Querido diario:
Ya he cumplido doce años y hasta hace poco me ocurrió lo que nunca creí posible y ¡mucho menos a mi edad! Puedo confesarte que jamás me humillé tanto a mi misma en toda mi vida… A parte de eso descubrí muchas cosas nuevas de las cuales me apeno: como por ejemplo lo que es un pene humano (el cual por cierto pude ver con detalle y en primer plano), vi el cuerpo desnudo y mojado de un muchacho y demás cosas que seguramente no querrás ni saber… Pero necesito descargarme con algo y es urgente, sino continuaré sintiendo que soy una bomba repleta de conocimientos nuevos (y no deseados) y que estoy a punto de estallar. Déjame explicarte cómo comenzó todo para que entiendas lo que te conté anteriormente.
Aun continúo enamorada de Zuko… desde aquella primera vez que lo vi supe que no se trataba de ese tipo de "gustos" que alguien pudo haber provocado en mí, sino que éste era un ¡verdadero enamoramiento! Mi mente ya no pensaba en él la mayoría del tiempo sino que ahora lo estaba haciendo a ¡tiempo completo! Es demasiado, ya no soporto contener más lo que siento: desde hace dos años vengo guardándome este sentimiento y siento que voy a estallar. Ni Azula ni Ty Lee ni siquiera Zuko mismo se han percatado de mis verdaderos sentimientos, yo jamás demuestro frente a nadie que lo amo… porque eso es lo que es… ¡lo amo! Y puedo sentirlo muy dentro de mi corazón… Jamás me había interesado por un chico, a decir verdad siempre me parecieron estúpidos y seres innecesarios sobre la tierra… aun sigo creyendo que lo son, pero Zuko es otra cosa, él es diferente y puedo percibirlo. No es un chico normal y por eso me atrae tanto, tiene ese no sé qué… ese sabor único que me envuelve en una manta y me desvela de noche. En estos últimos dos años él ha pegado un estirón ¡muy notable! La primera vez que lo vi noté que tenía los pies y manos pequeñas pero ahora que ha crecido (y bastante) me percaté de que ya no tiene las extremidades pequeñas sino que ahora son grandes, lo cual está muy bien porque lo hace mucho más masculino. Últimamente ha estado muy serio, no sé por qué razón pero no lo veo reírse desde hace bastante. Aunque el hecho de que esté tan serio ahora provoca mayor intriga en mí: quiero saber qué es lo que piensa, lo que desea, cuáles son sus objetivos… ¡quiero saberlo todo de él! y cada día siento que me enamoro aun más de esa inmensa cabezota con forma de balón y esa personalidad tosca (ni siquiera me mira, me ignora completamente y aun así me gusta muchísimo…). Ahora puedo confesarlo sin preocupaciones: ¡Amo al Príncipe Zuko! ¡Lo amo con todo mi loco corazón!... Aunque a decir verdad, ese sentimiento no me está haciendo mucho bien: pienso tanto en él que apenas y si oigo a mis padres, ya no me importan mis calificaciones y está afectando mucho a mi concentración. Últimamente he estado en complicaciones en la Escuela y hasta mis padres me notaron más retraída de lo normal… casi me desmayo cuando intuí que ellos se habían dado cuenta de mi "anormal" personalidad… Eso significaba que al menos me miraron, aunque sea por unos minutos, lo cual me puso muy contenta. ¡Mis padres se interesaban por mí!
Una de esas noches, me puse mi vestido habitual, me perfumé un poco y me dirigí hacia la sala de mi casa, en donde ya estaba la mesa lista y llena de mi comida favorita. Me senté sobre una silla mientras veía como mis padres conversaban sobre un tema que poco me interesaba. Mientras los ojeaba a ambos: mi mirada se perdió en un punto inexistente, pude sentir como mi universo entero se volvía de un color negro, en el cual aparecía la figura de un rostro cuadrado y cabal, enormes ojos que parecían ocupar todo su rostro, pómulos resaltantes, boca pequeña, argollas de oro en los lóbulos de ambas orejas y esa blanca tes que tanto me gusta!
