N/A: Saint Seiya y Saint Seiya Omega son propiedad de Masami Kurumada y TOEI.

cursiva: recuerdos.


Era una peculiar mañana de otoño. Shaina, Pavlin y la bebé que cargaba ésta última se encontraban en el despacho del Patriarca. Era la tercera vez que Pavlin le llevaba un bebé a Shion; el primero había sido Kiki hace unos años atrás, y el segundo fue un niño enfermo que falleció a las semanas de haberlo recogido.

Pavlin le contaba al Patriarca que esta bebé fue producto de un embarazo no deseado de una chica de Rodorio y que gustosa aceptaría entrenarla. Con la ayuda de Shaina, intentaban convencerlo de que Pavlin estaba lista para recibir un alumno y que, además, sería una excelente institutriz.

No es que Shion no confiara en las capacidades de Pavlin, pero la consideraba una muchacha demasiado sensible como para encargarle un entrenamiento duro y prefería dejarla a cargo de las instrucciones más intelectuales.

Por favor, Patriarca. Ya encontré una nodriza para la niña.

Shion dio un fuerte suspiro, y antes que pudiese responderle, la puerta del despacho se abrió.

¿Me mandó a llamar, Patriarca? —se anunció el Caballero de Escorpio.

Una ampolleta se encendió en la cabeza de Shion; miró a Pavlin y preguntó por la fecha de nacimiento de la niña, la amazona le respondió que la bebé había nacido hace cuatro días. Luego, miró a Milo y habló:

Ya estamos en noviembre, eso significa que la niña es escorpio, al igual que tú ¿cierto, Milo? —el aludido arqueó una ceja.

¿Envió a sus guardias para preguntarme si soy escorpio? —ironizó el dorado.

No, Milo. Te mandé a llamar para reprenderte por quedarte dormido en mi discurso de ayer. Pero no te preocupes, ya encontré tu castigo: serás el maestro de esa pequeña —sentenció apuntando a la bebé.

¡¿Qué?! —gritaron Pavlin y Milo al mismo tiempo.

Está decidido. Milo se hará cargo de entrenar a la niña. Hasta entonces, su institutriz será Shaina.

Pero Patriarca, yo puedo…

Ya basta, Pavlin —la interrumpió —. Tú aún sigues dándole lecciones a muchos niños del Santuario; hasta Kiki sigue estando bajo tus enseñanzas. Shaina podrá cuidar de la pequeña hasta que tenga la edad suficiente para ser entrenada por Milo. Ahora pueden retirarse.

Pavlin le entregó la bebé a Shaina y se retiró indignada, ni siquiera se molestó en hacer una reverencia antes de salir. ¿Cómo el respetable Patriarca podía castigar a alguien asignándole un alumno? Era insólito.

Por su lado, Shaina bajó hasta el octavo templo, esperando a su guardián que venía unos pasos tras ella.

Milo le sonrió resignado, no le desagradaba la idea de tener un alumno; es más, estaba esperando que le designaran uno, pero ¿una niña? Eso no lo esperaba. La miró entre los brazos de la amazona, el poco cabello que tenía era de color rosa y aún no era capaz de abrir sus ojitos.

¿Quiere cargarla, Caballero? —preguntó ella, sacando al griego de sus pensamientos. Él negó, no le importaba hacerlo.

¿Cómo se llama?

No tiene nombre —contestó la amazona mientras cubría el rostro de la bebé con una manta de algodón—. Tendrá que buscarle uno lindo.

¿Por qué habría de nombrarla yo? —aquella pregunta se oía como una molestia, le parecía ridículo tener que ponerle nombre a una bebé ajena.

Porque usted es su maestro y qué mejor que sea usted quién tenga ese privilegio, ¿no lo cree?

