Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Bue, aquí la segunda parte, sé que dije que eran dos capítulos, pero no, no llego, hice 14 páginas sin parar, y quedé demasiado sensible... mejor juzguen ustedes, pasado mañana les traigo el final. Por ahora todo va bastante bien, así que no se preocupen, ya del tercero no me hago responsable. Bueno, me dicen que les parece con un review? Muchas gracias!

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime

Advertencias: Angs, feels, dolor, incertidumbre, etc. Probablemente dilemas morales. Están avisados.

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"Dos mil hombre condenaron a muerte a vuestro amigo Moosbrugger,

porque ellos no lo van a ejecutar con sus propias manos".

Robert Musil

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Levi revolvía su tacita de café algo aburrido. Finalmente lo vio aparecer por la puerta, tenía cara de cansado. Dejó su saco y su maletín a un costado, luego tomó asiento soltando un suspiro hondo y refregándose la nuca.

—Hola –habló al fin el de cabellos castaños-. Estoy tan cansado que podría morir. Bueno dime eso de lo que querías hablar tan urgente, solo te pido que seas breve, tengo que pasar por la tintorería a retirar el uniforme de Reiner, porque mañana tiene un maldito acto en la policía o algo así.

Levi buscó las palabras adecuadas pero no podía ponerlas en orden. Eren levantó las cejas como indicando que estaba a la espera. Ante la falta de respuesta de Levi levantó la mano y llamó al mozo para pedirle una malteada de frutillas. ¿Una malteada? Eren era demasiado infantil a veces.

El omega suspiró y abrió su pequeña mochila para pasarle los test, todos en una bolsita ziploc, de esas que tienen cierre hermético.

—¿Qué es esto?

—Test de embarazos, tarado –dijo Levi sintiendo que le subía la bilis por la garganta. Eren los miró despreocupado.

—¿De quién son? Positivo… –dijo mientras los miraba desde varios ángulos. Levi lo miró desconcertado, ¿era posible que fuera tan, pero tan idiota? Luego el de ojos verdes abrió grande sus ojos- ¿Son de Mikasa? –dijo alarmado. El omega rodó los ojos- Porque si son de Mikasa, iré y moleré a golpes a Jean, ese maldito cara de caballo.

—No son de Mikasa, imbécil, ¿por qué mierda yo debería tener test de embarazos de ella, ah?

—Bueno no tengo una bola de cristal, ¿de quién carajo son?

Levi abrió la boca y luego chocó su palma contra su frente. Suspiró hondo, ¿de verdad estaba esperando un hijo de ese cerebro de maní?

—Son míos, estúpido –habló casi entre dientes.

Eren abrió grande los ojos y alternó su verdosa mirada entre los test y Levi.

—Jo-joder… -soltó bajito mientras se llevaba la mano a la boca, luego sonrió como si se hubiera sacado la lotería, y le habló- ¡Felicidades!

—¿Qué?

El mozo llegó y le dejó la malteada sobre la mesa, Eren parecía muy contento. Mientras abría el envoltorio del *sorbete (*popote, pajita), continuó su repertorio.

—Oh, Erwin se pondrá tan feliz, ya sé que no te gustan los bebés, pero bueno, tú querías cumplirle ese sueño, ¿no?

Levi le quitó la malteada a Eren y le dio un sorbo enorme.

—Ey, ¿por qué no te pides la tuya? –lo regañó el beta.

—Escucha, maldito bastardo, imbécil, cerebro de esponja, ¿acaso no te dije que Erwin es estéril? De todos, eres el único que lo sabe, ¿o ya lo olvidaste? Y que no funciona ni con inseminación artificial, ¿te recuerdo lo depresivo que estuvo hace un par de meses?

Eren hizo una mueca de fastidio, miró de nuevo los test y suspiró. Pero parecía que aún *no le llegaba el agua al tanque (*que no se da cuenta, que es lento). Levi siguió tomando de la malteada, pensando en los malditos antojos de frutillas en pleno invierno.

En cierto momento, luego de más de diez minutos en silencio, al fin sus neuronas hicieron conexión. Entonces Eren se sentó más erguido y su semblante se puso serio, muy serio.

