PRIMEROS CASOS DE POIROT

El Caso de la Muerte del Político

Londres, Inglaterra, Julio 8 de 1876.*

En mi afán por tratar de registrar los casos resueltos por mi amiga Reindert Poirot y tratando de dar, como ella tanto pide, "Orden y Método" a los hechos, seguiré ahora con el relato de su segundo caso resuelto en territorio inglés. Luego de su exitosa resolución del caso de la muerte del Dr. Kendirk, la popularidad de mi amiga creció considerablemente; en solo unos días comenzaron a llegar a nuestro domicilio en el Barrio de St. James bastantes sobres con peticiones personales para que Poirot atendiera algunos casos, además por la mañana y por la tarde había considerables visitas de personas que solicitaban que ella se ocupara de sus problemas y también muchos reporteros y fotógrafos en busca de mi amiga a los cuales había que rechazar siempre y que eran los más molestos. Tanto había cambiado nuestra vida tranquila que hubo necesidad de implementar en la casa un pequeño despacho en la habitación que daba hacia la calle, la del ventanal amplio, donde antes era el estudio.

George, el mayordomo de Poirot se ocupó de ello y rápidamente estuvo listo el despacho. Yo misma recibía y clasificaba las cartas que llegaban o atendía a las personas que acudían a solicitar los servicios de mi amiga pero sorprendentemente y a pesar de que según Rei su objetivo al ir a Londres era crearse una fama y un nombre como detective privado, ella ignoraba campantemente cuanta solicitud llegaba y seguía haciendo su vida como si nada en ella hubiese variado.

Se levantaba invariablemente a las 6:30 de la mañana, entrenaba esgrima con George hasta las 7:30, tomaba su baño y su rutina de belleza y arreglo personal hasta las 8:30 hora en que, vistiendo impecable y elegantemente como era su costumbre, salía de sus habitaciones para el desayuno. Terminando este repartía su tiempo entre lecturas de libros o diarios (los que a veces la veía recortando), salidas a la calle o visitas a algunas personas que eran sus amigos a las cuales a veces yo la acompañaba y otras prefería quedarme en casa. En ocasiones las amistades de Poirot me abrumaban. No tenía idea de cómo una chica de 22 años podía conocer a tantos diplomáticos, nobles y gente famosa con los que por lo general me sentía cohibida. Siempre veía con admiración como Rei se desenvolvía entre esas personas como pez en el agua. La única vez que agradecí haber acompañado a Poirot a sus compromisos sociales fue cuando fuimos invitadas a comer a casa de Mr. Arthemius Hardwicke, actual comisionado y jefe de Scotland Yard. Él y su esposa Mrs. Cerridwen Hardwicke parecían conocer a Poirot desde pequeña y el policía dijo haber sido compañero y amigo del padre de Rei, quien era detective en "La Force" belga y por lo que pude escuchar ya había muerto. El comisionado y su esposa nos recibieron con amabilidad y cariño y me gustó la sinceridad con la que el matrimonio le hablaba a mi amiga exhortándola a tener cuidado en el logro de sus propósitos de fama tanto por el peligro que encierra la profesión de detective como por ser una mujer joven y sola en la gran ciudad. Gente amable con la que me sentir en familia.

Fuera de eso mi amiga se ocupaba de hacer compras por la tarde, ir al teatro o a la ópera y frecuentar los mejores lugares de la capital. Esa tarde cuando escuché que Rei había llegado de comprar zapatos me atreví y le insistí en la necesidad de que escuchara todas las peticiones de casos que había acumulado y ordenado en los últimos días.

-¡Por favor, Poirot, tiene que quedarse y atender los pendientes! He contabilizado 28 casos y los he ordenado para que los lea. Se los dejo diario en su habitación y juro que no los ha visto.

-Mina, Ma Chérie, de verdad se está tomando muy en serio eso que le dije el otro día de que somos socias. Usted está aquí en calidad de mi amiga e invitada; no la quiero de secretaria-me replica fastidiada. Yo la tomo del brazo y la jalo hacia el despacho.

-Eso debió haber pensado antes de proponerme que le ayudara. No me gusta estar inactiva y usted sabe que me tomo las cosas muy en serio así que deje de quejarse y venga adentro-las dos entramos al lugar-Siéntese y escúcheme con atención-molesta yo casi la lanzo en la silla frente al escritorio.

Trés Bien! No se enoje, Mon Amie, se arrugará más de prisa-ríe ella-parece Usted una ancianita remilgosa y disciplinada en lugar de una chica joven en lo mejor de la vida. Debería divertirse más y preocuparse menos-me replica Poirot. Yo la ignoro y tomo mi libreta de notas.

-En verdad Poirot no parece que quiera hacerse famosa tanto como presume. De ser así ya tendría muchísimos casos resueltos-la reprendo yo.

-George, traiga aquí los zapatos nuevos que compré. Los tendré que lucir escuchando a Hastings o me dará una tunda como a los niños pequeños-le pide ella al mayordomo que asiente-¡Y traiga algo de chocolate!…-acaba, luego me mira-listo, Hastings, puede comenzar.

-Dado su interés en ser famosa, ordené los casos por importancia. Desde gente de dinero hasta gente común con cosas triviales. Primer caso. Lord Rumsfeld solicita sus servicios para encontrar a la persona que está desfalcando su caja fuerte en su propia casa. Robos constantes de 2,500 libras cada tercer día…

-Muy trivial. Si es casado es la esposa en juego de canasta. Siguiente…-yo la miro y muevo negativamente la cabeza.

-Lady Fellon, pide su ayuda para encontrar un valiosísimo anillo perdido de su familia hace tres generaciones-indico yo.

-Fellon. Fellon. ¿No es esa familia que salió en el diario y que acaba de perder su fortuna en una mala inversión en los muelles? Nada. Solo se quiere hacer publicidad para que alguna casa financiera les preste dinero especulando que tienen una joya valiosa. Mucho honor sería para ellos que Reindert Poirot se ocupara en buscar una vieja joya de familia que casi le apuesto no existe-sigue ella. En ese momento veo a George entrar con una charola de chocolates belgas en una mano y otra caja grande en la otra. Deja las cosas en la mesa y se aleja. ¡Este hombre si que era todo un malabarista!

-Tercero. Sir Peter Lodge desea que se ocupe de descubrir el paradero de su hija menor desaparecida hace dos meses y que…

-Seguramente se fugó con el novio…siguiente…-despreocupada Poirot tomando un chocolate y sacando de la caja dos pares de elegantes zapatos, toma los blancos de un tacón desmedidamente alto los cuales se prueba. Yo me enfado bastante al verla ocuparse más de cosas triviales como lucir sus zapatos nuevos que en atender el caso.

-¡¿Va a decir eso de todos los casos que le proponga?-le reclamo alzando la voz.

-Oui-me responde sonriendo con cinismo-Pero no tiene nada que ver con vos, Ma Chérie. Ya le dije que no atenderé ningún caso trivial y simple sino únicamente casos importantes que me ayuden a lograr mi meta. Casos difíciles que reten mi privilegiada mente y casos espectaculares que proyecten mi natural distinción socialmente-declara y se pone de pie para caminar por el despacho luciendo sus altísimos tacones nuevos.

-¿Entonces le parece que esos casos que he seleccionado no cumplen sus expectativas?-le digo yo.

-No se ofenda, Hastings. Usted no tiene la culpa de eso. Hace un buen trabajo pero yo sabré cual será el caso indicado cuando llegue-me dice mientras se levanta la falda del vestido y modela los zapatos blancos.

-¿Y qué espera, Poirot? ¿Que el caso perfecto para su grandeza llegue solo y llame a la puerta?-me burlo yo un poco.

Précisément Ma Chérie!- me responde ella y justo en ese momento se oye la campanilla inconfundible. Yo la miro incrédula y ella me sonríe. Unos momentos después veo aparecer a George en el despacho.

-Señorita. Lamento interrumpirlas pero ha venido un policía de Scotland Yard con un parte para vos de Mr. Hardwicke-le dice el mayordomo a mi amiga dándole un pequeño papel que ella lee y sonríe. Yo no lo puedo creer…esto parece tan…imposible…¿De verdad había alguien en el mundo con tanta suerte como Reindert Poirot?

-Bien, entérese Mon Amie-me alarga ella el papel el cual yo leo.

"Reindert. Te pido de la manera más atenta que acudas con el propio que te he enviado al "Royal Hotel" donde hace media hora hemos encontrado asesinado a Mr. Donovan Aberdeen, diputado de la Cámara de los Comunes. Entenderás lo delicado del caso y por qué necesito tus servicios. Arthemius Hardwicke"

-¿Y qué dice ahora, Mina?-me pregunta ella-¿Va a seguir molesta o viene conmigo?

-¡Claro que voy con Usted! Hace casi una semana que no tenemos nada importante-decido yo.

Trés bien! entonces acompáñeme-asegura Rei y camina hacia la puerta de salida.

-Poirot…¿De verdad espera ir a resolver este caso con semejantes zapatos?-le pregunto yo al ver que me aventaja bastante de altura cuando ambas somos casi de la misma.

-¿Y por qué no? Deje de preocuparse por mi atuendo y apresúrese. No hay que hacerlos esperar.

…0…

Unos veinte minutos después Poiot y yo llegamos al costoso hotel del centro de la ciudad en West End. Bajamos conducidas por el joven policía y entramos, subiendo después por unas escaleras del "Royal" hasta el tercer piso del hotel donde varios agentes de Scotland Yard han cerrado los accesos. El oficial que nos conduce se identifica y nos permiten el paso. Varios de los policías, cuando pasamos, se quedan mirando a Rei y le sonríen para después cuchichear seguramente cosas no muy decentes. Ahora veo porqué Mr. Hardwicke y su esposa sermonearon a Rei por el mundo en que se mete.

-Aquí es, Miss Poirot. El jefe y el inspector Japp están dentro-nos dice el policía cuando llegamos a la habitación número 391 permitiéndonos pasar.

-Merci-agradece Rei y ambas entramos en la elegante habitación del hotel. Dentro de la pequeña sala de la habitación distingo muy bien la larga figura del inspector Japp envuelta en su gabardina gris y a su lado al hombre canoso de cola de caballo y frac negro. Ambos hablan en voz baja mientras tres policías de pie en diferentes partes de la sala aguardan seguramente por órdenes.

-¡Reindert! Que bueno que llegas-habla Mr. Hardwicke al vernos y camina para después saludar a Rei con un beso en la mejilla al que ella corresponde-¿Estás mas alta esta tarde o son mis nervios?

