¿Qué tal? No sé qué decir ya que desgaste mi cerebro en esto. Tenía planeado actualizar uno y uno (un fin de semana Viaje remoto y el otro Aura oscura) pero me convencieron con sus lindos Reviews de actualizar este fin Aura Oscura. Pero si mañana después de armar mis circuitos me da tiempo actualizo Viaje remoto.

Como sea, no prometo nada. Cerebro-chan ya está acurrucado, así que antes de que empiece a escribir mal les dejo el siguiente capítulo.

Cerebro-chan está feliz.


Ambiciones

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La luz de un nuevo atardecer empezaba a filtrarse por los grandes ventanales del comedor del rey. Por instantes la mirada y pensamientos de la joven se distraían hacia los extraños destellos verdes y azules que provocaban la luz en el suelo.

El chirrido de una silla en el suelo regreso a la realidad a la muchacha, el rey se había levantado robando la atención no solo de ellos sino también la del joven brujo que estaba a unos pasos de la gran puerta de acceso a la estancia.

-Gracioso, muy gracioso – La voz del rey sonó con toda la potencia y autoridad que le otorgaba su cargo - ¿Sabe que esta yendo en contra de mis deseos y eh de decir que también de mis órdenes?

El brujo retrocedió varios pasos alejándose de la puerta antes de girarse y mirar con sus brillantes ojos al rey, sosteniéndole la mirada con la cabeza en alto.

-Lo sé, pero me temo que no existe alternativa. No abandonare la corte hasta no conseguir a la chica. Me trae sin cuidado si es de buen grado o no.

-Estoy dispuesto a dar orden a mi guardia personal para obligarle a abandonar la corte ya que creo que ha quedado claro que usted no desea prestar su servicio a mi corte o a mi pueblo y no deseo la estadía de un brujo en mis mazmorras.

-¿Y qué le hace creer, majestad, que su guardia podría obligarme a hacer algo en contra de mi voluntad?

-Si es necesario les daré la orden y lo llevaran a las mazmorras.

-No pienso ir a ningún lado, quedaremos de acuerdo el día del enfrentamiento y dependiendo del resultado será si me marcho con o sin la chica, cuanto más tiempo lo posterguen más tiempo me quedare. No hay más, si me disculpa majestad, debo calmar mi ira. No mande a nadie en mi búsqueda a partir de ahora si no lleva consigo noticias respecto a el enfrentamiento; no deseo la muerte innecesaria de ninguno de sus criados.

El brujo dio un asentimiento con la cabeza y dando media vuelta salió del gran comedor dejando incredulidad en su marcha.

El rey empezó a caminar en la misma dirección por la que el brujo había desaparecido, llevaba en el rostro la fina marca de la ira, con los ojos desorbitados y los labios temblorosos; era la primera vez que alguien renegaba sus órdenes.

-Detente, padre.

El príncipe tenía la mirada hacia su copa de vino que aun permanecía intacta.

-No deseo un derramamiento de sangre, además aún desconocemos el verdadero poder de ese brujo. Así que estoy dispuesto a hacer lo que desea, pero no permitiré que se lleve a mi prometido.

El rey detuvo su marcha y se dirigió hacia su hijo.

-¿Qué cosa propones?

-Llevarla al castillo fuera de la ciudad, sin que nadie más que los necesarios tengan el conocimiento de ello, peleare con el cuándo ella ya no esté aquí. – EL príncipe se giró hacia la muchacha y esta a su vez lo observo sin ningún gesto – No te preocupes, no permitiré que te lleve con él.

Kyoko se levantó sintiendo una creciente necesidad de movimiento, no deseaba saber nada por el momento, no deseaba pensar, solo quería salir de ahí lo más pronto posible.

-Gracias majestad, si me disculpa creo que debo retirarme.

-Kyoko por favor, llámame por mi nombre.

La muchacha creyó que no había más opción así que cumplió por primera vez los deseos del príncipe al cual serbia.

-Kijima-sama, por favor dejo este asunto en sus manos. Me retiro.

La chica sin esperar a más se apartó de la silla rodeándola y recorrió el trayecto hasta la puerta con paso lento y decidido, pero en cuanto cruzo la gran puerta de madera y esta se cerró tras de sí, hecho a correr en dirección a sus aposentos sin importarle el pesado vestido que llevaba o las miradas recelosas de las demás criadas. Una vez llegando a su habitación la cerro con la llave que siempre colgaba de la pared y se tumbó en su cama soltando silenciosos lamentos rogando que el brujo descubriera al príncipe salvándola del matrimonio.

