Seis años atrás (flash Black)

Bella Pov

-Bella amor –dijo Edward Cullen. El era mi esposo nos habíamos casado apenas dos años de conocernos, yo tenía dieciocho años, y el tenia diecinueve años, nos habíamos casado, él era el hombre perfecto. Era tierno cariñoso todo lo que tenga que ver con amor. O así era hasta que cumplimos cuatro años de casados y le dije que me había embarazado.

-¿Qué pasa Edward? –le dije cuando estaba enfrente de mi

-tú qué crees que pasa Isabella, que no acomodaste nada como a mí me gusta te dije bien claro como quería cada cosa –me grito, el era algo bipolar, y estaba molesto ya que nos habíamos mudado a la mansión que su padre le había regalado.

-Lo lamento amor, ahora arreglo eso –le dije mirando el piso.

-Eso espero Isabella no lo repetiré dos veces –me dijo.

-Si –susurre. Fui a la habitación más grande color blanco, ahí me dispuse acomodar todo como a Edward le gustaba desde que nos mudamos aquí solos, me ha tratado muy mal se la pasa gritándome, una vez el me levanto la mano, pero no me golpeo.

-Bella –me llamo su voz desde el piso de abajo. Baje las escaleras con cuidado ya que yo era muy torpe y siempre me caía

-Perdón –me dijo cuando llegue enfrente de el

-¿Por qué? –Edward y su bipolaridad

-por gritarte hace un momento por algo que no tiene importancia –me dijo tomando mi mano entre las suyas.

-Te amo –lo bese con amor, tal vez odiaba la bipolaridad de Edward pero lo amaba más que a nada y sabia que él me amaba igual. Nos seguimos besando hasta que el aire nos falto, cuando nos separamos Edward me miraba con amor

-¿Qué pasa? –le dije con una sonrisa en mi rostro

-te llevare a cenar a donde quieras tu solo dilo –me dijo con una sonrisa torcida que me quitaba el aliento

-comida china

-bueno hermosa vamos por comida china –salimos de la casa como siempre tomados de la mano, nos subimos a su amado volvo. Y nos fuimos a comer comida china

No tardamos mucho en llegar claro como Edward maneja como si hubiera asaltado un banco.

-llegamos –dijo con una sonrisa me abrió la puerta y bajamos, nos tendieron rápidamente, nos sentamos.

-iré al tocador Edward –me levante y me fui al tocador, cuando salí no encontraba la mesa cuando escuche que alguien chiflaba, eso me molesto sobre manera no me gustaba que la gente chiflara.

-Bella –busque su voz cuando vi que era Edward quien chiflaba para llamar mi atención.

-ya te dije que odio que silbes –le dije molesta cuando llegue a él

-si te molesta tanto pues vete no te voy a estar aguantando tan mal humor solo porque silbe

-sabes que nunca me ah gustado eso Edward, lo sabes te lo dije desde que nos casamos, no soy ninguna oveja para que me silbes y valla corriendo a tus brazos –le dije molesta.

-pues siempre pensé que eras la oveja y yo el león –me dijo sonriendo con malicia.

-sabes se me quito el hambre regresemos a casa

-aquí no será lo que tú quieras me escuchaste se hará lo que yo diga –me gruño

-pues disfruta comer solo yo me voy –le dije levantándome y saliendo del restaurant. Mire atrás y vi que Edward me observaba con detenimiento, cuando paso un taxi lo detuve y fui a casa, cuando llegue me sorprendió que la puerta estuviera abierta.

-Escúchame bien Isabella, me dejas solo como lo hiciste ahora y no sabes de lo que soy capaz –me dijo Edward detrás de mí

-¿así que me pasara? No te tengo miedo –lo desafié

-no debiste decir eso.

(N/A: Desde aquí Narración en tercera persona)

Isabella miro con horror a su esposo, quien la miraba como alguien a quien mata como la persona más repulsiva del planeta.

-te enseñare a respetarme –dijo como si un odio que jamás había salido a la luz naciera.

El tomo a su esposa por el cabello y la arrojo contra la pared, aquella mujer solo pudo proteger su vientre donde llevaba el fruto del amor que algún día se tuvieron.

-Edward ¿Qué te pasa? –le dijo la mujer mirándolo con odio.

-A ti que te pasa no te enseñaron a respetar –le dijo Edward acercándose peligrosamente a ella. La tomo fuerte mente del brazo dejando aquellas marcas que nunca se borrarían.

-Edward estoy embarazada –le dijo aquella mujer con lágrimas. Pero Edward no tuvo compasión alguna y la arrojo contra las escaleras, la mujer afligida se protegió a un mas el vientre.

-Edward basta –grito la mujer con tal fuerza que logro que su garganta se desgarrara.

