N/A: Gracias por todo Cindy Lou.
Disclaimer: Nada de Harry Potter me pertenece, ni los personajes de los libros o de las películas. No gano dinero por escribir esta historia. Todo pertenece a J.K. Rowlling, Bloomsbury books, Scholastic Inc., Warner Brothers y demás implicados.
N/T: Muchas gracias por los comentarios. Se los estoy traduciendo a la autora y está fascinada con el recibimiento que tiene el fic.
Cari, gracias por el beteo, eres una estrella.
Wikicita, escribiré lo que te prometí por ayudarme, de eso no te preocupes. Kàa, linda, gracias. Eres adorable.
Disfruten de la lectura.
Harry se detuvo frente a una puerta al final del pasillo, escuchando atentamente el silencio absoluto que rodeaba a la vieja casa. Era una noche muy oscura y sin luna, por eso la habían elegido para hacer el asalto. Harry sabía que el mundo mágico estaba esperando que le hiciera frente orgullosamente a Voldemort en el campo de batalla, pero estaba lejos de ser estúpido.
Valiente… sí, pero valiente y estúpido… ¡No!
Quería tener niveladas las probabilidades: el mago oscuro más poderoso de la época, un hombre, no, una criatura que conocía más maldiciones y hechizos oscuros que nadie en la historia versus Harry James Potter, bueno en Quidditch y no demasiado malo en Defensa Contra las Artes Oscuras, pero, por otro lado, nada especial. Estaba determinado a aprovechar el elemento sorpresa y, por lo tanto, se encontró frente a esa particular puerta en esa muy oscura noche. Tenía la certeza que 'El poder que el Señor Oscuro no conoce' estaba a punto de ser impuesto en la oscura habitación antes de que él y el viejo cara de serpiente despertaran muertos los dos. Quizás una vez que el bastardo estuviera muerto, Harry podría tener un futuro. Todos podrían tenerlo.
Le había costado, a él y a sus amigos, casi dos años terminar la tarea que Dumbledore les había encomendado, la destrucción de los Horrocruxes de Voldemort. Los últimos veinte meses habían sido muy largos y duros para todos. Avanzaron poco en un comienzo hasta que, repentinamente, sugerencias anónimas fueron convirtiéndose en los principales conductores. Fue totalmente desconcertante, y un poco fantasmal, hasta que finalmente Hermione descubrió que su anónimo ayudante había sido Severus Snape. El ex profesor de pociones les había ayudado durante casi seis meses antes de que ella descubriera su identidad. Incluso con su ayuda, el tiempo y la muerte habían aumentado cada vez más, ahora incluidos el padre de Luna, Percy Weasley, el profesor Flitwick y el pobre Dean Thomas, asesinado en Halloween junto a su familia hace algo más de un año. Estas muertes todavía obsesionaban a Harry, a pesar de que admitió que no había nada que hubiese podido hacer al respecto.
Harry y Hermione pasaron tiempo convenciendo a los miembros de La Orden que Snape estaba de su lado y que sin su ayuda todavía estarían buscando los Horrocruxes. El espía Slytherin había sido acogido de vuelta, a regañadientes de algunos miembros, a la Orden del Fénix. Por su parte, Harry, a pesar de que detestara intensamente a ese hombre, debía reconocer que al menos lo respetaba, aunque fuera una inútil molestia.
Entonces, estaban todos ellos en el asalto final contra el Señor Oscuro, en las antiguas ruinas, expuestas a corrientes de aire, de la vieja casa en Northumberland que pertenecía a los Lestranges. Todos los planes y la espera, se habían terminado, el tiempo era ahora.
Nadie más moriría a causa de la locura del megalómano Tom Riddle.
Harry, Ron y Hermione, habían destruido el último Horcrux hace tan sólo unos minutos. Habían llevado a Nagini afuera y le cortaron la cabeza con la espada de Gryffindor, cubriéndose a sí mismo, la ropa y la capa en el proceso; había mucha sangre. Harry, después, se había puesto enfermo. Odiaba hacer daño y mucho más matar, pero Nagini tenía que morir, al igual que Voldemort. Miembros de la Orden, Snape, Lupin, los gemelos Weasley, Tonks, Shacklebolt y Minerva McGonagall, y varios Aurores del Ministerio de Magia, habían lenta y sigilosamente dominado o dado muerte a todos los que estaban en la casa en la que Voldemort se estaba escondiendo.
