Advertencia(s): Long!Fic. Omegaverso. AU. M-preg. Lemon. Muerte de un personaje (más adelante). Crimen. Suspenso. Tragedia. Angst. Drama. Romance (ajá).

Las edades están cambiadas, y por ser un AU existe un poco de OoC. Si no te gusta algo de esto, puedes retirarte.

Género(s): AU. Omegaverso. Crimen. Suspenso. Drama. Romance. Tragedia.

Personaje(s): Murasakibara Atsushi. Kiyoshi Teppei. Himuro Tatsuya. Kagami Taiga. Kuroko Tetsuya. Kise Ryouta.

Akashi Seijuurou. Furihata Kouki. Midorima Shintarou. Takao Kazunari. Sakurai Ryou. Hyuuga Jumpei. Entre muchos más.

Pareja(s): Murasakibara/Kiyoshi. Kagami/Kuroko. ?/Kiyoshi. ?/Kuroko. Murasakibara/Himuro. Kagami/Kise. Akashi/Furihata. Midorima/Takao. Hyuuga/Sakurai.

Clasificación: No menores de 16 años.

Disclaimer: Kuroko no Basuke no me pertenece, todo es de su respectivo creador. El Omegaverso tampoco es mío.

Aclaraciones de lectura:

"Entre comillas" son pensamientos.

- Entre guiones - es dialogo.

En cursiva se encontrarán los Flashbacks.

Los asteriscos (*) son aclaraciones de la autora, al final del fanfic.


A Beautiful Lie.
A Kuroko no Basuke fanfiction by AmanthaB.

Parte II.
El secreto de Takao.

Midorima miró a ambos Alfas enfrente de él, mientras ellos miraban el reloj con impaciencia, para luego levantarse en cuando escucharon la puerta. Dos pequeños, de seis años cada uno, cruzaron la sala corriendo para tirarse encima del pelirrojo y el pelivioleta. Midorima escondió una sonrisa, tenía que admitir que los hijos de esos dos imbéciles eran bastante tiernos. Sobre todo porque teniendo seis años, habían demostrado tener una doble personalidad impresionante.

El mayor de los dos niños era Takehiko, hijo de Murasakibara Atsushi y madre desconocida (de momento), su cabello era violeta y tenía ojos de un color marrón claro; era un Alfa, por lo que medía más que los niños normales de su edad. Había sacado la altura de su padre. Era un fanático de los dulces, y siempre era impaciente con todo. Nunca se daba por vencido, y tenía una seria doble personalidad. Podía pasar a Infantil a Maduro en tiempo record. Nunca le gustaba que le dijesen que hacer, y prefería seguir sus propias reglas. Amante de los dulces, digno hijo de Murasakibara, aunque no le gustaban las cosas amargas.

El otro niño era Kenji, hijo de Kagami Taiga y madre desconocida (de momento), su cabello era pelirrojo y sus ojos borgoña, al contrario de su padre su cabello era completamente pelirrojo; era un Alfa, también, pero era mucho más pequeño de estatura que Takehiko, aunque no era pequeño comparado con todos los demás Alfas. Fanático de la comida, sobre todo de las hamburguesas, y con un raro gusto por la Frutilla. Al igual que Takehiko, tenía doble personalidad, pero la suya iba más a un temperamento muy corto. Podía enojarse tan fácilmente como su padre Taiga. Y era impaciente, siempre quería todo en el mismo momento.

Midorima olió el aire, y frunció el ceño, el mismo olor de nuevo. Pero estaba mucho más leve que otras veces, suspiró. Definitivamente, había algo raro. Y presentía que algo se le estaba escapando de las manos, y eso no le gustaba. Sentía que algo estaba mal ahí, que había algo que estaba seguro de que tenía enfrente. Fue entonces que se le ocurrió. Kazunari. Si había sentido el olor de los niños en alguna parte, sobre todo en un Omega, tenía que haber sido gracias a Kazunari. Kazunari... ¿cómo había reaccionado ante la sospecha de Kagami y Murasakibara? No podía recordarlo, pero estaba seguro que había sentido tensión que pasó por alto. ¿Podía ser que su esposo supiese de algo que él y los otros dos no? Debía comprobarlo.