-Tacones nuevos, Arthy-responde ella-justo de 4 pulgadas y media-Veo sonreír al hombre.

-Miss Hastings-me saluda con una inclinación de cabeza que yo correspondo. Miro sobre su hombro a Japp que hace un gesto de fastidio al vernos.

-Vinimos en cuanto recibimos tu mensaje-responde seriamente mi amiga-¿Hace cuanto se enteraron?

-Una mucama de servicio vino a traer el postre que había encargado el diputado. Llamó y como no recibió respuesta se extrañó, informó a la administración y con la llave de servicio entraron. Lo encontraron muerto en el dormitorio y rápidamente cerraron y nos llamaron. Como el administrador sabía la identidad de Mr. Aberdeen, así como su importancia política, fui informado directamente. Acabamos de llegar apenas hace 10 minutos. En cuanto recibí la notificación y me di cuenta de lo delicado del caso te envié el mensaje.

-No te preocupes, Arthy, yo lo resolveré-le responde Poirot con seguridad. Veo al buen hombre sonreír.

-Vengan conmigo. Vamos a ver la escena. No dejé que nadie entrara hasta que llegaran-luego me mira a mí-Miss Hastings, si no quiere entrar o si le parece muy desagradable puede esperar afuera.

-No se preocupe, Mr. Hardwicke. He sido enfermera en la guerra. La sangre y los muertos no me impresionan mucho-le respondo yo y las dos seguimos al jefe de policía. Al pasar, Japp nos mira a las dos con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

-Señor…¿De verdad le parece conveniente involucrar asesores externos, y mucho más mujeres en esto?-comenta el alto hombre.

-Japp. ¿Está cuestionando mis órdenes?-lo mira furioso Mr. Hardwicke.

-No señor-entre dientes responde Japp.

-Entonces abra el dormitorio y guárdese sus comentarios. Miss Poirot y Miss Hastings le asesorarán en este caso. Ya sabe lo que ordenaron. Quieren respuestas rápidas y exactas-asegura Mr. Hardwicke y veo a Japp alejarse refunfuñando a abrir el dormitorio.

-Me parece que a Japp no le somos muy simpáticas-comento yo quedamente a Poirot.

-Peor para él. Si quiere triunfar mas le vale trabajar conmigo que estar en mi contra-afirma Rei. Los cuatro entramos en la habitación de hotel y una vez dentro guardamos silencio ante lo que observamos. Ni los dos hombres ni nosotras nos movemos y solo contemplamos la escena. Dentro del dormitorio, tirado en la alfombra a los pies de la cama se encontraba un hombre joven y apuesto de cabello negro con los ojos cerrados. Tenía la cabeza partida pues mucha sangre había salido de su nuca y una mancha grande y roja impregnaba la alfombra en diferentes puntos, pero lo más extraño era que el hombre muerto estaba casi desnudo, no tenía puesta más que su ropa interior. Cerca de él había una mesa con dos platos de pasta fría revueltos, pan, vino tinto derramado y dos copa una de ellas rota y otra ladeada sobre la mesa. Toda la habitación de hecho lucía desordenada, sillas aventadas y la colcha de la cama removida del lado que daba al armario. También estaban unos tulipanes tirados y pisados, aplastados como por un pie bastante grande; Tirado en el suelo sin embargo había un cenicero de mármol manchado de sangre.

-Japp…-habla Artemis. El inspector se acerca y se agacha para mirar el cenicero.

-Indudablemente es el arma homicida, señor-comenta él. Yo me he quedado en silencio y camino hacia el cadáver del diputado algo consternada. Conocía de vista y por los diarios a Donovan Aberdeen. Era un hombre muy famoso por ser de los miembros más jóvenes del Parlamento. No tendría más de 38 años. Muy popular por su apostura y buenas maneras. Muchísimos votantes y simpatizantes en toda Inglaterra veían en él a un buen prospecto para que mas delante fuera Primer Ministro. Carismático y miembro del partido Liberal prometía mucho para el futuro. Aunque algunos de sus opositores lo tachaban de ser poco competente y basar sus triunfos en su atractivo físico y juventud, el diputado había demostrado lo contrario pues poseía una elocuencia maravillosa y dotes de líder. Desvío la vista del muerto y miro a Poirot que inspecciona el armario el cual estaba abierto de par en par y sin ropa alguna.

-¡Trés interesant! Parece que quien sea que haya sido el asesino no solo mató y desvistió al Diputado Aberdeen sino que también se llevó toda su ropa-comenta Poirot.

-Y no solo eso, Reindert-interviene Arthemius Hardwicke y todos miramos hacia donde él indica. Incrustada en la pared hay una caja fuerte negra con adornos dorados de extraña forma rectangular horizontal y estrecha, muy rara, jamás había visto una caja de seguridad de esa forma, se encuentra abierta y sin nada dentro.

-¿Cree que alguien haya matado al Diputado Aberdeen por robar el contenido de la caja fuerte?-pregunto yo a Mr. Hardwicke.

-Es posible, Miss Hastings. Los políticos están expuestos a muchas venganzas personales. Habrá que entrevistarse con su secretario y con quien quiera que pueda darnos datos sobre la estancia de Aberdeen en el "Royal" y sus visitas de anoche. Japp. Diga a su equipo que entre y dispongan del cuerpo como corresponde. Usted arregle los interrogatorios con las personas designadas mientras nosotros esperamos en la sala. Nadie más entrará aquí sin autorización-ordena el jefe. Japp asiente y sale a cumplir la orden. Yo observo a Rei que extrañamente camina dando pasos lineales, como si siguiera una imaginaria cuerda recta, poniendo un pie delante del otro, a todo lo largo del cuerpo tendido del Diputado.

-4, 5, 6…casi 7…¡Vaya vaya!-escucho hablar a Poirot. Su actitud extraña es interrumpida por el jefe de policía.

-¿Qué opinas de esto, Reindert?-le pregunta a mi amiga.

-Aun no puedo opinar nada concreto Arthy. Hay que escuchar a los testigos. Pero hay cosas interesantes. En cuanto ordene todo en mi cabeza tendrás a tu asesino-le asegura ella.

-Eso espero, porque siendo Aberdeen quien era, debo dar aviso a la prensa y no será fácil. Mis jefes inmediatos no quieren que se haga mucho alboroto. Aberdeen estaba prometido en matrimonio con la hija de William Ewart Gladstone-comenta Hardwicke preocupado.

-¿El ex Primer Ministro?-cuestiono yo entendiendo todo. Él asiente.

-El Servicio Secreto no quiere que esto se polarice al lado político. Mr. Gladstone busca la relección-afirma preocupado Hardwicke.

-Tranquilo, Arthy. Diles a tus jefes que vas a resolver esto rápidamente-con seguridad Poirot y yo me pregunto si de verdad tendrá elementos para estar tan segura con lo poco que teníamos sobre el caso.

…..0…..

Veinte minutos después, estábamos las dos en la sala de la habitación 391 del "Royal" junto con Japp y una mucama de estatura baja, cabello negro peinado de forma relamida, cofia y uniforme del hotel que miraba nerviosa al policía mientras estrujaba su delantal. Se había identificado a las preguntas de Japp como Sara Logan, de 32 años. Yo, tomando muy en serio mi papel, estaba anotando todo en una libreta con un lápiz.

-No se ponga tensa, Ma Chérie-le sonrió Poirot a la mujer y le alargó una barra de chocolate envuelta en papel dorado que sacó de entre su ropa-¿Le gusta el chocolate? Algo dulce ayuda cuando estamos nerviosos-le dijo mi amiga. La mucama se relajó, sonrió a Poirot y tomó la barra.

-Gracias Miss Poirot-yo que conocía las tácticas de mi amiga solo sonreí.

-Este no es momento para comer chocolate. ¡Debe responder a mis preguntas porque no tenemos toda la noche! ¿Queda claro Miss Logan?-le grita Japp. La mucama lo mira y frunce el ceño.

-Lo siento, inspector, pero no responderé a ninguna pregunta suya. Solo a las de Miss Poirot-concluye y se cruza de brazos. Veo el rostro congestionado y molesto del inspector y como presiona el puño bajo la sonrisa triunfal de Poirot.

-Bien, Mademoiselle Logan. Yo le haré las preguntas. ¿Conocía al diputado Aberdeen?

-Si claro. Venía aquí con frecuencia. Tenía un contrato anual y siempre usaba esta habitación. Era muy especial pero daba buenas propinas. Le gustaba que yo lo atendiera-responde la empleada.

-Ayer ¿A qué hora le pidió la cena?

-Pues…llamó al servicio alrededor de las siete. Llegué aquí y estaba saliendo el secretario, Mr. Clapton y también el hombre irlandés que cuidaba al diputado. Entré yo y me ordenó la cena. Pasta y vino tinto. Salí y bajé a la cocina a cumplir su orden. Subí después con el carro en el elevador, le dejé la comida en la mesa del dormitorio. Él revisaba unos papeles en la sala, luego salí y me pidió que en media hora le trajera el postre; dos tartas de fresa. Luego salí a traerlos…

-¿No vio nada raro? ¿Alguien entrando en la habitación?-pregunté yo sin poderlo evitar. Ella asintió.

-Cuando salí para ir por el postre me topé en el pasillo con una mujer que iba llegando. El diputado la vio y la dejó entrar-confiesa la mucama.

-¿Y no le pareció raro?-duda Poirot.

-No mucho. Verá, Miss Poirot, con mucha frecuencia venían mujeres a ver al diputado Aberdeen-comentó la mucama.

-¿Vio cómo iba vestida? Su cara, su estatura-interviene Japp intempestivamente. Miss Logan lo mira molesta y responde pero dirigiéndose a Poirot y a mí.

-Usaba un vestido gris, abrigo de pieles y un sombrero negro de ala ancha con velo. La estatura…es difícil…un poco más alta que yo, y yo mido 5.2 pies-indicó con un gesto de su mano el tamaño-Cuando regresé con el postre luego de la media hora que indicó el diputado fue que este no abrió. Llamé al gerente y abrimos. Lo encontramos muerto…

-Merci Mademoiselle. ¿Algo más que nos sirva para la investigación?-pregunta Poirot.

-Creo que es todo-asegura Sara Logan. No le hicimos más preguntas y se retiró.

El segundo entrevistado fue John Clapton, el secretario de Aberdeen; un hombre como de 50 años, anciano y con poco cabello junto a las orejas y el resto calvo. El hombre se secaba el sudor y parecía muy nervioso. Mr. Hardwicke se había ido con quienes llevaban el cuerpo del Diputado y nos había dejado a las dos con Japp para los interrogatorios. Clapton nos miraba a todos consternado. Poirot sirvió un vaso con agua y se lo alargó.