Zuko… ahhh… mi bello Zuko!!
- ¡Mai! –sentí como mi cuerpo colapsaba y volvía a la realidad después del escalofriante susto que el grito de mi padre me hizo pasar. Ambos se quedaron mirándome como si no me reconocieran. Yo en ese momento me percaté de lo seguramente boba que me habría visto ante ellos, seguro mientras pensaba en mi Zuko estaba con una sonrisa estúpida en mi rostro y con la saliva cayendo de mis labios… ¡Qué vergüenza!
- Hija… ¿Te sientes bien? Has estado bastante… ida… últimamente –dijo mi madre y yo la vi asombrada como si no supiera de qué hablaban pero lo sabía y a la perfección.
En ese momento me percaté de que ese tema del enamoramiento provocaba cosas en verdad hermosa en mí, pero también me afectaba y bastante. ¡Pero no podía detenerlo! ¡Era más fuerte que yo! Estoy rendida a los pies de Zuko…
Habían pasado dos años y Azula ya no nos invitaba a Palacio desde aquella única vez porque había un par de inconvenientes: el Señor del Fuego Azulon había fallecido y ahora quien ocupaba le trono era el padre de Zuko y Azula, yo le cuestioné el porqué de aquello, ¿qué no debe ser el primogénito quien suceda el trono? En este caso sería el Dragón del Oeste o más censillo decir: el tío de Azula… ni siquiera sé por qué di mi opinión si ésta solo sirve para irritar a los demás, Azula se puso como loca cuando le pregunté aquello y comenzó a decirme cosas muy hirientes, no me largué a llorar de no ser porque Ty Lee me defendió porque sino hubiera acabado en un mar de lágrimas. Aunque luego de pelear le pedí disculpas y ella las aceptó, ni siquiera sé por que fui yo quien debió disculparse si fue ella quien hirió mis sentimientos, pero en fin: yo fui quien lo hizo y la razón era su hermano ¡Amo a Zuko! Y debo tener una razón para ojearlo de vez en cuando y la única manera de hacerlo es a través de ella, ¡Azula es tan malvada! Yo solo estoy con ella porque me gusta su hermano… sino ya me hubiera largado de nuestro grupo desde hace mucho tiempo.
Azula volvió a invitarnos a Palacio dijo que deseaba mostrarnos las nuevas técnicas que había aprendido de fuego-control, yo acepté encantada, ¡deseaba con todo mi corazón volver a ver a Zuko! Me dirigí hacia Palacio con mi vestimenta habitual y mi amiga con su diminuta minifalda que todo lo muestra. Azula nos sentó sobre el césped de jardín de Palacio para que veamos sus movimientos. Ty Lee sonreía y hasta parecía prestar atención a cada paso de Azula, a mi poco me importaba, yo buscaba con la mirada a Zuko quien no aparecía por ninguna parte y ya estaba comenzando a deprimirme. Noté que ursa tampoco estaba, lo cual me pareció en verdad muy extraño porque ella siempre pasaba las tardes en el jardín del Palacio.
- Azula, ¿en donde está tu madre? –ella se enfadó con mi pregunta porque interrumpí su entrenamiento, aunque lo vio como una oportunidad para tomar un descanso, estaba cansada y sudaba a cántaros.
- Se fue hace tiempo. Nos abandonó, ni siquiera sé por qué razón. De todas formas siempre fue una pésima madre –parecía ni siquiera darle una pizca de importancia al que se haya ido-. No la necesitamos, con papá, Zuzu y yo es suficiente. Aunque el bobo de Zuzu ha estado muy mal por su huida, se la pasa lloriqueando –yo entristecí al oír eso: no quería ver a mi amado con bajos ánimos y triste-. Pero ¿a quien le importa? –dijo poniéndose de pie luego de haberse recuperado y de que el sudor de su rostro se haya evaporizado-. ¡Juguemos a las escondidas!