Kazunari— llamó en voz alta, sabiendo perfectamente que su esposo acudiría al llamado. Donde le había mandado no estaba lejos, de hecho era una habitación que quedaba cerca, y por ello sabía que ni siquiera tenía que levantarse. Dos minutos después, apareció su esposo por la puerta. Los niños al verlo sonrieron ampliamente y fueron hasta él.

¡Kazunari oji-chan!— Takao rió suavemente, inclinándose un poco para besar en la mejilla a ambos niños y luego dirigirse hasta su esposo a paso lento.

¿Me llamaste?— preguntó. Midorima asintió— ¿Para qué?

Quería preguntarte algo...— murmuró seriamente Midorima, y Takao se tensó— Siento que me ocultas algo, y no me gustaría que así fuese. Por ello, te daré una oportunidad, ¿sí? Puedes decirme lo que sabes, o puedo sacártelo.

Takao se mordió la mejilla, era un hecho que no podía mentirle a su Alfa, peor aun cuando estaban enlazados, pero tampoco quería decirle lo que sabía. No, es que no quisiera, es que no podía. Sería traicionar una confianza que se depositó en él hace mucho tiempo... pero aún así. Sabía que ellos lo entenderían, además también sabía que ahora que Kise y Himuro habían desaparecido... lo más seguro es que fuesen ellos mismos los que aparecieran.

Oculto algo, sí— afirmó Takao, sentándose en uno de los sillones, esas palabras hicieron que Murasakibara y Kagami le viesen enseguida y fuesen a darle alcance a él y Midorima— Pero no os lo puedo decir. Ellos no lo quieren así— Kagami sintió que el aire le comenzaba a hacer falta con esas palabras y lo que podían significar— Ellos lo decidieron por su cuenta. Y, si quieren que ustedes sepan, ellos vendrán a buscarlos— Murasakibara bien sabía que quería decir con eso. Y no quería creer que podían hablar de "Ellos".

Kazunari...— murmuró Midorima, no le gustaba que su esposo le ocultase cosas— Dinos lo que sabes— ordenó. Takao le miró fijamente, para luego mirar su vientre con interés— Kazunari— insistió.

Bien...— siseó, molesto repentinamente el chico con el Ojo de Águila— Comencemos por el principio. Hace siete años, ustedes dos— siseó en dirección a Kagami y Murasakibara— tenían una relación con dos de mis amigos, unos Omegas— Midorima miró hacia ambos Alfas, se veían un tanto avergonzados— Sin embargo, ellos me dijeron que cortaron la relación sin más. Y los dejaron— el rencor en la mirada de Takao hizo encogerse un poco a ambos Alfas. Un Omega cabreado, y embarazado, era muy mal enemigo— Ellos decidieron fugarse, ya que no podían vivir si ustedes estaban cerca. Pero, después de un tiempo, no se fueron. Yo nunca sospeche sus razones por aquellos días— que ahora las supiera, era caso totalmente aparte— Ellos estuvieron alejados del mundo por mucho tiempo, y mientras lo estaban, yo comenzaba a atar cabos. Estaba claro que vosotros erais los culpables— Murasakibara hizo el amago de hablar, pero se calló con una simple mirada— Un par de meses después, ellos aparecieron pero diferentes. Se notaba que estaban en estado— Takao disfrutó de la mirada de estupefacción de los Alfas— pregunté por los padres, pero ellos dijeron que estaban muertos— sonrió malicioso— Y probablemente lo estaban para ellos.

Murasakibara no dijo nada, así como tampoco dijo nada Kagami, pero aquellos les había dolido. Ellos sabían que habían cometido unos cuantos (muchos) errores con sus verdaderos Omegas, con los que de verdad amaron... pero nunca creyeron que alguien les sacaría en cara esos errores. Mucho menos que fuese un Omega el que lo hiciera. Takao cerró sus ojos, recordando una ocasión en la que todo su odio se había trasformado en rencor.

Takao Kazunari se encontraba en su habitación, ordenando unas cuantas cosas para su próximo celo que sería en unos días. Tocaron a su puerta, y Takao suspiró para abrir la puerta. Allí, sus padres tenían un teléfono en mano.

Es para ti— le dijeron, y se marcharon. Takao se sentó en la cama para luego tomar el teléfono.

¿Diga?— preguntó al aparato.

¿Señor Takao Kazunari?

Sí, con él. ¿Qué pasa?

