Todos los personajes que aparecen en este relato pertenecen a Marvel.
II
23 de Diciembre. 8 meses antes
Observó la fachada de la mansión unos instantes antes de subir la escalinata. La puerta principal estaba abierta y niños de todas las edades corrían de un lado para otro.
-¡Logan! -gritó Júbilo dejándose caer por la barandilla de las escaleras y cayendo al suelo del vestíbulo. En su camino hacia el canadiense golpeó a dos alumnos y tiró tres maletas.
-¿Qué es todo este jaleo? -preguntó Logan observando el ajetreo que les rodeaba y abrazando a la chica.
-Mañana es Noche Buena, ¿recuerdas? Los que pueden se marchan a sus casas y los que tenemos más suerte, nos quedamos.
-¡Pues claro que sé qué día es mañana, cariño! -contestó mientras sacaba sonriente un paquete envuelto en papel arrugado del macuto.
-¡Yuppii! Yo te lo daré mañana tras la cena, ¿vale? Ahora me voy que está Ororo esperándome para ir a por las últimas compras -y dándole un beso se alejó por la puerta.
-Hombre Logan, es una alegría tenerte por aquí de nuevo.
-Hank -saludó estrechando la enorme mano peluda y azul de su compañero.
-Espero verte mañana en la cena. Este año nos quedamos pocos en la mansión así que será una cena íntima e informal.- Y sin esperar respuesta Bestia se alejó por el pasillo canturreando un villancico.
-¡Perfecto! -gruñó Logan molesto.
Tras la cena pasaron la velada al enorme salón en el que un gran árbol de navidad les dio la bienvenida. Apoyado en el marco de la puerta que conducía a la biblioteca y con una copa de whisky en la mano observó aburrido el salón.
Ante la ventana Peter observaba pensativo el oscuro jardín. Acababa de volver de hablar por teléfono con Kitty, que había ido a pasar las fiestas con su familia, así que estaría metido en su mundo toda la noche.
Remy y Pícara estaban solos sentados en uno de los sofás ante el fuego. Algo le cuchicheaba él al oído mientras ella reía sobre su copa de vino.
En una de las mesas Kurt y Jubilo comían tarta y hablaban de cine.
Justo debajo del árbol Hank, con un horrible jersey navideño lleno de campanillas, discutía algo con Cíclope y Forja. Se había sorprendido al ver al cheyenne en la mesa. Había sido invitado por Charles a dar unas clases a los alumnos mayores y ya de paso iba a trabajar con Hank en mejoras para la Sala del Peligro. La tensión durante la cena entre Ororo y Forja fue únicamente evidente para él. Y ahora no pudo dejar de observar las miradas furtivas que el inventor le echaba a su amiga. Siguió una de estas miradas hacia otro de los sofás. En él Ororo y Jean hablaban y reían sin parar. En este caso sonrió al verlas. Cada una tan distinta. Ororo, con su piel color canela y ojos como zafiros. Llevaba el pelo recogido descuidadamente en dos trenzas enrolladas en forma de diadema, un vestido blanco suelto y largo y una casaca negra y blanca. Jean en cambio llevaba el pelo en alto en un elaborado moño y un vestido verde corto que resaltaba su pálida piel y el rojo de su cabello.
-No descansas ni en fiestas,¿eh? -oyó que comentaba Júbilo a su lado.
-Para estas cosas lo mejor son las fiestas, -rió con sarcasmo sin apartar la mirada de la pelirroja.
-No eres el único que lo piensa. Forja lleva toda la noche sin quitarle el ojo de encima a Ororo y Kurt está deseando que pase por debajo del muérdago para pedirla un beso. ¡Pero ella es más lista y sabe como esquivarles!
Y justo en ese momento vieron como ambas se levantaban del sofá, y mientras Jean se acercaba a llenar su copa de vino, Ororo se dirigió hacia la puerta que daba al pasillo en cuyo marco superior colgaba una rama de muérdago. A pocos pasos se detuvo, para decepción de Rondador Nocturno que la observaba desde la mesa, y girando sobre sus pasos salió por la puerta principal hacia la cocina. Más alejada pero más segura. Tanto Júbilo como Logan rieron al verla.
-¡Mi chica lista! -rió Logan. -Pero esto me ha dado una idea -y sonriendo con suficiencia le entregó la copa a Júbilo y se dirigió hacía Jean. -¡Y no te la bebas!
-¡Cof, cof! -tosió Júbilo tras un trago a la copa.- Descuida.
-Hola Logan,- sonrió Jean al ver acercarse al canadiense.
-¿Qué tal Pelirroja? No esperaba verte por aquí. Pensaba que pasarías la noche con tu familia.
-Bueno, en parte vosotros sois mi familia -rió. -Mañana temprano Scott y yo salimos hacia casa de mis padres a pasar el resto de las fiestas.
-Mmmm, tengo poco tiempo para aprovechar entonces -la comentó acercándose sin dejar de mirarla.