¡Oh, no! Las malditas escondidas… ¡las odio! ¿Los motivos? Pues: siempre me pillan, jamás encuentro un buen lugar para esconderme y la mayoría de las veces soy la primera en perder porque al querer llegar antes que el contador al lugar de salida, me tropiezo (si no es con las rocas, es con mi vestido) y acabo haciendo el ridículo frente a todos. No me gusta ser humillada, por eso intento ser callada y jamás agregar comentarios: no quiero que suenen tontos y que la gente se ría de mí.
-¡Acepto! ¿Y tu, mai? –me preguntó Ty Lee con una gran sonrisa.
- Bien –dije sin más opción. Si no aceptaba me dirían amargada y haría aun mayor ridículo.
- De acuerdo, yo cuento y ustedes se esconden. Y como me gustan los desafíos quiero que ingresen a Palacio y busquen el lugar más tétrico y desamparado que pueda haber. Cuanto más tarde en encontrarlas… mejor –se dirigió hacia un árbol y cubrió su rostro contra la madera lista para comenzar. Ty Lee y yo nos miramos de reojo, dentro de Palacio no era una muy buena idea para andar de juegos, sin embargo Azula misma nos había dado el permiso y si ella lo decía era mejor obedecer. Mientras ella contaba Ty Lee y yo corrimos hacia dentro de Palacio, mi amiga se fue por un lado y yo por otro ¡ese lugar era inmenso! No podía creer que fuera para una sola familia y de tres personas… Mientras recorría asombrada por uno de los pasillos pude ver cómo Azula continuaba con su conteo a través de grandes ventanales que había en las paredes de los muros del lugar, siempre creí que el lugar estaría lleno de guardias y sirvientes, pero no era así: era una zona solitaria, vacía y no se oía siquiera el sonar de una mosca. En el momento en que ella acabó de contar yo me atemoricé y me agaché sobre el suelo para que ella no me viera, supe que Azula ingresaría a Palacio en cualquier momento porque allí había acordamos que se desarrollaría el juego. Comencé a gatear asustada de que me encontrara ¡quería ganar ese mísero juego, siquiera una vez en mi vida! Divisé una puerta al final del pasillo, voltee mi cabeza y vi como Azula ya estaba recorriendo los corredores en busca de nosotras ¡debía apresurarme! Así, que sin tomar ninguna precaución me adentré en aquella habitación, la cual fue la primera que vi. Era aun más gigantesca que la de Azula, no había aroma a flores sino aroma a… a algo extraño: me hacía recordar a un cubo de hielo mezclado con jugo de limón… supe de inmediato que no se trataba del aroma que usaría una muchacha, era más bien el aroma de un varón… el perfume era exquisito, no mentiré, logro estimularme. La cama estaba en medio de la habitación y traía sábanas bordo y sedosas, la cama era matrimonial: no como la de Azula, así que supuse que se trataba de la habitación de uno de los matrimonios de la realeza. Podría ser la del General iroh ya que él es soltero y el hecho de que hubiera olor masculino era perfectamente explicable así como también si fuera del ahora Señor del Fuego Ozai ya que él también estaba soltero ahora. ¡Me apenaría tanto si alguno de los dueños de aquella habitación ingresaran ahora mismo! Vi que había otra puerta dentro del cuarto, caminé hacia ella y la abrí, al ingresar a aquel lugar descubrí que se trataba de un baño. ¡Era increíblemente grande! No podía creer cuántos lujos se les daba a la realeza. La bañera era increíble: se trataba de un hoyo en el suelo el cual estaba con agua hasta los bordes, noté que había una cortina, la hice a un lado y descubrí que se trataba de un pequeño armario, de la mitad para arriba estaba repleto de suaves y perfumadas toallas con el mismo aroma que despedía la habitación, aunque de la mitad para abajo había quedado un hueco que no estaba relleno con más que aire: ¡era el lugar perfecto para esconderme! Un pequeño huequito en la pared. Era mi oportunidad de ganar el juego… Acurruqué mi cuerpo lo bastante como para entrar correctamente. Gracias al cielo soy lo suficientemente delgada y bajita como para entrar allí, corrí la cortina una vez dentro para que cuando Azula entrara a la habitación no tuviera ni rastros de mí. ¡Jamás me encontraría en aquel lugar!
