*Antes que nada agradecer los comentarios. No sabéis la alegría que da salir al descanso del trabajo aburrida y encontrarme con ellos! Y más teniendo en cuenta que no estoy acostumbrada a ello (lo malo de escribir sobretodo sobre Xmen y en español, poco público XDD)
Por otro lado, Koizumi-Marichan me preguntaba por el cuándo de esta historia. Yo diría que algo después de lo sucedido en la isla, lo suficiente alejado en el tiempo para que su relación haya vuelto a ser la misma de antes pero no lo suficiente como para que no estén "expectantes".
Pues nada, espero que os guste la actualización y no alejarme mucho de lo que son los personajes (que es lo que más cosas me da, jajaja).
;)
Los personaje de esta historia pertenecen a Rebecca Sugar.
II
Estaba tomándose un enorme batido de plátano acompañado de galletas de ostras junto con Steven y Connie mientras se remojaban los pies en la piscina de las Gemas. El día era soleado y caluroso, pero bajo las enormes palmeras se estaba tan bien que decidieron pasar el día a su sombra.
-¿No tienes que ir a trabajar? -preguntó Granate flotando sobre una colchoneta.
-¡Es verdad! -exclamó Sadie levantándose de golpe.
-¡Venga, chica Dónut, si lo estamos pasando de miedo! -exclamó Amatista colgando boca abajo de una rama. -Además, te has olvidado el uniforme.
Sadie miró hacia abajo y para su sorpresa se dio cuenta de que así era. En ese momento llevaba un bañador rojo con adornos azules.
-Y el Big Donut hoy flota lejos de la playa -añadió Steven señalando un punto lejano en el mar.
-Entonces no hay problema en que me quede -sentenció contenta Sadie poniéndose unas gafas de sol con forma de corazón y volviendo a meter los pies en el agua.
-¡Canta algo, Steven! -exclamó Perla saliendo del agua y ofreciéndole el ukelele a su amigo. Todos se unieron en la petición.
Steven cogió con cariño el instrumento y tocó unas notas, solo que las notas no sonaron como notas musicales, si no como unos golpes sordos. Tras unos instantes hizo otro intento y nuevamente solo se oyeron golpes.
Entonces Sadie se despertó.
-¿Pero qué...? -se dijo somnolienta encendiendo a tientas la luz de la mesita.
Todo había sido un sueño...pero ahí estaban los golpes de nuevo, solo que un poco más fuertes.
Ya un poco más despejada se dio cuenta algo alarmada de que los golpes provenían de la ventana. Armándose de valor acercó silenciosamente una banqueta y subiéndose a ella se asomó. Al principio no vio nada, únicamente parte del oscuro jardín pero cuando estaba a punto de bajarse y decidida a acostarse de nuevo un rostro apareció dándola un susto de muerte.
-¡Ahh! -gritó cayendo al suelo.
-¡Sadie!
El murmullo de una voz conocida le llegó a los oídos.
-¿Lars? -susurró subiéndose de nuevo a la banqueta y abriendo la ventana.
-Hey Sadie, ya creía que me iba a morir aquí congelado.
-¿Pero Lars, has visto qué hora es? -susurró de nuevo Sadie, entonces notó un fuerte olor a alcohol. -¿Has bebido?
-Sssólo un poco...y sé que es tarde, pero es que he perdido las llaves de casa, hip, y mis padres no están en la ciudad y no podía despertar a la señora Lemon, la vecina, para que me diese la copia que le dejó mi madre...
-¿Pero sí puedes despertarme a mí? -preguntó enojada Sadie. -¿Y qué quieres que haga yo?
-Déjame pasar la noche aquí, por favor.
-¿QUÉ?
-¡Venga Sadie, no tengo a donde ir!
-¿Estás loco Lars? No puedo hacer eso. Mi madre está durmiendo arriba...
-¡Por favor! No se enterará. Y a primera hora de la mañana me habré ido.
Sadie se quedó unos segundos en silencio sopesando las opciones.
-¡Venga Sadieee, sólo puedo contar contigo!
Con un suspiro Sadie se hizo a un lado y con un gesto le invitó a pasar.
-Muy bien Lars, pero nada de ruidos...ni de cosas raras.
-¡Gracias Sadie!
Le vio descolgarse torpemente desde la ventana y en cuanto puso los pies en el suelo se tambaleó un poco.
-¿Cuánto has bebido? -preguntó Sadie agarrándole antes de que se golpease contra un mueble.
-¡Oh, sólo un par de cervezas! - contestó él dejando caer la cazadora al suelo y mirando a su alrededor.
Sadie se subió de nuevo a la banqueta y cerró la ventana intentando hacer el menor ruido posible.
-Y por qué será que no me lo creo.. ¿Pero qué te crees que haces?
Al volverse hacia Lars le vio sentado en la cama quitándose la camiseta.
-Pues quitarme la ropa para dormir -contestó con naturalidad ante una colorada Sadie.
-¿Pero es que piensas dormir en mi cama?
-Esa era la idea.
-¿Y yo?
-Hay hueco para los dos.
-¡No, Lars! - contestó nerviosa e intentando no gritar. -No podemos dormir juntos...
-Ni que no hubiésemos dormido juntos antes en la isla- dijo él con picardía echándose en la cama con los brazos tras la cabeza.
Ella frunció el ceño y se frotó los ojos intentando calmarse.
-Está bien -dijo por fin. -Pero solo dormir ...¡y ponte la camiseta!
Tardó un rato en armarse de valor para meterse en la cama, lo más alejada posible de él y otro tanto en atreverse a apagar la luz. Ahora, con los ojos abiertos y fijos en el techo, no podía dejar de pensar en que no sería capaz de dormirse con él ahí junto a ella.
-¿En qué estabas pensando para dejarle entrar? -se preguntó. -¡Eres tonta! Otra vez ha jugado con el "solo puedo contar contigo".
Aún así, también tenía que reconocer, aunque a regañadientes, que el corazón había estado a punto de salírsele del pecho de la emoción al verle ahí fuera llamándola.
¿Por qué todo era tan complicado con Lars?
Se volvió hacia él en la oscuridad. Por la pesada respiración ya debía de dormir. Suspiró, se volvió hacia el lado contrario y cerró los ojos, intentando dejarse llevar por el sonido del viento en el exterior. Y lo estaba consiguiendo cuando un brazo la rodeó cariñosamente por la cintura.
-Echaba esto de menos -oyó susurrar a Lars entre sueños.
Notó como le subían los colores a la cara de nuevo y con una tonta y feliz sonrisa se durmió enseguida.
