Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenence a J. K. Rwoling y a la Warner (Bros). La trama es mía, no robes (que es muy feo). No escribo con ánimo de lucro, como creo que es evidente.

PHILIA

-Philia ya es otro nivel que va más allá de lo carnal. Nunca será tan primitivo -la chica mueve las manos y habla con claredad, vocaliza. Lucha por romper las barreras que le ponen los mismos alumnos que hace cinco minutos la escuchaban embelesados.

Los caminos del Señor son inescrutables y la atención en clase es como la superficie de un charco de agua. Tienes que lanzar palabras atrayentes para provocar esas olas suaves que se multiplican por segundos. Entonces, los chicos giran la cabeza y la miran, y ella se siente satisfecha. Realizada. Pese a todo, el mundo no está hecho de chocolate y siempre acaba volviendo la calma, el aburrimiento, y con ella vuelve a empezar el ciclo. Las clases transcurren apaciblemente, el sol se cuela por la ventana. Dos chicas rien tontamente y un chaval con más granos que piel escribe una carta de amor.

-No tan primitivo -repite ella, ajena a eso-. Philia es amistad y amor fraternal.

Amor fraternal. Los ánimos se calman en el aula y todo vuelve a la aburrida monotonía de siempre. Y es entonces cuando Charlie levanta la cabeza, deja de mirarse las manos, de contar una por una esas pecas que forman un entramado desigual encima de sus nudillos. Para escuchar. Para aprender. Para comprender de una vez por todas.

o0o

Amor fraternal.

Bill siempre ha sido alguien especial en la vida de Charlie. Era el mayor, el grande, enorme y fuerte. El ídolo de cualquier niño. El perfecto (y prefecto) hermano mayor. El guapo que se llevaba a las nenas pero las dejaba de lado para venir, despeinarle el pelo rizado y chincharle un rato.

-Enano -le decía-. ¿Has visto esas chicas tan guapas? Se mueren por besarte. Anda, corre, ve.

-Bill eres un capullo.

-Anda, ¡corre! Que no esperarán todo el día por ti, pese al millón y medio de pecas que puedas tener -se reía, le incitaba a seguirle el juego.

Y él corría, por supuesto, pero hacia la dirección contraria. Haciendo reír a su hermano a carcajadas, provocando que el vínculo entre ellos dos se reafirmara con cada broma, con cada sonrisa, con cada abrazo sentido.

Bill.

Bill fue quién le enseñó a volar, le metió en el equipo de Gryffindor a base de practicar en verano y tirarle tantas veces la quaffle directa al estómago que al final podía cogerla hasta dormido. Le curtió. Charlie es lo que es gracias a Bill.

Amor fraternal.

Y ahora que todo parece alejarse entre ellos, Charlie no sabe que hacer. Se pierde ante la inmensidad del mundo y no está Bill para reírse de él, echarle una mano con sus problemas, escucharle atentamente.

Y al final, cuando ya está realmente deseperado, acaba encontrando a Hestia. Hestia, que es una chica alta y decidida. A veces madre, a veces amante, casi siempre una amiga. Un hombro en el que dormir (y roncar, por supuesto).

Bill no está y Charlie anda a pasos temblorosos por este mundo que le viene grande, como los jereys de mamá.

Amor fraternal.

¿Dónde cojones te has metido, Bill? No voy a llamarte, desesperado, pero esperaré a que vengas. Rápido, a ser posible.