Esperé unos segundos, y de la nada sentí como la puerta principal de la habitación se abría y volvía a cerrar. Yo me asusté, lo único que pasaba por mi mente era que por favor ¡Azula no ingresara al baño ya que podría encontrarme! Me quedé quieta, estaba segura de que se trataba de Azula, estaba recorriendo la habitación de seguro, porque se tardaba bastante en ingresar al baño… lo cual agradecí. Mi cuerpo se paralizó cuando sentí que ahora ella abría la perilla de la puerta del baño, sentía temblar mi cuerpo y mis labios. Entró al lavado y yo quedé tiesa. Sentí un sonido algo raro, ¡muy raro! No podía ver nada porque la cortina se interponía, pero enseguida me percaté de que era el sonido que provoca un cinturón al… desabrocharse. Yo me extrañé por tal sonido ¿qué estaba sucediendo? Se suponía que debía buscarme no quitar su cinturón, ¿y, para qué querría quitar su cinturón? Mis oídos escucharon cómo ahora el cinturón había sido arrojado al suelo y un sonido de pantalones rozándose se había apoderado del silencio. ¡¿Se estaba quitando los pantalones?! Yo jamás usé pantalones pero Azula y Ty Lee lo hacían así que conocía el sonido que provocaba su tela al rasparla. Pero, ¿por qué Azula hacía tal cosa? ¿Qué traía en mente? Yo pude oír como ahora varias prendas eran arrojadas al suelo. ¿Acaso se estaba desnudando?
No era por desear ver el cuerpo desnudo de Azula pero deseaba saber qué demonios estaba ocurriendo, así que corrí la cortina (solo un poco para poder echar un ojo a la escena pero sin permitir que ella pudiera verme) tan solo para "chusmear" un poco… ¡Me sorprendió lo que vi! ¡No se trataba de Azula! ¡ERA ZUKO! ¡Y no traía pantalones, ni la parte del dorso, ni botas! ¡NI NADA! Estaba completamente desnudo. Yo me sonrojé de tal manera que sentía hervir la piel de mi rostro, estaba completamente apenada y sentía mis piernas temblar, mis dientes chirreaban y mis labios hacían un movimiento como si sintieran frío… aunque no era así, ¡sentía mucho calor y mucha pena! Y ya estaba sudando a cántaros, con mi lengua degusté las gotas de transpiración que caían sobre mis labios. Zuko estaba de espaldas a mí, yo podía ver su trasero y espalda y la parte de atrás de sus piernas así como sus pantorrillas que ya estaban bastantes grandes teniendo en cuenta su edad, tenía trece años y estaba en mitad de la pubertad, era claro que su cuerpo hubiera cambiado en aquel tiempo. Lo observé con detalle: ¡sus nalgas eran tan perfectas! ¡Mucho más que las mías! Eran esféricas y blancas al igual que todo su cuerpo… hermoso. Su espalda se había ensanchado mucho y traía el cabello más corto que la última vez que lo vi, eso agigantaba aun más su gran cabeza ¡su hermosa cabeza!