Milo la ignoró, le era indiferente asignarle un nombre, su única tarea era entrenarla y para eso faltarían al menos unos ocho años más. Examinó una vez más a la criatura; se veía tan frágil, podría romperse con el viento, pero él se encargaría de volverla en la amazona más fuerte de toda la Orden de Athena. Milo titubeó al pensar en cómo llamarían a la niña; quizás no sería tan malo designarle un nombre.

La bebé empezó a llorar, quizás tendría hambre, por lo que Shaina se despidió para ir rápido por su nodriza. Pero antes de pasar el umbral del templo, el dorado le habló:

Oye, Shaina —la amazona volteó para verlo—. Quiero que se llame Sonia.

¿Sonia?

Sí. Sonia.

Es un lindo nombre.

Eran apenas las cuatro de la mañana. Shion apretaba los puños contra el brazo de la silla, en tanto a su lado Athena releía el informe médico sobre el estado de salud de Marín. Shion, furioso y confundido, no lograba digerir la información que le habían entregado los guardias hace apenas una hora: Marín de Águila embarazada; Aioria de Leo, el padre; y Shaina de Ofiuco, la cómplice.

Saori ordenó a los guardias traer a Aioria y Shaina, quienes se encontraban retenidos en las afueras de la habitación. Una vez los cuatro reunidos, la diosa habló con la mayor calma:

—Marín se encuentra estable. El informe dice que tuvo riesgo de aborto, pero que nuestros curanderos han podido controlarla y que con buenos cuidados podrá tener un embarazo saludable y un parto seguro —Aioria dio un fuerte suspiro, nada le importaba con tal de saber que Marín estaba a salvo—. Pronto podrán reunirse con ella. Pero, por ahora tenemos que discutir lo que está por venir.

—Al vernos en un asunto de extrema delicadeza y gravedad —agregó Shion, intentado ocultar su enfado— y, obviando que no hay reglas específicas que expliquen sanciones en casos como éste, nos vemos obligados a suspenderlos de todos sus cargos y no podrán abandonar el Santuario hasta el día del juicio. Los dioses bajarán del Olimpo y ustedes tres serán juzgados por ellos. Y Shaina, por ahora Sonia será atendida por las mucamas del templo de Escorpio.

—¡Espere, Shion! —intervino con ímpetu la diosa— Yo no he autorizado la participación de los dioses en este juicio, ni mucho menos he denegado el cuidado de Sonia a Shaina.

—Querida Athena, este caso es de extrema gravedad. Al igual que yo, usted bien sabe que la fiscalización de todo el Panteón es necesaria —contestó el mayor, ignorando por completo el tema de la bebé.

—Shion, esto es algo que debemos discutir en privado — Saori lo miró con firmeza, casi desafiándolo. Sin embargo, cerró el tema y volvió a dirigirse con serenidad a los suspendidos —. Estén tranquilos y confíen mí. El juicio será después del nacimiento, hasta entonces Marín estará bajo mi cuidado.

—Mi Diosa, Patriarca, despójenme de mi armadura si quieren —rogó Shaina—, pero por favor no me arrebaten a Sonia; la he cuidado y criado desde que llegó. Se los suplico, ¡es lo más importante que tengo!

—¿Tan importante que la dejaste sola en la noche, mientras intentabas escapar con Aioria y Marín? —ironizó Shion, una actitud que Shaina desconocía en él.

—Patriarca, me ofende —se defendió con molestia—. Yo jamás he dejado sola a Sonia; anoche la dejé al cuidado de Pavlin.

—Pero a ti te designé el cuidado de Sonia, no a Pavlin. Además, no conseguirás nada apelando por Sonia. Ya he ordenado escoltar a la pequeña al templo de Escorpio.

El cosmos de Shaina comenzó a agitarse, fue perceptible por los presentes, por lo que Saori decidió ser intermediaria y apelar por la amazona.

—Shion, creo que está siendo demasiado drástico —Saori se paró frente al ariano con las manos en la cintura; estaba molesta, pero intentaba no parecerlo.

