Capítulo 2: Es cuestión de tiempo.
Las dos semanas siguientes fueron… extrañas. Sherlock Holmes nunca se había comportado así antes. Estuvo ordenando absolutamente todo, con excepción de su papeleo, por supuesto. Nunca había visto tanto brillo en la casa. Tanto la Señora Hudson como yo estábamos anonadados.
Era como si Holmes quisiese causar una buena impresión en su hermana.
Él jamás quiso impresionar a alguien, porque no le importaba lo que los demás pensaran de él. Esto era completamente distinto. Como si aquella joven que habíamos conocido hacía pocos días había cambiado a mi amigo para bien, afortunadamente.
Creo que incluso ordenó mi habitación, y la suya tuvo severos cambios.
Agregó otra enorme cama en su habitación. Volvió a pintar las paredes, de color azul esta vez. Ordenó su ropero, dejando la mitad vacío.
Tomé el reloj de la mesa de luz y lo volteé, ya que la hora se reflejaba en la pared.
-¡Watson no toque absolutamente nada! –de repente el reloj desapareció de mis manos-. Todo está en su lugar, perfectamente en su lugar.
-¿Pretende que no mueva nada?
-Exacto, John. Lo dijo usted mismo.
Esto era ridículo, por lo que tome las llaves y salí a dar una vuelta.
Ω
Debo admitir que la remodelación que hizo Holmes en la casa fue… alucinante. Realmente cambió, pintó y redecoró todo.
El piano de la Sra. Hudson, quien simplemente nos lo regaló, estaba ubicado en la sala de estar, al lado del violín de Holmes. Aunque, por desgracia, estaba desafinado.
Un día fui a buscar algo a la nevera que se había llenado de alimentos. Cuando le pregunté qué pensaba hacer con ellos, me respondió:
-Querido Watson, no vio el libro que dejé junto a los alimentos. Es para que empiece a familiarizarse con el arte culinario –estaba mirando la computadora, bastante ensimismado.
-¿Qué lo tiene tan absorto? –inquirí inclinándome sobre la pantalla.
Mi amigo reía mientras observaba en la pantalla.
-Brillante, brillante –repetía constantemente-. Lea este artículo, Watson.
Se levantó de la silla, cediéndome el lugar, mientras iba hacia la ventana.
El artículo decía lo siguiente:
Lidiando con personas complicadas...-Alice Holmes.
El "yo lo sé todo"
El primero de la lista es "el yo lo sé todo". Los Yo lo sé todo se ven a sí mismos como expertos en todo. Parecen sabiondos y hablan con seguridad sobre casi cualquier tema. Frecuentemente haciendo sentir a los otros estúpidos o inferiores. Este tipo de personalidad es engreída y competitiva, y suele tratar las ideas ajenas de forma brusca y despectiva
Solución: Primero, no tome su comportamiento personal, muchos lo toman así cuando entran en contacto con este tipo de persona. Yo lo sé todo se manejan con la necesidad de controlar todo, usando sus conocimientos como escudo para protegerse a sí mismos de lo incierto. Entonces, para tratar con este tipo de personas, necesitas que ellos consideren tus ideas sin cuestionar directamente sus conocimientos. Esto significa que tienes que estar bien preparado y ser diplomático.
El bebé llorón.
Como el nombre sugiere, el bebé llorón se comporta como un niño cuando no logran salirse con la suya. Utilizan el mal humor para manipular a las personas. Se alejan y enfadan, dándote el tratamiento silencioso, o se quejan y luego comienzan a despotricar que nadie los escucha, toma en serio, etc. Este comportamiento inapropiado e infantil puede ser muy frustrante.
Solución: Necesitas encontrar por qué el bebé llorón se comporta de esa manera. Si ellos son celosos y actúan buscando la atención de los demás, lo mejor que puedes hacer es ignorarlos. Sin embargo, si su comportamiento deriva de una verdadera carencia de confianza, ellos necesitan apoyo.
El mandón.
Este tipo de persona siempre está diciéndoles a los otros qué hacer. Tienen una personalidad muy fuertey pueden sobrepasarte si les dejas. Están tan acostumbrados a hacer las cosas a su manera que tienen una la habilidad de forzar a los otros a que hagan lo mismo. Muchas veces te encontrarás haciendo lo que ellos quieren.
Solución: No trates de ganarle al Mandón en su juego: no hay caso en decirles lo que tienen que hacer. El primer paso sería aprender a decir NO. Esto será complicado al principio, pero una vez que lo hayas dicho, será más fácil. El truco es permanecer calmado y respetuoso: de esta manera serás capaz de enfrentarlos sin la necesidad de iniciar una pelea o discusión.