Ahogué un gran gemido que se acumuló en mi garganta cuando él finalmente se volteó para tomar la ropa que había dejado en el suelo y la arrojó hacia otro lugar del baño. ¡Y logré verlo! Vi con detalle aquella… larga vara… de color claro que surgía de un montón de bello púbico aun más negro que su cabellera, aquellos bellos se veían tan brillantes y… limpios. Al parecer no había escuchado mi gemido y tampoco se percató de mi presencia, lo cual era indispensable que no lo hiciera porque ¡pasaría el mayor ridículo de mi vida! El podría pensar cualquier cosa de mí si me descubría justo allí y mirándolo, lo que menos creería era que yo estaba jugando a las escondidas y todo acabó como accidente… Corrí la cortina nuevamente para no tener que continuar viendo su cuerpo desnudo, aunque no soporté la tentación, y luego de unos pocos segundos: volví a divisar con detalle ese estomago plano, esa espalda ensanchada y aquel… aquel bulto que colgaba en su entrepierna. Estaba atemorizada, yo jamás había visto algo por el etilo, me moría del susto sobre todo por la complicada situación en la que me encontraba, sin embargo no podía decir que aquel era un feo cuerpo porque a pesar del temor que me carcomía, jamás pasó por mi mente que lo era: por el contrario, Zuko era alto y delgado, pero no esa clase de delgadez que repulsa (como la mía, la mía era en verdad repulsiva), él era más bien esbelto: alto, esbelto y HERMOSO. En un momento se arrodilló frente a la bañera y sumergió su antebrazo en el agua. Comenzaron a salir burbujas y vapor, ahí fue cuando caí en la sorpresa ¡él tomaría un baño! Y allí fue cuando comencé a desesperarme… ¡no sabía cuanto tiempo tardaría él en asearse! ¡Yo quería salir de allí en ese momento, ahora y ya! Zuko se sumergió completamente en el agua y agradecí por ello, al menos ya no vería su… pene como los espíritus lo trajeron al mundo. Sumergió por completo su cabeza en el agua y en un par de segundos volvió a salir, me sorprendí al ver qué bello le quedaba el cabello mojado y hacia atrás. Había un gran espejo en la pared del baño y él podía verse con plenitud. Se acercó a la orilla de la bañera y reposó su barbilla sobre sus mojados brazos.
- Mi dios… ¡Qué nariz tan fea tengo!
Al oírlo decir eso casi colapso. ¿Fea nariz? ¡¿Pero qué tiene este chico?! ¡Su nariz es la más hermosa y perfecta que yo jamás he visto! Pequeña y curva… perfecta. ¡Su rostro es pulcro y agraciado con tes blanca y lisa, no había siquiera una marca, siquiera una mancha! ¡Aquella cara estaba tan bien dotada con tanta hermosura que me derretía al verlo de frente! Además, si él tuviera feos rasgos ¿qué deberían decir las demás personas? Intenté concentrarme en lo que acababa de decir Zuko pero, no podía, en mi mente aun vagaba la imagen de aquel… bulto largo y sumiso que caía entre sus piernas.
Luego de unos minutos viendo como masajeaba su cabello con sus dedos y enjuagaba sus axilas, sus orejas, su boca y todo lo que debía (¡era en verdad un muchachito muy limpio!), él pegó un salto fuera de la bañera. ¡Y yo nuevamente fijé mi vista en su "cosa"! No lo podía creer, llamaba mi atención por completo, era tan… tan extraño, tan desplegado, tan… nuevo para mí ver algo como aquello, que sentía como mi corazón palpitaba acelerado cada vez que mis ojos se posaban en esa parte tan a la vista de mi querido Zuko.
Él goteaba a cantaros, había echo un charco de agua en el piso… y luego de acabar con la ducha… comenzó a dar pasos, pasos hacia mi escondite. ¡Y allí fue cuando realmente me preocupé y comencé a sudar a lloviznas! ¡Se dirigía hacia mí! Mis pulsaciones iban a mil por segundo, ya no soportaba la desesperación. ¡Sentí que me desmayaría en aquel instante!
