poco, indignada-. Eres un siesa, Granger.
-Intento mantener las formas. Sobre todo delante de "usted" –dijo recalcando la ultima palabra-. ¿No era el que siempre quería que todo fuera inmaculadamente perfecto? ¿Y no era el preferido del profesor más severo, amargado y "sieso" como me acabas de llamar a mi?
-He cambiado. Pero ya veo que tu no. ¿Por cierto, como te sientes? –Dijo ahora mas serio-.
-¿por qué? ¿Por qué me ha mojado el vestido, porque me ha hecho insinuaciones indecorosas o porque me he quedado encerrada en un baño gigante con un hombre desnudo? –dijo distraída mirando los abdominales del veinteañero sin darse cuenta-.
-Por lo de Weasley. Supongo que debes estar destrozada. Le querías mucho, al fin y al cabo llegaste a casarte con él.
-Aun le quiero –la vuelta a la realidad le cayó encima como un cubo de agua helada-. Pero prefiero no hablar de ello. Menos con usted. Debo recordarle que es mi enemigo, por muy jefe mío que sea.
-Era –corrigió-. Creo que por lo menos merezco un Felicidades.
-Porque tendría yo que felicitarle? No es su cumpleaños.
- ¿Acaso sabes mi cumpleaños?
-El cinco de junio.
-Como lo sabes? –dijo el rubio girándose hacia ella sorprendido-.
-Pues… - comenzó ella, pero una brisa fría por la ventana la hizo callarse. Se fue hacia la ventana y observó para cambiar de tema. Se quedó así un buen rato, incluso olvidándose de que Malfoy estaba dándose un baño en ese mismo momento.
Pensaba en cómo un chico, en su adolescencia arrogante y fanfarrón, podría haber dado un cambio tan brusco en su vida. Había pasado de ser un despreciable a un chico de buen corazón, a pesar de su comportamiento chulesco y burlón.

-¡Ay!

Una salpicadura y Hermione estaba en la gran "piscina", intentando respirar.

-¿Por qué has…? Por que ha hecho eso?
-Para que hagamos las paces –dijo llanamente-.
-¿Y por eso me tira dentro de su "bañera", señor? Me ha mojado todo el uniforme.
-Si, precisamente –dijo el rubio sonriendo-. Pero ese uniforme es… aburrido, ¿por qué no os ponéis otro?
-Por que solo tenemos este. Es el protocolo. Ahora si me disculpa… -se salió del agua y se escurrió el pelo con las manos, mientras el rubio fruncía el ceño como un niño al que le quitan un dulce-.
-Eres una estirada.
-Y usted un insolente.
-Ya, pero un insolente con estilo
-¿Llama estilo a tirar a una dama al agua?
-No, llamo estilo a pedir disculpas educadamente, independientemente del lugar, ya sea piscina, bañera o despacho.
-Después de haber cometido un acto de inmadurez como lo es tirarme al agua.
-Vamos Hermione –dijo saliendo del agua y religándose la toalla. Sacudió la cabeza y su pelo rubio quedó alborotado. Le daba un aire sexy, aunque Hermione no quisiera reconocerlo-. Somos personas adultas, Hablemos como es debido. Me he dado cuenta de muchos errores que cometí en Hogwarts. Por ejemplo, descubrí lo buena amiga que eres de tus amigos, incluso a veces con tus propios enemigod, como yo.
-Ya, claro, ¿te recuerdo mi mayor momento de gloria en el colegio?

***-Habíais visto alguna vez algo tan patético? –Dijo Malfoy-. ¡Y penar que es profesor nuestro!
Harry y Ron fueron hacia ellos, pero Hermione llegó antes:
¡PLAF!
-¡No te atrevas a llamar patético a Hagrid, so puerco… so malvado…!***

-Si, aquel día fue bastante doloroso para mis mejillas –dijo el chico pasando su mano por su mejilla-. Pero a eso mismo me refería. Te atreviste no solo a defender con uñas y dientes a Rubeus, sino que también llegaste a pegarme por defenderle. Eres buena chica, Hermione. Solo quiero hacer las paces –repitió-.

Alguien llamó a la puerta, y el mayordomo entró, mirando con gesto anonadado a la chica retorciéndose el pelo para escurrirlo sentada en la postura del loto en el suelo de azulejos y su jefe delante, agachado y mirándola a los ojos. Carraspeó, y anunció:

-Señor, habrá que realizar una cena para los invitados del próximo martes. ¿Que tipo de comida quiere que preparemos?
-Sorpréndeme, pero que no tenga ciruelas, por favor.
-¿no le gustan las ciruelas, señor? –Dijo Hermione con una media sonrisa de burla-.
-Cállate –dijo molesto. Se levantó, y a Hermione se le borró la sonrisa de los labios. Había molestado al chico, pero no pensaba que fuera por las ciruelas-. Corre a cambiarte.
-Si, señor.

Al cerrar la puerta, dejando un rastro de gotas de agua por el camino, Hermione sonrió en el fondo porque, a pesar de estar molesto con ella, el chico le había pedido disculpas. ¿Ese era el primer paso, no?