—¿Qué me estás tratando de decir?

—No lo sé, ¿tú qué crees, Eren?

El hombre lo miró y abrió grande sus ojos. Luego se relajó de nuevo y echó una carcajada mientras Levi ya no sabía qué pensar.

—Oh, Dios, por un momento me la creí, ¿me estás gastando una broma? Porqué si es así, eres un gran hijo de puta. Joder.

—¿Por qué carajos te haría una broma con esto? –Habló el omega al borde de un ataque de nervios-. Claro, fui a buscar orina de una embarazada para hacerte el chiste, ¿qué sucede contigo, idiota?

Eren se quedó en silencio unos momentos, luego largó una risita nerviosa.

—Qué absurdo, ¿me quieres decir que estás embarazado y qué no es de Erwin? –la seriedad en la cara de Levi fue la respuesta y Eren dejó de reír por completo-. Mierda. ¿Y quién es el padre?

—No lo sé, déjame ver con cuántos me acosté aparte de Erwin… mmm, veamos… -Eren se puso serio de nuevo, obviamente Levi estaba siendo sarcástico-. Oh, sí, uno solo, tú.

Eren se quedó en blanco por varios minutos, frunció el ceño, mientras Levi se controlaba para no partirle el enorme vaso de la malteada en la cabeza. Decidió terminárselo, estaba delicioso.

—Oh… wow… es-espera, espera un momento, no, no es posible, no, soy un beta.

—Ajá.

—Un beta no puede preñar a un omega.

—¿Qué clase de biología te enseñaron, cabrón? Tienes un pene y yo tengo una matriz, acabaste dentro mío y tu esperma fertilizó mi óvulo, ¿ya está claro o necesitas que te haga un video?

—No, no, espera, no, eso… ¿estabas ovulando? ¿Por qué no me avisaste?

—No usamos protección, tarado, ¿qué crees que pasa si tienes relaciones sin protección?

—Pe-pero tú no me dijiste nada, yo pensé que te cuidabas con algo, no lo sé, las pastillas esas, ¿cómo mierda se llaman? ¿Supresores?

—Los supresores disminuyen las posibilidades de que se desarrolle el celo, es verdad, pero yo no necesitaba tomarlos con Erwin. Ya incluso los había olvidado.

—¿Qué? ¿Por qué no me lo dijiste, Levi? Eres un irresponsable –acotó cruzándose de brazos.

—¿Qué estás insinuando? ¿Qué yo quería quedar embarazado de ti? ¿Qué mierda estás hablando, cabrón?, ¡te voy a sacar todos los dientes! –dijo cerrando los puños y sintiendo unas enormes ganas de moler a golpes a ese beta de pacotilla.

—Si me hubieras dicho que me cuidara lo hubiera hecho, yo no sabía que estabas fértil.

—Pues yo tampoco, idiota. Llevo tanto tiempo sin usar protección que no me di cuenta, pero tú también podrías haber pensado en eso ¿no?

—No es mi culpa –habló tajante Eren, ya empezando a enojarse también-, si me decías que usara protección lo hubiera hecho, tú no dijiste nada.

—Soy un maldito omega, tengo matriz, y tú lo sabías, ¿no se te ocurrió que esto podía pasar?

—A ti tampoco se te ocurrió.

—Pues no, por eso estamos aquí, y ahora tenemos un enorme y grave problema por si no te diste cuenta.

—¿Tenemos? ¿Te-ne-mos? –repitió Eren mirándolo molesto, Levi abrió sus ojos-. No, yo no tengo ningún maldito problema, el problema lo tienes tú, y no voy a hacerme cargo de algo que yo nunca quise que pasara, porque si al menos hubiera sabido que podía terminar así lo hubiera evitado.

—¿Me estás hablando en serio, Eren? ¿Me dejarás solo con esto? También es tu responsabilidad.

—¿Resp-responsabilidad? –tartamudeó el otro-. Diablos, no, Levi. ¿Además cómo sé que me dices la verdad? Podrías haberte acostado con otro y me ahora me estás endilgando el problema a mí. Yo nunca escuché de un beta que embarace a un omega.

