-Tom. Tomi despierta -gritaba Bill moviendo violentamente el rostro entre sus manos.
-Ya… ya quítate que no estás haciendo nada -dijo Gustav moviendo al pelinegro mientras cargaba a Tom y lo llevaba a un sillón.
Bill comenzó a llorar, parado en un rincón sin moverse, mientras Georg regresaba con Dave quién marcaba un número de teléfono llamando al médico.
-¿Cómo va?- preguntó Georg
-No es nada sólo esta débil pero consciente -dijo Gustav levantando a Tom para que tomara un poco de agua.
-Tom, abre los ojos –le ordenó Dave suavemente, tratando que el de rastas enfocara su mirada en él.
Tom empezó a abrir los ojos lentamente mientras su cuerpo le parecía pesado, sintió como el frío líquido recorría su garganta y tosió comenzando a tomar consciencia de lo sucedido-. ¿Qué pasó?, ¿Qué pasó? -decía agitado. Moviendo su cabeza como buscando algo o más bien a alguien.
-Aquí estoy- gritó Bill, llegando a su lado y apoyando su cabeza en el pecho del mayor y dejando que éste lo abrazara.
-Bill, por Dios- dijo Gustav-. Él es el enfermo ¿y eres tú quién se recuesta? Déjalo que está débil.
-Es que…
-Es que nada Bill, en serio dale espacio -ordenó Georg.
Bill se movió tímidamente limpiando sus lágrimas.
-¿Qué pasa?- preguntó Tom de nuevo con una voz casi inaudible.
-Sólo te desmayaste, en un segundo viene un doctor y todo va a estar bien –le explica Dave.
-¿Dónde está Bill?
-Aquí- dijo Bill sentado a su lado.
-¿Por qué te fuiste? Acércate -dijo levantando su brazo para que Bill se refugiara, de nuevo, en su pecho-. Todo va a estar bien Billy – dijo con una voz aún más baja.
Georg y Gustav intercambiaron una mirada. Ya que sabían lo estúpido que era tratar de encontrarle lógica a cualquier cosa que los gemelos hicieran.
- Pues nada señor Kaulitz, afortunadamente con lo que me ha contado ya sabemos que es un descuido lo que hizo- reprendió el médico a Tom, quien no soltaba la mano de su gemelo.
-Lo siento.
-Debes prometerme, chico, que te vas a cuidar.
-Lo haré -sonrió Tom.
-Bueno, vayan a comer -dijo Dave-. Yo me quedo recibiendo tus medicinas.
-Siéntate Tomi yo te sirvo -dijo Bill corriendo hacia los platos sirviendo pizza de pepperonie, la favorita de Tom, y un vaso de jugo-. Aquí tienes -dijo sonriendo mientras se sentaba a su lado.
-Gracias -dijo Tom avergonzado. Odiaba haber puesto a todos en apuros por un simple desmayo.
-Haber cuanto le dura lo servicial -dijo Georg alzando una ceja, hablándole evidentemente a Bill. Gustav sólo reía.
-Pues va a durar mucho -dijo Bill sonrojándose.
-Nah, ya no lo molestes- dijo Tom defendiendo a su hermano.
-¿Si en realidad es a ti al que deberíamos de estar regañando cierto Tom?
-Vamos chicos.
-No lo digas, es una estupidez pasar más de doce horas sin comer y desayunarte una coca cola Tom -regañó Gustav.
-Ok ya está bien, no lo haré de nuevo. Sólo estaba un poco apurado.
-Viniendo a dejarme -complementó la frase Bill, con un puchero señalándose como el culpable.
-Deja eso ya, no fue tu culpa -dijo Tom sonriéndole a su gemelo.
-Soy un inútil lo sé
-¡Bill no!
-Sí Tom sí, te desvaneciste y no pude sostenerte bien y por poco te golpeas, luego sólo gritaba y no te podía cargar –dijo el pelinegro, comenzando a llorar.
-No, Bill vamos…
-Si a mi me pasa algo tu siempre te haces cargo de mí, y yo sólo demostré que soy un inútil.
