Capitulo 2.- Legado.
"Shaoran"
No sé si fue mi poco interés en la misma platica esperando a que alguien dijera algo estúpido para variar, y sacarnos de aquel silencio tan incomodo mientras mi padre se dignaba aparecer y la cara de Fujitaka no cambiara para nada. No miraba su celular esperando que el reloj pasara más rápido.
No miraba a sus hijos.
No bebía de su café.
Suspire al ver de reojo a la tal Sakura Kinomoto quien en su itinerario y gran información que mi padre había recaudado de ella puedo decir con facilidad que nosotros tampoco tendríamos nada de qué hablar. No habla en clases, tiene pocos amigos, solo está con Tomoyo, no se le conoce novio y bueno, es más que bruta en las matemáticas, se la pasa re cursando una y otra vez.
Ahora no me extraña nada que por ello quiera estudiar Arte y no otra cosa.
Sonreí.
Estaba conectada a su celular escuchando música obviamente, su uniforme de la preparatoria estaba impecable, su hermano apenas me dirigía la mirada y los colegas que estaban a mi lado estaban tan nerviosos que les sudaba la mano.
Sakura bajo el celular a la mesa permitiéndome ver el titulo de la canción que estaba escuchando y la verdad me dejo sorprendido, una chica consentida como ella, tan rosa, tan aparentemente inocente escuchando Gorillaz.
No quisiera llegar a un tema de que las niñas solo deben escuchar, no sé, a Britney Spears no, nada de eso pero para su aspecto yo esperaba algo más dulce como los temas de los animes que pasan cada semana. Tal vez tener todos los soundtracks de las novelas dramáticas y esas cosas. Siendo las cosas así, por lo menos la música era algo de lo cual podría comenzar, por ejemplo decir que mi primer concierto fue exactamente el de Gorillaz y que moría una y otra vez con Dare, además de embriagarme antes de hacer el amor con exactamente Melancholy hill o tal vez era mejor no mencionar eso.
Sin fijarme ya me había inclinado sobre la mesa para poder ver detenidamente que ahora estaba Broken en sus oídos, en su mente, disfrutando tal vez de las estrellas rojas y negras y de los mundos que tiene nuestra mente, su mente, mi mente.
Sonreí cuando me percate de que su mirada verde estaba puesto en mí sin nada de nervios, claro que no, ella no planea lo que yo por lo que fue un acto meramente espontaneo para ella, por así decirlo.
El pellizco de mi hermana en mi muslo derecho hizo que regresara a mi posición erguida en la mullida silla de piel color verde musgo y bueno, fingí aclarar mi garganta mientras Sakura volvía a su música ignorándome como en un principio pero al menos ya había conseguido que me mirara.
Me mordí el labio inferior mirándola fijamente, no quería estar sobre de ella, que sintiera incomodidad por mi presencia o algo así pero tenía que notarme.
No me sonrío, no hizo gesto o mueca alguna, simplemente me miro y yo no pude sino contener la respiración.
—Mis más sinceras disculpas por el retraso — dice mi padre sentándose en su respectivo lugar en la cabeza de la mesa haciendo que todos dejaran los celulares de lado, los periódicos, apagando los cigarros, bebiendo rápidamente del café del cual ya no salía nada humo por lo caliente, acomodando sus sacos, sus corbatas, todos menos Kinomoto él simplemente estaba ahí, sentado igual que cuando llegó, sentado al lado de su hijo quien dejo de jugar con los padrastros de su pulgar derecho.
Estaba tal vez igual o más aburrido que yo.
—No es necesario tu disculpa— dice Kinomoto sonriéndole a mi padre cerrando sus ojos claros tras esos lentes, la cortina de la ironía en su ser.
Se sentía bien eso.
Era como tratar con alguien como yo.
Sonreía, disculpaba y no hacia gesto alguno, solo él sabía lo que pensaba.
Después de miles de comentarios sobre por qué debía de invertir, porque no podíamos ceder a vender, sobre el motivo por el cual necesitábamos la ayuda sin usar nunca la palabra "quebrados", fingiendo todo el tiempo que el dinero estaba congelado, que el dinero estaba almacenado y que los fideicomisos de todos sus hijos no corrían riesgo alguno.
Eriol, como yo me lo suponía no había llegado a la junta pero su secretaria estaba en la esquina tomando notas respecto a cómo le iría si invertía el cinco por ciento de su fideicomiso y de poder dar en renta alguno de sus hoteles de por la zona.
Él con facilidad podría regalarme alguno diciéndome que me lo presta para rentarlo y pagarle el traspaso poco a poco, haría eso y muchas otras cosas por mí pero yo me negaba a eso.