Tenemos el pesar de informarle que unas personas han fallecido en un accidente hoy, ellos tenían éste número entre sus contactos de teléfono.

¿Q...qué? ¿Cómo son?

Dos omegas. Un castaño y un chico de cabello celeste...

Takao cortó la comunicación, con sus ojos llorosos. No podía ser cierto. Tenía que ser una maldita broma. Una muy mala broma. No podían ser ellos. Dios... no... era imposible. No... por favor...

No ellos, por favor no— sollozó el moreno, antes de largarse a llorar.

Pasaron los meses, y no sé como... pero hace seis años, tuve la noticia de que ambos habían muerto en un accidente— la voz de Takao fue baja para decir aquellas palabras— yo no supe que hacer en esos momentos. Todo lo que hice fue llorar. Un poco después ustedes anunciaron su compromiso con Himuro Tatsuya y Kise Ryouta. Quise golpearlos. Matarlos a golpes, por muy Alfas que fuesen— en la voz de Kazunari había rencor. Había mucho rencor— Claro que no lo hice. Dejé pasar el tiempo. No me sorprendía nada. Vuestros hijos fueron dados a conocer y no me sorprendí. Simplemente no pensaba en nada. Midorima llegó a mi lado y nos enlazamos. Luego, vivimos juntos y yo ya había comenzado a olvidar el asunto. No había día que no recordase a mis amigos, pero yo ya no guardaba rencor. Entonces...— Takao puso una mano en su vientre— cuando fui a chequeo para ver a mi hijo, creí reconocer dos cabelleras particulares. Una castaña y otra celeste— Murasakibara y Kagami tragaron saliva... no podía ser... — Creí que era una alucinación, pero el olor me lo dijo. Estaba como loco, no podía créemelo...— murmuró Takao, perdiéndose en sus recuerdos.

Takao respiraba agitadamente, viendo como dos omegas frente a él reían y conversaban con dos Alfas. Uno de esos Alfas, de cabello azul y piel morena, y el otro, de cabello negro y sonrisa divertida, de piel pálida. Sin saber qué hacer, se acercó lentamente. Necesitaba comprobarlo. Ambos Omegas se giraron, y Takao sintió que quería llorar.

Chicos...— murmuró con voz ahogada.

¿Takao-kun?— murmuró uno de los Omegas, de cabello celeste, sin poder creérselo.

Oh, dios mío— Takao sintió que podía desmayarse en ese momento— Dios mío. No puede ser— el otro omega, de cabello castaño, sonrió levemente.

Takao-kun. Tanto tiempo sin verte— comentó con suavidad. Takao les miró y luego se soltó a llorar. El castaño se acercó rápidamente para abrazarlo— Hey, no llores... Lo sentimos tanto, Takao. Nunca quisimos dejarte solo... pasaron muchas cosas— murmuraba, a fin de tranquilizarlo.

Están vivos— susurró Takao, extendiendo sus manos para tocar el rostro del castaño, para comprobar que no era una simple alucinación— Dios mío, están vivos— repitió.

Así parece, Takao-kun— habló el otro omega, con un rostro inexpresivo pero con ojos brillantes— Estamos vivos, pero ocultos— susurró suavemente. Los dos Alfas se habían ido un poco más allá.

Mi dios... Ahora mismo, me contáis todo. Pero a la de ya— exigió el omega embarazado, y los dos sonrieron.

Takao sacudió su cabeza, alejando los recuerdos, viendo como los Alfas lo miraban esperando que continuase con lo que decía.

Me acerqué a ellos, y lo comprobé. Eran ellos... Vivos. Lloré al verlos, ellos lloraron luego al contarme todo lo que había pasado. Y prometí no contárselo a nadie— Takao miró a un lado— Claro que ahora lo he contado, me pregunto si me perdonarán por ello...— murmuró.

¿Por qué no íbamos a hacerlo?— escuchó Takao, y los tres Alfas más el Omega levantaron los ojos sorprendidos. Ahí, frente a ellos, estaban dos Omegas... uno de cabello castaño, y otro de cabello celeste.


He aquí el segundo capítulo de este fic, espero que os haya gustado :3

Ya aparecieron los Omegas, ¿cómo van a reaccionar sus Alfas?

Descubralo en el siguiente capítulo en este mismo canal (parece telenovela)