Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. La imagen de portada no me pertenece, no así la edición.


2. Maldición

«Tal vez te has convertido en una maldición para aquellos que te rodean.

Tú no mueres. Todos a tu alrededor lo hacen en cambio.»

—Laini Taylor, Sueños de Dioses y Monstruos.


El verde pasaba frente a sus ojos con velocidad. Árboles por doquier se alzaban majestuosamente hasta que sus copas oliva se perdían de vista, y césped del mismo color iban quedándose atrás, iban extendiéndose a lo lejos, delante, a los lados de él. Siguiendo la dirección del sonido de aquel grito bestial, Levi poco a poco se acercaba más a la dolorosa respuesta y confirmación que le esperaba.

El paisaje de verde y marrón cambió de repente. En un vistazo fugaz, notó que unos metros a su izquierda, un amplio rastro de sangre conducía hasta un punto donde un charco reunía su punto final… y a la vez el origen. Gunter Schültz, uno de los miembros de su escuadrón, colgaba sin vida desde un árbol con su equipo de maniobras. La causa de muerte, como pudo notar, había sido una herida fatal en la nuca. Un destello de ira nació en su interior. Le habían arrebatado la vida a aquel soldado como si se tratara de un maldito titán.

Levi no dijo nada. Sus presentimientos resultaron ser ciertos. Pasó justo a su lado, y en silencio se despidió. Siguió avanzando, pero sin la prisa con la que una pequeña llama de esperanza podía empujarle. Quizás hubiera podido pensar que si se apresuraba aun podía luchar junto a un equipo que se encontraba en problemas. Pero bien sabía que no sería de esa manera. Por más difícil y duro que fue para Eren, él había tomado la decisión de confiar en su equipo, por ello, Levi sabía que éste no tomaría la decisión de luchar por su cuenta. A menos que… a menos que algo tan drástico y fatal hubiera ocurrido como para que se transformara en titán. Solo una idea se le podía ocurrir como respuesta, solo una cosa podría haber sido el detonante para que Eren no lo soportara más y peleara. Desde que escuchó aquel grito desgarrador del joven soldado al transformarse en titán, Levi supo que era demasiado tarde. Nunca volvería a luchar junto su escuadrón de nuevo.

El cuerpo sin vida de su camarada quedó atrás, y Levi siguió avanzando por los aires abriéndose paso entre los árboles. El siseo del gas era lo único que podía escucharse en aquellos momentos, ya ni siquiera el eco de los gritos de angustia e ira de Eren permanecían flotando en el aire. Era una tranquilidad similar a la de rato atrás, pero esta era una tranquilidad falsa. Insultantemente falsa, perturbadora y cruel, como la de los depredadores cuando acechan a su presa. Un silencio maligno que se destruye con la emboscada y el ataque del que las presas no tienen ni una pequeña oportunidad de escapar.

El verde cambió, súbitamente. A lo lejos, de nuevo el rojo fatal acaparaba su visión. El punto final se alzaba frente a él. El punto de la reunión sin palabras para el que ninguna de sus anteriores batallas y experiencias lo había preparado.

Evidencias de peleas podían notarse. En los árboles cercanos notaba las grietas producidas por los ganchos del equipo de maniobras. Rotas cuchillas que habían sido descartadas yacían en el suelo, reflejando un brillo fantasmal a la luz del sol. Otras, intactas, también parecían haber caído desde lo alto. No brillaban tanto como deberían a la luz del mediodía. Había sangre en ellas, y no se estaba evaporando como sucedía al herir a un titán. Partes aisladas que deberían estar ensambladas del equipo de maniobras estaban repartidas en una gran área del suelo. Señales de daños irreparables saltaban a la vista, abolladuras, cortes irregulares como si las correas de la cintura hubieran sido arrancadas con alguna especie de sierra enorme, los tanques del gas magullados y sin el precinto de seguridad que mantenía el gas adentro.

Sin duda alguna, una pelea había sido librada allí. Una pelea que pareció haber terminado abruptamente.

Y de hecho, fue así.

Siguiendo el rastro de equipos y trozos de tela repartidos en el césped, Levi encontró entonces a sus dueños.

El primero que vio fue a Eld, el líder que había designado en su ausencia. Gran parte del césped que le rodeaba se había manchado, tiñéndose de rojo. Un rojo vivo, húmedo, que indicaba que había pasado muy poco desde su muerte. Una visión como esa no habría sido algo que una persona normal pudiera manejar tan fácilmente. La mayoría caería horrorizada de rodillas, y tendría otra serie de reacciones que no vale la pena mencionar.

Levi no. Ya había visto cosas así antes. Pero esta vez, le afectó de un modo más personal, más allá del nivel físico. Parecía que aquel luchador había sido devorado a medias por un titán. Pero al llevar la vista un poco más lejos de allí, supo que ningún titán lo había devorado de esa forma. Con el pesar reflejándose profundamente en su mirada, Levi siguió avanzando sin detenerse.