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El frio mañanero la hacía tiritar. Aun no había amanecido por completo cuando junto con la ayuda de varios sirvientes ayudaron a bajar a la chica sus pertenencias tal cual había demandado el príncipe. La joven, completamente despierta observaba en todos los rincones esperando ver en cada uno algún indicio del brujo, pero en cada ocasión descubría desilusionada que no había nadie asechándolos.

Ya una vez en el patio trasero el cual estaba dedicado únicamente a los comerciantes que deseaban vender algo al rey, se encontraba el príncipe acomodando las alforjas y verificando las sujeciones d los estribos.

Cuando tenían ya todo verificado y cuando habían aparecidos silenciosos la guardia que acompañaría a la joven hacia el sur, lugar en donde tenía el príncipe su propio castillo, el cual era más pequeño que en el que estaban pero que mantenía su magnificencia para un príncipe que lo visitaba cada verano; el príncipe se acercó a la muchacha llevándola por las manos hasta donde la esperaba un aballo blanco.

-Mi bella dama, en cuanto consiga resolver todos los asuntos la mandare llamar y podrá regresar; mientras tanto le pido que espere por mí.

Un fuerte viento alzo las hojas que permanecían silenciosas en el suelo, sin previo aviso el príncipe jalo por la cintura a la muchacha y le planto un sonoro y dulce beso en los labios; la chica estuvo a punto de rechazarlo pero n lo hizo por respeto ante la mirada atenta de los hombres de la guardia. El príncipe tomo a la chica y la cargo para ayudarla para subir al caballo, sin soltar su mano se la llevo a los labios y la beso a forma de despedida.

-Nos vemos mi dulce Kyoko.

Y de esa forma la chica emprendió la marcha con los guardias atrás de ella y en media luna cerrando la marcha.

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Tenían que atravesar prácticamente la mitad del castillo en forma silenciosa para llegar a la salida que buscaban por lo que el camino se había vuelto demasiado largo.

El castillo era tan grande porque estaba construido para la capacidad de resguardar a todos los pueblos cercanos si en algún momento se vieran en peligro ya fuera por alguna revuelta con algún reino o por algún mal tiempo.

Las noches sin dormir empezaban a afectar a la chica y ante los primeros veinte minutos desde que habían emprendido la marcha empezaba a adormilarse lo cual no era una idea demasiado grata suponiendo que iba montada en un caballo que en cualquier momento podía perder el control, o por el gran vestido que llevaba que a cada movimiento brusco la hacía perder el equilibrio.

Llevaba varias noches sin poder dormir y no sabía si se debía a su inactividad o a su nueva habitación. Una vez que la habían sacado de las mazmorras la habían cambiado a una habitación mucho más grande que daba vista al patio principal y había sido sacada de sus deberes como criada.

Más que no permitirle trabajar le había prohibido abandonar sus nuevos aposentos y solo podía tener contacto con los criados de más confianza en donde entraban las criadas del príncipe que siempre que podían lanzaban malos comentarios contra la chica y esta solo las escuchaba con la cabeza abajo riendo por la ironía. Ella que no lo deseaba le estaba ocurriendo y las demás que lo deseaban no podían tenerlo.

Pero lo comprendía un poco. La mayoría de esas mujeres solo se encontraban ahí para ganarse los favores del príncipe o del rey, con esos favores obtendrían dinero lo que acrecentaba sus ambiciones.

Todos tenían ambiciones y les encantaba presumir de lo poco que tenían pero nadie mencionaba lo mucho que les faltaba.

Pero ella nunca había tenido ambiciones, nunca había comprendido a su madre; cuando está desesperada usaba cualquier medio para ganarse algún crédito de algún noble o terrateniente del lugar en el que estuvieran. No habían llevado nunca una mala vida, pero para ella que lo más importante no radicaba en las joyas o en los vestidos, una vida así no le veía sentido.

Un motivo más para odiar toda esa situación. Ella no quería nada de lo que le ofrecían, no deseaba los vestidos lujosos que el príncipe le mandaba confeccionar cuando eran tan estorbosos que tenía que tener cuidado al caminar para no tropezar. O para que quisiera una grande habitación cuando en la antigua a pesar de ser pequeña tenía una hermosa vista de las montañas que estaban atrás del castillo y separan junto el mar el reino con el vecino.

No lo entendía. No entendía el deseo de las personas por tener cada vez más y más´. Ella tenía ahora esa opción y lo único que provocaban en ella era repugnancia. Había trabajado tan duro con el fin de algún día realizar viajes a través de todos los reinos y ahora su sueño estaba roto por los deseos y la arrogancia de un príncipe al cual no amaba.