-Gracias…gracias Miss Poirot-dijo el secretario. Mi amiga le sonrió.

-Trate de serenarse. No le pasará nada. Lo único que Monsieur le Inspecteur y yo queremos es que nos ayude lo más posible para encontrar a quien le haya hecho esto a su jefe-comenta Rei con tono conciliador-Me alegra que me conozca…

-Leo los diarios-le sonríe Clapton. Yo rolo los ojos, creo que Poirot sabe muy bien como ganarse a la gente.

-¿Ya está listo para responder o necesita más?-brusco Japp se inclina inquisitivo delante del hombre calvo que lo mira asustado.

-Japp…Japp…no sea brusco. Permita a Monsieur Clapton algo de calma. Debe ser difícil saber que ha muerto tu jefe y de esta manera-lo reprende Poirot. Japp refunfuña y de mala gana sigue caminando en círculos-Disculpe, Monsieur Clapton. ¿Cree que podría respondernos algunas preguntas?

-Claro que sí Miss Poirot, las que Usted desee-recalca este. Japp mira a Rei como si quisiera que ardiera en llamas con esa mirada, pero ella lo ignora.

Trés Bien! Si eso lo hace sentir mejor adelante. Yo le preguntaré. Díganos. ¿Cuándo fue la última vez que vio a su jefe?

-Ayer…si ayer mismo. Verá, ambos veníamos de una gira por Berkshire a donde fuimos a realizar un evento en pro de la relección de Mr. Gladstone. Como llegamos cerca de las 5 de la tarde, mi jefe decidió hospedarse en el "Royal" donde ya lo conocían. Siempre reservaba esta habitación y casi vivía aquí. Como viajamos tanto, pasaba poco tiempo en la capital, así que llegamos directo. Serían como las 6:50 cuando terminé de redactar el informe que él le entregaría a su suegro, Mr. Gladstone, con las peticiones de los ciudadanos de Berkshire y después de eso me dijo que podía irme a descansar y que lo pasara a buscar mañana a las 7 para ir al Parlamento. Lo dejé y esa fue la última vez que lo vi-yo tomo nota en una pequeña libreta de todo esto.

-¿Está hospedado Usted aquí mismo?-pregunta Rei.

-Si, Miss Poirot. Justo en el piso de abajo, habitación 245, aunque es una habitación normal no tan lujosa como esta-indica el secretario.

-Monsieur Clapton. ¿Tiene idea de qué cosa guardaba su amo en una caja fuerte del dormitorio?-pregunta Poirot. La más completa extrañeza se plasma en los rasgos del secretario.

-Realmente no. Yo sabía que mi jefe tenía aquí una caja fuerte. Me decía que allí guardaba "Lo más importante para realizar su trabajo con propiedad" y siempre llevaba al cuello la pequeña llave…

-¿Tiene idea de qué tipo de documentos podía tener allí?-interviene Japp. Clapton niega con la cabeza.

-En verdad no, inspector. Todo papel importante de trabajo lo tengo yo. Mi Jefe me contrató para eso y siempre cargaba todo en mi maletín. Si quiere ver los papeles de los últimos trabajos del Diputado puedo darle acceso a ello, pero si le puedo asegurar que jamás supe qué guardaba allí -afirma Clapton.

-Háblenos sobre los rivales políticos de Mr. Aberdeen. ¿Quién era su principal enemigo en el Parlamento?-cuestiona inquisitivo Japp. Veo a Poirot negar con la cabeza y musitar un bajo ¡Mon Dieu!

-Pues…los enemigos de mi jefe eran los mismos que los de su suegro. Todos los del partido Conservador, pero principalmente los seguidores de Benjamín Disraeli-declara el secretario-El Diputado estaba ocupándose de solucionar las demandas de la comunidad irlandesa hacia el gobierno por la crisis alimenticia…eso no era muy del agrado de los conservadores…Usted sabe…-comenta nervioso Clapton.

-Monsieur Clapton. La mucama mencionó a alguien más del servicio del diputado. Un hombre irlandés que hacía las veces de guardia personal…

-A si, si. Patrick McGowen. Últimamente con la popularidad de Aberdeen a veces era difícil sacarlo íntegro de las reuniones políticas. Tenía muchos simpatizantes y sobretodo las damas eran muy entusiastas. El suegro de Aberdeen decidió que sería bueno que un hombre fuerte lo cuidara y ayudara en esos casos-responde el secretario.

-¿Dónde está? ¿Se hospeda aquí?-cuestiona Japp inquisitivo.

-No. Él pagaba con su sueldo una habitación en otro hotel más económico aquí cerca-responde el secretario-le daré la dirección. Seguro se encuentra allí ahora porque le dieron la noche libre…-el hombre toma un lápiz que hay sobre la mesa de la sala y en una libreta que estaba sobre la mesa escribe la dirección luego le da la hoja a Japp que se la arrebata con brusquedad.

-Necesitaremos los datos de ese hombre, Mr. Clapton-sigue inquisitivo Japp, el hombre calvo asiente-y todo lo que pueda recordar sobre su jefe. Una lista de sus enemigos en el Parlamento y…

-Monsieur Clapton…¿Supo si su amo recibiría aquí a una mujer?-interrumpe Poirot a Japp y yo muevo negativamente la cabeza. El inspector no iba a aguantar mucho…

-No estoy seguro. Supe que esperaba a alguien porque nos despachó a McGowen y a mí temprano pero no sé…es posible…

-Haga lo que le pedí. La lista de los rivales de Aberdeen antes de que salgamos para la estación de policía a que rinda su declaración. Ya puede retirarse- declara Japp. Clapton se inclina, respetuoso y sale quizá demasiado rápido de la habitación. Japp nos ignora y sale a llamar al tercer testigo. El ascensorista es un hombrecillo bajo y regordete con uniforme rojo con dorado y sombrero entra en la habitación y se inclina respetuoso ante nosotros retirándose el sombrero. Japp mira su papel de notas.

-¿Mr. Wyclif?-pregunta Japp. Este asiente-¿Sabe a que vino?-pregunta Japp.

-Si…si señor policía. A decir lo que sepa y haya visto sobre el asesinato del Diputado Aberdeen.

-Entonces hágalo-reclama Japp desesperado. El hombre se sienta torpemente y nos mira- Wyclif… ¡Wyclif!-le grita Japp llamándolo a la realidad. Este lo mira asustado-estamos esperando…

-O si si…pues verá. Hace un momento como a las 5 de la tarde yo mismo subí a su piso al Diputado. Luego a Sara que vino a tomar el pedido como a las 7 y después el postre…a las 7:30.

-¿No recuerda haber visto a una mujer entrar en la habitación del Diputado?-cuestiona Rei.

-Por el elevador no. Lo recordaría. Si vino debió subir por las escaleras…aunque…si vi algo raro…justo a las 7:30 recogí algunos huéspedes aquí y cuando la puerta se abrió vi salir de la habitación del diputado a un hombre muy alto, con sombrero, abrigo y una maleta-informa Wyclif.

-¿Alto? ¿Qué tan alto?-lo ataca Japp.

-Pues…muy alto…yo diría que más de 6 pies o 6 pies y algo…alto…-hace la señal con su mano-pero no entró al elevador, solo se fue por la escalera así que no vi su cara-indica el ascensorista.

-¿No pudo ser el hombre que cuidaba a Aberdeen?-inquiere Japp.

-No se señor policía. Lo vi pocas veces…no podría estar seguro…

-¿Algo más?-cuestiona Rei.

-Nada señorita, nada…creo que es todo-indica este. Japp lo acompaña afuera. Yo me quedo mirando desconcertada las notas. El último era el administrador del "Royal" Mr. Albert Ferguson un hombre como de 40 años aunque muy feo, cejas pobladísimas, peinado impecable y traje negro que literalmente se estaba comiendo a Poirot con la mirada desde que llegó. Poirot le sonríe e instantáneamente él regresa la sonrisa.

-Háblenos de cómo encontraron al diputado-le dijo Japp-¿Mr. Ferguson?...-le tiene que insistir el policía porque sigue embobado con mi amiga.

-O si, si-indica el hombre-pues verá, Miss Poirot-se dirige a Rei y yo creo que a Japp está por darle un síncope del coraje-La mucama Logan fue a verme a mi oficina alrededor de las 7:45 preocupara porque el Diputado no abría la puerta ni respondía a sus llamados siendo que había encargado un postre para dos personas. Llegamos aquí y abrí con la llave de la administración. Cerré detrás de mí y dejé a la mucama Logan aquí en la puerta. Vi abierta la puerta del dormitorio, entré; vi todo desordenado y al diputado Aberdeen tirado en la alfombra con la cabeza rota y ya muerto. No tenía más que la ropa interior. Me asusté y salí cerrando la puerta. Lo único que se me ocurrió fue dejar todo como estaba, cerrar con llave de nuevo y llamar a la policía. Eso es todo-declara terminante el administrador- Lamentable el caso, lamentable. Espero no haya mala publicidad para el "Royal"…quizá si Miss Poirot quisiera aceptar algunas cortesías para hospedarse aquí, esta mala publicidad se olvidaría pronto-zalamero el horrible tipo.

-Merci Monsieur Ferguson. Me encantaría-le sonrió mi amiga y yo rolo los ojos.

-Gracias Mr. Ferguson. Eso es todo. Si me permite tengo que hablar con Miss Poirot ahora-bruscamente Japp levanta al tipo del brazo y prácticamente lo saca de la habitación. Rei ríe burlonamente cuando el policía se encara con ella mirándola con rabia y se cruza de brazos.

-Aclaremos algo, Miss Poirot. La casualidad y buena suerte que la llevaron a resolver el caso de la Muerte del Dr. Kendrik no se repetirán. Es Usted una niña mimada que le gusta jugar al policía y no tengo idea de por qué mi jefe se lo permite, pero en lo que a mi respecta se acabó. Este caso lo voy a resolver a mi manera y me niego a que se siga burlando de mi y usurpando mis funciones-lanza Japp.

-¿He de entender con eso que se niega a que colaboremos ambos en este caso, Monsieur Le Inspecteur?-le pregunta Rei.

-Entendió muy bien, Miss Poirot. Yo soy un policía a quien le ha costado años de esfuerzo llegar a donde estoy y ganarme la confianza del Jefe Hardwicke y no permitiré que una irritante y pretenciosa detective francesa venga a desplazarme-indica molesto Japp. Veo a Poirot levantarse y tomar su bolso de la mesa caminando luego hacia Japp.