—Porque los betas no formalizan con omegas, imbécil, se supone que los omegas pertenecen a un alpha. Pero eso no quiere decir que esto no pueda suceder. Realmente, no puedo creer que pienses que te miento. No pensé que fueras así, me conoces, Eren.

—Yo no puedo hacerme cargo de esto, no quiero. Es tu culpa porque no haberme advertido, así que no cuentes conmigo. Yo no quiero saber nada con esto, es un jodido error.

—Sí, sí que lo es –Levi se puso de pie y tomó su mochila para irse del lugar.

—¡Ey, es-espera! Joder, ¿dónde vas? –Eren sacó un billete y lo dejó rápidamente sobre la mesa para salir por detrás del omega, lo alcanzó cuando ya estaba subiéndose a su auto-. Espera, te dije –habló tomándole del brazo, Levi lo miró con bronca-. ¿No dirás que yo soy el padre, cierto? Esto destruiría mi vida, Levi.

El omega se zafó de su agarre y lo miró profundamente dolido.

—No diré nada, en realidad me avergüenza que un idiota como tú me haya preñado. Estoy tan decepcionado, Eren. No te estaba pidiendo que te casaras conmigo, ni que huyéramos a formar una familia, sólo esperaba que lo comprendieras, eso es todo. Pero es bueno saber de entrada lo que piensas de verdad. No te preocupes, ve a seguir con tu jodida vida feliz, no te necesito.

Subió a su auto y se fue. Eren se quedó pasmado, en shock, aún no podía asimilar lo que estaba sucediendo. Tenía la bolsa con los test dentro del gabán. Suspiró largo y tendido y se fue a la tintorería.

—0—

—¿Levi? ¡Qué sorpresa! Nunca vienes a visitarme –dijo su madre dándole un beso en la frente y dejándolo pasar-. ¿Quieres un té negro?

Al omega se le revolvieron las tripas de solo pensar en el aroma del té.

—No, gracias. Necesito hablar contigo.

—Pasa, vamos a la cocina. Debe ser algo realmente grave, ¿eh? No has pisado esta casa desde hace dos años.

—Lo siento –dijo el omega visiblemente deprimido.

—¿Peleaste con Erwin?

—No.

La mujer puso el agua a hervir y se giró para mirarlo, Levi se apoyó en el marco de la puerta. Odiaba ese lugar, le traía muy tristes recuerdos.

—Dime qué te sucede.

—Es… estoy embarazado.

La mujer abrió los ojos y contuvo un hondo suspiro. Lo pensó un poco antes de hablar.

—Y no es de Erwin. Bueno, eso es obvio, él no puede.

—¿Estuviste husmeando, verdad? No puedes con tu genio.

—Pues si mi hijo no quiere hablar conmigo busco la manera de saber que estás bien.

—Podrías haber llamado.

—Tú también. Ven, toma asiento, ¿manzanilla? –Levi asintió. La mujer se tomó su tiempo para servir las tazas y endulzarlas a su gusto-. Bueno, vas a tener que contárselo, Levi.

—Si se lo cuento lo perderé… yo… lo amo.

—No te engañes, uno no traiciona a los que ama.

—No tienes facultad moral para sermonearme sobre eso –devolvió el omega con molestia.

—Siempre te enojas cuando te digo la verdad.

—Está jodidamente dulce…

—Lo siento, me gusta que sea muy dulce. Ahora… ¿qué piensas hacer?

—No lo quiero… no quiero tenerlo.

La mujer lo miró detenidamente, suspiró hondo, su hijo tenía ahora su misma y triste mirada.

—¿Tú estás consciente de lo que estás diciendo? –Levi se perdió en el líquido de su taza, tragando duro. Su madre se puso de pie y se fue a su cuarto, luego volvió con una tarjeta y se la deslizó-. Siempre supe que eras diferente, a veces creo que la naturaleza se equivoca, pero más nos equivocamos nosotros cuando hacemos lo incorrecto. No voy a darte un consejo que no quieres escuchar, así que lo único que voy a decirte es que lo pienses, no tomes decisiones apresuradas. Y sé que éste sería el último lugar del mundo al que recurrirías, de manera que… pase lo que pase, hay un cuarto vacío al final del pasillo.