Ahora todo dependía del Elegido. Después de lanzar un hechizo lubricante sobre las bisagras, para evitar los chirridos, Harry abrió la puerta muy lentamente y, sin hacer ruido, avanzó de puntitas hacia la cama mas alejada. Agarrando firmemente su varita mágica, asumió la determinación de que cualquier sueño agradable que estuviese experimentando Voldemort, sería el último.
El evento en sí fue un extremo anticlímax. Harry llegó hasta la cama y miró con disgusto a la horrible criatura que había arruinado su infancia. Se alegró cuando el mago oscuro se removió y abrió los ojos. Harry Potter sería la última vista que Tom Riddle tuviera nunca.
—Hola, Tom —susurró Harry. — Esto es por mi mamá y mi papá… ¡AVADA KEDAVRA, bastardo!
Y eso fue todo. Estaba muerto. La horrible, retorcida y monstruosa criatura estaba final, permanente, total y simplemente... muerta y sin ningún tipo de escándalo al final.
Harry miró a la patética figura por unos pocos segundos sin creer del todo que finalmente había terminado. Gradualmente, sintió una feroz alegría esparciéndose por su cuerpo y no pudo contenerse, dejó salir un grito de triunfo. De pronto otros magos irrumpieron por todas partes en la habitación, corriendo por las puertas y escaleras a través de las ventanas. Antorchas encendidas y mucha gente acercándose a la cama del Señor Oscuro, para observarlo muerto con sus propios ojos. Al verlo, más gritos y risas llenaron la habitación, como una cacofonía de sonidos.
Hermione miró alrededor de la habitación, su curiosidad siempre presente, incluso en un momento así, y se congeló en el lugar en el que estaba mientras su cara adquiría una expresión de horror e incredulidad. Recuperando sus sentidos, cayó suavemente de rodillas al suelo.
—Shhh, —canturreó suavemente— Todo estará bien, no te haremos daño, estás a salvo ahora.
Harry, tardíamente, se dio cuenta de que había alguien más en la habitación. Lenta y cuidadosamente, caminó alrededor del lecho hasta que pudo ver a una pálida y desnuda criatura curvada en torno a los pilares de hierro de la cama a los que estaba encadenado. No podía verle el rostro, pero no había duda de que el cabello rubio casi blanco era de Draco Malfoy.
Harry se agachó también. —Dios, Malfoy, —respiró— ¿Qué te han hecho?
Unos ojos color plata lo miraban con terror. Una boca abierta, pero sin emitir sonido alguno, y una pálida mano se aferró débilmente a su túnica.
Los propios ojos de Harry se llenaron de lágrimas mientras se sacaba la túnica que vestía y cubrió con ésta a la temblorosa criatura. Incluso cubierto de sangre de serpiente, el joven Gryffindor consideró que era preferible a la desnudez que el otro muchacho tuvo que sufrir.
Hermione siguió susurrando cosas sin sentido al aterrorizado Slytherin mientras miraba a Harry con ojos asustados. Draco tenía un pesado collar alrededor del cuello, al que estaba conectado por un enlace a una larga y pesaba cadena. Harry permitió que sus dedos recorrieran la longitud de la cadena hasta que la encontró atada a una de las patas de la cama. Susurró un hechizo y la cadena y el collar cayeron liberándolo… Pero Draco no hizo ni un solo sonido, estremeciéndose silenciosamente cuando el frío metal se deslizó contra su brazo desnudo.
Harry nunca, en toda su vida, había visto algo tan triste. Puso sus brazos alrededor de Malfoy y lo levantó suavemente en un fuerte abrazo. El Slytherin parecía haberse encogido. Harry estaba seguro de que hacía un tiempo atrás, éste había sido mucho más alto que él mismo. Pero Harry había crecido; dos años de la comida de Molly Weasley y entrenamiento diario como Auror, ayudaron a provocar una gran diferencia en el físico del muchacho; ya no era el pequeño y delgado niño de la última vez que se vio con Draco Malfoy. Aun así, ¿podía estar más bajo? ¿Cómo pudo suceder eso?
La habitación estaba en silencio y todos estaban mirando. Nadie había notado que el heredero de los Malfoy había desaparecido, ni siquiera Snape. Los Malfoy habían huido del país hacía unos meses y todos asumieron que Draco había ido con ellos. No había cruzado por la mente de nadie que pudiera estar ahí, no aquí… Nunca aquí.
