Me despido de Rose con la mano y le sonrío mientras se da la vuelta y desaparece por el enorme pasillo a la derecha, directa a embarcar en su avión. De vuelta a Forks, sola. No puedo evitar la mueca de decepción en mi cara.

Ayer recibí una llamada para una entrevista de trabajo en una revista, esta mañana. Al parecer tenían repentinamente un hueco libre y les interesaba el historial que les había mandado semanas antes sin mucha esperanza. No es que me desagrade el puesto, al contrario, pero había planeado unas pequeñas vacaciones para visitar a mi padre y mis viejos amigos. Solo después Rose y yo buscaríamos un piso juntas en el centro y comenzaríamos a trabajar.

Ahora me veía obligada a recoger a toda prisa mis cosas del departamento que habíamos usado por cuatro años ya que el contrato acababa en dos días. La entrevista esta mañana fue un éxito y comenzaba la semana que viene.

Me acerco a la parada de taxis, ya que tampoco tengo coche para moverme, y entro en el primero que encuentro con el periódico que acabo de comprar en la mano. Indico al táxista donde vivo y busco entre los papeles los anuncios de "se busca compañero de piso". Por algún sitio tengo que empezar.

Marco con un boli tres: dos de chicas que viven solas y otra que promete una estancia amplia, habitación con cuarto de baño propio y balcón, en el centro. Al llegar a casa me dejo caer en el sofá de la pequeña salita. Miro alrededor con añoranza. Las cosas de Rosalie están de vuelta en Forks y de algún modo el apartamento se ve sin su vida habitual. Es algo deprimente saber que de un día para otro tus planes se destrozan por simple capricho del destino.

Saco de mi bolso el móvil y la hoja del periódico donde están los números que deseo. Decido llamar primero a las dos chicas solas, temiendo convivir con alguien más si acudo a la tercera. Nadie contesta a la primera llamada aunque marco dos veces. El telefono suena hasta que llega al contestador de una amable voz sugiriendo dejar un mensaje en caso de emergencia.

Maldigo en voz baja y llamo al siguiente número. A los tres toques se oye una voz entrecortada.

-¿S...si?

-Hola, llamaba por el anuncio del periódico por la habitación libre.

Se oye un golpe sordo seguido de un jadeo.

-La habitación está ocupada -espeta la chica. Alguien, un hombre seguramente, murmura algo al otro lado y se escucha otro jadeo.

Parpadeo sorprendida y miro mi teléfono incrédula. No puede estar pasando lo que estoy pensando.

-Siento las molestias -me disculpo contieniendo la risa.

-Ah, claro, vale. No -vuelve a cortarse y juro que la oigo sisear - pasa nada. Adiós.

Ya no puedo aguantar más y suelto una risita. ¡Ha contestado mientras lo hacía con alguien! Puede que se trate de su nuevo compañero. De cualquier forma la chica tenie valor para hablar con alguien en un momento así. Puede que le guste el morbo de que la oigan. Oh no, esa no es la persona que yo busco.

Mi última opción. Espero que esta vez sea una persona normal, con una vida normal en la que contestas al móvil mientras ves la televisión o fregas los platos. Esta vez lo cogen a los cinco toques.

-Alice Cullen al habla -contesta una voz alegre.

-Hola, llamaba por el anuncio en el periódico...

Escucho un suspiro al otro lado.

-Al fin, empezaba a perder la esperanza de que llamara una chica -bromea.

-¿La habitación sigue libre, entonces? -inquiero.

Es lo más cercano a una posibilidad que he tenido hasta ahora.

-Sí. Podría repetirte los detalles por teléfono pero me gustaría verte en persona, ya sabes, conocernos antes de llegar a un acuerdo.

¡Alguien normal al fin!

-Claro. ¿Te viene bien esta tarde?

-Perfecto. ¿Conoces la discoteca El Jade?

No puede ser.

-Si -mi tono de voz desciende un poco.

-En frente hay una cafetería llamada Patrick's. Nos vemos allí a las siete.

Respiro. No puedo alterarme cada vez que algo de mi vida se relacione con aquella noche. Tengo que superarlo.

-Bien.

-Llevo una gabardina gris. Seguramente me siente en la esquina derecha junto a la ventana -parece conocer bien el lugar.