-NO, Billy No- dijo Tom, odiaba como tenía que reprimir el impulso de llevarlo a sus brazos cuando estaban con más gente.
-Sea como sea, tienes que parar de ser el centro de atención ¿No?- dijo Gustav viendo molesto a Bill-. Tu hermano es el enfermo
-Oye -dijo Tom frunciendo el seño.
-Es en serio- reforzó Georg
-Y es en serio lo que yo estoy diciendo. Mierda, cállense, no estoy enfermo- dijo Tom molesto, viendo a sus dos amigos. Volteó hacia Bill y su rostro se llenó de ternura. Caminó hacia el pelinegro y lo abrazo dulcemente-. No eres un inútil, ¿de acuerdo?, aquí el inútil sería yo, que lo único que sé hacer bien es cuidarte, así que no me quites el privilegio. - dijo sonriéndole a Bill.
-Gracias Tomi –dijo el pelinegro devolviendo el abrazo a su gemelo.
*****
-Tienes el honor de conocer "la cueva"- dijo Georg pasando por la última garita de seguridad.
-Oye con toda esta seguridad, suena bien venirse a vivir aquí- comento Gustav hundiéndose en el asiento de copiloto de su mejor amigo.
-Seguramente ellos te dejarían. ¿No ves que huyeron de Magdeburg con tal de no verle la cara a nadie? -Gustav decidió ignorar el último comentario, ¿quién querría huir del pueblo más hermoso de Alemania? pensó.
Llegaron a la casa número siete con un lindo buzón que decía "Kaulitz".
-Juraría que estoy llegando a la casa de mi tía -rió Georg.
-¿Por qué?
-Estoy nervioso.
-¿Estás nervioso por visitar la casa de los gemelos?
-No sé si ya te diste cuenta que tienen más de ochos meses de vivir aquí y, hasta ahora, no nos habían invitado.
-Georg vivimos toda la vida pegados, ¿no crees que es el colmo que también nos la pasáramos aquí metidos? Además para que se te quite la emoción, no nos quedaremos mucho, es solo una noche porque mañana salimos temprano. Así que mejor estaciónate detrás de Andreas.
La puerta principal se abrió y ahí estaba Bill con una sonrisa más que auténtica esperando a sus amigos.
-Bienvenidos a...
-A la cueva -dijo Tom terminando de abrir la puerta y adelantándose hacia el auto de Georg para ayudarle a sacar las maletas.
Andreas jugaba con Scotty en el jardín trasero mientras Bill se encargaba de hacer una barbacoa para sus amigos. Tom, Georg y Gustav bebían unas cervezas mientras la comida estaba lista.
-¡Kaulitz! -fue el grito que emitió Bill.
-Ya sé, ya sé -dijo Tom parándose-. "Ayúdame" -gesticuló con la boca, al mismo tiempo que Bill-. Señores se quedan en su casa -dijo retirándose cortésmente hacia el comedor.
-Wow eso estuvo delicioso -comento Georg dejando los cubiertos en el plato.
-Lo sé -dijo Bill sonriendo.
-Tus habilidades culinarias han mejorado, lo admito- dijo Gustav.
-Viniendo de ti eso es todo un halago, gracias- sonrió el pelinegro.
-¿Más vino? -preguntó Tom
-Kaulitz deja de beber, mañana nos vamos de Tour-
-Cómo se siente ¿eh?… -dijo Georg pateando a Tom por debajo de la mesa.
-¿Cómo se siente qué?-
-Ya sabes, vivir con la única persona que te da órdenes todo el tiempo.
-Ya vas a empezar con eso Georg, tal parece que estuvieras celoso porque no tienes a quién mandar –dijo Bill cruzando los brazos.
-No sé por qué, pero eso sonó peor a lo que él ya me había dicho –le sonrió Tom a su gemelo.
-Bueno, un placer como siempre -anunció Andreas- pero yo ya me voy -dijo parándose.
-Muy bien, gracias por cuidar de Scotty –dijo Bill.
Tom desapareció por un momento, para luego regresar con una maleta.
-¿Qué es eso? -preguntó Bill
-Es la maleta de Scotty.
-¡¿Maleta de Scotty?!