El gran Patriarca suspiró desganado y rodó los ojos, su diosa estaba menospreciando la gravedad de la situación e, inútilmente, agregó:

—Ya tomé la decisión.

—¿Disculpe? —Saori se ofendió ante tal atrevimiento— ¿Se olvida que la diosa aquí soy yo? ¿y quién toma la decisión final soy yo?

La discusión parecía prolongarse, por lo que Shion ordenó a sus guardias escoltar a Aioria a Leo y a Shaina a su cabaña. Las cosas con su diosa debían solucionarse en ese instante y, de preferencia, sin público.

El sol se encontraba en su punto más alto, por lo que los relojes marcaban las 12 del día. Sonia ya había sido llevada al templo de Escorpio, lo que tenía molesta a Shaina. En tanto, June y Pavlin se encontraban en su cabaña para informar del inesperado comunicado del día: a partir del 1° de febrero se comenzarían a realizar interrogaciones a todos los Caballeros y Santas de Athena ante dicha diosa y el Patriarca. No se detalló el propósito de las interrogaciones, pero al ser de un día para otro, dejaban en evidencia la urgencia. Shaina dio un fuerte suspiro y se dejó caer en el pequeño sofá de su hogar, comenzando a sentir el peso de la situación en sus hombros.

—Shaina, hay algo más —habló June al entregarle una carta— me la ha entregado el maestro Dohko, está dirigida para ti —Shaina tomó la carta y comenzó a leerla ansiosamente:

«Mi querida Shaina: Antes que nada, te pido que quemes esta carta apenas la hayas leído. Me he enterado por boca de mi buen amigo Shion que Marín está en cinta y dentro de siete meses más dará a luz a un hijo de Aioria. Esta situación nos pone en grandes apuros, ya que, además de que mi buen amigo está decido en juzgarlos frente a los dioses, planea interrogar a todos los Caballeros y Santas a partir de mañana, para asegurarse de que no exista otra relación amorosa clandestina. Por favor, infórmale a las Santas de Pavo Real y Camaleón que el día en que sean llamadas al despacho de Shion deben ser cautelosas y negar conocimiento de cualquier tipo de relación.
»Nuestra prioridad es Marín y debemos hacer todo lo posible para salvarla junto al bebé que crece en su vientre. Es por esto que se me ha ocurrido la brillante idea de traer a Geist ante Athena y Shion; es nuestra única esperanza para salvar a Marín. Aunque intentes negarlo, sé perfectamente que aún mantienes contacto con ella. Te pido que la persuadas y envíes a alguien lo antes posible para traerla ante Athena. Confío que el incondicional amor que nuestra desaparecida Geist siente por Marín la impulsará por volver al Santuario.
»Espero tu pronto repuesta; házmela llegar a través de Pavlin o June.
»Sin más que agregar, me despido deseándote mis mejores deseos.
»Dohko de Libra.»

Shaina suspiró profundamente y guardó silencio por un largo rato. Por su mente pasaron millones de recuerdos que no eran gratos de evocar. Sabía perfectamente que sería imposible convencer a Geist de volver al Santuario, aunque existía la pequeña posibilidad de que ésta accediera, pero con una sola condición: no debía toparse con el Caballero de Capricornio.

—¿Qué sucede, Shaina? ¿qué es lo que dice la carta? —habló Pavlin sacando a Shaina de sus pensamientos.

—El maestro me pide que persuada a Geist para venir hasta el Santuario y hablar con Athena.

—¡Imposible! —respondió Pavlin— Geist jamás accederá mientras Shura siga en el Santuario.

—Pero Shura no estará en el Santuario por un largo tiempo —intervino June, dejando confundidas a sus compañeras—; solicitó ser aspirante a curandero, y junto a Shun viajarán mañana mismo a Italia para empezar el primer periodo de la disciplina.