Levi levantó la mirada, se sentía tan miserable.

—Gracias… - dijo muy suave, casi como un murmullo. La mujer acarició su cabeza.

—Lo siento, Levi, me hubiera gustado que fuera diferente… al menos para ti.

—0—

—Amor, ¿estás bien? –dijo Erwin besando su frente y acariciando su mejilla-. Te noto algo decaído.

—Estoy bien.

—Me preocupan tus problemas estomacales, ¿por qué no vas a ver al doctor Pixis, eh?

—Si, ya iré.

—Me voy a trabajar, cualquier cosa que necesites me llamas, ¿ok?

Levi asintió y le sonrió hasta que salió de la casa. Entonces suspiró hondo y golpeó su cabeza contra la mesa. Luego se puso de pie y prendió su notebook mientras se mordisqueaba el pulgar.

Abrió una ventana de navegación y puso en el buscador: "remedios caseros para abortar". Incluso al darle click se sintió incómodo. Se pasó más de dos horas buscando y leyendo cosas. Finalmente se vistió para salir y tomó las llaves de su auto.

Se fue a un vivero en las afueras de la ciudad y compró dos plantitas, una de ruda y una de perejil. Todo el camino de vuelta se revolvió en el asiento incómodo. Una vez en casa puso el agua a hervir. Miró las plantas con culpabilidad. Pero finalmente cortó una buena rama de la ruda y la puso en el agua hirviendo. En otro cuenco hizo lo mismo con el perejil.

Fue a limpiar un buen rato, cuando volvió ambas aguas tenían un leve color a verde y olían asquerosamente. Casi que vomita ahí mismo. Coló los brebajes y los puso en diferentes botellas, luego se sirvió una taza abundante del de ruda y tapándose la nariz se la tragó. Llenó la bañera de agua lo más caliente que podía aguantar y se desnudó para meterse y permanecer ahí.

No quería pensar, repasaba mentalmente formas de sacar las manchas de la ropa. Tembló un poco al darse cuenta que el agua ya estaba tibia.

Durante tres días tomó los brebajes alternándolos. Lo único que logró fue una descompostura de estómago muy fuerte y una diarrea profusa.

Esa tarde estuvo frente a la tarjeta por dos horas, con el inalámbrico a un costado. Debatiéndose y debatiéndose, hasta que sonó el timbre. Saltó en su asiento y fue a atender. Apenas vio el conocido rostro quiso cerrar la puerta de inmediato.

—¡Espera, espera! ¡Ouch! –dijo Eren al meter la mano y ser prácticamente triturada por Levi que empujaba para de adentro para cerrarla-. ¡Joder, ay, ay, ay! –metió el pie y finalmente se metió a la fuerza.

—¡Fuera, fuera de aquí hijo de perra! ¡Te odio! ¡Vete, que te vayas! –Levi gritaba desaforado, mientras se le iba encima, al final alcanzó a darle dos trompadas, pero Eren lo agarró del cuello y lo estrelló contra el piso. El omega comenzó a toser ahogado.

—¡Joder, carajo! ¡Cálmate! ¡No me iré hasta que hablemos!

Eren se levantó tambaleándose y cerró la puerta, tenía los dedos de la mano derecha molidos y le dolían mucho. Se acercó para ayudar a Levi que le corrió la extremidad de un manotazo.

—Mierda, que humor que portas.

Levi lo miró colérico, la vena de su cuello y frente se perfilaban notablemente.

—Tranquilo, por favor –dijo Eren temblando con una mano en alto-, quiero que hablemos.

—No hay nada de qué hablar, no quiero verte nunca más, imbécil, bastardo, idiota.

—Está bien, está bien, merezco tu enojo, pero me agarraste desprevenido Levi. Lo estuve pensando, ¿ok? Solo escúchame un momento y me iré.

Eren levantó su maletín que había quedado desparramado y su saco. Abrió el mismo y sacó un frasco de frutillas en almíbar. Levi se acercó y se lo sacó de las manos para irse a la mesa después de agarrar una cuchara.