-Sí, la compré ayer. Te lo dije. Ahí van su plato favorito, sus juguetes y un suéter nuevo -Los ojos de todos voltearon hacia Tom inmediatamente.
-¿Un suéter? -preguntó Andreas.
-Sí, ¿qué tiene de raro un suéter? -preguntó Tom cargando a Scotty para llevarlo al auto de Andreas.
-Lo raro, Tom es que eso lo hago yo –le dijo Bill.
-¿Qué? Soy su papá también -reclamó Tom volteándose y parándose frente a su gemelo. Moviendo las caderas de una forma extraña…
-¿Papá? -inquirió Georg-. Esa comida te calló mal. ¡Ahh mi amigo muere ante mis ojos! ya mueve la cintura igual que Bill –dijo dramáticamente dirigiéndose a Gustav.
-Ya cállense, ¿quieren? -dijo Bill quitándole a Scotty -Haber dame un beso, nos vemos en una semanita.
-Dámelo -pidió Tom extendiendo sus manos hacia Bill, jalando al cachorro.
-Ya dejen de arrebatarse al perro de una buena vez. Mierda, como agarrarían a un... olvídenlo- interrumpió Andreas-. Tengan buen viaje chicos –dijo despidiéndose de Georg y Gustav, dirigiéndose hacia la puerta seguido por los gemelos.
Georg sirvió mas vino y se sentó en la sala, en un pesado silencio.
-¿Te sientes incómodo? -preguntó Gustav.
-No tienes idea cuanto.
Gustav rió: -Yo te dije que mejor manejábamos de madrugada, pero tu necedad de venir aquí…
-Cállate, ahí vienen
-Bueno señores, bienvenidos a la casa de los Kaulitz -dijo Bill apareciendo en el umbral-. Vengan les voy a enseñar la casa -dijo llamando a sus amigos para que lo siguieran.
-Esta es la cocina, acá esta el bar, y esta es el área para visitas –dijo, abriendo una gran puerta de madera que daba a un jardín, y esas son las habitaciones para huéspedes donde se alojarán. Ahora vengan, de este otro lado -dijo mientras cruzaba por la sala de nuevo-. Acá está el cinema, sala de entretenimientos, y finalmente la piscina y jacuzzi.
-Mierda –pudo pronunciar Georg
-Esto es una mansión -completó Gustav
-No, es sólo una casa
-Yo no podría pagar esto –dijo Georg, resignado.
-Claro que puedes. Si dejas de gastar en secadoras de pelo -dijo Bill sonriendo y tirando del cabello a Georg.
Tom apareció en lo alto de las gradas
-Y este -dijo Bill-, es el lugar prohibido -Gustav y Georg rieron sonoramente
-Es enserio -dijo Bill-. No hay ser humano que pueda subir por esas gradas sin que se gane, ya saben… que le partamos el cuello en dos- agregó Tom, bajando.
-Exacto, bueno, yo no podría partirle el cuello a nadie, pero si se lo pido Tom lo haría con gusto –dijo Bill en un tono que no sonó para nada a broma.
-¿Es en serio? –preguntó Georg.
-Sí, ya te dije es en serio.
-¿Y qué? mataron a alguien o qué hay arriba –interrogó Gustav
-Nada sólo nuestra… nuestras habitaciones y una sala. Pero como en todos lados no tenemos privacidad, eso es como el santuario Kaulitz.
-Entendido, no somos bienvenidos arriba –agregó Georg, sonriendo.
-¿Dónde estabas Tom? -preguntó Gustav.
-No nada, sólo…
-Vomitaste otra vez -interrumpió Bill, preocupado.
-¿Otra vez? -interrogó Gustav
-Sí, se sentía mal por la mañana -aclaró el pelinegro.
-Ya déjenlo, no es nada, seguro fue el vino -se excusó Tom.
-Tú no tomaste vino -dijo Georg-. Sólo te lo serviste.
-Bueno, entonces fue el asado de Bill- dijo subiendo de nuevo a su habitación, no quería discusiones y menos tratar de explicar sus males.