Por el legado teníamos ver que nosotros, los Li y nadie más.
Pedí su ayuda, eso es cierto pero siempre que sea bajo su consentimiento, aunque él lo hubiera autorizado sin preguntarme para qué utilizaría el dinero.
Kinomoto escuchaba atentamente a cada uno de los socios, a mi hermana cuando hablaba con la boca seca por los nervios, a mi padre quien a momentos le contestaba a Touya Kinomoto una que otra duda, miraba a Sakura quien atentamente, como yo miraba y escuchaba como entre todos tratábamos de escudarnos en una perfecta mentira que con hilos trataba de no caerse.
—Escuche suficiente— dice Kinomoto levantando la mano en cuando mi hermana terminó de hablar alegando que la cafetalera está en su apogeo, que la inversión en las tierras de Hong Kong están todas listas y preparadas para ser usadas a la voz de ya siempre y cuando sea inversión en esa tierra y no en la de Japón.
Suspire y luego aguante la respiración mirando a mi padre quien no dejaba de sostenerle la mirada a Kinomoto, a mi hermana quien subía y bajaba su pecho de la agitación por el habla.
El silencio incomodo de todos nosotros al ver la facilidad con la que este hombre actuaba bajo presión con los negocios, con razón tiene tanta influencia.
Comenzó a llover, es casi imposible que se escuchen las gotas de la lluvia golpear contra los cristales pero ahora con tanto silencio de repente bien pudimos escuchar el vuelo de las aves al mismo tiempo.
Me mordí el interior de la mejilla.
Nos iba a dar una negativa, estaba seguro.
—Me parecen todas estas ideas correctas y no estoy en otra posición sino en la de ayudar— dice haciendo una pequeña pausa mirando a sus dos hijos quienes parecían leerle el pensamiento.
—Gracias— logra decir mi hermana pero es callada con la mirada cruel y seria de nuestro padre.
—Siempre y cuando sean en las tierras de Japón— finaliza.
Sonrío tal vez sarcástico, nunca puso atención a nada de lo que se le dijo.
—Es que las tierras de Japón— comienzo a decir interrumpiendo el rictus entre él y mi padre —, no se venden ni se dividen ni queremos otros proveedores— suspiro tratando de no mirar a Sakura —. Es solo una inversión en Hong Kong, estas tierras han estado en mi familia por muchos años, el dinero puedes cobrarlo cuando quieras siempre y cuando no sea aquí…
—Estando en quiebra no veo por qué negarse a una venta pequeña.
Y entonces la palabra que todos nos habíamos negado a usar él la había dicho como si fuera lo más correcto, lo más lógico. Todo el tiempo puso atención, claro, era un hombre listo, todo el tiempo nos analizo, escucho las propuestas y no dijo nada porque ya sabía lo que nosotros diríamos y él siempre supo su respuesta aun si no hubiera escuchado hasta el final.
Abrí la boca un par de veces deseando poder decir algo, que el vomito verbal saliera de una buena vez pero el hombre me había dejado callado. Mi hermana estaba anonadada y todos, otra vez contuvimos la respiración.
Ese hijo de puta era un maestro en cuanto a los negocios.
—Les hare las cosas más fáciles— dice por fin acomodándose mejor en su silla, no se había movido para nada hasta ahora, quitándose los lentes, un toque más personal —. No daré paso a comprar, ni tratar de obtener mediante una hipoteca todo su legado— dice ahora mirándome a mí, luego a mi hermana y ahora a mi padre —; Li, tienes bajo tu poder, en tus manos las familias de cada uno de tus trabajadores, el porvenir de los hijos de tus hijos y un heredero prometedor— suspira —. No hay necesidad de ser necios pero te concederé un pequeño préstamo sin la necesidad de algo a cambio, al menos no tan grande como piensas.
El frio en mi espalda me alertaba algo.
Iba mal.
Las cosas iban mal.
Por primera vez en mi vida vi a mi padre sudar, estar nervioso, ser más pálido que de costumbre.
El miedo no estaba escrito en su nombre pero en sus ojos sí.
—Convénceme que estas tierras y las de Hong Kong valen la pena superando las dos por igual manteniéndonos a la par como hasta ahora, no me molestare si superan mis ventas, no hare malos tratos ni negocios turbios que afecten las tierras. Pero a cambio quiero las escrituras de Japón, cuando hayas terminado de pagarme, tengas un buen socio que invierta contigo sin quitarte tus tierras no te pida más del cinco por ciento yo tranquilamente obtendré tu pago más el diez por ciento de Hong Kong como lo has pedido sin quitarte por completo las tierras, de todo lo contrario y quedes peor de lo que estas, te pagare más que bien que no sentirás el suelo hasta después de tu muerte pero las tierras ya no serán tuyas.