Y la criatura que era Draco Malfoy escondió su rostro en el protector hombro del otro y anheló hablar. No diría mucho, sólo una palabra. Si pudiera, diría 'gracias'
Harry llevó su preciosa carga a San Mungo. Las salas y pasillos estaban llenos con las víctimas de un ataque que tuvo lugar en Hogsmeade justo el día anterior. Algunos de los heridos llamaban a la salvación, obviamente sin saber que la guerra había terminado por fin. Las palabras no se habían propagado, por lo menos no todavía. Harry seguía cubierto por la sangre de Nagini, así como su túnica seguía cubriendo la desnudez de Malfoy. Uno de los acelerados y hostigados medimagos, notó a Harry después de unos minutos.
—¡Señor Potter! ¿Se encuentra bien?
—Sí. —Dijo brevemente. —Estoy bien, pero Malfoy necesita que alguien lo revise.
La medimago conjuró una camilla flotante, en la cual trató de depositar la carga del hombre. Sin embargo, Draco no lo soltaba. Gimoteó en el pecho de Harry, sonando como un pequeño animal sufriendo un dolor más grande que el orgullo que el joven hombre debía mostrar. Harry se acercó a él y le susurró suavemente que todo estaría bien, que se quedaría allí, cuando el pasillo pareció explotar y todos a la vez hicieron ruido y rieron.
Fred y George Weasley aparecieron de la nada, explotando fuegos artificiales por todo el rededor para crear pánico en el concurrido pasillo. La fría medimaga se giró para reprender severamente a los gemelos. Pero cuando compartieron las noticias, que se regaron como pólvora por el hospital, ella también se puso a bailar de alegría como todos los demás. Uno de los gemelos, en su júbilo, agarró a Harry y giró en torno a él y, en medio de la confusión, Draco fue enviado lejos.
A Harry le tomó casi dos horas encontrarlo de nuevo… Y en esas circunstancias, experimentó una acostumbrada rabia en nombre de su antiguo enemigo. Al parecer el joven Malfoy ya no estaba en San Mungo; lo habían aparecido instantáneamente en San Ignacio, donde eran tratados los casos de criaturas mágicas, porque como el medimago señaló. "Él es una criatura mágica, señor Potter, señor. ¡No es humano!" Pasaría un tiempo antes de que el hombre, que estaba de regreso en su trabajo, tuviera en cuenta la fuerza con la que el moco-murciélago lo golpeó.
Cuando Harry finalmente pudo localizarlo, descubrió que lo habían puesto en una jaula. Se le dijo que no lo podía sacar de allí porque era un concubino no reclamado.
Fue entonces cuando Draco alzó su pálido brazo, cubierto de magulladuras, y les mostró la marca que adornaba el lugar por donde corría su pulso. Harry alzó las cejas y vio cómo Snape miraba lo que asemejaba al emblema Potter, adornando la muñeca de Malfoy. Esto parecía confirmar que el Concubino, después de todo, era posesión de Potter y por eso le estaba permitido llevárselo, luego de llenar los papeles correspondientes firmando y aceptando la propiedad.
Harry no podía recordar haber estado tan confuso y enojado al mismo tiempo. No entendía qué significaba 'Concubino', por lo menos no en el sentido mágico, pero lo iba a averiguar. Estaba seguro de que Hermione debía saberlo. Sin embargo de una cosa sí estaba seguro, y era que si Malfoy, o cualquier otra persona, era llamada no-humano, su sangre hervía.
Harry los apareció a ambos de vuelta en Grimmauld Place. Todavía lucía mugroso e increíblemente abandonado en algunos rincones, pero era infinitamente mejor que aquel enaltecido lugar que ellos llamaban hospital.
Tomó a Draco y subió las escaleras hacia el cuarto de baño. Esa, y la adyacente, habían sido las únicas habitaciones por las que Harry hizo un esfuerzo para hacerlas agradables y confortables. Esas habitaciones eran sus lugares seguros, sus santuarios.
—Lo siento mucho, Malfoy. —Le dijo al muchacho rubio mientras lo aliviaba ligeramente en un baño de burbujas y hierbas curativas. —No sé qué diablos está pasando, pero lo voy a averiguar y cuando lo haga ¡mataré a alguien!