****
Tom corría de un lado a otro, sabía que vivir en un vecindario tan exclusivo tenía sus grandes desventajas. Como que el comité, les hiciera saber que su autobús recogiéndolos, cuando partieran a las giras, NO ERA BIENVENIDO así que acordaron que el autobús podría estar en el condominio no más de veinte minutos. Y ahora habían dos autobuses afuera, el de Gustav y Georg, y el de los gemelos. El estrés en la casa Kaulitz se respiraba en cada ambiente.
-¡Kaulitz! -fue el grito del pelinegro en el primer piso. Mientras entregaba sus maletas a los chicos del equipo para que las subieran.
-¡Voy!
-Tom, trae tu trasero en este instante aquí, ya se fue el autobús de los chicos, apúrate -exigió molesto.
-¿Es necesario ser tan pesado Bill? -dijo el mayor bajando apresuradamente, pasó apresuradamente por delante de su hermano con sus maletas en mano. Saki se las quitó inmediatamente mientras Tom se giró sobre sus talones regresando a su habitación.
Bill corrió tras él para verificar que todo estuviera cerrado, revisó las ventanas, también, vio la cama perfectamente hecha y a Tom tirando todo en su closet, se dirigió hacia él
-¡¿Tom?! -preguntó abriendo la puerta, observando a su hermano hincado frente a una de las gavetas.
-Dime.
-Por un demonio Tom, ¿ya vas a estar listo? -elevó la voz el pelinegro.
-Ya.
-No quiero problemas con el comité de vecinos.
-¡¿No oíste cuando dije que ya estaba?! -gritó Tom por fin volteándose hacia su gemelo.
-Sí, perdóname.
-Sí, sí, siempre perdón, ¿porqué de vez en cuando no tratas de ser menos grosero? para evitar tener que disculparte a cada segundo.
-Tom lo que p…
-Quítate de mi closet por un instante, Bill, estoy ocupado aquí.
Bill se dio la vuelta con el corazón agitado, estaba realmente molesto. Últimamente Tom explotaba a cada segundo, semanas atrás habría sido más tolerante, pensó. Bajó dándole un último vistazo al primer piso, cerrando las puertas y ventanas.
Tom bajó directamente al autobús con una bolsa de papel en la mano. Era relativamente grande considerando que Tom llevaba cuatro maletas para sólo dos ciudades. Bill cerró la puerta tras ellos y abordaron.
El mayor se dirigió directo a la pequeña salita con la bolsa aún en la mano. Bill llegó a su lado y se sentó, odiaba cuando se hablaban así. Torció su boca de un lado a otro esperando que Tom le hablara, pero este no lo hacía.
- Kaulitz ¿Por qué estás tan raro últimamente?
-¿Qué hice?
-Me gritaste.
-Bill tú me gritaste antes.
-Yo sé, pero tú no eras así -dijo hundiendo los dedos en el pecho de su gemelo.
-Lo sé y ya te acostumbraste a gritarme y que yo sólo me calle y haga lo que quieres, ¿cierto?.
-Sí -respondió Bill, con el rostro cabizbajo y subiendo los ojos sonriendo dulcemente.
-Ay, Bill -dijo soltando un suspiro-. Ya lo dijo Georg, me manejas como quieres- dijo enredando sus dedos en los de su hermano.
Bill rió estruendosamente, mientras se ceñía al brazo de su Tomi: -Lo siento, no quiero lucir así.
-Lo sé, sólo te he malcriado, y mucho -dijo el de rastas sonriendo.
-¿Qué fuiste a traer? –preguntó Bill.
-Nada.
-Tom, como si no fuera a enterarme de qué traes ahí –dijo arrebatándole, hábilmente, la bolsa y corriendo hacia atrás para abrirla. Tom quería seguirlo pero se sentía un poco cansado como para estar jugando con Bill. De todas formas iba a saberlo en algún momento.
-¡Awww te amo TOM KAULITZ! –gritó Bill, volviendo hacia la sala.
Bill se frenó abruptamente al ver a Dave y a Saki sentados junto a Tom. Ocultó su regalo detrás de si.
-¡Hey hola! -dijo sonriendo.
-Estás bien loco Bill, ¿lo sabías verdad? -dijo Dave riendo.