-Irritante y pretenciosa detective Belga-lo corrige con cinismo y veo a Japp mucho mas molesto-¡Trés Bien! Si Usted tiene ya claro el caso no tengo nada en que ayudarle ¿Verdad?

-Así es Miss Poirot. Este es un simple y sencillo caso de asesinato por razones políticas. Un complot. Aberdeen estaba promoviendo reformas que afectaban a Irlanda; sus enemigos le pagan a su guardia personal para que lo asesine, este usa a una mujer que es su cómplice, lo asesinan y se escabullen después. Eso es todo. En cuanto atrape a Patrick McGowen y lo asuste un poco cantará -afirma en su jerga policiaca Japp con mucha seguridad-la respuesta a esto está en el Parlamento, no aquí- Poirot lo mira y le sonríe casi con lástima.

-Es una pena, Japp. Si hubiese trabajado conmigo este caso le daría notoriedad. Pero ¡Ça ne fait rien! Nos retiramos entonces. Hastings-me llama mi amiga. Yo me levanto, me despido del inspector y sigo a Rei que sale de la habitación del "Royal" y camina hacia el ascensor.

-¿De verdad se va a retirar?-le pregunto yo mientras la puerta se abre y entramos.

-Desde luego, Mina. ¿No escuchó que Japp no nos quiere a su lado y que ya ha resuelto todo?-insiste ella burlonamente. Entramos en el ascensor y ella le dice al ascensorista que vamos a la planta baja.

-Pero usted no cree que sea así de sencillo. ¿Verdad?-le pregunto yo intrigada. Ella me sonríe y no responde nada; para mi sorpresa, una vez abajo, en lugar de irnos la veo caminar hacia el restaurante del hotel y sentarse en una mesa junto al ventanal que da a la calle.

-Claro que no creo que Japp lo haya resuelto, pero si Monsieur Le Inspeteur no desea la valiosa ayuda de Reindert B.C. Poirot, la Mejor Detective de Todos los Tiempos, lo dejaremos fracasar de nuevo-declara ella mientras el mesero se acerca con la carta y nos la da-pidamos algo ya que no pudimos cenar en casa…mmm…este pollo con salsa de champiñones luce aceptable…-yo rolo los ojos y le quito la carta a Poirot.

-¿Quiere dejar de tratarme como si no la conociera, Poirot? Dígame por qué nos quedamos aquí y qué espera-le exijo yo.

-Cenemos y Usted misma lo verá-yo desisto de preguntar y mientras cenamos le leo mis observaciones en vos alta y las notas que tomé sobre lo dicho por los testigos; ella me escucha con atención.

-… Una mujer de 5.4 pies aproximadamente entra a la habitación de Aberdeen a las 7, podría ser la asesina, pero a las 7:30 un hombre de casi de 6 pies sale de la misma…- acabo yo mientras termino de tomar el vino blanco que Poirot ordenó.

-Hizo muy buen trabajo, Ma Chérie. Muy bueno. Y Justo ha dado con el punto importante del caso. Esa mujer. ¡Salud por ello, Hastings!- levanta ella su copa y justo en ese momento veo pasar por el ventanal del restaurante que da a la calle a Japp con el secretario de Aberdeen y ambos suben al carro de la policía. Al verlos salir miro a mi amiga quien deja algunos billetes en la mesa del restaurante y sale de allí. Yo aun desconcertada la sigo pero a pesar de los descomunales tacones que lleva no la alcanzo. Sube por las escaleras hasta el segundo piso y la veo detenerse en la habitación 245. Llego aun con dificultad…-¡Odio mi lesión!-No no…Hastings…quédese en el pasillo y avíseme si viene alguien…-me detiene y se agacha a la altura de la cerradura mientras se quita un prendedor del cabello y lo mete en esta.

-¿Poirot? ¿Qué pretende?-le digo yo asustada.

-¿No es evidente?...entrar en la habitación de Clapton…-dice con calma. Yo estoy muy asustada.

-¿Pero se ha vuelto loca? ¡Eso es allanamiento!-le digo sumamente espantada-¿No ha pensado qué pasaría si la descubren?

-Si NOS descubren, Mon Amie-recalca ella lo último-pero quite esa cara o nos delatará…listo…-indica y abre con facilidad la puerta de la habitación entrando en ella. Yo me resisto a pasar-si no pasa y se queda afuera eso si sería sospechoso, Hastings-me indica y yo aterrada decido entrar-no cierre por completo y mire por la puerta entrecerrada si viene alguien-a mi pesar obedezco mientras ella camina con familiaridad por la habitación y se dirige al escritorio con muchos papeles buscando sobre este y en los cajones.

-De verdad, Poirot, ¿No tiene usted conciencia?-le reclamo yo mirando afuera de vez en cuando.

-Si claro…pero mi conciencia, como el chocolate, entre mas oscura mejor, Ma Chérie-me dice descaradamente y de un cajón del escritorio saca un libro pequeño de tapas rojas el cual hojea- ¡Voilá!...aquí está. Un secretario ordenado, Monsieur Clapton. La agenda personal de su jefe. Y justo las últimas semanas tiene agendadas algunas reuniones no oficiales en varios restaurantes de Londres con tres damas cuyos nombres resaltan entre tantos nombres masculinos…veamos…-yo siento mi corazón latir acelerado por el temor de que nos descubran y miro de vez en cuando afuera; alcanzo a ver a Rei escribir los nombres en un trozo de papel.

-¡Dese prisa! ¡Escucho pasos!-le digo yo asustada. Ella guarda el papel en su bolso y después salimos de la habitación aunque todo el trayecto por el hotel hasta el carro de alquiler que Poirot detuvo en la calle estuve aterrorizada esperando que algún empleado del hotel nos detuviera por lo que acababa de pasar. Solo cuando estuvimos dentro del carro respiré mejor. Rei me alargó un pañuelo.

-Limpie su sudor, Ma Chérie. De verdad es Usted todo un caso, Hastings-ríe levemente-debe aprender a relajarse y a no ser tan correcta. A veces hace falta romper las reglas, sobretodo en aras de un bien mayor-declara ella.

-Si me pudiera decir ese bien mayor entendería que hiciera tantas locuras-le pedí yo-No tengo idea donde aprendería una señorita de sociedad como Usted a abrir puertas con prendedores de cabello.

-Cuando vives en un gran palacio lleno de habitaciones cerradas desde niña, aprendes trucos interesantes para saciar tu curiosidad-me responde mientras mira su imagen en el mango de su bastón pero antes de que pueda preguntarle más me ataja-no me haga más preguntas por esta noche, Mon Amie, que mi privilegiada mente está trabajando y ordenando todo con sumo cuidado. Solo le diré que mañana a las nueve en punto de la mañana saldremos a entrevistarnos con estas tres damas y después de eso estaré en condiciones de decirle algo razonable. ¿Le parece?

-No mucho pero no me queda más- aseguro yo. Llegamos a nuestra casa ya cerca de las 11 de la noche y al bajar del carro nos abordó un hombre regordete de barbas y anteojos que cargaba una cámara grande amarrada con cuero a su espalda.

-¡Miss Poirot! ¡Miss Poirot!-le dice el hombre y yo lo miro fastidiada reconociendo a Mr. Charles E. Bennett, un fotógrafo que había insistido mucho los últimos 3 días en que mi amiga lo recibiera.

-Mr. Bennett. ¿Es que nunca se cansa de que le digamos que no nos interesan sus servicios?-lo reprendo yo.

-Miss Hastings…Miss Poirot…por favor…-jadea el fotógrafo.-solo quiero una oportunidad para que la gente conozca la instantánea fotográfica…si me permitiera acompañarla y tomarle fotografías en su trabajo eso sería muy buena publicidad…. yo…estaría muy agradecido…-insiste y se inclina-de verdad necesito que la mejor Detective de Todos los Tiempos me ayude…-yo miro a Poirot que sonríe. Parece que Mr. Bennett había encontrado su debilidad.

-Haremos algo, Monsieur Bennett. Si mañana está aquí a las …8:47 en punto, es posible que le permita acompañarme y tomarme las fotografías -le asegura mi amiga mientras se quita sus guantes negros de encaje. Yo la miro incrédula de que haya aceptado.

-¡O gracias, gracias Miss Poirot! ¡No se arrepentirá! ¡Aquí estaré puntualmente!-asegura el hombre mientras nosotras entramos en la casa.

-¿De verdad va a dejar a ese fotógrafo loco tomarle fotografías?-dudo yo mientras dejamos los sombreros.

-¿Por qué no? Ha insistido mucho con su invento y sabe como pedir las cosas. Además el mundo merece que la belleza y grandeza de Reindert Poirot sea conservada para la posteridad; también me ha dado una idea excelente. Pero por esta noche mi privilegiada mente debe descansar y ordenar todo-indica Rei con su siempre presente autosuficiencia. Yo solo rolo los ojos.

…..0…..

Al día siguiente, la muerte del Diputado Donovan Aberdeen era ya noticia, aunque la policía no había dado parte oficial y las especulaciones en los diarios crecían. El Parlamento y la sede de Scotland Yard en Norman Shaw Buildings estaban abarrotados de reporteros. En la mañana antes de salir a interrogar a las 3 mujeres de que Poirot sospechaba la vi hablando de nuevo con ese tipo ratonil del caso de Holanda, Míster Goby…no sé que le habrá pedido Rei pero preferí no acercarme. Me desagrada que ella no tenga problema en tratar con ex convictos, coquetear o abrir puertas de habitaciones que no son suyas para lograr sus fines, ¡Pero me desagrada más tener que consecuentarla!

A la primera mujer que fuimos a investigar Poirot y yo siguiendo la lista que ella se había robado de la habitación del secretario, fue a Brithany Williams, una joven que se hacía cargo de un albergue infantil en Hoxton. Cabe añadir que Bennett estuvo más que puntual e impecable con su cámara al hombro y nos acompañó tomando sus tan cacareadas "Instantáneas fotográficas" a Poirot de vez en vez. Los niños del albergue hicieron mucho alboroto con la llegada de Rei pero ella los ignoró y pidió a la monja encargada del albergue hablar con Miss Williams. La joven entró en la oficina que hacía las veces de dirección. Era alta, muy linda, de rizado cabello castaño, tan alta como Poirot pero ella no llevaba sus descomunales tacones rojos sino zapatos de piso y un delantal. El fotógrafo se quedó afuera mientras hablábamos con ella. Ya sabía de Aberdeen por las noticias y se mostró muy afligida pero al ver que no éramos policías se abrió con facilidad y aceptó la típica barra de chocolate de Poirot.