Suavemente echó agua sobre las heridas abiertas en la espalda, muslos y nalgas de Draco. Era fácil descubrir, incluso para él, que el muchacho había sido violentamente golpeado y violado anteriormente y también de manera reciente. Harry sabía que era bastante inocente en cuanto al sexo, sólo había tenido dos relaciones; una con Ginny Weasley que no llegó demasiado lejos y otra con Seamus Finnigan, quien tenía el dudoso honor de haber robado su virginidad.
Un poco del semblante sombrío que tenía abandonó los ojos de Harry cuando recordó su única noche con Seamus. Quería perder su virginidad para que, en caso de morir, lo hiciera sabiendo los placeres del sexo. Confiaba en Seamus ya que era un puto declarado, y le había prometido que sería gentil (cosa que sin duda cumplió). Sacudió la cabeza desconcertado ante su extraña lógica. O puede que no fuera tan extraña después de todo, ya que Seamus había sido bastante discreto. Le había dicho que para él era suficiente saber que había terminado con su inocencia, que no iba a hablar de lo sucedido con el resto del mundo y por eso Harry le estaría eternamente agradecido.
Pero cuando Draco soltó un siseo de dolor, Harry se preguntó si era posible lanzarle un Ennervate a Voldemort para que así pudiera matarlo de nuevo.
—Shhh, Draco, estás seguro aquí, nadie volverá a hacerte daño. Yo cuidaré de ti.
"Cuidaré de ti" ¿De dónde diablos había salido eso? Y, además, lo había llamado Draco en lugar de Malfoy. ¿Qué mierda estaba sucediendo? No tenía tiempo para reflexionar, así que Harry dejó esos pensamientos de lado, más tarde los consideraría.
—¿Tienes hambre? —Preguntó y Draco asintió. —Bien, voy a llamar por ayuda.
Harry ayudó a Draco a bañarse y luego le puso un viejo pijama de Dudley. Estaba raído, encogido y desgastado, y le quedaba chico, pero Draco se sentó y lo acarició como si se tratase de la mejor seda, con una mirada de sorpresa en su rostro.
Para el momento en que entraron a la habitación, Dobby había hecho sopa, colocándola de manera discreta en la mesita que estaba cerca de la cama. Después de haber sido metido cómodamente en la cama, Draco trató de comer la sopa, pero estaba demasiado débil para sostener la cuchara; no protestó cuando Harry la tomó y comenzó a alimentarlo.
No pasó mucho tiempo para que los ojos del joven mostraran fatiga y comenzara a quedarse dormido. Dejó el tazón en la mesita de noche y se subió a la cama. Se acurrucaron juntos y Draco se arrimó a él como si fuera un hombre ahogándose. Harry se preguntó a sí mismo si acaso era un mejor destino.
Harry despertó a la mañana siguiente con el sonido que produjo la voz de Hermione.
—Harry, —susurró— ¿estás aquí?
Viendo a los dos muchachos acurrucados sobre la cama, se deslizó más cerca y se sentó en una silla que estaba allí.
—El mundo se ha vuelto loco allá afuera. Todos están celebrando.
—¿Qué pasó con él, Hermione? —Preguntó con los ojos llenos de lágrimas, estuvo desinteresado en las celebraciones por completo. —¿Por qué nadie notó que se había ido? En San Ignacio dijeron que era un Concubino, que no es humano. ¿Cómo pueden decir que no es humano? No lo entiendo.
—Oh —respiró —¡Oh, Harry! Pobre Malfoy.
Se acercó a Harry y ambos pasaron un tiempo susurrando y preguntándose qué significaba todo eso. Finalmente, después de que comprobaron que Draco seguía profundamente dormido, caminaron en puntillas hasta salir de la habitación y bajar las escaleras.
Ron estaba preparando un poco de té.
—Hey, amigo, ¿qué pasa? —Preguntó —¿Qué pasa con Malfoy?
—Harry piensa que Draco es un Concubino, Ron —Respondió Hermione.
Harry estuvo seguro de que Hermione estaba tan sorprendida como él mismo, cuando Ron comenzó a reír.
—Es así, compañero. —Comentó Ron cuando se calmó lo suficiente para poder hablar. —Los Concubinos son criaturas mágicas, no completamente humanas, parecidas a las Veelas, supongo. No es algo sorprendente siendo que su primo es metamorfomago, pero es bastante gracioso que la mitad muggle tenga la gloria y la mitad sangre pura sea una simple criatura.