-Yo estoy loco y tú atraviesas puertas. No recuerdo haberte visto abordar "nuestro bus" -dijo desapareciendo de la vista de todos y caminando hacia atrás.
-Tu hermano esta loco -rió Dave.
-Un poco nada más -dijo Tom-. Ahora sigue con lo que decías de los shows.
-Fue un error de nosotros. Todo está confirmado son cinco conciertos antes de América y no dos como habíamos hablado.
-Y ya están vendidos.
-Sí, desde hace meses.
-¿Qué dijeron Georg y Gustav?
-Ningún problema.
-Bueno por nosotros tampoco te preocupes somos adictos al trabajo.
-¿Que nosotros qué? –intervino Bill regresando a la sala.
-Después te explico.
-Dímelo ahora.
-No.
-¿Por qué?
-Porque sino, no vamos a dormir y estoy cansado y apenas son las 8 de la mañana.
-¡Tienes cuatro semanas de estar cansado a todas horas! -gritó Bill.
-¿Es necesario que lo grites? ¿Bill?…
-Lo siento. Dijo el pelinegro bajando la mirada.
-Y ahí vamos de nuevo. Ya te dije que dejaras de hacer cosas por las cuales… ahh, olvídalo, quédate con Dave y que te explique, yo me voy a dormir -dijo Tom, poniéndose de pie y yendo hasta su cama, corrió la cortina y se quitó la sudadera, últimamente sudaba mucho.
Empezó a respirar profundamente sintiendo, nuevamente, esas nauseas que le acompañaban día y noche desde las últimas semanas. Era por eso que no comía. Odiaba sentirse enfermo, incluso, había dejado de beber, con la creencia de que había llegado a su limite de alcohol, pero las nauseas continuaban.
Cerró los ojos para descansar, sin intentar dormir, hacia bastante tiempo que conciliar el sueño no era posible sin Bill a su lado y descansar era lo único que tenía en mente, todo el tiempo.
Cuidar a Bill durante las giras era lo más desgastante. Su corazón latía agitado mientras miles de pensamientos de las giras le golpeaban la conciencia casi dolorosamente. Como cada vez que tironeaban a Bill, él moría de ganas de golpear al imbécil que lo trataba con tanta brusquedad, aunque no le quedaba más que fingir que no pasaba nada. También, debía soportar que coquetearan descaradamente una y otra vez con el objeto de su amor. Lo más preocupante era como su fama de jugador iba perdiendo fuerza porque él ya no podía fingir más cuanto amaba a su gemelo y, últimamente, ya no quería fingir.
Antes no importaba, el teatro era soportable, pero ahora, oírlo decir que buscaba el amor verdadero empezaba a doler. Sintió un par de lágrimas rodando por su rostro, él no era tan fuerte como Bill. Emocionalmente hablando, el pelinegro era capaz de escuchar las tonterías de Tom, aunque fuera con una sonrisa un poco tiesa, pero Tom simplemente ya no sonreía. Sus lágrimas ahora caían violentamente y empezó a limpiarlas desesperadamente, sabía que cuando empezaba a llorar no podía parar.
Sintió el correr de la cortina y su cuerpo se tensó, lo que menos necesitaba era que lo descubrieran llorando. Sintió el peso de su gemelo a su lado.
-Dave por fin se fue. Estamos solos guapo -dijo Bill volteando a Tom para subirse en él-. Tom, ¿Tomi estás llorando otra vez?
-Lo siento.
-Tom, dime ¿qué te pasa? -preguntó Bill con la desesperación en el rostro.
-Nada.
-¿Cómo que nada? últimamente tus cambios de humor son cada vez peores. Siempre presumimos en las entrevistas que eres relajado y, mírate ahora, llevas semanas así.
-Bill... -dijo sollozando-. Dime que me amas.
-Tom... ¿qué pregunta es esa?
-¿Qué respuesta es esa? -rebatió Tom, volviendo a ponerse de espaldas a su hermano.
-Voltéate Kaulitz –le ordenó serio, Bill.
-No quiero.
-Debes querer, o te jalo y te tiro, cueste lo que me cueste, y es mejor evitar el escándalo u obligaremos a Saki violentar la puerta y pasar a nuestro apartado.
