Es la continuación del anterior, tuve que hacerlo así para no pasarme con la extensión (quizás por eso a alguien se le pudo hacer algo corto) disfrutad!
II
La gente empezó a dejar la vieja casa para marcharse a la suya en el momento en que empezó a amanecer. Clarke declinó una vez más la oferta que Finn le hizo de marcharse con él y decidió volver en el coche de Raven, junto con Monty y Lexa. Ellas se sentaron en la parte de atrás mientras Raven conducía y discutía con Monty sobre algún tipo de término mecánico que ninguna de las dos se creían capaces de pronunciar.
Clarke se apoyó en el hombro de Lexa para descansar y acercó la cara a su cuello mientras su amiga miraba distraída por la ventanilla y jugueteaba con los dedos de su mano, haciéndole cosquillas.
-Parecía enfadado -murmuró Lexa después de un rato, refiriéndose a Finn.
-No me importa.
-Quizás deberías de haberte ido con él y dejar que tus padres le vieran llevándote a casa -la sola idea de aquello encendía la ira de Lexa hasta niveles que la asustaban, pero lo último que quería era que Clarke se buscase más problemas con su familia dejando a Finn colgado por ella.
-No.
-¿Por qué no?
-Porque es lo que quieren ellos, no lo que quiero yo.
-¿Y qué es lo que quieres tú?
Clarke levantó la vista para observar a Lexa pero esta seguía concentrada en el exterior, por lo que llegó a dudar si la morena había dicho algo o no. Volvió a hundir la cabeza en su cuello y se abrazó más fuerte a ella antes de contestar.
-¿No es evidente? -susurró más para sí misma que para nadie.
Tras dejar a Monty en su casa, la siguiente más cercana era la de Lexa. Clarke parecía haberse dormido en su hombro y cuando llegaron Lexa intentó moverse con cuidado para no despertarla, pero la mano de Clarke agarrada a su chaqueta impidió que se alejara.
-Clarke… -susurró- cielo, estamos en mi casa y necesito que me sueltes para poder salir del coche.
Intentó moverse una vez más pero el agarre de Clarke aumentó de intensidad y suspiró con fuerza sin saber qué hacer. Raven las observaba divertida desde el asiento delantero.
-No está dormida -afirmó.
-¿Qué? -preguntó Lexa confundida.
-Que no está dormida. Mírala, se está riendo.
-No me estoy riendo -gruñó Clarke, incorporándose para frotarse los ojos.
-¿Lo ves?
-¿Te hacías la dormida? -preguntó Lexa reprimiendo una sonrisa.
-¡No! -negó Clarke rápidamente- Estaba a punto de dormirme.
Lexa soltó una carcajada y besó suavemente su mejilla para despedirse. Hizo lo mismo con Raven y abrió la puerta del coche, pero Clarke agarró su muñeca antes de que pudiese salir.
-Espera, Lex -se mordió el labio- ¿Puedo quedarme a dormir contigo?
Lexa parpadeó un par de veces antes de contestar. Desde que los padres de Clarke insistían en que saliese con Finn, la rubia apenas la había invitado a pasar por su casa y mucho menos a quedarse a dormir, y ella tampoco le había ofrecido quedarse en la suya. Era algo que antes hacían de manera natural, pero ahora resultaba casi extraño para ellas.
-Claro, ¿pero por qué?
-Bueno, yo… en realidad le dije a mis padres que me no dormiría en casa esta noche, supongo que creen que estaré con Finn, y sería raro volver ahora -balbuceó-. No quiero que me inflen a preguntas.
Lexa asintió sin creer necesario hacer más preguntas y cogió su mano para que la siguiese. Clarke se quitó las botas al entrar en la casa y pasaron de puntillas por las escaleras y el pasillo para no despertar a nadie hasta llegar a la habitación de Lexa, que lo primero que hizo fue tirarse sobre la cama cansada. Clarke se echó a reír cuando empezó a oír que roncaba ligeramente.
-Es imposible que te hayas dormido ya -dijo mientras se quitaba el abrigo y el jersey de cuello vuelto que se había puesto esa noche.
-Tú eres la experta en hacerte la dormida -murmuró Lexa sin moverse y Clarke volvió a reír.
-¿Te importa si me doy una ducha?
-¿Ahora? -Lexa se incorporó para mirarla con el ceño fruncido.
-Es que Raven me ha tirado su copa encima antes y estoy pegajosa. Son diez minutos como mucho, lo prometo -dijo juntando las manos. Lexa la miró de arriba abajo y entrecerró los ojos.