-Ahora me cumplirás como esposa que eres –le dijo con enojo tomándola de su cabello y arrastrándola hacia la habitación.

-No –volvió a gritar pero sus gritos ya no eran lo suficientemente fuertes como para que alguien los escuchara, su esposo la arrojo a la cama con tal fuerza que la cabeza de la joven revoto con fuerza.

-Edward, mataras al bebe por favor hare lo que quieras pero no me hagas esto –rogo la chica cuando su esposo le quitaba la ropa tan brutalmente que dejaba rasguños en su piel de porcelana. Pero no se detuvo siguió arrancando su ropa. Pero lo que Bella deseaba paso tocaron el timbre.

-Edward soy Esme hijo ábreme –dijo la voz de su madre tan indiferente a lo que pasa.

Isabella suspiro de alivio pero tuvo una cachetada por parte de Edward, esto la dejo sangrando de su nariz y boca, aquel hombre se alejo y fue a abrirle la puerta a su madre mientras Bella se volvía vestir y a poner ropa nueva. Se miro al espejo para peinarse y se llevo una gran sorpresa su rostro estaba hinchado acusa de los golpes.

-Bella, baja ahora –le grito Edward desde la sala, Aquella mujer suspiro de miedo y bajo, cuando se di cuenta de que su esposo le estaba contando todo a su madre pero de diferente manera

-Isabella, mi madre se quedara con nosotros un tiempo en lo que mi padre vuelve de su viaje por el mundo –le aviso a Bella viéndola con enojo

-como tú quieras Edward –dijo la mujer con miedo de hacerlo enojar.

-Bueno hijo me retiro, tengo que ir a preparar mis maletas –aquella mujer beso la mejilla de su hijo y se marcho sin decir adiós a Isabella

-escucha bien lo que te diré, mi madre se quedara aquí el tiempo que necesite y tú serás su gata me oíste –le dijo su marido con enojo

-si –susurro la mujer.

-ve al cuarto enseguida iré – Bella lo pensó solo un momento, tenía miedo de que esta vez Edward si la tocara.

-que no te dije que te fueras arriba –le dijo Edward tomándola de su brazo con fuerza más de la necesaria, y le cortó la circulación a Isabella.

-cuando te diga sube, subirás –le dijo dándole una cachetada, tirándola al piso, ella solo protegió su vientre.

Mayo- Mes de embarazo uno

Junio –mes dos

Julio –mes tres

Agosto –mes cuatro

Septiembre –mes cinco

Octubre –mes seis

Noviembre –mes siete

Diciembre –mes ocho

Enero –último mes de embarazo

-Edward –grito la mujer tan fuerte a causa de las contracciones.

-¿Qué quieres Isabella? –dijo molesto su marido

-ya va ah nacer –le dijo la mujer, su marido se quedo parado un momento hasta que un grito desgarrador por parte de su esposa, lo hizo recuperar la conciencia.

-Respira Bella –le dijo su marido con un cambio de humor que la hizo estremecer ahora él, la traba como hace varios años, como cuando se casaron.

Era de noche cuando su hija nació la ventana dejaba ver la luna tan hermosa era luna llena y estaba en su punto más resplandeciente ahora la luna también era testigo del momento más hermoso, su hija era hermosa se parecía su padre, sus ojos color verdes esmeralda como los de su padre, piel pálida como la de su madre, labios caroñoso y rojos, una melena castaña como la de su madre.

-es hermosa –dijo su padre llorando por primera vez.

-Bella mi dulce Bella, jamás amor, escúchame bien jamás amor, te volveré a poner una mano encima, jamás –dijo aquel hombre besando a la mujer que le acababa de dar un ángel su ángel.

-Te amo Edward –le dijo la mujer cuando pudo hablar.

-Te amo Bella –dijeron besándose como hacía años que no lo hacían.

(Fin del Flash Black)

-Edward ya me duele –dijo la mujer al sentir las fuertes manos de su esposo en sus brazos, haciéndola llorar de dolor.

-te lo advertí te dijo que no volvieras a gritarme –dijo el hombre dándole una cachetada a su mujer tan fuerte que su esposa quedo inconsciente en tan solo segundos.

-Edward, deja de golpearme mañana cumpleaños de Rennesme no quiero llegar a la fiesta llena de morenotes –dijo la mujer tirada en el suelo aun recuperándose de aquel golpe.

-si tienes razón me largo y sabes agrádese que no te dejo ensangrentada jamás –eso era verdad Edward jamás le dejaba sangre en su cuerpo pero le dejaba marcas en su cuerpo de moretones y marcas en el alma.

-Adiós tengo trabajo –le dijo su marido yendo a su despacho, y encerrándose ahí como todas las tardes.