-Es una pena, el diputado era muy buen político. Iba a ayudarnos con el albergue y a poner otros tres más en diferentes puntos de la ciudad…-comentó ella y tomó de su delantal un pañuelo para secar sus lágrimas; pude ver una costosa y fina pulsera de oro con una esmeralda colgando de su muñeca.

-Mademoiselle Williams. Tengo entendido que Usted se reunió el lunes de la semana pasada con el diputado en un restaurante de South Bank-dice mi amiga. La alta mujer asiente entre hipos de llanto-¿Para qué se reunió con el? ¿No notó algo raro?

-Pues…me reuní con él y las personas del comité que sufragan el albergue para hablar de la ayuda que nos daría. Solo hablamos de eso y él estuvo encantador como siempre, atento y dispuesto a cooperar. Ahora que lo recuerdo, si noté algo raro. Uno de los miembros del comité, Sir Bailey, lo invitó al jugar golf con él. Don…es decir…el diputado Aberdeen…se molestó mucho, golpeó la mesa y salió de allí dejándonos a todos estupefactos. Él no tenía ese temperamento-rememora la mujer.

-¿Dónde estuvo ayer a las 7 de la tarde, Mademoiselle Williams?-cuestiona Rei.

-En casa cuidando a mi madre. Tiene reumas muy fuertes y hay que atenderla-declara.

-Muy bien Mademoiselle…¿Algo más que crea que nos puede ayudar?-cuestiona Poirot.

-Solo encuentren a quien sea que haya asesinado a Don…por favor…-afectada la chica. Luego de eso salimos las tres de la oficina y al salir, el imprudente de Bennett nos tomó una fotografía cuando nos despedíamos de Miss Williams, pero no me quejé mucho porque parecía que su "Instantánea fotográfica" solo encandilaba pero funcionaba y sin humo como las otras cámaras. En el carro nos mostraba las placas de las fotografías que se secaban rápidamente mostrando la imagen y mi amiga se veía realmente feliz de tenerlas.

Al segundo lugar al que acudimos fue a un teatro horrible de "Variedades" en Covent Garden a donde entramos por la puerta de atrás. Poirot tuvo que soltar algo de dinero para que nos dejaran entrar al camerino de "Betty Arlett" una de las cantantes del lugar que nos recibió solo a Rei y a mí y dejamos al fotógrafo afuera. La tan mencionada cantante era una mujer pelirroja de exagerado maquillaje y maneras no muy decentes, vestida descaradamente con un vestido sin mangas muy escotado que me hizo pensar en la clase de mujer que era. Desagradable…pero pude ver una pulsera de oro y esmeralda idéntica a la que llevaba Miss Williams en su mano derecha. No se inmutó mucho cuando se enteró de la muerte de Aberdeen y mejor se fijó en el cabello de Rei.

-…¡Pero querida! ¡Que cabello tan hermoso tienes!-le habló a Poirot con familiaridad como si la conociera de años tocando su pelo-debes decirme que te pones, ¡Ve el mío!, opaco y sin brillo a pesar de los seis afeites que me pongo a diario…-dijo Betty mientras se sentaba frente al tocador.

-Te daré la receta con gusto, Ma Chérie-le respondió Rei en el mismo tono-pero antes que todo quiero saber sobre tú y Donovan Aberdeen-inició. Vi a la cantante dejar de pintarse los ojos, ponerse algo tensa y mirarnos por el espejo.

-¿No son de la policía verdad?...-duda. Poirot niega con la cabeza y le sonríe-no, una chica como tú no puede ser policía. ¿Por qué quieres saber de mí y de Don? No me digas que tú y él…

-No, Mademoiselle, se equivoca. En verdad soy Detective Privado. Quiero encontrar a quien haya asesinado al diputado-le responde Rei. Betty sonríe.

-Ya decía yo. No eres el tipo para Don. Demasiado distinguida, inteligente y refinada para que él lo manejara. Le gustábamos más las mujeres comunes y corrientes-afirma ella.

-¿Usted y él eran amantes?-le pregunta Rei de repente. Yo me sonrojo de vergüenza por su poco tacto.

-¡Poirot!...-la jalo yo del brazo avergonzada mientras la cantante solo ríe con una carcajada muy poco correcta.

-Tu amiga es divertida. Una niña decente de clase alta por lo que se ve. Pero tú me caes bien, eres honesta y no te escandalizas de nada-afirma Betty Arlette y se gira para sonreír a Poirot-Si, éramos amantes. Don era un buen tipo, nos veíamos cuando estaba en la ciudad y se portaba bien conmigo. Tenía sus defectos como todos los hombres, pero cuando se portaba mal siempre pedía perdón de rodillas. ¡Era tan lindo! Me regalaba joyas, abrigos, incluso fuimos de viaje a la playa, aunque al inicio él se negaba-afirma la mujer pelirroja caminando hacia la pared y arrancando una fotografía de esta nos la enseña. Se trata de ella y el diputado en una playa con trajes de baño- únicamente conmigo era totalmente libre y honesto…

-Se nota. Es importante cuando encontramos a alguien en nuestra vida con quien podemos ser completamente libres y honestos-le regresa Rei la fotografía diciendo esas palabras con un tono que me intriga-Usted vio a Aberdeen el miércoles de la semana pasada. ¿Lo notó extraño?

-Si. Estaba planeando un viaje fuera de Londres y nos vimos aquí. Estuvo en mi show y luego cenamos en mi camerino. Extraño no estaba, pero si quizá algo pensativo. Era un hombre de muchos problemas y obligaciones pero cuando estaba conmigo se olvidaba de todo. No hablábamos mucho…Usted me entiende-le guiña un ojo la cantante a Rei que asiente y yo no puedo evitar otro sonrojo.

-¿Recuerdas en dónde estuviste ayer a las 7 de la tarde, Ma Chérie?-le pregunta mi amiga.

-Claro que si, querida. ¡Aquí dando mi función!. Cantando y bailando para mi público-asegura ella. No sacamos más de Betty Arlette y salimos del teatro. Poirot le pidió a Bennett una foto con la cantante y ella posó feliz al lado de mi amiga.

La última dirección a la que acudimos fue a una zona residencial en el lado Este de St, James, ya cerca de nuestra casa, en el número 89 de Lower Regent Street. Una mansión elegante y señorial en la que Rei preguntó por Miss Cecilia Gladstone dejando una tarjeta. El mayordomo seguramente pensó que Poirot conocía a la señorita y nos codujo a una elegante sala. El fotógrafo esperó en el carro afuera. Tal como yo pensé, Miss Gladstone era la hija de Mr. William Ewart Gladstone, el ex primer ministro y el héroe de mi Padre. En la familia Hastings tanto papá como mis hermanos decían que el hombre de la pintura sobre la chimenea de aquella mansión era el futuro de Inglaterra. Muchos querían su relección. Realmente estaba asombrada de estar en casa de este personaje.

-Miss Poirot…-habló una educada voz femenina muy quedo y ambas miramos a la joven rubia de ojos verdes elegantemente vestida de luto, con una estola negra en su cuello, el rostro acongojado y los ojos llorosos que nos saluda.

-Mademoiselle Gladstone. Siento importunarla en estos momentos pero me gustaría mucho hablar con Usted, si es que se siente con fuerza para ello, de la muerte de su prometido, Monsieur Donovan Aberdeen-pie Rei. La chica asiente y limpia sus ojos.

-Ya lo sabía cuando me dieron su tarjeta. No pensé que alguien tan famoso como Usted se ocupara del caso. El Inspector Japp estuvo mas temprano hablando con papá y conmigo. Ambos salieron hacia el Parlamento hace un momento-asegura la joven y nos invita a sentarnos, me sonríe y yo a ella mientras una anciana con cofia y uniforme negro nos lleva té que yo acepto y Poirot rechaza.

-Mi amiga, Miss Whillermina Hastings, me ayuda con el caso-nos presenta Poirot. Cecilia Gladstone asiente y alarga su mano para tomar el té que le da su sirvienta, entonces puedo ver la misma pulsera que tenían Miss Williams y Betty Arlette. Dorada y con una esmeralda pendiendo de ella.

-¿En qué puedo ayudarla, Miss Poirot?-pregunta la rubia hija de William Gladstone.

-Verá, Mademoiselle…tengo entendido que el Jueves de la semana pasada Usted se reunió con el diputado-inicia Rei.

-Si. Vino a cenar a casa con papá y conmigo-solloza ella-se iba a ir a un viaje al que lo mandó mi padre…no recuerdo a donde…fuera de la ciudad y vino a cenar para despedirse. Estábamos prometidos-añade ella.

-Ya veo. Mademoiselle Gladstone. ¿Notó algo extraño en el Diputado Aberdeen?-pregunta Rei. La joven rubia parece que trata de recordar-pues…ahora que lo menciona…quizá Don estaba mas irritable que de costumbre. Pensé que solo sería presión por su trabajo, papá lo cargaba demasiado de responsabilidades y casi no teníamos tiempo para nosotros, así que le pedí que cuando regresara fuéramos a cenar juntos al restaurante japonés de moda en el Shojo, el "Midori Ryu"…pero se molestó mucho. Golpeó la mesa con el puño y se fue de aquí…¡Y pensar que seguíamos disgustados cuando…cuando…!-otro hipo la corta y se suelta llorando.

-No la importunamos más, Mademoiselle, entendemos su dolor. Solo una pregunta más. ¿Dónde estuvo ayer a las 7 de la tarde?-insiste Rei.

-Aquí en casa…con Matilde, mi Nana. Papá sale mucho por su trabajo, yo no tengo hermanos y mamá ya murió. Estuvimos tejiendo hasta la hora de la cena. Hacemos guantes y bufandas para un albergue de niños al que ayudaba Don…-indica ella. La sirvienta anciana asiente corroborando.

-¡Trés Bien! No le molestamos más. Con su permiso y gracias por recibirnos-asegura Rei. Yo me despido igual y las dos salimos. Cecilia Gladstone nos acompaña hasta la puerta y se despide de ambas de mano. Un destello me indica que Bennett ha tomado una foto cuando Poirot y Miss Gladstone se despiden. En el trayecto de regreso a casa, Bennett le muestra a Poirot todas las fotografías, ella elige tres y le obsequia las demás al hombre para su promoción de la "Instantánea Fotográfica" y este parece muy agradecido. Una vez en casa Bennett se aleja y nosotras entramos, George nos recibe con su amabilidad de siempre.