-Cinco.
-Venga ya -se quejó poniendo los brazos en jarra-. Con el frío que hace en cinco minutos ni si quiera se ha calentado el agua, es matemáticamente imposible.
-Pues no te duches.
-Lexa…
-Cinco o nada, Clarke -sentenció y la forma en que la rubia comenzó a sonreír hizo que se pusiera nerviosa- ¿Qué?
-Tú también deberías ducharte -contestó acercándose hasta estar frente a ella.
-Estoy bien, gracias -no sabía qué era lo que pretendía la rubia mirándola de aquella manera.
-Dúchate conmigo.
-¿Qué? -Lexa abrió los ojos de par en par y sintió que su pulso se detenía.
-Que te duches conmigo -Clarke sonrió y la cogió de las manos tirando de ella-. Antes lo hacíamos.
-¿Antes? ¡Cuando teníamos quince años, Clarke! -protestó casi con pánico intentando soltarse de su agarre.
-Bueno, ahora tenemos veinte, ¿y qué?
-¿Cómo que "y qué"? Pues que no es lo mismo. Suéltame, no voy ducharme contigo.
-Si no quieres ducharte conmigo esta relación no tiene sentido, Lexa -dijo cruzándose de brazos.
-¿Si te dejo tardar diez minutos me dejarás en paz?
Lexa pudo ver cómo se le iluminaba la cara y antes de darse cuenta la rubia ya había desaparecido de la habitación y se había metido en el baño.
Tramposa, pensó y no pudo evitar sonreír.
Ya estaba metida en la cama y con las luces apagadas cuando Clarke regresó. Lo que Clarke no sabía era que aquello era algo que Lexa hacía a propósito, ya que una de las cosas que más alteraba su sistema nervioso era ver a su amiga recién duchada.
El olor de su piel, mezclado con el aroma a vainilla de su gel favorito, hacía que Lexa siempre se marease y tuviese que mantener una distancia prudencial con ella para no cometer una locura. Algo que en ese momento era físicamente imposible porque Clarke había cruzado la cama bajo las sábanas y se estaba abrazando a su espalda.
-El agua estaba buenísima -susurró provocando en Lexa un primer escalofrío. Tuvo que apretar la mandíbula antes de responder.
-Me alegro.
-Me encanta tu ducha -volvió a susurrar con la voz más ronca, esta vez apartando su pelo y besando su nuca, provocando el segundo escalofrío en la morena.
-Es solo una ducha, Clarke -aún no sabía cómo las palabras salían de su garganta pero estaba agradecida por ello.
-Pero me trae recuerdos… -colocó una mano sobre su cadera y comenzó a acariciarla- Ojalá te hubieses duchado conmigo -y llegó el tercer escalofrío, tan fuerte que Lexa creyó que se quedaba sin respiración.
-Clarke…
-Lo decía en serio.
-Clarke, para -suplicó.
La rubia suspiró y se abrazó con fuerza al cuerpo de Lexa, que cerró los ojos y se mordió el labio para contener las ganas de darse la vuelta y responder al calor de su contacto.
-Lo siento, ya sabes que me cuesta.
-Lo sé, pero ya hemos hablado de esto y no puede pasar nada mientras tú tengas novio.
-Finn no es mi novio -se defendió.
-Pero lo será.
-No tiene por qué -esta vez fue Lexa la que suspiró y se giró para quedar mirando al techo. No se creía con fuerzas para mirar a los brillantes ojos azules de su amiga en ese momento-. Puedo dejar de verle cuando quieras. Haré un trato con él para que mis padres crean que estamos juntos o algo así, solo tienes que decirlo.
Lexa centró su atención en ella y la observó sin creerse lo que acababa de oír. Después de tantos años todavía no entendía cómo Clarke podía parecer una persona tan decidida y atrevida con los demás y después ser capaz de decirle algo así a ella.
Lexa era la única persona a la que mostraba ese lado vulnerable y aunque la conociese tan bien a veces aún se sorprendía por la poquísima estima que Clarke se tenía a sí misma en el fondo.
-Jamás te pediría algo así -dijo casi enfadada-. No hables de esa manera ni en broma.
-Pero es la verdad.
-No puedes depender de los demás para tomar decisiones, Clarke. Yo no puedo obligarte a dejar de ver a nadie, al igual que tus padres no pueden obligarte a estar con quien ellos quieran, porque es tu vida. Tú eres la única que manda en tu vida.