El caballo se detuvo antes de cruzar la puerta de metal que separaba al castillo del pueblo. El caballo inquieto relinchaba y movía las patas delanteras como si algo le molestara, la chica completamente asustada no sabía qué hacer. Muy pocas veces había montado a caballo pero no le había mencionado nada a nadie o mejor dicho nadie le habían dado la opción de decir nada.

Lo extraño en todo ese asunto era que su caballo no había sido el único que se había detenido, sino que todos los caballo de la guardia un tanto alterados hacían lo mismo que lo de la muchacha.

El caballo aún más desesperado se levantó en las patas traseras y la joven cayó al suelo en lodoso llenándose de barro al instante. Su caballo una vez libre de la chica salió a trote en sentido contrario al que iban de regreso por donde habían llegado.

Uno de los guardias había intentado detener el caballo de la muchacha pero sin éxito alguno solo se había apartado para no ser atropellado. El mismo guardia fue en ayuda de la chica y la ayudo a levantar. Los demás guardias bajaron de sus caballos, lo más probable para saber cuál sería la mejor opción a seguir.

-Creo que debemos regresar. –Hablo uno con la voz demasiado gruesa.

-No lo creo, el príncipe se molestara.

-Pero no podemos seguir la marcha sin uno de los caballos.

-Simplemente regresemos por otro.

-No, ya casi empezara la hora de actividad en el pueblo, será más difícil esconder el paradero de Lady Kyoko.

La chica ante su mención con un honorifico que no le pertenecía dio un respingo y se dio la vuelta tratando de olvidarlo.

-Creo que cerca hay una posada. Deben tener establos y caballos, pediremos uno y después regresaremos por las pertenencias que iban en el caballo de Lady Kyoko. Resguarden a la dama, en cuanto regrese emprenderemos de nuevo la marcha sin contratiempos.

Los demás guardias asintieron y le abrieron el paso al hombre de la voz grave. Pero extrañamente en cuanto el hombre estaba por atravesar la puerta se estrelló contra algo invisible que lo tomo por sorpresa haciéndolo caer al suelo.

-Creo que no podrás pasar de ahí mi buen hombre.

Esa voz la muchacha la conocía. El brujo salió de su escondite a la vista de todos. Los guardias enseguida actuaron a la defensiva. Tres jalaron a la muchacha haciendo un escudo con sus propios cuerpos y los otros desenvainaron sus espadas listos para atacar.

-¡No permitiré que se lleve a Lady Kyoko!

-Oh, por eso no debe preocuparse. Solo vengo a asegurarme que las cosas se hagan como se me habían dicho y eso refiere a que la chica no debe salir del castillo, no al menos después de tres días que me enfrente al príncipe.

-¡Maldito…!

El mismo hombre de voz gruesa corrió con intención de atacar al brujo con la espada pero solamente volvió a chocar contra algo cayendo aun de forma más brusca al suelo llenándose aún más de lodo.

-No deseo hacer esto de mal grado. Retrocedan con la chica. Llévenla de nuevo a sus aposentos y no permitan que salga de ahí como han hecho por estos últimos diez días.

-No es nadie usted para ordenarme. Yo solo sigo órdenes de mi príncipe.

-No le estoy ordenando. Solo le confiero la opción más recomendada.

El brujo se cruzó de brazos y volvió a colocar una mirada de aburrimiento. Llevaba un pantalón negro y unas botas altas, además de su playera que al igual que aquella vez la llevaba desabrochada y con las mangas arremangadas hasta los codos.

En sus orejas volvían a brillar sus aros de oro y levaba en esa ocasión una capa de color vino que ondeaba con el viento. EN esa ocasión llevaba una espada al cinto.

La muchacha lo miro con interés y cuando el joven la miro de regreso esta no estaba preparada por lo que cayo completamente embobada ante sus brillantes ojos. Tarde trato de disimularlo pero el brujo lo había notado y sonreía burlándose de ella.

La chica indignada giro la cabeza sintiendo como la vergüenza empezaba a subirle por las orejas.

-Déjanos marchar.

-No dejare que se la lleven. Ya lo eh dicho, pero si gustas estoy dispuesto a enfrentarlo.

El brujo atravesó aquello que no le permitía a los demás cruzar y en cuanto estuvo al alcance de los demás lo empezaron a atacar. El brujo rápidamente saco su espada de su funda y empezó una danza contra los guardias que lo atacaban al mismo tiempo. El brujo se movía tan rápido que apenas los guardias eran capaces de atacarlo y defenderse sin recibir ninguna herida.