Ante la aclaración de la rubia, Pavlin sintió una pequeña esperanza y le insistió a Shaina en que sería mucho más sencillo convencer a Geist, ya que ésta estaba instalada en una modesta pensión en un pueblo de Italia, donde ejercía como mucama.

—Entonces en ese caso, hoy mismo le escribiré a Geist —habló Shaina con convicción—. Lo mejor será que viaje lo más pronto posible para que no se exponga a encontrarse con Shura.

Ya casi eran las diez de la noche; Seiya se encontraba en el dormitorio de Athena, acompañándola mientras ésta peinaba su largo cabello frente al espejo de su tocador.

—¡No puedo creer que Shion quiera llamar a los Dioses! —se quejaba la diosa—¡Además ni siquiera me consultó antes de enviar a la pequeña Sonia a Escorpio! Está tomando decisiones sin considerarme.

—Sabes que el Patriarca es fiel a las reglas, mucho más que tú —respondió el Caballero, obteniendo como respuesta un fuerte suspiro de parte de ella.

—Desearía no seguir las reglas y dejar de ocultar el amor que siento por ti —Saori se levantó y se aproximó lentamente a abrazar al castaño—. En tus brazos puedo dejar de ser Athena y sentirme como Saori.

Seiya la estrechó con fuerza y con una de sus manos acercó el delicado rostro de la joven al suyo; tanta cercanía era peligrosa y sobraban las ganas de consumar el momento con un beso.

—Si te besará ahora y alguien nos llegase a descubrir, ¿qué crees que pasaría?

—Te ejecutarían… y yo no podría soportarlo —contestó con un hilo de voz. Se apartó rápidamente, pues los centímetros disminuían en cada palabra—. Además, debes acompañar a Marín. Me he tomado la libertad de escribirle a Touma invitándolo a que cuide de su hermana. Así que tú y él, junto con las Santas más cercanas a Marín, deberán cuidarla. Por mi parte, buscaré la manera de que Aioria pueda verla sin que Shion se escandalice.

Shaina intentaba conciliar el sueño, extrañaba los llantos de Sonia, darle el biberón y después llevarla a dormir consigo. No lo admitiría, pero esa pequeña era como su hija y sentía que Sonia la creía su madre; de solo pensarlo las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro.

Luego su mente le recordó la arriesgada idea de traer a Geist al Santuario. Tal como le había pedido Dohko, esa misma tarde le envió una carta a la amazona con la esperanza de que ésta respondiera de buena manera, aunque conociendo a su amiga, sabía que le tomaría un poco de tiempo para convencerla.

Para todos en el Santuario era un misterio la razón de la desaparición de Geist; de un día para otro dejó de ir a los entrenamientos, su cabaña estaba intacta, con todas sus pertenencias, y días más tarde su máscara fue encontrada en la frontera de Grecia con Macedonia. Algunos la daban por muerta, mientras que otros sospechaban que escapó por no tener futuro como amazona y otros más por no soportar la obligación de ocultar su rostro tras una máscara. Sin embargo, nunca más se supo de ella, incluso para Shaina fue un misterio hasta que a los meses siguiente le llegó una carta de Geist, donde le comentaba que estaba sana y salva, refugiándose en el pequeño pueblo de Castelmezzano, Italia, y que viajaría de pueblo en pueblo, hasta encontrar tranquilidad.

Dando un fuerte bostezo, dio media vuelta y cerró sus ojos para dormir de una buena vez, pero el día no acababa aún, pues un fuerte golpe la hizo saltar de la cama. Se levantó y vio a Milo de Escorpio en el suelo de su habitación.

—¡Milo! ¿qué demonios haces aquí? —gritó Shaina, mientras el aludido cerraba la ventana por la cual había entrado.

—Antes de que me saques a patadas —contestó el griego con seriedad—, he venido a aclarar las cosas.