Su siguiente hallazgo comenzó a provocar que su corazón se acelerara. Había encontrado a Gunter, luego a Eld, y ahora había encontrado a Oluo. Oluo Bossard, uno de los miembros de mayor edad, pero con la fuerza y voluntad de un alma joven que quiere luchar. Como si solo durmiera, el hombre estaba bocabajo en el suelo, pero con una expresión cargada de profundo dolor en su rostro pálido. Parecía la expresión de impotencia, dolor e ira de alguien que ha fallado en el deber por el que ha luchado con tanta desesperación. De alguien que no puede perdonarse a sí mismo. ¿Qué clase de horrores había visto antes de morir como para que su rostro mostrara tales señales de tribulación? Sus ojos aun abiertos casi parecían dar la respuesta.

Levi continuó moviéndose, sin detenerse ni un momento. No necesitaba ver nada más, las respuestas eran claras. También él había muerto luchando.

Sólo faltaba una persona. Una persona, que no sabía en qué estado encontraría. Tenía una referencia al ver al resto de sus camaradas, pero aun así no podía, ni quería pensar en cómo podría encontrarla a ella. Tal vez lo mejor hubiera sido hacerse una idea, y quizás así el shock no sería tan fuerte. Pero ninguna preparación mental serviría. Lo sabía de antemano.

La visión final apareció al llevar la vista al suelo. Mientras pasaba por uno de los árboles, notó un pequeño cuerpo apoyado en su tronco. En ese momento, su corazón se detuvo como si se congelara.

Sus ojos fue lo primero que los suyos encontraron. Estaban abiertos todavía, una mirada que no veía nada, porque no quedaba nada de su dueña. Su brillo se había apagado, se había enfriado, aunque el color que enseñaban una vez había sido cálido y radiante.

Petra Ral, la única mujer que integraba su escuadrón, una valiente joven que tenía uno de los records más altos en muertes de titanes. Quizás el más alto entre los soldados regulares. Era determinada, leal y fuerte, pero también amable, gentil y cariñosa. Una rara combinación de carácter que pocas veces se veía. Sin duda, todos en el escuadrón se habían encariñado con ella, incluso Eren, que apenas la acababa de conocer.

Levi hizo algo que no había hecho las tres veces anteriores. No pudo evitarlo, simplemente no podía irse así sin más. Era como si propio cuerpo insistiera de parar por un momento. Detuvo su avance, y bajó un par de metros al suelo pero sin posar sus pies en éste.

Una mezcla de sentimientos colisionó en su corazón, comenzando a quebrarlo. Dolor, ira, amargura, más dolor. ¿Eso es a lo que se nombra como "un corazón que se rompe"?

La contempló unos momentos. También las espadas yacían a sus costados, caídas de sus manos sin vida. Ella también había luchado hasta el final, o al menos eso parecía. Su rostro se había manchado de sangre, y el viento corría suavemente, jugando con su cabello.

Levi cerró sus ojos un instante. Nunca más la vería con vida, entrenando, luchando por la causa que los unía. Levi no lloró. Pero casi deseó poder hacerlo. O tal vez lloraba en su interior, y el shock había sido tal que no se daba cuenta de ello. Sí, todo aquello le había sido devastador. Su mirada lo reflejaba. En aquellos ojos duros y grises, en una mirada mortificada se asomaba el dolor de su alma. Al igual que el sentimiento de impotencia, la culpa y la angustia.

"Les he fallado. No merezco su perdón, pero prometo que los vengaré, a cada uno de ustedes. Sus voluntades me acompañarán siempre, cada día, en cada lucha, cada vez que vea las Alas de nuestros uniformes. Sus sacrificios no serán en vano."

Las palabras no salieron jamás de sus labios. Recordó cómo, tan poco tiempo atrás, le había transmitido palabras similares, tan sinceras como estas, a un soldado que estaba entrando en las moradas de la muerte. Recordaba la expresión de paz de aquel hombre, ya durmiendo para siempre. Porque él sabía que su vida no sería malgastada, y que su voluntad de luchar sería tomada en la espalda del soldado en quien la humanidad había puesto sus esperanzas. Recordó entonces también que ella había estado con él en aquel momento. Que ella lo había escuchado, que ella había derramado lágrimas de tristeza ante su compañero caído. Que ella le había asegurado convencida, que sus palabras habían sido escuchadas.

Pero ahora lo que sentía, lo que pensaba, las palabras que debía transmitir, jamás llegarían a sus destinatarios. Eld, Gunter, Oluo, Petra, nunca escucharían las palabras de ánimo de su líder, dándoles la paz y la valentía para entrar en la noche.

Porque ya habían entrado en ella.

Porque nunca las podrían escuchar, por más que las repitiera, por más que las gritara.

Porque era demasiado tarde.


—Fanfiction, 30 de octubre del 2015.

Corregido el 28 de diciembre de 2016.