El potterverso es de J.K. Rowling
"Este fic forma parte de ¡Desafía a tus musas! del foro Amor de Tercera Generación"
#Pólvora
Están ocultos detrás de la casa de los gritos, en la parte que no es visible desde Hogsmade, rodeados de fuegos artificiales de todo tipo, expectantes. Más o menos.
— ¿Qué he hecho yo mal para que mi mejor amigo sea tan cursi?— se lamenta un Sirius Black tumbado con la cabeza apoyada en las piernas de Remus.
—Cállate, que fuiste tú quien le dio la idea— le responde con reproche pero sin dejar de jugar con sus mechones morenos.
—Era sarcasmo— gruñe ¿Quién se iba a imaginar que "si llega a decirte que sí, deberías celebrarlo por todo lo alto, con fuegos artificiales y una orquesta" fuera a ser tomado en serio? Y gracias que la idea de la orquesta le pareció excesiva, piensa para sus adentros.
Pero no puede estar enfado. No, si Remus está acariciándole, dibujando caminos infinitos en su piel, cálidos, seguros y sin final. Cierra los ojos y se deja llevar. Si en ese momento James diese la señal, está seguro de que ninguno de los dos se enteraría.
—Sirius— susurra con su voz rasgada—, no cierres los ojos —se detiene— Sirius.
Un gruñido como respuesta.
Está harto de esperar. Llevan una hora así y tal vez Remus sea capaz de mantenerse tanto tiempo quieto pero él no. Se incorpora hasta sentarse al lado de Remus y saca su varita. Ha tenido una idea. Nada bueno, por supuesto.
Acerca su rostro al de Remus, sin apartar sus ojos grises de los amarillos de él, hasta que puede sentir como se entremezclan sus alientos. Remus no se mueve, sólo le mantiene la mirada, expectante. Sirius apoya su frente contra la de él, despacio, muy despacio, y juega con su pelo rubio que se hunde entre sus dedos. Nota como la respiración de Remus se acelera, como está nervioso aunque no se mueva. Roza sus labios contra los de él que ya están entreabiertos, ansiosos, y durante unos segundos es sólo eso, un roce. Empieza a moverse lentamente en una tortura que posiblemente sea mayor para él mismo que para Remus pero que parece que está haciendo efecto porque cada vez Remus intenta marcar más su propio ritmo, que es lo que él no quiere dejarle hacer. Se separa un poco, vuelven a guardar la distancia inicial. La respiración de Remus es frenética, la cuenta atrás de una bomba. Y explota.
Chocan. Le sujeta del cuello de la camiseta atrayéndole hacia él y le devora, con ese lobo humano que oculta tras su fachada. Sirius apenas puede reaccionar a coger la varita y lanzar uno de los combos de fuegos artificiales.
—Al final resulta que eres tú el cursi.
Sirius sonríe. Una sonrisa incrédula y con dobles intenciones.
—No sé si a hacerte explotar se le puede llamar ser cursi. No creo —le muerde el lóbulo de la oreja— ¿Cuántas veces crees que te puedo hacer explotar?
No le responde.
Sirius continua con su sinuosa tortura. Manos que bajan guiadas por cicatrices hasta perderse en el sur. Otras que suben quitándose la camiseta. Remus gimiendo en su boca. Se deshace de su pantalón "esto sobra", le dice al oído. El joven rubio no podría estar más de acuerdo. Se restriega contra él, Sirius se mueve a su compás, rigidez contra rigidez. Otro combo de fuegos artificiales. La advertencia:
—Te estás anticipando con estos.
Le quita los pantalones y la ropa interior. Le masturba a un ritmo lento y enloquecedor "nadie me gana jugando a esto, no lo olvides". Cómo si pudiera hacerlo, como si no tuviese su ritmo marcado debajo de la piel, quemándole cada fibra de su ser. Cuando se trata de él es puro masoquismo, necesita que vaya lento, que le desespere, y que vaya rápido, que le rompa. Pero en ese momento no piensa, sólo puede intentar moverle la mano para marcar su ritmo. No lo consigue. Ahí está, aprisionado contra la pared, ardiendo y dejándose hacer. Remus, Remus, Remus Re… Y fuegos artificiales por todas partes.
— ¿Ves cómo tenía razón?—le recuerda con la varita aún en la mano.
—No.
Porque aún no han terminado. Le atrae hacia él y le besa en un impulso que dice "hace menos de dos minutos de la última vez y ya lo echo de menos" sin palabras. Besos rápidos y frenéticos al puro estilo Sirius Black. Le coge la mano y se lleva un dedo a su boca.
—Fóllame, Lunático.
La visión que tiene en estos momentos Remus de Sirius es pura provocación. Es Sirius con la respiración acelerada y sus ojos grises clavados en los suyos. Rompe el contacto para darse la vuelta. Remus no tarda ni un segundo en reaccionar. Le besa la nuca y traza desde allí un camino de besos por toda su columna vertebral y un poco más abajo. Sigue con su ritmo lento y desesperante pero Sirius se aguanta las ganas de gritarle que no aguanta más. Son minutos infinitos de preparación que no está seguro de necesitar.
Vamos.
Mueve las caderas con desesperación, pegándose más a él. Remus se ríe.
—Eres un maldito cabrón y todo el mundo debería saberlo.
—Con que lo sepas tú me sobra.
Le penetra. Está dentro de él, duele, es invasivo pero al mismo tiempo es mágico porque es Remus. Remus entrando y saliendo cada vez más rápido gritando su nombre cada vez más rápido. Remus clavándole su huesuda cadera y su aliento en su nuca. Remus clavando sus uñas en su cadera.
Remus, Remus, Remus…
Sirius, Sir…
Pero esta vez no tenían más fuegos artificiales ni varitas preparadas.