Dicho esto sentí un pequeño rayo de esperanza.
—Ninguno de mis hijos invertirá contigo como lo has pedido con un pago tan bajo para lo que es Hong Kong, así que ahora la decisión es tuya.
—Así se hará— dice mi padre abriendo aquella carpeta de piel color café chocolate firmando los documentos que tanto hemos cuidado por miles de cientos de millones de años a mi parecer, la familia jamás ha carecido.
Lo estábamos perdiendo todo y por un instante sentí las miradas de todos los socios no en Kinomoto, ni en mi padre ni en mi hermana sino en mí.
Obtener a esta niña salvaría a mi familia, nos daría su cinco por ciento y obtendría eso cada año como remuneración siempre y cuando su nombre no se diga en la junta, un donador anónimo que recibe esa cantidad año tras año hasta su muerte. Así ni su padre nos quitaría nada y ella ganaría mi apellido de por medio.
Y por supuesto lo más importante era que tendría el honor, que daría honor a mi familia.
Dios dame una razón y no una opción porque lo único que puedo sentir es que volveré a cometer el mismo error una y otra vez.
Tengo unas ganas de beber una copa de vino o lo que sea para quitarme esa sensación de vinagre en la lengua.
Asentí mirando a los trabajadores y luego a mi padre quien de reojo me miraba mientras Kinomoto firmaba al igual que su hijo y su hija.
—Lo hare— digo a mi hermana quien apenas sonrió orgullosa de mi decisión mientras se levantaba un poco para firmar el maldito tratado de dar las tierras de Japón y luego mi firma, justo al lado de mi nombre.
Y entonces como si fuera acto del destino, estaba dando entero y no en pedazos el corazón de mi familia.
"Sakura"
Pasada una semana después de la junta en la empresa de Li mi padre estaba más tranquilo que antes, festejando el compromiso de mi hermano con una loca ninfómana, mi madre se la pasaba de compras junto Tomoyo para poder organizar cada uno de los preparativos que a mi parecer eran tan tontos como el compromiso repentino de ese par de locos, estaba más que segura que mi hermano ni siquiera estaba enamorado.
Estaba haciendo frio, raro en esta época de abril justo a tres semanas de mi cumpleaños, a casi nada de ser ignorada otra vez, de que me digan "es verdad es tu cumple". Aunque puede que este año fuera diferente, ya por fin recibiría mi dinero bien merecido, compraría un departamento en Tokio, pagaría mi matricula para la universidad y me dedicaría a invertir en algún estúpido negocio para solventar mis gastos aunque conociéndome no invertiría en nada simplemente me dedicaría a trabajar.
Como lo he hecho muchas veces mientras estudiaba la secundaria, mientras mi familia se ponía a dar entrevistas, acabar con varios negocios pequeños yo me partía el lomo tratando de que el legado no me envenenara como a ellos.
Las cosas cambiaron cuando los padres de Tomoyo murieron hacia dos años y medio y mi prima tuvo que vivir con nosotros, para alegrarnos la vida con su cálida sonrisa y su belleza sin igual.
Mire un poco a las personas tratando de imaginarme que sus vidas eran tan fáciles, que si sonreían y tomaban un café era porque no tenían problemas, envidiando sus posiciones y por supuesto ellos ignorándome.
Como un escritor que se imagina lo mejor y peor de su personaje cuando el mismo personaje no tiene ni puta idea de quien lo redacta, vive, actúa y es feliz o infeliz, depende del final que vaya a tener.
Mire mis botas negras sucias de gris por el lodo, mi abrigo purpura cubriendo del viento frio, la gorra estilo victoriana que cubría mi cabello y el cigarro en mi mano derecha con olor a menta tratando de poder ser consumido de un momento a otro. Sentada junto al jodido pingüino que se encuentra en el centro de Tomoeda, el lugar de citas, los puntos de partida y de juegos de muchos niños, los primeros veces, las conversaciones con los amigos, el primer cigarro de marihuana, la primera tocada de pecho de tu vida.
Este lugar tiene historia para cualquiera, viejo, joven o niño.
Vaya que si el pingüino hablara muchos estaríamos en problemas.
Suspire viendo el cielo casi gris, las nubes más gordas soportando un poco de agua antes de reventar para que cayeran, los rayos en el cielo apenas tratando de aparecer.
Amaba este clima, mi situación, el café de vainilla y el cigarro en la mano, podría estar aquí por horas y horas y horas.
Alejarme un poco de la realidad sin la necesidad de escuchar música, para este momento no era necesario.