-¡Logan, por favor! -susurró ella poniéndole la mano en el pecho para mantener las distancias y dando un paso atrás inconscientemente. Logan sonrió, podía notar su nerviosismo hacia su cercanía con un poco...¿de qué?¿deseo? Se acercó un poco más y ella continuó su camino hacia atrás. Un paso más, y otro, hasta que la tuvo donde quería. Entonces él se detuvo y separándose de ella señaló hacia arriba y dijo en voz alta.
-¡Y ahora un beso!
Todos se volvieron y vitorearon al ver a Jaen justo debajo de la puerta mirando confundida el muérdago.
-¡Eres un tramposo! -exclamó Jean.
-¡Que se besen, que se besen!
-No querrás romper las tradiciones,no? -contestó él divertido acercándose a ella. Entonces en un visto y no visto la tenía entre sus brazos besándola entre los aplausos de los demás.
-Ejem...-carraspeó Scott a su lado. Entonces se separaron. Logan con una sonrisa de triunfador y ella roja como su cabello. -Mañana tenemos que madrugar, Jean.
-Sí -balbuceó Jean. -Buenas noches a todos.
Y salió de la habitación seguida de Scott. Logan rió. Sabía que bajo los cristales color rubí Cíclope le había echado una mirada mortal.
-¿A alguien le apetece una partida de poker? -dijo volviéndose al resto. Ahora estaba más animado.
Al final fue una noche divertida. Todos, incluido Forja, se habían animado a la partida y entre apuesta y apuesta se intercalaron anécdotas, recuerdos y bromas. Logan había enseñado a Júbilo a jugar, e incluso le había dado a beber media cerveza. Finalmente se quedó dormida en el sofá y Kurt la tuvo que teletransportar a su cuarto.
Un par de horas después de que todos se hubiesen retirado Logan se dirigía a la cocina cuando al pasar ante la puerta del salón vio el árbol iluminado. Estaba seguro de que Hank lo había apagado al salir. Silenciosamente se adentró en la oscuridad sin ver a nadie, pero pudo reconocer un olor.
-¿No puedes dormir? -le llegó una voz desde detrás del sofá. Logan se asomó y vio a Ororo sentada en el suelo observando el árbol. Llevaba el pelo recogido en un moño y un camisón amarillo.
-Sólo bajaba a beber algo -contestó sentándose a su lado. -¿Y tú?
-Me gusta ver las luces -contestó rodeándose las piernas con los brazos. -Me recuerda a las primeras Navidades que pasamos aquí y lo que me sorprendió ver el árbol adornado e iluminado.
-Lo recuerdo -sonrió Logan. -Desde ese año el árbol es de plástico y no natural.
Ororo también rió.
Pasaron unos minutos en silencio observando las luces cambiantes hasta que Ororo preguntó.
-¿Cómo es que has venido? No te gustan estas fiestas.
Logan se sorprendió ante esta simple cuestión.
Era verdad que estas fiestas para él no significaban nada, y con el paso del tiempo había empezado a aborrecer todo lo que conllevaba: gente en todos lados, compras compulsivas, reuniones de gente que no se traga el resto del año, la obligación de ser feliz... y el lado religioso le atraía menos aún. Incluso el primer año que pasó en la mansión, las navidades de las que acababan de hablar, las recordaba con disgusto. En cuanto pudo cogió uno de los coches de Charles y huyó a pasar la noche en algún bar de mala muerte en el que olvidar el día que era. Desde entonces siempre las pasaba viajando por Canadá en su caravana.
Pero lo que realmente le sorprendió era que parecía que ella era la única que se había preocupado del por qué de su cambio de rutina ante esa fecha. Sí, los demás podrían haberse alegrado o no de verle ahí, pero únicamente Ororo se había preguntado el motivo.
-Júbilo -contestó. -Creí que la alegraría que pasase esta noche con ella.
-Pues has hecho un buen trabajo entonces -sonrió. -Puedes darte por satisfecho.
-Soy el mejor en lo que hago,¿recuerdas?
Ambos rieron y se acomodaron un poco más cerca el uno del otro. Ella apoyó la cabeza en su hombro y él la rodeó con el brazo. Había tanta confianza, tantos años de amistad y respeto que no necesitaron más que estar el uno junto al otro en un cómodo silencio.
-En una hora va a amanecer -suspiró Ororo levantándose y acercándose a apagar las luces del árbol. Todo quedó en penumbras, pero Logan no se preocupó. Sabía que ella podía ver en la oscuridad casi tan bien como él.
Se levantó a su vez y la siguió hasta la puerta, entonces sonrió divertido para él.
-Ro, cariño.
-¿Sí? -preguntó ella volviéndose ligeramente. Entonces Logan la agarró de la muñeca y la volteó haciéndola caer en sus brazos. Velozmente la agarró con un brazo de la cintura y colocando la otra mano en su nuca la atrajo hacia él hasta que sus labios se encontraron. Fue un beso dulce y suave, con un ligero sabor a vino. Y antes de llegar a nada más se separaron.
-Feliz Navidad, Ro -sonrió Logan soltándola de su agarre.
-Feliz Navidad Logan -contestó ella sonriendo a su vez y mirando hacia arriba. -¡Y ya hablaré mañana yo con el elfo de su idea del muérdago!