-Señorita, Miss Hastings, me alegra que hayan regresado. La comida estará servida en un momento. Señorita, la tarea que me encomendó por la mañana está realizada y los recortes ordenados cronológicamente sobre su escritorio. También la espera Mr. Goby en el despacho.

C´est magnifique! entonces ya tenemos todo. Estaré adentro con Goby para que me llames cuando sea hora de comer. Lleva panecillos y galletas al despacho-ordena Rei y el mayordomo se aleja con una inclinación-¿Hastings? ¿Desea acompañarme adentro o aun le tiene miedo a Goby?-me pregunta ella.

-No le tengo miedo, solo recelo…y claro que la acompaño, me intriga saber qué le dirá su informante- aseguro yo y ambas entramos en el despacho donde el hombre de cara de ratón y joroba se encuentra sentado mirando embobado el candelabro de cristal del techo y al vernos se levanta como resorte y se acerca a Rei inclinándose ante ella.

-Zijne Majesteit…-le saluda en su rara lengua revuelta de holandés con inglés y francés-Goby vino…vino y tiene todos tus encargos…

-Muy bien. Dime qué indagaste en la "Mosler Safe Company"-le pide ella. Yo me siento en una silla al lado de Poirot frente al escritorio del despacho y el hombrecillo se busca en la gabardina café de muchas bolsas un papel doblado que acerca a Rei sobre la mesa.

-Hacen las cajas sobre pedido, Zijne Majesteit…Goby les mostró las medidas de la tuya y les dijo que pagaríamos lo que fuera…-habla este-oyeron eso y le contestaron todo a Goby…

-¿Mencionaste a Aberdeen?-duda ella. Goby asiente con la cabeza.

-Mencioné a ese Monsieur. Ellos decían que si él te recomendó con ellos te darían un descuento. Caja especial para calzado…allí dice…dice en el "Papiren"-indica con su dedo flaco de uñas largas Goby. Mi amiga lee el papel y esboza una sonrisa.

-¿Y qué hay de lo otro? ¿Hiciste el pedido?-duda ella. Goby se lleva la mano a los muchos bolsos de su gabardina y veo como extrae de estos un pedazo de pan duro, varias monedas, unos alambres y al final otro papel que le acerca a Rei sobre el escritorio.

-Ese es el recibo…llegarán aquí a las ocho-señala este-hice el pedido a mi nombre, Zijne Majesteit, pero Goby no sabe si hizo bien…

-Hiciste bien. No creerían que son para una mujer. ¿Y McGowen?-interroga al final ella. Goby niega con la cabeza.

-Ni la policía ni Goby encuentran al gigante irlandés, pero lo seguiré buscando, Zijne Majesteit. Goby te promete que lo encontrará para ti, los chicos indigentes hacen buenas redes en la zona de los extranjeros y por una moneda son capaces de todo-asegura el hombrecillo. En ese momento George entra con una charola de galletas y panecillos y veo al holandés mirar estos con sus ojillos negros como si fuera oro. No pierde de vista la charola que George coloca sobre el escritorio.

-Toma tu pago y vete. Regresa cuando sepas sobre McGowen…-indica ella y el tipo se lanza sobre la charola de pan dulce como un poseído. Se llena la boca con algunos, otros los mete en los bolsillos de su saco y otros mas en una bolsa de papel que saca de quien sabe donde. Con la boca llena de galletas se despide y sale del despacho. Yo miro a Rei que está escribiendo algo y mirando unos recortes de diarios.

-Poirot… ¿De verdad le parece humano pagarle a alguien con comida?-me indigno yo.

-Él no acepta otra cosa…el dinero es para pagar a los informantes-me responde algo ausente.

-¿Y bien? ¿Ya me dirá cómo ha armado este rompecabezas?-dudo yo.

-No aun, Ma Chérie. Después de comer y que llegue mi nuevo encargo de la zapatería podremos armar el caso completo-indica ella. Yo rolo los ojos fastidiada.

-¿Otro pedido de zapatos? De verdad no sé como tiene tiempo de cosas tan triviales cuando tiene en sus manos un caso de esta magnitud-me cruzo de brazos yo.

-Orden y Método, Mon Amie, así son siempre las cosas. Ahora vamos a comer y a esperar la última prueba-insisto yo. Durante la comida le doy vueltas y vueltas a lo mismo. Definitivamente Poirot debía creer que una de las 3 mujeres que visitamos hoy era cómplice del guardaespaldas de Aberdeen pero ¿Cuál?...¿La joven del albergue? ¿Miss Gladstone?...¿La cantante?...en mi escala de valores esta última si que tenía posibilidades. La chica del albergue de niños era buena persona y no tenía motivos para matar al diputado, y aunque parecía que había "algo" entre ellos él la iba a ayudar. Miss Gladstone evidentemente era la única que estaba genuinamente enamorada de Aberdeen, así que tampoco podía ser porque lo amaba, en cambio la cantante…dinero…o poder…quien sabe…

…..0…..

Acabando la comida Poirot y yo nos fuimos a nuestras habitaciones para prepararnos para el servicio religioso de Aberdeen al cual habíamos sido invitadas por Mr. Harwicke. Al salir me sorprendió ver a Poirot con velo negro sobre el sombrero de luto pero no hice comentarios. ¿Por qué ocultaba su cara si siempre presumía su rostro? ¿De quién exactamente se escondía? Al funeral acudieron sin lugar a duda la crema y nata de la política del país, hombres de traje negro a quienes yo veía en los diarios pero los que se llevaron el centro de las miradas fueron Mr. William Ewart Gladstone y su hija. Este era mucho más alto e imponente en persona de lo que mostraban los diarios. Los impertinentes reporteros se desvivían por tomar fotografías de ellos. Luego de la ceremonia en la iglesia intentaron abordarlos pero ellos lograron irse en su carro sin responder nada, entonces los reporteros se dejaron ir tras M. Hardwicke y Japp, con cientos de preguntas.

-De momento no podemos adelantar nada sobre la muerte del Diputado Donovan Aberdeen-dijo el jefe Hardwicke haciendo callar a los reporteros-El inspector Japp trabaja en el caso y en cuanto sepamos algo concreto daremos aviso. Gracias-indicó este y se alejó con una cerca humana de policías que le abrieron paso. Poirot y yo íbamos a subir a nuestro carro para volver a casa cuando vi aparecer subido sobre el techo del carro como auténtica lagartija a Goby.

-Zijne Majestet…¡Zijne Majesteit!-la llamó este. Rei miró arriba y se retiró el velo del rostro.

-¿Pero qué haces allí subido? ¡Te dije que no me siguieras!-se molesta ella y el hombrecillo baja saltando encima de la rueda del carro y después al suelo.

-Goby lo siente, Zijne Majesteit, pero tengo al gigante irlandés…está en una pensión de Clerkenwell-le responde Goby. Veo a Poirot sonreír-llévanos allá-indica ella. Las dos subimos al carro mientras Goby se acomoda con el cochero. Dentro del carro veo a Rei retirarse el velo negro.

-¿De verdad cree que Mr. Goby haya encontrado a un hombre que toda la policía de Londres busca sin éxito?-dudo yo. Ella sonríe y acomoda su cabello tras su oreja.

-Desde luego que sí. Goby se sabe mover entre la gente común. No causa sospecha, escucha, busca, olfatea, ofrece dinero. Nadie en todo Londres tiene un informante como él. Ya verá-indica ella.

-¿Se escondía de alguien en el servicio funerario?-dudo yo. Ella sonríe.

-Parece que conforme pasa tiempo conmigo desarrolla más su muy empobrecido sentido de deducción, Hastings-indica ella pero es respuesta no me dice mucho. Llegamos a Clerkenwell y bajamos del carro, Goby nos conduce por algunos callejones hasta una fea pensión de extranjeros en una esquina donde nos hace entrar. Personas italianas, francesa, españolas y de todo tipo hablan en esa Babel llena de cuartos horribles y nos miraban extrañados. Goby se detiene afuera de una habitación con puerta de madera desgastada y fea bajo la que entran algunas cucarachas y llama tres veces. Nadie contesta. Goby intenta de nuevo y tampoco recibe respuesta.

-Esto es malo…Zijne Majesteit…Goby cree que el gigante irlandés no está en casa…-se disculpa este, en ese momento escuchamos unos pasos en la desvencijada escalera y de repente aparece el hombre alto y rubio con sombrero y gabardina negra quien lleva una bolsa de papel en su brazo. Busca algo en el bolso de su gabardina, hasta sacar una llave. Camina despreocupadamente hacia su casa pero al vernos, nos contempla aterrado y dejando caer la bolsa de la que ruedan naranjas, corre.

-¡McGowen! ¡Deténgase!-le grita Rei y antes de que pueda darme cuenta de más la veo correr tras el tipo con una velocidad impresionante y lanzarle de una manera muy peculiar el bastón a las piernas, este le da en las corvas y el tipo cae al suelo. Poirot llega a su lado pero el gigante se levanta y furioso la ataca a puñetazos. Todo pasa en fracciones de segundo, mi amiga, usando la falda del vestido lo esquiva como si fuera un feroz toro con un torero experimentado, cubre la cara del tipo con la tela, le da un golpe en los genitales que lo hace cae de rodillas y otro con ambas manos de lado en las orejas que lo tumba hacia atrás. Ella se queda de pie y le pone la punta del zapato de tacón en la yugular-¡le sugiero que deje de correr y nos escuche!…¡Queremos ayudarle!…¡Yo no creo que Usted sea el asesino de Aberdeen!…-le reclama Poirot entrecortadamente. El tipo en el suelo la mira ya mas relajado y yo veo azorada como Rei le retira el pie del cuello y le da la mano para levantarse. El gigante irlandés se para lentamente aun adolorido pero más calmado. Goby camina hacia Rei y levanta el bastón de ella del suelo. McGowen camina vacilante y se recarga en la pared mirándonos a los tres y sonríe de lado. Yo estoy paralizada…¡ASÍ QUE POIROT NO PENSABA QUE FUERA EL ASESINO! ¿Entonces de quién diablos sospechaba y porqué lo había buscado tanto?

-No sabía que las mujeres francesas pegaran tan duro…-comenta.

-Belga, Monsieur McGowen, belga-le corrige Rei- Miss Reindert B.C. Poirot, Detective Privada- El hombre asiente-como ya le dije no tiene de que esconderse o preocuparse. No le diré a la policía su paradero si me cuenta lo que sepa sobre la noche que mataron a Aberdeen-el irlandés mira a Rei a los ojos y luego asiente.