-Pero nunca he sabido tomar decisiones -se justificó-, mis padres siempre lo han hecho por mí y me da miedo equivocarme y hacerle daño a alguien. La única elección mía de la que estoy orgullosa fue entrar en la escuela de arte, y tuve que insistirle a mi madre durante dos años para que me dejase ir por las tardes después de la universidad-entrelazó los dedos con los de Lexa y hundió la cara en su cuello-. Lo único que sé es que quiero estar contigo. Te quiero.
Lexa cerró los ojos y respiró hondo, dejando que el aroma a vainilla inundara sus pulmones y el calor del cuerpo de Clarke llenara su corazón.
-Lo sé -susurró antes de quedarse dormida.
Mientras dormía soñó con la primera vez que ella y Clarke se besaron. La pregunta de Miller en la mansión había hecho que volviera a recordarlo y le había estado dando vueltas desde entonces.
Fue una noche en la que Lexa se había quedado a dormir en casa de Clarke cuando tenían dieciséis años. Lexa le confesó que Costia, una chica de su clase, le había mandado un mensaje y quería salir con ella, pero estaba aterrada porque ella nunca había besado a una chica y temía que fuese más difícil que hacerlo con cualquier chico.
-¿Y si ella lo hace genial y yo lo hago fatal y luego no quiere volver a verme? -preguntó horrorizada.
Sentía que Costia le gustaba de verdad y no quería estropearlo pero no sabía qué hacer, así que Clarke, para tranquilizarla, se ofreció a practicar con ella.
La idea de besarse con ella hizo que se pusiese nerviosa en un principio, pero al final aceptó sin creer que fuese a significar nada.
Al fin y al cabo solo eran amigas ayudándose, como siempre hacían.
-Imagínate que soy Costia, ¿vale? -propuso Clarke sentada en la cama de rodillas frente a ella- Solo relájate y déjate llevar.
Y eso fue lo que hizo.
Fue Clarke quien se acercó a ella despacio y juntó sus labios con los suyos en un beso tímido, dejando a Lexa paralizada. Al ver que no se movía, dejó un nuevo beso en su labio inferior y después otro en el superior. Aquello pareció reactivar a Lexa, que llevó una mano hasta su cuello para atraerla y comenzó a besarla con decisión, sorprendida por la suavidad de los labios de la rubia.
A medida que ella profundizaba en la boca de su amiga y se dejaba llevar por el cosquilleo que le provocaban los movimientos de su lengua, Clarke parecía perder más la capacidad de responder y cuando dejó salir un sonoro gemido de su garganta se separaron de golpe con la respiración agitada y la vista nublada.
-Eso ha sido… -balbuceó Clarke con las mejillas encendidas-. Ha estado bien, Costia estará contenta.
-Sí, esto… gracias por ayudarme -murmuró y acto seguido ambas se metieron en la cama lo más lejos posible la una de la otra, intentando entender lo que acababa de pasar.
Esa noche Lexa descubrió dos cosas: una, que jamás volvería a querer besar a un chico porque no tenía ni punto de comparación con aquello, y otra, que le daba exactamente igual cómo besase Costia porque a quien realmente querría besar durante el resto de su vida era a Clarke.
/ / /
A Lexa se le había olvidado bajar la persiana cuando se acostaron y la luz que entraba por la ventana era tan fuerte que Clarke creyó quedarse ciega al abrir los ojos. Le entraron ganas de levantarse de golpe y bajarla, pero se detuvo cuando notó el peso del cuerpo de Lexa sobre ella.
Tenía la cabeza apoyada en su hombro, con la cara tan cerca de su cuello que su respiración le hacía cosquillas, una pierna cruzada entre las suyas y la mano izquierda en su cadera, a unos centímetros del borde de su camiseta. Como si una barrera invisible le impidiese cruzar esa frontera e introducir la mano bajo la tela.
Una barrera que ellas mismas habían impuesto desde hacía unos meses y que a Clarke cada vez se le hacía más difícil no romper.
Casi sin ser consciente de lo que hacía, movida por el deseo que el cuerpo caliente de Lexa despertaba en ella, Clarke cogió su mano y la guió hacia arriba lo justo para que acariciase la piel de su estómago. Lexa, que comenzaba a despertar, gruñó ligeramente de placer cuando Clarke introdujo al mismo tiempo la mano bajo su camiseta y arañó con dulzura su espalda.