Shaina rodó los ojos, nuevamente Milo le insistía con el mismo tema y ya estaba demasiado hostigada con todas las situaciones que debía pasar, así que, por lo mismo decidió darle a Milo esta instancia para hablar. Sin moverse de su cama, cruzó los brazos y dijo:

—De acuerdo, Milo, hablemos. ¿Qué es lo que deseas aclarar?

—Quiero que seas honesta y me digas la verdadera razón por la que terminaste conmigo. Y por favor, no vengas con la estupidez de que ya no me amas, porque ni tú te la crees —su voz era seria y malhumorada, muy distinta a la dulce voz que en algún momento le declaró amor eterno.

Shaina solo guardó silencio al no saber qué responder; desde el momento que terminó con él, le dijo que ya no lo amaba y que nunca se sintió enamorada, aun sabiendo que él jamás le creería. Pero por el bien de ambos, debía seguir en su mentira.

—Milo, será la última vez que te lo repita: dejé de amarte hace mucho tiempo, y créeme que eres el último hombre con el que quiero estar —fue tajante en su respuesta, pero incapaz de mirarlo a los ojos al terminar su declaración—. Ahora por favor lárgate y no vuelvas a molestar.

Se levantó y abrió nuevamente la ventana por donde Milo había entrado, invitándolo a retirarse, pero el griego quitó sus manos de la ventana y se apegó a su cuerpo, esta vez con una actitud diferente; su mirada emanaba una ternura y añoranza que hizo batallar el buen juicio de Shaina, ésta puso sus manos sobre el pecho del escorpio intentando alejarlo, sin embargo, al sentir nuevamente aquel fornido cuerpo su juicio se perdió.

—Ni siquiera te pusiste tu máscara al verme —Milo acarició el desnudo rostro de la amazona, y ella por su parte no lo esquivó, solamente se dejaba llevar por el tierno roce. Sin aguantar más, él la besó con toda la pasión que había guardado desde hace tantos meses.

Shaina no opuso resistencia, es más, devolvió el beso y lo intensificó todavía más, entrelazó sus brazos detrás del cuello de él, queriendo no escapar otra vez. No entendía cómo un beso podía hacerle perder el control, y sinceramente, no quería entenderlo.

Milo cortó el beso solo para leer su mirada; el brillo en sus ojos delataba su enorme confusión, podía ver que Shaina luchaba por esquivarlo, pero gran parte de ella lo deseaba tal como él la deseaba.

—Shaina, te amo —fue lo último que pudo pronunciar con claridad, ya que, al oírlo, Shaina volvió a su buen juicio. Entre la vergüenza y el enfado por tal atrevimiento, le dio una fuerte bofetada al escorpio. Dio media vuelta, evitando hacer contacto visual con Milo.

—La única razón por la que terminé contigo fue para protegernos —ni siquiera hubo una gota de enfado o ira en sus palabras, por el contrario, su voz reflejaba vergüenza y tristeza— ¿Ya ves lo qué pasó con Geist y Shura? Y ahora, Aioria y Marín… ¿Quieres que eso nos pase a nosotros?

—Pero… Shaina…

—Por favor, si tanto me amas, lárgate. No lo hagas más difícil.

Milo abandonó el lugar cabizbajo, pero victorioso; si de algo había servido meterse en los aposentos de la Santa, era para comprobar que Shaina aún lo amaba y, por más que la hostigara, lucharía por recuperar su clandestina relación. Por ahora se conformaría con la respuesta de ella y dejaría de molestarla por unos días. Además, aún tenían un punto en común: Sonia; de no ser por ella, jamás se hubiese relacionado con Shaina.

Antes de que Sonia llegara, le era completamente indiferente la vida del resto de los Caballeros y Santas de Athena, su único amigo era Camus. Luego al descubrir a Aioria y Marín en el templo de Leo, se volvió un confidente en la relación de esos dos; lo que al tiempo le dio la oportunidad de ganar otros dos amigos: Dohko de Libra y Mü de Aries, quienes también eran conocedores de la prohibida relación de los dos tortolos.