Corrió la cortina de repente, extendió su mano para tomar una de las toallas, y luego… lo más humillante que pudo haberme pasado en la vida…
- ¡Ahhh! –ambos gritamos, aunque mi grito fue más duradero que el suyo. ¡Yo estaba tan avergonzada! Sobre todo cuando vi que su pene estaba tan cerca de mi cara que por poco y rosa mi nariz, logré ver todo ¡absolutamente todo con mínima de detalles, fue un primer plano que me dejó atónita! Logré ver esos dos grandes sacos que colgaban detrás de su masculinidad, la cual él intentaba cubrir con sus manos pero era imposible…
Yo me quedé dura y muda… él me miraba sorprendido y yo de seguro estaba tan roja de la vergüenza que hasta podía sentir mis mejillas arder. Comencé a llorar ¿qué más podría haber echo? ¡Sentí la vergüenza de mi vida! Lo empujé para que se apartara de enfrente de mí y corrí desesperadamente hacia la puerta del baño, lloriqueando y moqueando salí apresurada de la habitación. Corrí tan rápido que choqué mi cuerpo contra los de Azula y Ty Lee que al parecer me estaban buscando, yo caí al suelo y me golpee la cabeza con el mármol del piso. Las chicas me ayudaron a aponerme de pie y al verme detenidamente se asustaron.
- ¡Mai! ¿Qué te sucede? –gimieron ambas preocupadas.
Yo sentía como el aire se me escapaba, los latidos de mi corazón cerraban mi pecho, ¡estaba llorando, el sudor se apoderó tanto de mi cuerpo que hasta había mojado mis axilas y el cuello de mi vestido, mi rostro estaba colorado como tomate… y de repente, mis ojos se cerraron, caí tumbada al suelo y ya no sentí nada más…
Desperté en la enfermería (si no lo era, se parecía mucho) de Palacio, con Ty Lee y Azula, cada una a un lado de mi cama, esperando a que yo de explicaciones.
- ¡Por fin despiertas! –dijo Ty Lee asustada. Yo aun sentía mi frente sudada y aun continuaba temblando atemorizada. Mis lágrimas ya se habían secado en mis mejillas pero un hipo se apoderizó de mí.
- ¿Qué sucedió? –pregunté aun mareada por el golpe que tuve en mi cabeza al caer al suelo.
- Te desmayaste –dijo Azula muy seriamente-. ¿Qué sucedió? Estuve más de una hora buscándote y luego apareciste así: toda roja y sudada –no podía decirles la verdad, ¡quedaría como la más degenerada del planeta!
- No lo sé, no… recuerdo nada… -vi la ventana-. ¡Oh no! ¡¿Ya oscureció?! ¡Mis padres van a matarme!
- Oh, es cierto, hay que llevarte a casa –dijo Azula.
Una vez que salimos afuera de Palacio, subí al carruaje junto con Ty Lee, el cual nos llevaría de regreso a casa, seguramente mi padre me daría un largo sermón sobre el horario al llegar… Azula mientras tanto saludaba con ambas manos desde las puertas de Palacio, y detrás… detrás de ella, escondido tras un muro se encontraba Zuko, esta vez vestido del cuello hasta los pies, mirándome penetrante, con una sonrisa en su bello rostro, una sonrisa que denotaba la picardía que acabábamos de cometer sin nuestro consentimiento. Yo volví a acalorarme y a correr la mirada, esperaba que Azula ya no me invitara a Palacio otra vez, no podría mirar a Zuko a los ojos sin apenarme por los recuerdos de ese día…
Eso fue todo lo que sucedió, querido diario, confieso que en ese momento desee que me tragara la tierra. Aun me siento apenada y no puedo dejar de recordar aquella sonrisa tan pervertida que Zuko me lanzó al subir al carruaje... La verdad es que estas semanas ha estado muy serio, y para que algo le provocara una risa de ese tamañano, debió de ser algo agradable para él. Vi como él también estaba algo ruborizado, sin embargo, aquella sonrisa me hacía darme cuenta de lo mucho que había gozado que yo lo mirara sin vestimenta alguna.
Perdón por lo bizarro de este cap, sé que no va para la edad que tienen pero me pareció una gran idea para comenzar con la, diría yo, relación amorosa jeje. Agradezco mucho el comentario de onlyzutara ¡muchas gracias! Espero que les guste este capítulo. Besitos y saludos.