-Yo estaba encargado de la seguridad del diputado Aberdeen. Él era buena persona. Prometió que iba a ocuparse del tema de la crisis alimentaria de mi país y a ayudar a mi gente. Yo no lo mataría, Miss Poirot, créame-dice el irlandés.

-¿Entonces por qué huyó?-insiste Rei.

-Vine aquí porque en este edificio vive mi hermano. Cuando el diputado me dijo que no me iba a necesitar en la noche y nos despidió a Mr. Clapton y a mí, pensé en venir a visitar a mi hermano. Dormí con él aquí pero por la mañana cuando vi los diarios me asusté. Pensé que la policía sospecharía de mí si sabían que era irlandés. Sabe cómo está la relación entre Irlanda e Inglaterra.

-¿Recuerda si vio a alguien entrar o salir de la habitación de su jefe?

-Si. Pude ver a la mujer que entró en la habitación de mi jefe y me pareció sospechoso que se tapara la cara. Aunque él me pidió que me fuera, me quedé vagando por el pasillo por si algo ocurría. Cuando vi llegar a la mujer de sombrero entendí por qué el diputado nos había despedido, así que bajé al bar del hotel y tomé algunas copas. Después de unos minutos salí y vine aquí con mi hermano. Por la mañana vi los diarios; alguien decía que acusaban a un irlandés que cuidaba a Aberdeen y me dio miedo-asegura él.

-¿Pudo ver la cara de la mujer?-pregunta Rei. El enorme irlandés niega con la cabeza-¿No supo si era Miss Williams, Miss Betty Arlette o Miss Gladstone?-lo cuestiona. El hombre medita.

-No lo sé. Conozco a las tres mujeres pero…era una mujer como de esta estatura-señala él con su mano. Coincide más o menos con lo que dijo la mucama.

-Bien. Disculpe los golpes, Monsieur McGowen pero Usted huyó. Siga oculto aquí que tiene mi palabra de que no lo sabrá la policía y además de que encontraré al verdadero asesino para que deje de huir-afirma Rei. El gigante le alarga la mano y Poirot la toma.

-Gracias, Miss Poirot. Le estaré agradecido por eso-afirma este. Unos momentos después volvemos al carro de alquiler y yo miro a Poirot que se alisa el vestido y se acomoda el cabello con cuidado.

-¿Dónde aprendió a hacer eso?-le pregunto intrigada.

-¿A hacer qué, Mon Amie?-me regresa la pregunta.

-Eso que hizo con McGowen. Moverse así, usar su ropa como distractor, golpearlo de esa forma y controlar a un hombre mucho más grande y fuerte que Usted-insisto.

-¡A eso! Es una técnica que aprendí en el internado de Kiev-responde ausente mirando su reflejo en el mango de su bastón.

-¿Me quiere hacer creer que en un internado de niñas ricas de Rusia le enseñaron a pelear?-inquiero yo. Ella asiente. Por cortesía y porque me parece que no es momento evito preguntarle más, pero después indagaré. Una vez que llegamos a casa George nos recibe a ambas y le indica a Poirot.

-Llegó su pedido, Señorita. Lo dejé en el despacho-asegura él. Los ojos morados de Rei destellan con felicidad-Sus invitados aún no llegan-insiste el mayordomo.

-Iremos Hastings y yo. Cuando lleguen hágalos pasar-dice ella y camina directo al despacho. Entramos juntas y veo una caja de madera con los sellos de un famoso y costoso almacén de calzado de Picadilly Circus.

-¡No puedo creer que se ocupe de comprar más zapatos que en resolver el caso! ¡De verdad a veces puede ser Usted tan superficial, Poirot!-me molesto yo dejándome caer en la silla. Ella sonríe.

-Le perdonaré el tener semejante duda de mis capacidades de detective solo porque es comprensible que no pueda Usted seguir mis superiores razonamientos y de nuevo se sorprenderá. Le compartiré primero que a los invitados mis brillantes deducciones. Veamos. ¿Puede repetir el meollo del caso que leyó en el restaurant del "Royal"?

-¿Lo de la mujer de 5.4 pies que entró y el hombre de 6 que salió de la habitación de Aberdeen?

-¡C´est bien! Eso justamente. ¿Qué explicación tiene para eso?

-Pues…quizá la mujer sea quien sea entra en la habitación de Aberdeen. Sé que sospecha de algunas de las tres que visitamos. Evidentemente Aberdeen la conocía y le permitió entrar. Quizá luego de golpear al diputado ella le permitió entrar al cómplice gigante para que lo acabara de matar y después salieron-digo yo.

-¿Y cómo es que vieron salir solo al hombre y no a la mujer? Por la ventana no salió. No hay balcón y no pudo saltar de un tercer piso.

-Quizá se ocultó y salió después-digo yo.

-No es posible. Si infiere eso debe dar por hecho que la mucama y el administrador debieron descuidarse y no fue así. Cerraron con llave, estaba cerrado, los policías al llegar revisaron todo. Nadie estaba en la habitación, nadie se escondió. ¿Sabe cómo es que una mujer de 5.4 pies se transforma en un hombre de 6 pies?-me dice y abre la caja de zapatos sacando unos de hombre color negro con una suela descomunal, de casi 5 pulgadas-Con esto. Esto, Ma Chérie, es el motivo detrás de la muerte de Aberdeen. ¡Zapatos Secretos!-me dice yo la miro desconcertada.

-¿Quiere explicarse mejor?-dudo yo.

-Desde luego. La mujer que asesinó a Aberdeen entró en efecto a las 7 de la tarde a su habitación. Él la esperaba. Estaban cenando. Discutieron. Seguramente sabrá por qué. Aberdeen tenía muchas mujeres. Al menos 2 además de la prometida, nosotras vimos sus pulseras. Infiero que Aberdeen como nos dijo Mademoiselle Arlette se hincó a pedir disculpas a la mujer que estaba con él, entonces vio los zapatos secretos. Descubrió una verdad que Aberdeen trataba de ocultar con tanto celo: Su verdadera estatura. La mujer entró, lo mató, se disfrazó de hombre con la ropa de Aberdeen, por eso lo desvistió, se llevó su demás ropa y los otros zapatos de la caja de seguridad quitándole la llave del cuello, se puso esos zapatos, guardó todo en una maleta y se fue.

-Usted está infiriendo-me digo yo molesta y confundida-no tiene pruebas...

-¿Eso cree? En verdad esto me comenzó a intrigar desde que vimos el cuerpo desnudo del diputado tirado en la alfombra. Usted me vió caminando a lo largo de este, estaba midiendo mis pasos. Si mis zapatos miden aproximadamente 9.4 pulgadas y pude dar 6 pasos lineales y algo más a lo largo del cuerpo del diputado eso significaba que el hombre debía medir quizá 5.2 pies. Demasiado bajo, y curiosamente nadie lo había notado antes. Le pedí a George que buscara en diarios viejos fotografías de Aberdeen en las reuniones políticas y encontró estas dos. Una con Gladstone a quien Usted y yo vimos en la iglesia y sabemos es muy alto-me muestra Rei el recorte del diario de ambos dándose la mano-y este con Arthy a quien ambas conocemos y sabemos que también es alto-en la siguiente está al lado del comisionado y efectivamente no se nota esa diferencia de estatura-Entonces solo había una explicación posible. Donovan Aberdeen ocultaba su estatura real usando zapatos especiales con suela alta. La caja fuerte de esa extraña forma me lo confirmó. Allí dentro solo podían guardarse zapatos y el secretario afirmó que su jefe decía que en esa caja guardaba "Lo más importante para realizar su trabajo con propiedad"-repite ella esas palabras.

-Es cierto. Si alguien hubiese sabido la estatura real de Aberdeen eso le habría restado presencia política-concuerdo yo asombrada. Poirot asiente y come un chocolate de su charola personal junto al escritorio.

-Me fijé muy bien en el fabricante de la caja fuerte especial: "Mosler Safe Company" y envié a Goby a pedir una caja como la de Aberdeen a cualquier costo. Ellos dijeron que esa era una "Caja especial para calzado"-me responde Rei-así que después mandé a Goby a las muchas zapaterías de Picadilly Circus para que ordenara unos zapatos de suela alta y Voilá aquí los tiene. Son muchas las zapaterías en que esto es posible. Parece que en Inglaterra hay muchos hombres como Aberdeen acomplejados por su estatura-me explica Poirot mostrándome los zapatos-esta suela aumenta 0.6 pies o 7.2 pulgadas a su estatura.

-Es asombroso…-exclamo yo.

-Y aún hay más. ¿Recuerda las declaraciones de las 3 mujeres? Ellas afirmaron que Aberdeen se molestó cuando le sugirieron tres actividades. Con Mademoiselle Williams el diputado se molestó cuando alguien del patronato del albergue lo invitó al golf. La cantante dijo que opuso resistencia para ir a la playa y con su prometida oficial se enojó bastante cuando le sugirió ir a un restaurante japonés. ¿Qué tienen en común los 3 lugares?-me pregunta Poirot.

-¡Ya lo sé! Que en los tres deben quitarse los zapatos. En el golf ponerse zapatos apropiados, en la playa andar descalzo y en el restaurante japonés…bueno nunca he ido a uno…-aseguro yo. Poirot ríe.

-En esos lugares los comensales deben quitarse los zapatos al entrar y calzar zapatillas-me responde mi amiga.

-Entonces de las tres mujeres que entrevistamos, quien mida 5.4 pies de estatura con esos zapatos puestos medirá los 6 pies aproximadamente disfrazada del hombre que vieron salir de la habitación de Aberdeen-aseguro yo-pero no tenemos forma de saber su estatura…

-Allí se equivoca. Si la tenemos. Las instantáneas fotográficas de Monsieur Bennett-Poirot coloca las tres fotografías delante de mí en que aparecen las tres damas con Rei-Yo mido 5.3 pies, mas lo alto de mis tacones, de 4.7 pulgadas, parece que mi altura es de 5.69 pies. Mlle. Williams, la chica del albergue, me iguala en estatura y ella usa zapato de piso…

-Así que ella no pudo ser-afirmo yo. Poirot asiente.

-Mlle. Betty Arlett y Mlle. Galdstone por otro lado, me llegan casi a la mejilla por lo que ambas están en el rango de estatura de quien asesinó a Aberdeen-me indica ella en las fotografías.