Tom sin más se dio la vuelta. Sabía que si habían pedido un bus sólo para ellos, no habían podido evitar compartirlo con la gente de seguridad, más otros del equipo. Aunque tenían terminantemente prohibido pasar la puerta de la habitación de los gemelos a menos que se tratase de una emergencia.
Los ojos llenos de lágrimas se enfocaron en los marrones, que a su parecer, eran los más bellos del mundo.
-¿Qué quieres?
-¿Tú sabes la imagen que tengo ante el mundo, Tom? soy un chico suertudo con genes perfectos, vocalista de un grupo famoso, compongo canciones y amante de llamar la atención, con un hermano gemelo y una conexión bendecida... ¿es así o no? -hizo una pausa.
-¿Eso a qué viene?
-Pregunté, si es así o no.
-Es así -respondió Tom, restregando sus ojos.
-¿Tú sabes quién soy en realidad?
-Claro.
-Si sabes que la única suerte, que siempre he creído poseer es la de tenerte. Si mis genes son perfectos es porque los compartimos. Cada canción que he escrito describe momentos nuestros. Si me arreglo como me arreglo y quiero llamar la atención todo el tiempo, es porque la única atención que anhelo es la tuya -respiró profundo, observando el rostro asustado de su gemelo-. Así que no vuelvas a preguntar si te amo ¿de acuerdo? porque es la pregunta más tonta del mundo. Desde que yo nací, no hago otra cosa más que amarte.
Una sonrisa tonta apareció en el rostro de Tom y sus ojos empezaron, nuevamente, a lagrimear, agitando su pecho.
Bill se acercó más reduciendo la escasa distancia que ya de por sí había entre ambos. Limpió las lágrimas de su gemelo con besos, y luego lo abrazo dejando que este recostara su cabeza en su pecho.
-No sé qué te esté pasando, pero deberíamos ir al médico, ya sabes. Puede ser... eh... que... tú…
-¿Qué yo?
-Sí, que las vitaminas que te recetaron no te estén cayendo bien.
-¿Desde cuándo las vitaminas enferman?
-No sé, no soy médico. Sólo tú novio, y sé de buena fe, que no estás bien.
-De acuerdo, prometo ir si me siento peor.
-¿Peor?
-¿Qué más necesitas sentir para ir a ver a un especialista?
-Es sólo que estaba un poco senti...
-A mí no me engañas, llevas semanas sin comer bien y por lo mismo te mantienes débil y esos dolores de cabeza me están asustando. De repente mareado, sino un segundo me amas y al instante siguiente quieres matarme.
-Lo sé, lo sé. La bendita conexión -interrumpió Tom haciendo un puchero-. Es como tener a una vieja chismosa metida dentro, que te informa con detalle cada cosa -Bill rió, había extrañado las ocurrencias de Tom la última semana.
Sus bocas por fin se buscaron en la oscuridad. Amaban "entrar en la obscuridad" pensó Bill, nadie sabía lo que esa frase significaba.
Sus labios quedaron separados por escasos milímetros, disfrutando del tibio aliento del otro y sus respiraciones listas para sincronizarse. Tom pasó su mano por encima de la nuca de su gemelo y lo recostó subiéndose encima, cuando por fin sus labios se unieron en un tierno beso. La lengua de Bill se introdujo en la boca ajena, dando amor, y en otros momentos placer.
Sus respiraciones comenzaron a acelerarse y una de las manos de Tom buscó la de Bill y la llevó violentamente hacia el costado de la cama, mientras su rodilla subía hacia el pene de su pelinegro masajeándolo generosamente, al mismo tiempo que su boca empezaba a besar el cuello de su gemelo.
Bill vio los ojos de Tom que por un segundo se desorbitaron en una expresión que no era de placer. Tom retiró inmediatamente sus labios del cuello de su gemelo, lanzándole una mirada extraña.
–¡Cambiaste de loción! -gritó mientras se tiraba del compartimiento corriendo al baño.
-Tom, ¡Tomi! -gritó Bill, bajando tras él y ahí estaba Tom vomitando.