El beta se sentó con cautela al frente. Levi miró su mano que se estaba poniendo algo violeta. De igual modo lo miró con rabia mientras comía.

—Si fueras a una panadería, ¿qué pedirías?

—¿Qué?

—Sólo contéstame, si fueras ahora mismo a la panadería, ¿qué pedirías?

Levi pensó un poco mientras se llevaba otra cucharada a la boca, el cuello lo tenía rojo con las marcas de la mano de Eren.

—Cup cakes, cup cakes de velvet rojo y pasta de maní.

Eren bufó. Abrió de nuevo su maletín y sacó una bolsita de papel madera y se la ventó a Levi que la agarró en el aire, la abrió y efectivamente, algo aplastados, había dos de esas masitas. Levantó la vista sin entender.

—Estuve mareado en el trabajo… toda la semana.

—¿Estás enfermo?

—No… es mío… el bebé es mío… Estoy sintiendo todo.

Levi lo miró asombrado. Luego frunció el ceño.

—¿Y necesitaste dos jodidas semanas para darte cuenta? Como sea, no le dije nada a Erwin aún, no le diré que eres tú, así que si vienes aquí a suplicar por tu culo, no hace falta, yo me haré cargo de todo.

—¿Qué significa que te harás cargo de todo?

Levi agachó la cabeza. Ni tú ni yo queremos esto, fue… un e-error, así que me haré cargo.

—¿Lo vas a tener tú solo? –preguntó Eren alarmado. Levi negó. El beta se quedó en silencio sin entender. Levi se llevó otra cucharada a la boca y se puso de pie para traer la tarjeta y dársela.

"Dr. Moblit Cannes – Obstetra". Eren se quedó mirando la tarjeta sin entender.

—¿Irás a verlo? –Levi asintió-. ¿Cuándo le dirás a Erwin?

—¿Cuándo? ¿De qué hablas? Nunca se lo diré.

—Bueno pero tragas como ballena, tu barriga crecerá, ¿qué le dirás?

—Tu realmente eres lento, pero lento con L mayúscula –el omega suspiró cansado-. Ese médico… bueno él… se encarga de… "los errores"… no me hagas decirlo.

Eren abrió grande sus ojos, y luego se sintió algo triste, por lo que no dijo nada.

—Dicen que es… discreto… nadie tiene porqué enterarse. Todo volverá a la normalidad. Espera aquí, buscaré una venda para tu mano.

Mientras Levi le vendaba la mano, Eren lo miraba atentamente.

—¿Qué pasa ahora? ¿Tengo un moco o en la cara o qué?

—¿No es peligroso?

Levi se encogió de hombros. Eren le agarró las manos y lo miró sorprendido.

—Escucha, estaba asustado, yo… yo… -a Eren se le llenaron los ojos de lágrimas y Levi rodó los ojos-, lo siento, por favor, per-perdóname… -Apoyó su cabeza en el hombro del omega que suspiró.

—Eres un imbécil… y yo también –dijo Levi con voz taciturna.

—Escucha, yo iré contigo a verlo, ¿sí? Somos amigos, ¿no? No quiero que estés solo en esto.

—¿Ya te carcome la culpa, bastardo? Te lo mereces –Levi se puso de pie y se fue a seguir comiendo del frasco-. Si quieres ayudarme, aquí tienes, llama tú y pide una cita –agregó mientras le alcanzaba el inalámbrico.

—0—

—¿Señor Jaeger? –dijo la asistente en la pequeña sala de espera.

—¿Diste tu apellido? –preguntó Levi poniéndose de pie.

—Pensé que sería mejor para que no se supiera tu identidad, eres un omega después de todo.

—Como sea.

Ingresaron en el despacho del doctor, parecía algo joven. Tenía cara de vendedor de compras televisivas.

—Hola, buenas tardes, ¿cómo están? –dijo saludando con amabilidad-. Bien ustedes dirán.

—Bueno, mire, resulta ser que estoy embarazado –comenzó Levi.

—¿Usted es el padre? –preguntó el doctor mirando a Eren.