Todo iba normal, hasta que un día se durmió en un discurso del Patriarca, y eso por culpa de la celebración de su cumpleaños la noche anterior, y como castigo sería el maestro de la recién nacida Sonia. Jamás imaginó que la amazona que sería la institutriz de la pequeña, Shaina de Ofiuco, sería la única mujer que podría despertar lo que él creía que eran inventos de las novelas. Tan solo recordar los divertidos y bellos momentos que compartía con Shaina y Sonia le provocaban alegría. Pero lo que invadía su mente por las noches era recordar el rosto de la amazona; era lo más hermoso que había visto y tuvo el privilegio de ser el primero en tocar sus labios.

Estaba convencido de volver con ella, pero debía ser discreto, Shaina estaba en una situación demasiado complicada y arriesgaba su armadura. Así que decidió dejarla en paz por unos días, mientras tanto, apelaría al Patriarca para que le permitiesen a Shaina ver a Sonia.

June y Camus iban en el tren en dirección a Polonia. Era su tercer día de viaje y ya llevaban dos paradas; la primera en Serbia y la segunda en Hungría, luego deberían detenerse en Polonia y tomar un avión que los dejara en Suecia para posteriormente abordar el puente Bifröst que los transportaría a Asgard.

June se encontraba en su litera escribiéndole a Pavlin cuán entusiasmada estaba por su primera misión como geógrafa. No obstante, eso no opacaba su preocupación por Marín; Pavlin le había prometido escribirle todas las semanas dándole noticias de lo que sucedía en el Santuario y lo que respectaba de Marín y Shaina.

—¿June? ¿estás visible? —preguntó Camus del otro lado de la puerta, y por "visible" se refería si llevaba su máscara. Él había exigido tener literas separadas, puesto a que entendía la privacidad de la amazona; sería incómodo para June tener que dormir con máscara.

—Sí, adelante, Caballero —respondió la joven y dejó de lado su carta. Camus entró con un vaso de leche y un pocillo con nueces.

—No has cenado y ya casi dan las 10 de la noche —él reprochó y le entregó el vaso y el pocillo, mas ella rechazó éste último al ser alérgica a las nueces.

Camus estaba a punto de retirarse, pero notó la carta que yacía al lado de la rubia, era obvio que June estaría pidiendo noticias de Marín. Sabía que para ella jamás fue un secreto la relación de Aioria y Marín. Aunque tampoco lo era para él, consideraba a todos unos idiotas por no darse cuenta de la química que había entre esos dos.

A pesar de que el Caballero de Leo no fuese su amigo, le tenía respeto por ser su compañero de armas, y por eso mismo jamás habló de sus sospechas entre Marín y el dorado de Leo, ni siquiera cuando Milo le confesó sus sentimientos por Shaina mencionó a Aioria.

Sin embargo, lo que sí le sorprendió fue enterarse de los amoríos entre Shura y Geist por boca de la misma amazona cuando la encontró llorando sin su máscara en las ruinas del Santuario.

Camus sintió lastima por June, había perdido a una amiga y estaba en riesgo de perder a otras dos, solo le quedaría Pavlin, a no ser que ésta también fuese descubierta.

—Espero verte mañana en el desayuno. Buenas noches —se despidió Camus y se retiró.

Sin más, June se quitó su máscara para beber la leche y luego irse a dormir, por la mañana terminaría su misiva. Nunca imaginó que desde esa noche sería testigo de ver cómo los secretos que se enterraron en el Santuario tocarían la luz.


N/A: Antes que nada, pido disculpas por la demora. He tenido que priorizar mis estudios, pero aquí les traigo el segundo capítulo.

¡Muchas gracias por sus reviews! me han dado animo para continuar. Espero les guste este segundo capítulo.

Muchos cariños!