—Como ves, ambos pueden transformarse; un metamorfomago puede cambiar a voluntad y ser lo que quiera, pero un Concubino no. Están obligados a obedecer a un amo y su cambio puede ser cualquier forma que éste, su dominante sexual, quiera que sea. No son considerados humanos, ya que una vez forzados, pierden su libre albedrío. Se convierten en cualquier cosa que deseen sus dueños, cuando éstos lo deseen. Mataste a su anterior propietario, por lo que probablemente te pertenece, compañero. ¡Eres un maldito suertudo, Harry!
Mientras duró la explicación, el rostro de Harry palideció y sus ojos se abrieron con absoluto horror. Se preguntó si el impacto de las palabras de Ron era tan evidente en su rostro como lo era en el de Hermione.
—Ron, creo que estás siendo un poquito insensible… —Comenzó Hermione.
Pero en ese momento, Harry explotó. —¿Un poquito insensible? Te estás comportando como un gilipollas, ¡imbécil! Malfoy, evidentemente, ha sido violado y golpeado en repetidas ocasiones; ¿de verdad crees que me gustaría forzarlo en este momento? ¿O después, siendo el caso?
—Pero, Harry, no es humano. —Se quejó Ron —Está hecho para el sexo.
Harry tiró de él. Estaba tan enojado, y se enfureció aún más con lo que acababa de decir Ron, que arrastró a su viejo amigo a la chimenea, lanzó polvos flú al lugar y le dio el empujón definitivo mientras gritaba "La Madriguera."
Hermione lucía furiosa. —Lo mataré lentamente, Harry. —Prometió— Lo encontraré y haré que se arrepienta por ser un egoísta, insensible y estúpido sangre pura.
Lo miró con sus ojos color chocolate, llenos de preocupación.
—¿Estarás bien? Él estará bien, ¿no lo crees?
—No lo sé, Hermione, realmente no lo sé. No puedo creer la actitud de Ron. Draco ha sido duramente golpeado y violado y Ron cree que es gracioso; los medimagos se negaron a tratarlo, todos parecen haberse vuelto locos. Todos piensan que ni siquiera es humano… Es horrible.
—Estoy de acuerdo contigo, Harry. Creía que el trato que se les daba a los elfos domésticos era suficientemente malo, pero ¿esto? Esto es barbar…
Pero cualquier cosa que fuese a decir Hermione, fue acallada cuando la paz fue destruida por un penetrante grito.
Cuando Draco despertó se sorprendió al encontrarse en una cama. No había dormido en una cama desde hacía mucho tiempo; a menudo había sido follado en una y después pateado en el suelo, pero no había estado en algo tan cómodo, tan seguro, hacía meses. ¡Y llevaba ropa! No recordaba la última vez que había llevado ropa, bueno, en realidad llevó ropa, pero no como para recordarla… Había sido, después de todo, un humano en ese entonces y ahora no era más que un animal.
Incluso en San Mungo lo pensaban. Mandaron a la criatura lejos del hospital y la encerraron en una jaula. Draco había pasado mucho tiempo encerrado en jaulas durante el año anterior o encadenado a los pies de la cama de su amo. Nadie le había hablado de la forma que lo hizo Harry la noche anterior. No contaba como una persona. Voldemort se lo había dicho suficientes veces.
El Señor Oscuro disfrutaba llevándolo a las redadas a casas muggles, haciéndolo arrastrarse detrás de él sobre sus manos y rodillas, desnudo y con una correa. Cuando el monstruo torturara y asesinaba a sus desventuradas víctimas, disfrutaba diciéndole a Draco que era considerado un asesino por lo que le hacía a los muggles, pero como amo de un Concubino podía hacer lo que quisiera con Draco. Podía hacerlo público si quería, nadie podía detenerlo. Nadie se molestaría porque el muchacho no era humano; era sólo una propiedad, igual que una mascota. Draco era ante la ley mucho menos incluso que la escoria muggle.
Disfrutaba también de ofrecer a Draco dentro de su círculo interno. Ofreciendo el culo o la boca como recompensa por un buen servicio. Claro, no lo haría empezar con eso, no cuando Severus estaba en la escena. No fue hasta que Severus desertó y se fue al otro lado, que Voldemort comenzó a pasarlo entre sus discípulos –y Draco no podía estar más agradecido, ya que por lo menos su padrino no tenía que ver en lo que se había convertido. Bueno, no hasta esa noche, de todos modos.