La bala perdida.
Como un cañón que no está atado y rueda sobre la cubierta de un barco, este tipo de personalidad es impredecible y puede causar problemas. Una bala perdida tiende a actuar de manera impulsiva sin pensar sobre las posibles consecuencias. Son insoportables, las personas se sienten ansiosas cerca de ellos porque parecen estar fuera de control e inalcanzables.
Solución: Una bala perdida necesita que le hagan ser consciente de que su comportamiento es irresponsable y cómo afecta a las personas. Puedes hacer esto, no intentar reaccionar negativamente en el momento del incidente, pero esperar hasta que los dos se calmen y, tranquilamente, describir la situación.
El aguafiestas.
La mayoría de las personas se han cruzado alguna vez en su vida con un aguafiestas. Son negativos y críticos. No parecen ser capaces de ver el lado positivo en ninguna situación y siempre piensan que pasará lo peor. Su actitud los hace parecer insensibles y, casi siempre, arruinan las expectativas e ilusiones de otras personas.
Solución: Tienes dos opciones con el aguafiestas. Puedes intentar mostrarle lo positivo donde ellos ven lo negativo. O tomar lo que dicen como algo personal.
El cadete espacial.
Este tipo de persona es intrigante porque ellos aparentan estar en su propio mundo y están fuera de contacto con la realidad. Tienen dificultad para prestar atención o recordar cosas, y a veces se compartan extrañamente, lo que hace sentir a los demás inseguros.
Solución: Este tipo de persona puede ser frustrante, pero no aparentan provocar reacción negativa en las personas. Trata en su lugar de hacer lo mejor de su singularidad, y no los pongas en una posición donde necesites confiar en ellos por algo.
-Esto es muy útil, Holmes –comenté mientras miraba el contador de visitas - ¡Dos mil visitas en dos horas! Es increíble…
Ω
Se podría decir que la semana restante fue insoportable para mi amigo. Se veía ansioso por la llegada de su hermana y el hecho de que no tenía un caso interesante lo tornaba todo más insoportable.
Estuvo pasando el tiempo gritándome por cosas que hacía. Intentaba dejar cada cosa en su lugar. Todo debía ser perfecto. Pero era muy extraño que la casa esté ordenada. Siendo sincero, estaba acostumbrado al desorden.
Ω
-Sherlock, ¿estás seguro que no hay otra invitación para la graduación de su hermana?
-Señora Hudson, ya le he dicho que sólo han enviado dos invitaciones, tendrá que esperar –respondió mi amigo, malhumorado.
Más que malhumorado, yo creía que estaba ansioso, ya que por fin traería a su hermana con nosotros.
Rápidamente tomamos un taxi, el cual nos llevó sin problema hacia el Imperial College.
El lugar estaba lleno de globos azules, tanto en la entrada como en el patio, donde se llevó a cabo la celebración.
Luego de presentar nuestras invitaciones, pasamos sin problema y, a los pocos minutos, comenzó la celebración.
Todos los graduados estaban sentados enfrentados al escenario, donde estaba el director Lautrec pronunciando algunas palabras y una mujer acomodando la mesa llena de diplomas.
Comenzaron a llamar a cada uno. A cada nombre se le escuchaba una salva de aplausos, se le entregaba un diploma, luego tomaban una foto.
Luego, comenzaron las menciones especiales, sobre los alumnos destacados en cada área. Se podría decir que no fue sorpresa que Alice subiera unas cuantas veces al escenario a recibir alguna medalla.
Si mal no recuerdo, eran premios por ser la mejor alumna en Matemática, Física, Química, Música, Anatomía. También sus premios en Campeonatos de Esgrima, Arco y flecha, Capoeira y Defensa Personal.
Cuando el director Lautrec dio por inicio la celebración de los graduados, todos saltaron de alegría.
Mycroft se encontró con nosotros en medio de aquel barullo.
Pudimos localizar a la hermana de mis acompañantes, quien recibía las felicitaciones de sus profesores. En cuanto nos vio, se acercó a nosotros con una sonrisa.
-Felicitaciones –pronunciamos los tres a la vez.
Mycroft y Sherlock le extendieron una caja, se podría decir que tenían la misma forma, a la vez. Ella tomó ambas y las sacudió.
-Sus llaves, gracias –volvió a sonreír.
Era confirmado, ella tenía las habilidades de sus hermanos. Era increíble poder deducir el contenido de un regalo con sólo sacudir una caja.
Creo que entre ella y Sherlock, me volverán loco…