—S-sí.

—¿Entonces?

—Verá… nosotros no… -Levi bajó la mirada tratando de ponerlo en palabras simples-. No estamos preparados para esto y… me dijeron…

—Ajá, ya veo. Bueno, veamos –dijo tomando su calendario-. ¿Cuándo fue tú último celo?

—El 20 de Agosto.

—Ajá, ¿y la última vez que tuvieron relaciones sexuales?

Demoraron un poco en responder, pero al final fue Eren.

—El 18 de Septiembre.

—Ajá, ya veo, es probable que estés de unos, casi dos meses de gestación. ¿Te hiciste análisis de sangre? –el omega negó-. ¿Test de embarazos?

—Tres, todos positivos.

—Bueno, hay que asegurarse, quítate la ropa, vamos a hacer una ecografía, ven que te daré una bata.

Levi lo siguió, ni siquiera había un vestidor, Eren se giró al igual que el médico.

—¿Esto es seguro, verdad? –preguntó Eren muy serio.

—Desde luego, tomamos todos los recaudos, es muy raro que se presenten problemas. ¡Pero qué caras portan muchachos!, no deben preocuparse, la sociedad nos cría haciéndonos pensar que estamos ante un ser humano, pero lo cierto es que es simplemente un feto. Tiene vida, si, como cualquier célula de nuestro cuerpo. El cáncer por ejemplo, es un cúmulo de células vivas –explicaba el médico con voz de científico-, sin embargo se extirpan, se combaten y nadie dice que eso sea un asesinato. Con un huevo cigoto es exactamente lo mismo, me atrevería a decir que hasta los 4 meses de gestación no es más que una masa de carne que va tomando forma. Así que no deben sentirse mal por tomar esta decisión. ¿Cuántos niños vemos que son golpeados, que viven en la calle, que tienen una vida miserable? Me parece más valiente aquella pareja que dice: "No podemos criar un hijo", que aquellos que se obligan y tienen una vida llena de infelicidad. ¿Ya estás listo? ¿Cómo te llamas?

—Levi, sí, estoy listo –el omega estaba avergonzado, esa fina tela apenas lo cubría y era abierta por detrás.

—Ven, Levi, vas a tener que subirte a esta camilla.

Levi necesitó ayuda de Eren por su estatura, pero al fin se subió a la camilla y puso sus piernas en los estribos que las mantenían abiertas.

El doctor se sentó a un costado y manipuló el aparato, la imagen se duplicaba en un televisor de led frente a ellos. Sacó una especie de tubo blanco largo con luz azul que iba conectado por cable al aparato, abrió un preservativo y se lo colocó encima para luego ponerse unos guantes de látex y embadurnarlo con lubricante transparente.

—Bien, voy a explicarte, esta es una ecografía transrectal, ingresará a tu cuerpo y con la cámara veremos por dentro, tu matriz, tu útero y finalmente el feto. Se sentirá un poco frío e incómodo, pero mira no es más grueso que un dedo, así que podrás soportarlo, ¿bien?

Levi asintió. Eren estaba a un costado, apoyando su mano en su hombro y ambos mirando al televisor.

El doctor comenzó a silbar bajito y manipuló el objeto entre las piernas de Levi, que se crispó un poco ante la intromisión, efectivamente era fría y algo molesta.

—Bien, esto es el cuello uterino, está perfecto, ahora éste es tu útero y más al fondo, exacto, ahí está tú matriz.

—No se ve una mierda –dijo Eren achinando los ojos y Levi lo codeó.

—Ja, ja, ja, está bien, es para ojos expertos, pero les explicaré, esto –decía el médico comprensivamente-, es el útero, y aquí, está, ¿lo ven? Esa cosa redondita, ese es el feto, ahora denme unos minutos, lo mediré –el médico estuvo un buen rato sacando tomas y midiendo los lados, el líquido amniótico y otras cosas.

—Es como un poroto –dijo Eren.

—Pues sí, es como eso.

Apretó una tecla y se escuchó un repiqueteo, luego volvió a apagarlo.

—¿Qué fue eso? –preguntó Levi que no había dicho nada hasta el momento.