-Está bien. Y Alice -la llamo antes de que cuelgue -. Mi nombre es Bella.

Por un segundo no dice nada.

-Encantada Bella, nos vemos en una hora.

Miro a mi alrededor por unos segundos sin creermelo. Puede que consiga casa antes de lo previsto con una chica. Estoy entusiasmada y siento que tengo que compartirlo con Rose, ya que fui yo la que prácticamente la obligó a irse sin mí.

He quedado con una chica para una nueva habitación. Deseame suerte.

Recojo de nuevo mi chaqueta de cuero marrón y salgo en busca de otro taxi. Eso me llevará algo de tiempo.

Comienza a anochecer cuando alcanzo la discoteca aún cerrada. Apesar de las luches apagadas y las puertas cerradas parece permanecer en la calle con promesas de secreta diversión. Como una cría la fulmino con la mirada, culpandola interiormente, y cruzo para ir a la pequeña cafetería frente a ella. Se trata de un sitio calmado con mesas y sillas de madera con diseños pequeños e intrincados. En las paredes hay fotografías de escritores y actores famosos. A la derecha veo a una muchacha menuda enfundada en una estilosa ganardina que más que gris parece plateada. Al ver que me dirijo a ella me sonríe.

-Hola Bella. Tenía ganas de verte en persona.

Me deslizo frente a ella con una sonrisa. Tiene la piel pálida en contraste con su corto cabello negro exquisitamente peinado para que cada mechón apunte en una dirección. Sus facciónes son suaves y amigables y sus ojos verdes parecen brillar.

-Estaba algo nerviosa, la verdad -confieso -. No he tenido buenas experiencias en cuanto a anuncios.

-Me alegra causar buena impresión -con dos manos enguantadas levanta su taza de café y sopla -. No me gusta arreglar las cosas por el móvil. Siempre hay algún problema por no aclarar las cosas.

Saca de su bolso una carpeta morada y la abre en la mesa apuntándome.

-Son algunas de las fotos que hice de la casa por si querías verla. Tu habitación sería esta -rebusca entre las imágenes y saca una -. Apenas ha sido usada así que no tienes que preocuparte por desperfectos. Aún así me gustaría que cuando llegaras hicieras una revisión por si acaso, si decides quedarte, claro.

No puedo despegar los ojos de la foto. La habitación es bastante más grande que la de mi actual piso. Tiene una cama matrimonial a la izquierda con un cabecero de finos barrotes azul oscuro. Frente a ella haby una puerta blanca hacia lo que adivino es el baño. Pero lo más impresionante es la enorme ventana que va desde el suelo hasta casi alcanzar el techo. Es una puerta doble de cristal, en realidad, que da paso al pequeño balcón limitado por barrotes más gruesos pero similares a los de la cama. La estancia está pintada en azul claro y el suelo es de madera.

-Esto es la otra cara de la habitación y el baño.

Saca dos fotos más del montón. Una muestra la cama desde la perspectiva contraria. A su izquierda hay mucho espacio, lo suficiente para encontrar un enorme armario de madera blanca tallado que casi ocupa toda la pared junto a la puerta. En la pared entre la cama y el mismo hay un sofá gris claro y una tupida alfombra algo más oscura. La otra fotografía es del baño; es en tonos arena, con el tocador, la bañera y el inodoro de color marfil.

Estoy sin habla. Esto es mucho más de lo que jamás podría haber imaginado. Es una casa de en sueño.

-Alice, esto es magnifico -cuando al fin la miro tiene una sonrisa deslumbrante -. No me puedo creer que haya algo así en todo Phoenix.

Es demasiado bueno para ser cierto. El pensamiento me hace reaccionar. Probablemente será demasiado caro para mí. Alice no parece la típica chica con problemas de dinero.

-Pero todo esto será muy caro, ¿No? -temo oír la respuesta.

Parece levemente incómoda al contestar.

-Verás, los gastos no son problema al dividirse entre... tres.

-¿Tres? -no me gusta el tono precabido en que lo dice.

-En caso de que aceptes vivirías conmigo y con mi primo.

