Este fic me llego derrepente cuando miraba gun frontier una serie algo explicita me llego la inspiración para este fi espero que les guste, se desarrolla en 1830.
Unidos por una nación
Hinata no paraba de llorar y mantenía sus ojos cerrados para no contemplar las posibles torturas que posiblemente tenían planeadas sus secuestradores, el rubio se aproximo a donde esta ella mientras el sujeto de la mascara observaba ella abrió sus ojos pudo ver como el semblante del sujeto de los ojos hermosos cambiaba de calmado a incredulo, por impulso el sujeto se acerco al rubio y lo detubo antes de que abríera su vestido.
—¿que sucede? pregunto su compañero a su cambio de actitud.
—no le hagas nada ella es compatriota nuestra. respondió mientras la desataba.
—¿la conoces? menciono intrigado el rubio sin creerlo.
—es la hija del embajador del japón. contesto como si nada mientras tomaba con algo de delicadeza la mano de la hyuga para ayudarla a levantarse, ella respondió aquel gesto con un notable sonrojo.—tú nombre es Hinata ¿cierto?
—h-hai. Contesto nerviosa.—¿p-por qué ya no quieren hacerme nada? pregunto algo desconcertada ante el cambio de actitud de esos sujetos.
—nosotros no lastimamos a nuestros camaradas Japoneses y menos en esta país ostil lleno de racismo e indiferencia. Menciono orgulloso el hombre de la mascara, cuyos ojos le recordaban a un niño que conoció en Japón unos cinco años antes de su partida.
Ella apenas tenía 5 años de edad vestía un kimono de seda de color rojo con flores blancas que hacian un exquisito contraste con su piel y sus ojos cuando paso por el puente vió a un niño llorando, con una pelota en sus manos y ocultando su rostro en sus piernas sentado de rodillas ella se acerco al niño y pudo contemplar su corto y hermoso cabellos carmesí que le dierón ganas de tocar al estar frente a este lo saludo con cortesía.
—h-hola ¿q-que te pasá? pregunto interesada por saber que afligía aquel niño.
—nadie quiere jugar conmigo, dicen que es por que mi familia es superior y no creen deber acercarse a alguien como yo que los metería en problemas con mi padre. Contesto triste el pequeño pelirrojo.
Hinata medito el asunto y pudo encontrar la solución perfecta.
—si quieres yo podría jugar contigo.
Sugirió inocentemente Hinata, provocando un asombro al niño quien asintió sin reclamó alguno los dos pequeños jugarón por 4 horas sin descanso con aquella pelota al terminar la actividad Hinata y el se sentarón en unas bancas a la orilla de un lago precioso y cristalino,el niño la miro por un instante con una sonrisa al saber que ella no le temía por su posición y que jugo con el pero se entristecio al ver como Hinata miraba con repudió su reflejo en aquel lago.
—¿que ocurre? pregunto sin pensar pero quería sabe que le pasaba.
—yo soy muy fea quiza por esa razón mi padre me desprecia. Contesto sin dudas la pequeña.
Esa respuesta no le gusto al pelirrojo antes de que se dierá cuenta la peliazul se levanto de la banca y cogio una flor de azucena y la coloco en su cabello donde su flequillo y su pequeño mechón se conectaban.
—mira ahora y veras que no eres nada fea. Menciono orgulloso el pequeño ante su acción.
La niña incredula volvió a ver su reflejo y se maravillo al ver la hermosa orquidea blanca en sus cortos cabellos se sintió apenada por ello puesto que nunca se había visto así nunca.
—¿d-de verdad p-piensas que soy linda? pregunto aun apenada.
—por supuesto eres muy hermosa. Contesto sin duda.
Los niños se despidierón pero antes de irse Hinata le regalo un collar al niño y le dijo su nombre el problema era que el pequeño no quizo revelar su nombre solo se despidió dandole un beso en la mejilla a Hinata.
Hinata nunca olvido a ese niño, quien era para ella el primer hombre que la hizo sentir hermosa igual pensaba que quiza el sujeto de la mascara podría ser aquel pequeño, pero igual no debía hacer conjeturas pronto averiguaría la verdad sobre el y aquel rubio por ahora lo único que importaba era que no la matarían y no le harían nada por su herencia pero aun quedaba en duda de cúal sería su destido apartir de ahora.
continuara.
agradecimiento a;
Layill
y Hinatax