—Oh, eso… el corazón… bien.

—¿Los fetos tienen corazón? –preguntó Eren curioso.

—Bueno, sí, necesitan algo que les bombee la sangre, es parte del crecimiento. Bueno, todo está en perfectas condiciones –el médico retiró el aparato y Levi se sentó-. Vístete por favor, y vamos a mi escritorio, yo iré imprimiendo esto.

Una vez listos escucharon al galeno.

—Bueno, tienes una gestación de dos meses Levi, yo hago estas intervenciones hasta los tres, así que estamos en el momento justo. Te explicaré, tomarás antibióticos durante una semana para que tus defensas estén fuertes, te harás exámenes de sangre, orina y hormonas. Luego, fijamos un día para la intervención. La noche anterior tomarás una pastilla que hará que dilates y que tengas contracciones, no te voy a mentir puede ser un poco doloroso. Tal vez sangres, pero muy poco. Luego vas a venir a primera hora a una dirección que te daré, allí llevaremos a cabo la intervención, es un legrado, ni más ni menos, en palabras simples es como un barrido de tu útero. Luego seguirás con los antibióticos una semana más, tu celo volverá en un mes y listo. Podrán continuar con sus vidas sin mayores problemas. ¿Alguna duda?

—¿Cuánto dura la intervención?

—Normalmente de dos a tres horas, es un procedimiento rutinario. No tienes que tener miedo de nada, todo está completamente bajo control y yo personalmente me encargo de todo.

—¿Cuánto sale? –preguntó Eren.

—Bueno, son tres mil doláres –el beta abrió grande sus ojos-. Entiendan una cosa –dijo el doctor ya sin reírse-, lamentablemente en este país de mentes cerradas, este es un procedimiento ilegal, tomar todos los recaudos necesarios es costoso, conseguir la medicina, que también es de entrada ilegal, tiene un precio alto. Creo que el que ustedes mantengan una vida de tranquila, no tiene precio, ¿o sí? Necesito un depósito de mil dólares y podremos comenzar con todo. Entiendo si necesitan tiempo para pensarlo.

Eren miró a Levi que estaba vez tenía gacha la cabeza.

—Está bien, inicie los trámites, mañana le traeré el depósito –dijo el omega.

—De acuerdo. Levi, escúchame –el de cabello negro lo miró-. Eres dueño de tu cuerpo, es solo una célula que está creciendo, deja de lado todos aquellos preceptos que te enseñan como omega, al fin y al cabo a la sociedad le conviene que ustedes crean que solo nacieron para tener hijos. No hay nada de lo que te debas sentir culpable, ¿bien?

Levi asintió, se estrecharon las manos y se retiraron.

—¿Quieres que yo maneje? –preguntó Eren, el otro le pasó las llaves y en silencio se fueron a su casa. Se sentaron un momento en el sofá-. ¿Quieres que me vaya?

—Si debes hacerlo, hazlo –dijo el omega sacando un cigarro, pero antes de prenderlo el mismo tembló en sus dedos. Lo había olvidado, desde que se había enterado había dejado de fumar, ¿pero no era una ironía acaso?

—¿Quieres hablarlo?

—No hay nada qué decir, Eren. Debemos hacer esto, ni tu ni yo podemos criar un hijo por nuestros medios… tenemos una vida… feliz… ¿no? ¿Eren?

El castaño se estaba limpiando unas lágrimas.

—Lo siento, no me hagas caso, es sólo que… entiendo que esto es lo mejor pero… me duele… no sé por qué… no lo sé…

—Ya, no seas un marica, tal vez mi estado te pone sensible.

—Es una tontería, pero… ayer… en el noticiero… hablaba un matrimonio de betas… que no podían tener hijos, y ellos… ahora pudieron… lo llamaban un milagro, ja, ja –Eren sonreía entre las lágrimas-. Un maldito milagro… que nosotros estamos rechazando.

—Eren…

—Ya, no me hagas caso. Está bien, uuf, está bien –dijo suspirando y limpiando las últimas mientras se ponía de pie-. Debo volver, escucha, escríbeme o llámame, estaré atento.