La mano de Lexa se separó de la suya y para su sorpresa ascendió por su cintura en una caricia. Clarke no pudo contenerse y suspiró, clavando sus uñas con más fuerza en la espalda de Lexa cuando sus dedos rozaron la forma de su pecho. Creyó que eso había sido un error y que Lexa se detendría en ese momento, pero la morena besó su cuello y poco a poco fue ascendiendo hasta el inicio de su oreja, donde dejó un pequeño mordisco que hizo que Clarke reprimiera un gemido.
Sin poder aguantarlo más, Clarke agarró su rostro con las manos y tiró de ella buscando su boca para besarla (o más bien devorarla) mientras se apretaba a su cuerpo para sentirla mejor. Llevaba demasiado tiempo esperando poder besarla y sintió ganas de llorar cuando pudo saborearla de nuevo.
Porque no era la primera vez que aquello ocurría. De hecho, aunque lo habían mantenido en secreto, habían llegado a besarse de aquella manera hasta cuatro veces.
La primera vez Clarke simplemente intentaba ayudar a una amiga, la segunda fue producto del exceso de alcohol y en la tercera Lexa se dejó llevar por la tristeza tras su ruptura con Costia. La cuarta vez que ocurrió Finn aún no había aparecido en sus vidas, y por muy raro que pudiese parecer no fue hasta ese momento cuando se atrevieron a reconocer que aquello no era lo normal entre dos simples amigas.
Lexa se movió sobre ella y apoyó el peso en la cadera dejándose besar. Clarke permaneció con las manos en su rostro, sujetándola contra ella sin ocultar el miedo que tenía a que se alejara, y utilizó la lengua para lamer su labio inferior antes de morderlo. La morena musitó entonces algo incomprensible en su boca y se separó de golpe, llegando casi hasta el borde de la cama bajo la mirada de confusión de Clarke.
Tenía los ojos cerrados y era evidente que intentaba contener las lágrimas mientras apretaba las sabanas en una mano y evitaba mirarla. Su pecho se movía con fuerza y necesitó unos largos segundos para recomponerse antes de poder hablar con la voz rota.
-Lo siento.
Clarke la contempló sin saber qué decir. Se sentía culpable por haberla provocado de la forma en que lo había hecho. Por haber llevado su mano esa mañana unos centímetros más arriba de lo que debería, por susurrarle cosas al oído y acariciarla sabiendo que su cuerpo respondería con aquellos temblores que le hacían perder la cabeza.
Sabía que deseaba aquello tanto como ella pero Lexa era la única de las dos que siempre apretaba el freno, a pesar del esfuerzo que le suponía, y aun así ella seguía con aquel juego estúpido que lo complicaba todo más de lo que ya lo estaba.
-No, yo… lo siento. No tenía que haber empezado nada.
Lexa abrió los ojos pero permaneció inmóvil, con la vista fija en la pared. Clarke se incorporó y se abrazó a sus rodillas mientras la miraba preocupada. Lo último que quería era que Lexa se sintiese culpable por nada de aquello y sabía que era exactamente lo que estaba haciendo.
Era lo que siempre hacía; la detenía cuando sobrepasaba el límite que habían acordado y le recordaba que ella tenía esa absurda relación con Finn, pero después de hacerlo se lamentaba por no poder dejarse llevar y entregarse a lo que las dos deseaban, sin preocuparse por el mañana.
Quizás fuese más frustración que culpabilidad, quién sabe.
Lexa se levantó en silencio y rodeó la cama para salir por la puerta de la habitación. Después se oyó la puerta del baño que había frente a su cuarto y a los pocos segundos el ruido del agua cayendo en la ducha.
Clarke miró la hora en su móvil y suspiró al ver que apenas eran las nueve de la mañana. Se tumbó de nuevo en la cama, se arropó con el edredón y esperó volver a dormirse, a pesar del dolor que sentía en el pecho, hasta que Lexa regresara.
Es un poco corto, lo sé, pero es suficiente para que ya podáis ubicaros en la situación. Imagino que después de esto ya sabréis por dónde van a ir los tiros, me parecía un poco típico hacer que no supieran lo que sienten así que me he saltado toda esa parte (pero contaré cosas, no os preocupeis).
Muchas gracias a quienes me habéis dejado comentarios y a quienes ya le habéis dado fav y follow, espero de verdad que os guste y os vaya atrapando poco a poco ^^
Subiré el siguiente en nada para no dejaros así, nos vemos!