El brujo brillaba al igual que su espada en cualquier movimiento y los guardias que aún permanecían con la muchacha, frustrados ante los malos resultados de sus compañeros de igual forma desenvainaron sus espadas y ayudaron a sus compañeros en una pelea que por mucho era completamente injusta.

Pero el brujo no recibía heridas y los guardias poco a poco se iban cansando. En cierto momento el guardia de la voz grave ataco al brujo por la espalda mismo tiempo que otros dos lo atacaban por los costados y en esa ocasión el guardia consiguió atravesar la capa del brujo y rasgara uno de los costados del brujo. La espada del hombre se llenó de sangre y al mismo tiempo su rostro se llenó de confianza al vencer algo legendario, pues eso era lo que eran los brujos en esas tierras. Seres legendarios e inmortales.

Pero En aquel momento todos se quedaron inmóviles como si hubieran ganado la batalla hasta que el brujo un tanto encolerizado levanto uno de sus brazos y ágilmente empezó a trazar símbolos extraños en el aire, los cuales se quedaban por instantes trazados en la nada con colores dorados.

En cuanto el brujo termino de marcar con su brazo y alzo la mirada todos los guardias que lo rodeaban salieron volando varios metros lejos del brujo.

Kyoko completamente asustada ante algo incomprensible para ella empezó a retroceder pero el brujo permaneció inmóvil parado en medio de todos.

Uno de los guardias se empezó a levantar con el rostro aterrorizado y el brujo empezó a acercarse a él con el paso tranquilo.

-No tenía intenciones de llevarme a la chica, pero ha visto bueno de lo que sus subordinados han hecho me temo que no podre cumplir mi palabra. Atacando a un invitado del rey es obvio que este no estuviera muy contento. Pero no incumpliré mi palabra de una forma tan desagradable, no es propio de mí.

El brujo retrocedió y empezó a caminar lentamente hacia la muchacha, está completamente paralizada solo se quedó observando al brujo.

-Comuníquele al príncipe que si desea a su prometida de regreso debe de buscarnos en el lugar al cual en un principio tenía planeado mandar a la chica. Lucharemos como habíamos acordado, pero lo haremos en un lugar más público, deseo que todos observen para que no quede duda y en algún momento al príncipe se le ocurra la idea de buscarnos una vez me haya marchado de este reino con la chica para siempre.

El guardia se levantó gritando con la espada en mano pero solo basto que el brujo levantara la mano en su dirección y este se detuviera por completo.

-¿Dara mi mensaje a su príncipe?

-No lo hare por que no se llevara a Lady Kyoko a ningún lado.

-Claro que lo hare y usted por supuesto que dará mi mensaje.

El brujo jalo su mano hacía abajo y el guardia salió volando por segunda vez. El brujo volvió a poner su atención a la chica que aun permanecía inmóvil.

-Me temo, que tendré que ser un tanto bruco con usted, pero creo que a usted no le importa mientras la saque de aquí ¿Cierto?

El brujo sin esperar contestación se acercó hasta la chica y en cuanto llego hasta ella se arrodillo en el suelo haciendo que su capa se llenara de lodo. Tomo la punta de la falda de la chica y con un jalón lo desgarro abriéndolo más arriba de la rodilla.

-Lo siento, pero sé que eso estorba y lo que necesitamos ahora es velocidad.

El brujo dio un extraño silbido y un caballo se acercó hacia ellos, después el brujo se levantó y le dio unas pequeñas cosas al caballo pero la muchacha no había alcanzado a distinguir lo que era. El brujo se volvió a acercar a ella y por la cintura la levanto y la coloco arriba del caballo y en cuanto el brujo monto después de la chica el caballo empezó a galopar cruzando la puerta que nadie había sido capaz de cruzar.

EN cuanto salieron del castillo una pesadez empezó a embriagar a la chica y está poco a poco empezó a caer en sentido del sueño y antes de dormirse solo supo que sin importar nada terminaría yendo en dirección al castillo del príncipe en el sur, pero al contrario de los planes que había trazado con el príncipe ella no iba rodeada de guardias ni tampoco cabalgaba sola. Mucho menos estaba rodeada de tristeza e ira, lo único que sentía Kyoko era una tremenda felicidad que poco a poco se iba apoderando de su mente, de su cuerpo y de su ser entero.


Bueno, por fin iré a dormir.

Que descansen y deseenle buena suerte a Cain-sama... Apuesto que pronto tendrá a todo un Reino en su contra...

Pobre, pobre Cain y yo me voy antes de soltar secretos... muajajaja

Ya saben quien es el príncipe? Muajajaja por que yo si se cual es el papel de todos los personajes...

Y Ren?

D:

Hika.