—0—

Levi fue al otro día para darle el dinero al médico, quien le dio las recetas de los antibióticos.

Fue un infierno tomarlos sin que Erwin se diera cuenta.

—Estás tan hermoso hoy… -le dijo el rubio melosamente mientras llenaba de besos su cuello, cuando lo besó Levi sintió ganas de devolver, salió corriendo, casi que no llega al baño.

—En-entiendo, sólo c-cálmate –dijo hablándole a su vientre, mientras volvía a vomitar con fuerza.

—¿Levi? ¿Estás bien?

—N-no… la cena… uughh…

Erwin suspiró, estaba realmente preocupado por su omega, ¿qué le estaba pasando?

—0—

Eren estaba como siempre en una esquina del sillón y Levi en la otra. Desde la tarde estaba en ayunas, esa noche debía tomar la pastilla. Entonces al otro día sería la intervención. Estaban en el departamento de Eren y Reiner que se había ido a pescar con sus compañeros del destacamento.

Levi miró el reloj de la pared, doce y media. Luego miró la pastilla en la mesita al lado del sofá.

—Eren… ya es hora, me traes un vaso con agua.

—Sí…

El de ojos verdes fue a la cocina, las manos le temblaban un poco, ¿qué tal si Levi se descompensaba o peor, moría en el quirófano? Sacudió la cabeza y volvió. Se sentó al lado de Levi y levantó su mano con el vaso. El omega lo agarró pero Eren no lo soltó, el vaso se movía por los nervios del beta.

—Eren…

—¿Estás seguro? –dijo mirándolo con los ojos ya húmedos de nuevo-. ¿Y si te pasa algo?

—Nada pasará… ¿vendrás conmigo, verdad?

—Sí, estaré a tu lado, no me moveré de allí.

Al fin Eren soltó el vaso. Levi bebió un sorbo pero no tomó la pastilla, lo dejó sobre la mesa y cerró sus ojos llevándose sus manos al rostro. El beta lo abrazó y Levi le correspondió el abrazo, sintiendo que se le partía el corazón.

—Si no lo hacemos… vamos a perderlos… vamos a perderlos, Eren y lo sabes…

—Lo sé… si no lo hacemos… yo no podré mantenerte, nuestro hijo será condenado adonde vaya por ser su padre un beta… será una ida miserable…

—Se terminará todo… Eren… tenemos que hacerlo.

Levi se soltó, con los ojos algo rojos, pero obligándose a no derramar ni una sola lágrima.

—Fue nuestra culpa, tenemos que… fue nuestra culpa…

Tomó la pastilla y la sacó de su empaque, mientras se la llevaba a la boca, Eren lo tomó de la muñeca. Comenzó a llorar amargamente.

—Antes… antes de que lo hagas… quiero decirte que… fui un idiota, que fuimos unos irresponsables, pero que… no quiero que muera… realmente yo… no quiero que lo maten…

Levi lo miró petrificado, mientras el otro ponía una mano en su vientre.

—Si yo te digo que…

—Eren…

—Si te digo que me haré cargo, no puedo darte la vida que te da Erwin, es verdad, pero…

—Eren…

—Haré lo que sea, escucha, incluso, si lo tienes y no lo quieres, déjamelo, por favor… lo criaré, como pueda, yo…

—¡Eren! ¡Ya basta! Lo odiarás, ¿no entiendes? Es un error, cada vez que lo miremos, cada vez que nos vea, nos recordará esto, ellos se irán de nuestro lado… ¿puedes vivir con eso?

El beta se sentó y lo soltó, y luego asintió.

—Lo siento… lo siento…

Levi llevó de nuevo la pastilla a su boca, y entonces sintió arcadas. No era su imaginación, ese corazón latiendo, allá en lo profundo, lo sabía, sabía que no lo querían allí, y a pesar de todo, de la ruda, el perejil, los baños de agua casi hirviendo, la intervención que estaba próxima… a pesar de todo, seguía luchando, solo, luchando por vivir, seguía enviándole señales, "estoy aquí, estoy aquí".

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By Luna de Acero… triste...