- B-Buen día señor Nasus. - Dijo un tímido invocador cuando el ser mítico canino llegó junto con una mujer a su lado. Vestía su tradicional túnica púrpura y mantenía su rostro agachado y oculto a modo de reverencia. Eso era normal para Nasus ya que era muy admirado pero a la vez muy temido dentro de la liga, tanto por invocadores como por campeones. - Recibimos su carta de solicitud. En un momento lo haremos seguir.
- Gracias. También quiero que le cedan una cámara de invocación hacia Jonia para Sivir. Creemos que allí se encuentra información sobre la desaparición de los campeones en el desierto.
- Claro, pero tendrá que esperar, s-señor. Se les está realizando un corto mantenimiento a ésta cámara en específico. En unos momentos estará lista.
- Gracias. Ahora guíame al lugar que te pedí. Sivir, ve a Jonia en cuanto la cámara esté lista.
- Si, ya se. No me extrañes perrito. - Dijo Sivir guiñándole el ojo a Nasus. Éste, como siempre, indiferente dio la vuelta y se alejó de allí con el invocador. En cuanto a Sivir, decidió dar una vuelta por el Instituto de Guerra.
Se divertía viendo las travesuras de los pequeños yordles. Podía pasar un día entero observándolos de no ser que eventualmente ella terminaría involucrada en esas travesuras y muchas veces eso podría traer consecuencias desagradables. Recordó una vez que Lulu convirtió al majestuoso Curador de las Arenas en una pequeña y tierna ardilla inocente. No pudo evitar reírse levemente al recordar aquello, la escena más graciosa que tenía de él. Y ni hablar cuando volvió a su forma normal, tenía tanta rabia acumulada e iba a estallar pero era incapaz de hacerlo con una pequeña y tierna yordle. Más tarde lo vio golpeando un árbol hasta partirlo en dos.
Estaba tan perdida en sus pensamientos que no vio una figura que pasaba en frente de ella. Un cosquilleo en la nariz causado por algo suave y peludo la hizo volver a la realidad, viendo directamente a unos ojos amarillos de pupila rasgada.
- ¿Por qué tan sonriente? - Dijo la mujer de nueve colas.
- N-Nada, nada. - Dijo Sivir un poco distraída todavía.
- Claro, entonces estás drogada riéndote sola.
- No, en serio, es sólo algo que fue gracioso.
- Ya... - Ahri veía en el alma de Sivir un aura caluroso que se concentraba en su corazón aumentando la fuerza y velocidad de sus latidos. - ¿Y en quién pensabas?
- Ya te dije que en nada ni nadie. - La pelinegra miró de reojo a Ahri y recordó su misión. - ¿Has visto a Shen?
- ¿Shen? - Dijo con asombro Ahri y llevándose las manos a la boca. - Vaya que si te gustan los retos. No lo hagas, es caso perdido. Ya lo intenté.
- ¿Qué? ¡No, eso no! - Dijo Sivir un poco molesta. - Es un importante asunto que debemos tratar ¿Sabes donde está? O mejor voy y lo busco yo.
- Ya, ya tranquila. Sólo bromeo. Acompáñame, también necesito hablar con él.
A pesar de que la Kumiho era una buena persona, a Sivir nunca le agradó la actitud coqueta que tenía Ahri tanto a campeones como a invocadores, no le veía el sentido de hacerse desear por toda figura masculina. Por el contrario, le parecía algo humillante para ella como mujer. Pero le causó curiosidad algo en específico: - ¿Por qué necesitas a Shen?
- ¿Celos? - Sonrió picarona.
- Solo tengo curiosidad. No me importa realmente lo que hagas con él.
- Bueno, quizás pueda lograr algo más que una mirada seria bajo esa máscara... Y darle un poco de celos a Akali.
- ¿No me digas que ella está...?
- Sip. - Dijo sonriente. - Se enamoró del ser que más probabilidades tiene de rechazarla.
- Bueno, ser el Ojo del Crepúsculo significa renunciar a muchas cosas.
- Supongo que tienes razón. - Llegaron a un bello bosque donde se podían encontrar con frecuencia a varios campeones meditando en armonía con la naturaleza. Allí divisaron a Shen junto a Kennen y Akali. El ninja azul, como siempre, sostenía su semblante serio y postura firme, pero sus compañeros no estaban así. A pesar de sus máscaras, se podía ver un rostro preocupado y hacían movimientos nerviosos.