Ya está, la trampa que esperaba. En el fondo sé que no es culpa suya, nunca prometió exclusividad. Pero vivir con un chico no es algo para lo que esté preparada. Sé que no encontraré un sitio mejor que este así que decido hacerlo lo más rápido posible.

-Lo siento pero buscaba algo solo para chicas, no se si me entiendes -debo de parecer patética mientras me excuso.

-Espera Bella, ya sé que puede parecerte incómodo pero Emmet es un buen chico. Algo burro a veces pero conoce el concepto intimidad y es muy ordenado. Solo espera, ¿Vale? -por lo alterada que parede no puedo evitar preguntarme cuantas veces le habrán dicho que no por vivir con un chico - Llegará en un minuto, conócelo antes de negarte, por favor.

Alterno la mirada entre las fotos y ella. Parece algo alicaída ante la idea de que me vaya. Saber lo que me ofrece una persona tan alegre y clara hace que permanezca en mi silla.

-De acuerdo -acepto dudosa.

-¡Bien! -da una palmada animada y el pañuelo que lleva al cuello se suelta. En su camisa veo un símbolo boldado en color burdeos.

Lo miro detenidamente, consciente de haberlo visto antes. El león, los tréboles... ¡Un momento!

-¿Como has dicho que te apellidabas?

Me mira con sorpresa.

-Cullen.

Cullen, como Emmet Cullen. En ese momento una enorme sombra se cierne sobre nosotros. Un chico alto y musculado muestra una sonrisa traviesa al verme.

-Isabella Swan, ¿Vas a ser mi nueva compañera de piso?

Suelto una carcajada. Si hay alguien a quien no me esperaba encontrar, a parte de al señor ojos ardientes, es a mi compañero de problemas del instituto. Me levanto y le doy un abrazo, consciente de que sus enormes brazos me apretarán hasta quedar sin respiración, y así lo hace. Coge una silla y se sienta entre las dos.

-Vosotros dos os conocéis -Alice está desconcertada.

-Fuimos juntos a clase desde críos.

A partir de ese momento se desarrolla una larga conversación de dos horas en las que Emmet y yo relatamos nuestro primer encuentro por un balón que lanzó a mi cabeza sin querer a los ocho años. Desde entonces comenzamos a discutir cada vez qu nos veíamos, llegando a competir por todo hasta que nos pusieron en la misma clase en el instituto. Encontrando un enemigo común en un chico que me acosaba y se reía por la torpeza de Emmet, concentramos nuestras maldades en él y así nos hicimos amigos.

Cabe decir que Emmet siempre fue enorme. En la etapa de la adolescencia su cuerpo creció de tal forma que a veces no controlaba su fuerza o la rapidez con la que caminaba, lo que provocaba que fuera muy amigo del suelo. Al entrar en el equipo de futbol del instituto mejoró sus habilidades y comenzó a construir el hombre que esa hoy.

Después de eso es el turno de Alice para contar su historia. Ella nació en Chicago, melliza de un chico llamado Edward (juro que empeizo a odiar el nombre) e hija de una diseñadora de moda y un importante médico. Su familia nunca había tenido problemas de dinero, lo que le había permitido estudiar en la universidad que quiso y seguir los pasos de su madre. Llegados a cierto punto Emmet susurra en mi oído que está convencido de que superará a Esme.

Alice es chispeante, la clase de chica que con solo una mirada hace que saques una sonrisa. Me tiene encandilada con sus alocadas ideas sobre fiestas en el piso e ir de compras cada miércoles sin falta. Hace ya rato que he aceptado irme a vivir con ellos. Ya he dormido en la misma casa que Emmet en el pasado y sé que es un buen chico. Mi habitación serán doscientos dolares al mes. Barato, sí. Tendré que preguntarle a Alice la razón de que me cobre tan poco pero viendo mi repentina situación estoy entusiasmada de aceptar.

Emmet me lleva en coche a casa a las nueve y media. Me da una copia de la llave de mi nueva casa y promete venir a recogerme mañana para ayudarme con las cosas. En cuanto me despido marco a Rosalie sin haber entrado siquiera en mi habitación. Sé que gritará cuando se entere de que viviré con su antiguo amor del instituto.

Esa noche duermo del tirón, segura de que mis problemas se han solucionado con más rapidez de la que esperaba.