Le habían dicho una y otra vez que no era humano y que su cuerpo había sido forzado a todo tipo de contorciones, diferentes formas y tamaños, su biología requería que se convirtiera en lo que su amo deseara para esa noche.
A Voldemort le gustaba él, pequeño y delgado, que combinaba ligeramente con su físico niño en ese momento. Todavía no sabía qué quería su nuevo amo de él, pero… el baño, la ropa, la comida… Draco aguardaba desesperadamente y lleno de esperanza que esas cosas fueran la señal de que Harry sería, algunas veces, amable.
Las lágrimas brotaban de sus ojos en el momento en que pensaba en sí mismo como un niño, imaginando que sería compañero de un rey. Cuando en realidad fue una mascota, un juguete. Draco se desesperó; aunque Harry fue amable la noche anterior, no duraría… nunca duraba. Tan pronto como sus violadores descubrieron las distintas formas que adoptaba su cuerpo a voluntad, se hicieron cada vez más ingeniosos, depravados y crueles. Draco se preguntaba si sería posible que Harry fuera así cuando descubriera de lo que era capaz.
Con los ojos cerrados rodó sobre la sábana y de pronto se dio cuenta que ya no llevaba ni collar ni cadenas. Así que, ¿eso era estar en libertad? Había pasado tanto tiempo. Sonriendo, se permitió a sí mismo deleitarse en el sentimiento de libertad. Pero abrió los ojos y se encontró a un elfo doméstico, el cual estaba parado frente a él. Gritó.
Voldemort había tenido elfos, todo un grupo de ellos. Los cuales se habían convertido en criaturas igual de retorcidas y crueles como el amo al que servían. El Señor Oscuro amaba usar a los elfos para torturar a Draco y ellos amaban complacerlo. Eran especialmente crueles, incluso mucho más que sus amos humanos. La mayoría de ellos habían pertenecido a familias de sangre pura antes de entrar al servicio de Voldemort. Draco parecía lo suficientemente humano como para provocarles el placer de tomar venganza con él por el sufrimiento padecido en los últimos años. Lo usaron como objeto de su odio y él, a su vez, incrementó el miedo y odio que les tenía.
Draco se arrojó a sí mismo fuera de la cama y de alguna manera se presionó contra la pared, tan lejos de la horrible pequeña cosa como pudiera. Sus piernas temblaban hasta el punto en el que colapsaron sobre su peso. Cuando su amo llegara sería castigado, lo sabía. La pequeña criatura lo mantendría en el suelo y usaría su magia… Oh Merlín, ¡dolería tanto! Draco no estaba seguro de poder soportarlo. Pero lo próximo que supo fue que era retenido en los fuertes brazos de Harry, porque era Harry, silenciándolo, diciéndole que estaba a salvo, que nadie allí lo lastimaría. El muchacho no pudo controlarse por más tiempo y comenzó a sollozar con aterrador abandono. Harry lo contuvo. Se sentó y lo contuvo. No lo forzaría, no le haría daño y no dejaría que el elfo lo torturara. El alba dio paso a la noche más larga que Draco hubiese tenido; destellos de luz se filtraron en la habitación a través de las pesadas cortinas de terciopelo y él seguía sentado allí; y finalmente Draco se relajó y los sollozos se detuvieron, pero incluso después de eso, Harry no lo dejaba ir.
En el fondo, Draco podía oír a Hermione –quien había sido la primera en encontrarlo, en notarlo, y quien no lo había tratado como una cosa– aliviando a un nervioso elfo domestico "¡Ja!", pensó para sí mismo, "¡eso te enseñará a recapacitar varias veces antes de tratar de torturarme!", y se estremeció con el miedo que ya conocía, con repugnancia. Eventualmente, se sintió aliviado y no pensó en eso por mucho tiempo. Sólo se concentró en Harry, las palabras de Harry y sus suaves manos, como un calmante, que acariciaban su cabello. Se arrimó contra el hombre que lo había rescatado sólo unas horas antes, confiando que quizás, al menos por ese día, estaba seguro; y lentamente, muy lentamente, se dejó llevar hasta caer nuevamente dormido.
Y aquí el capítulo dos. Ojalá les haya gustado tanto como el prólogo.
Saludos.