- Me iré a lanzar shurikens. - Dijo asustado el pequeño yordle ninja sin mirar a nadie,solo hacia el suelo y caminando en dirección opuesta a la de sus compañeros.
- ¿Estás seguro que...?
- Déjalo. - Dijo Shen. - Es su forma para quitar el estrés.
- Está bien.
- ¿Por qué esas caras tan largas? - Dijo en tono divertido Ahri. - Parecen haber visto un fantasma.
- ¿Qué haces aquí? - Dijo Akali con una mirada asesina. Sabía perfectamente las razones por las que Ahri se acercaba a ellos, y más específicamente a Shen.
- Tranquila gata. Solo vengo de paso.
- Ya te lo voy a creer, zorra. - Sivir decidió mantener una distancia prudente y esperar a que pasara la pequeña pelea, pero no pudo evitar reírse ante aquel comentario.
- Akali. - Se había pasado. Por un momento se olvidó de la presencia de Shen y ahora tendría que pagar las consecuencias. Mínimo le pondría a meditar al menos toda una tarde. - No comprendo cuál es tu conflicto con Ahri pero esto debe parar ya. Y va para ti también Ahri. Ambas deben hacer las paces no importa cual es el problema.
- Gracias Shen. No te preocupes, estoy segura que no van a darse más peleas. Ah, venía sólo porque acompañaba a mi querida amiga Sivir. Al parecer le urge hablar contigo. - Sivir al escuchar aquello decidió por fin acercarse al grupo.
- Hola Shen.
- Hola Sivir ¿En qué puedo ayudarte?
- Si, bueno... Si es verdad que me urge hablar contigo, pero prefiero hacerlo más en privado, en la Orden Kinkou junto a Akali y Kennen si es posible.
- Como desees, Sivir. La cámara de invocación estaba en reparación pero creo que ya debe estar lista. Si quieres podemos partir ahora.
- Busquemos a Kennen antes. - Dijo Akali un poco más calmada. - Debe estar camino al gimnasio. Iré a buscarlo. - En el momento en el que Akali se giró en dirección opuesta a todos sus compañeros camino hacia el gimnasio, se escuchó un gran estruendo a la lejanía. - ¿Qué fue eso? - Nadie contestó nada, solo sabían que debían correr hacia la academia. Algo malo había pasado allí.
A medida que se acercaban, podían oir con más detalle la situación que se presentaba dentro del Instituto de Guerra. Gritos de batalla mezclados con gritos de terror y llanto. Podían sentir un olor que quemaba la vía respiratoria, proveniente de un tipo de gas que iba tomando cada vez más una tonalidad color verde. Ahri, cuyo olfato es mucho más agudo que el de un humano corriente, fue disminuyendo su velocidad por la difícil capacidad que tenía para respirar, hasta que en cierto momento cayó al suelo. Se estaba ahogando.
- ¿Qué hacemos? ¡No podemos seguir; Ahri morirá! - Dijo Akali acudiendo a ayudar a la kumiho.
- Hay que... *cof cof* b-buscar una... vía a-alterna... - Dijo Sivir, que también estaba bastante afectada por el gas. A pesar de todo, los ninjas parecían no inmutarse por esa sustancia. Quizás después de la invasión a Jonia empezaron a tener sus habitantes ciertos entrenamientos a su cuerpo para mantener el control en una situación similar en un futuro, como el que vivían ahora.
- ¿Y Kennen? Se fue al gimnasio y debe estar en la mitad de todo el conflicto.
- Yo iré en busca de Kennen. Ustedes cuiden de Ahri y busquen la forma de llegar al portal a salvo.
- Si. - Dijeron Akali y Sivir antes de alejarse corriendo. Mientras tanto, Shen junto sus manos de forma vertical haciendo una figura extraña con ellas, para que, acto seguido, saliera un aura de él, que lo envolvía cada vez más hasta desaparecerlo en un destello.
Dicho y hecho. Me demoré una eternidad en volver a subir el cap xD pero espero que les guste:3 comenten que tal les parece