-Yo creo que fue la cantante. Esas mujeres tienen poca moral. Además Miss Gladstone se notaba que verdaderamente amaba al diputado-afirmó yo. Rei niega con la cabeza.

-De verdad Hastings que tiene usted una idea demasiado romántica e ingenua del amor y le falta mucho por conocer a las personas. Ahora sabrá porqué Mlle. Arlette no es culpable. ¿Recuerda la fotografía de la playa que tenía con el diputado?-yo asiento-Si Aberdeen fue con ella a la playa eso significa que forzosamente Betty conocía su secreto y no le importó. El diputado era honesto totalmente con ella. La cantante es inocente-declara Poirot.

-¿Entonces Miss Gladstone?-dudo yo asombrada. Ella asiente, en ese momento George llama a la puerta.

-Señorita. Sus invitados-asegura este y permite el paso a Arthemius Hardwicke junto con el ex primer ministro William Ewart Gladstone que lleva del brazo a su hija, aun con traje de luto ambos.

-Bienvenidos. Arty, Monsieur y Mademoiselle Gladstone-saluda Rei-tomen asiento…-invita y ellos obedecen.

-Miss Poirot…en verdad accedí a venir por la insistencia de Hardwicke. Dijo que sabía Usted quién asesinó al prometido de mi hija-habla el alto hombre canoso de barba. Rei asiente.

-Así es, Monsieur. Es justamente por eso que los hice venir y también porque Arthy me suplicó ser muy discreta con este caso por la importancia política de Usted así que he decidido que lo sepan primero y después decidan qué hacer-afirma Rei y camina hacia el sillón en que Cecilia Gladstone se haya sentada. Se inclina y la mira a los ojos-¿Qué dice, Mademoiselle? ¿Confiesa vos la verdad o lo hago yo?-le pregunta. Veo a la chica rubia ponerse pálida y frotar una mano con la otra.

-¡Miss Poirot qué se supone que está insinuando!-se levanta Gladstone furioso pero el comisionado lo detiene y niega con la cabeza.

-Tengo todas las pruebas menos una pero tengo una idea muy cercana. Sé que fue en defensa propia, pero si Usted no es sincera y nos cuenta todo no la podremos ayudar ni su Padre, ni Athy ni yo-suplica Rei mirando a los ojos a la chica y levantando su mano intenta quitarle la estola negra que cubría su cuello. Cecilia Gladstone se resiste a que se la quite-ya no tiene caso, Mademoiselle…muéstrenos-le pide Rei, ella asiente y permite que mi amiga le quite la tela. Todos podemos ver asombrados las marcas moradas de unos dedos alrededor del su cuello.

-Papá…yo no quería…él me citó en el hotel para pedirme disculpas por la riña de la semana pasada y fui. Estábamos cenando cuando él me dijo que me amaba pero me llamó "Betty" en vez de decirme por mi nombre. Eso me enfureció, le reclamé y quise saber quién era esa "Betty". Lo amenacé con deshacer el compromiso si no me respondía. Él se hincó y me pidió disculpas, entonces vi…vi…-se detiene Miss Gladstone. Poirot camina al escritorio y toma los zapatos de hombre de suela alta.

-¿Vio que usaba esto, verdad?-asegura Rei. La chica asiente llorosa.

-Vi sus zapatos de suela alta y me molesté mucho. Estaba tan furiosa que me burlé de él, de su verdadera estatura y de su secreto. Entonces…Don enloqueció, se enojó tanto porqué me reí de él que me tomó por el cuello y me estrelló contra la mesa. Me estaba ahorcando…desesperada intenté defenderme con lo primero que encontré. Tomé algo duro y lo golpee con toda mi fuerza en la cabeza…¡Yo no quería matarlo! ¡No quería papá!...-se laza llorosa la chica en brazos de su padre. William Gladstone acaricia la cabeza de su hija.

-¿Por qué no me dijiste?-consternado.

-Donovan Aberdeen era un hombre acomplejado por su verdadera estatura que no soportó que Mademoiselle Gladstone se burlara de él. La atacó de forma furiosa e irreflexiva. Mlle. Gladstone luego de verlo muerto pensó bastante bien la solución a su problema y usó los zapatos para disfrazarse. Se puso los pantalones de su prometido uno sobre otro y los sacos que encontró en el armario así como el sombrero de Aberdeeen para dar la apariencia de ser un hombre robusto de 6 pies de alto, pero antes de irse pensó que si la policía descubría que le faltaban los zapatos, podría sospechar, de modo que decidió retirarle la ropa y así reduciría las pistas. También le retiró la llave de la caja fuerte y quizá pensó que si había allí documentos importantes la policía pensaría en motivos políticos. La abrió, pero para su sorpresa allí no había papeles, sino otros zapatos iguales de reserva que Aberdeen seguramente usaba en sus visitas al hotel… ¿No es así Mademoiselle?-le pregunta Rei. Ella asiente llorosa. Yo conecto todos los detalles. El desorden, la ausencia de ropa, las flores pisadas...

-Todo fue como lo describe Usted…Miss Poirot. Hice todo eso. Tomé una maleta de Don y guardé allí su ropa y los otros zapatos. Salí de la habitación y decidí irme por las escaleras. Tomé un carro de sitio y volví a casa. Como papá esa noche llegaba hasta las once de la noche, solo me vio Matilde, mi nana, quien no me hizo preguntas y me ayudó a cambiarme y a quemar la ropa y los zapatos en la caldera de calefacción de la casa-confiesa la chica. Un momento todos guardamos silencio ante estas declaraciones.

-Míster Gladstone, Miss Gladstone…¿Comprenden que debemos ir a que rindan su declaración?-habla Arthemius Hardwicke. El viejo político asiente-Afuera está el carro de la policía. No se preocupen. Con la prueba del cuello lastimado de Miss Gladstone y buenos abogados no habrá problema-insiste él y ofrece el brazo a la chica que lo acepta. Avanzan a la puerta y veo al ex primer ministro acercarse a Rei para estrechar su mano y besarla.

-Gracias por su eficiencia y discreción, Miss Poirot. Debería agradarme que el asesinato de Aberdeen no haya sido por motivos políticos pero mi hija…

-No agradezca, Monsieur Gladstone. Sé que es difícil para un padre, pero piense en lo que diría de Usted la opinión pública si aparece como el hombre justo que prefiere que su hija pase por todos los requisitos legales que debe pasar con tal de ser justo; el político que antepone el cumplimiento de la ley a sus intereses paternales. Si tiene buenos asesores, pueden publicitar esto de modo que le favorezca más en su campaña. "William Ewart Gladstone para Primer Ministro, el político de hierro"-le dice Poirot. El hombre sonríe de lado.

-Si eso llega a pasar, Miss Poirot, Usted tendrá una importante mención en los diarios y mi eterno agradecimiento, tanto por haber descubierto la verdad y ayudado a la defensa de mi hija como por mi lema de campaña. Con su permiso-se despide este y sale. Rei sonríe satisfecha y regresa a su silla frente al escritorio tomando otro chocolate. Mr. Hardiwicke regresa al despacho y solo asoma la cabeza.

-Reindert, hija. Gracias. De nuevo lo hiciste. No dudaba de ti-asegura él-Vengan a cenar el domingo a casa y charlaremos.

-Dalo por hecho, Arthy-asegura Rei y el policía se retira.

-¿Cómo supo de las marcas en el cuello?-le digo.

-No sabía a ciencia cierta, pero no encontraba otra explicación a la total falta de sentido del buen gusto en Mlle. Gladstone. Esa estola desentonaba horriblemente con su vestido, y el único motivo que una dama elegante tiene para faltar a la moda es ocultar algo importante, como yo con mi velo. ¿Recuerda?-yo sigo en silencio meditando hasta que Rei me acerca la charola con chocolates belgas-Tome uno y endulce su vida. Resolvimos el caso.

-Lo resolvió Usted-afirmo yo aceptando el exquisito dulce.

-Oui, Oui, lo resolví yo, pero con su ayuda. Aunque no lo crea sus notas y sus observaciones son valiosas.

-¿De verdad? Pero todas fueron equivocadas-insisto yo comiendo el chocolate.

-¡Est Vérité, Ma Chérie! Pero justo por eso fueron valiosas. Cuando Usted me da su punto de vista sé cual es el equivocado y me concentro en otro-asegura. Yo la miro molesta.

-¿Se supone que le de las gracias por eso?-cuestiono cruzando los brazos muy ofendida.

-No, no, Mon Amie. Se supone que se entusiasme y acepte seguirme ayudando. Quien sabe que nuevas aventuras nos esperen en esta hermosa ciudad. De momento quite esa cara de enojo y vamos a cenar que ha sido un día muy largo-termina ella la discusión y tomadas del brazo salimos hacia el comedor donde nos esperaba una deliciosa cena preparada por George.

Al día siguiente todos los diarios se ocupaban del giro que dio el caso del asesinato de Aberdeen y efectivamente, la prensa resaltaba la defensa propia de Miss Gladstone y el valor cabal de su Padre al dejar a su hija pasar por el proceso legal por cumplir con la justicia. Las preferencias electorales se volcaron sobre William Ewart Gladstone y todos daban por hecho que sería reelecto y claro, no dejaban de mencionar a Miss Reindert B.C. Poirot, gracias a quien se había resuelto el caso. Yo al fin tuve que aceptar que aunque no entendiera a Poirot y me molestaran sus maneras poco honorables y su terrible arrogancia, me estaba gustando esta vida y estaba aprendiendo mucho con ella, además, quizá con el tiempo mis conclusiones resultaran de utilidad después de todo, aunque con Poirot nada se puede predecir…

*FE DE ERRATAS: Una disculpa por el año, había puesto otro en el chap pasado pero por razones de la historia y de hechos que ocurrirán mas delante este es el adecuado. De verdad mis disculpas por ello, el capítulo pasado ya está corregido conforme a esta línea temporal.

NOTAS FINALES: Un enorme agradecimiento a todos los que se toman la molestia de seguir leyendo este fic aun con el estilo NO ROMANTICO y muy de novela negra que se sigue y no es común en este fandom. Espero poder complacer a los fans de Poirot (especialmente a CrimsonMizzle) y a las chicas del Fénix Clan con esta revoltura rara que salió al juntar a ambos. Mi idea es ir dibujando poco a poco la personalidad de Reindert Poirot y detallitos de su pasado que se irán reconstruyendo, aún quedan sorpresitas. ¡Gracias al dragón y a la tortuga por el apoyo! y cuando se me ocurra otro caso aquí me tendrán.

¡AU REVOIR!

ATTE: LEONOR DE ÉBOLI.