—El clima es mejor cuando llueve— dice la voz detrás de mí, la voz de un extraño al que conozco poco y nada, el extraño que ya había visto en dos ocasiones de mi vida, el mismo extraño que tendría que frecuentar una vez cada semana hasta que su familia saliera de su aprieto económico.
Si me había estado espiando no me habría dado cuenta, no recordaba muy bien su rostro aunque debo admitir que sus ojos claros, como el chocolate cuando está caliente, cuando le sale humo, bueno, es difícil de olvidar.
¿Qué tenía que hacer?
¿Contestarle y decirle que a mí me gustaba el clima así?
Nunca un chico se me había acercado para hablar, ni siquiera del clima mucho menos preguntarme la hora, por lo general era cuando estaba al lado de Tomoyo. Una vez un chico se atrevió a preguntar mi nombre y solo fue un fiasco después de setenta y dos horas, antes del festín de pastillas de mi madre.
Creo que desde ahí el salir con muchachos no es lo mío.
Si mi miedo es salir lastimada puede que tenga razón pero también mi miedo más grande es lastimar, no me gusta que la gente me quiera, creo que es cuando más sufren.
—Aja— logro decir girándome un poco para mirar a las personas que por un momento se nos quedan viendo.
Tal vez un paparazzi.
No sé ni me importa, es lo bueno de la gente de negocios y sus hijos, somos un cero a la izquierda, las mejores notas se las dan a los cantantes y actores.
Que de hecho, si quisiera ser actriz o artista dudo mucho hacer alguna entrevista, esto hablando del futuro.
— ¿Me puedo sentar?
Pregunta sacando una cajetilla de cigarros mentolados, tal vez era como el presente para poder disfrutar de la compañía, probablemente salió tarde del trabajo, me vio, pasó por aquí y decidió acercarse.
Después de todo ahora somos como socios por así decirlo.
Inclino los hombros apenas moviéndome un poco para dejarle lugar, su vestimenta no me parecía rara pero estar con ese abrigo tan de europeo no iba al caso, como si se negara a soltar el dinero familiar.
Probablemente porque no conoce otra vida.
— ¿Quieres uno?
Pregunta alzando la cajetilla antes de que él tomara uno para él.
Niego alzando mi cigarro que apenas va a la mitad.
Sonríe asintiendo, acto seguido se pone el suyo en los labios sin encenderlo, algo muy raro. Tal vez una metáfora de tener algo que pueda hacerte daño pero no concederle ese hecho.
Entonces yo también sonrío.
—Tienes apenas diecisiete años— dice tal vez para romper el silencio —, no deberías fumar.
—Es otra metáfora como la tuya de no encender el cigarro — le digo apagando el cigarro que no estaba terminado con el talón.
—No es metáfora — dice sonriendo y tirando el cigarro sin encender cerca de un par de palomas que se alejaron inmediatamente después de sentir la muerte de que les arrojaran algo.
—Si tu lo dices— digo queriéndome levantar para poder regresar a casa, caminar un par de horas, tomar otro café, leer un libro o tal vez quedarme dormida.
—Vi que te gusta Gorillaz— dice como si estuviera pensando en qué decir, de qué manera preguntarme algo.
Como si ya tuviera todo un dialogo escrito.
Tomoyo probablemente, tal vez quiere su número, estar seguro dónde vive, si tiene novio, sería más fácil si preguntara directamente.
—Tomoyo no tiene novio hasta ahora — digo soltando de repente la información cual víbora venenosa.
Sus ojos se entrecerraron al mismo tiempo que sus labios se formaban en una delgada línea haciendo una mueca bastante extraña, mordiendo su labio inferior como lo hizo en la junta cuando miró detenidamente mi celular aparentemente fascinado por el gusto de Gorillaz.
Tal vez él también era fan.
—No me interesa Tomoyo— dice tratando de excusarse al momento de reincorporarse a la misma pose sobria de antes —, pero si ella está interesada en mí no me interesa a mí. No sé si me explico.
¿No está interesado?
Vaya, es el primero.
Todos y todos desean tenerla.
Es como la heroína, como esa droga potente que te hace adicto… como esa marca de perfume que tanto te gusta y quisieras que te quedara el olor por siempre.
—La muñequita de porcelana no me interesa y disculpa si creíste que vine aquí para preguntarte por ella, de querer acercarme a ella lo habría hecho en el Pink Palace, sé dónde y cuando canta. Es mi lugar favorito pero no por ella, más bien por las bebidas.
Mmm vaya, un hombre alcohólico.
—Lo siento— digo poniéndome un poco roja —, es la fuerza del habito, normalmente siempre se me acercan para conocerla.
—Tú eres más bonita— dice mirándome fijamente sin titubear, sin cerrar sus ojos, sin distraerse, sin pensar en lo que me ha dicho y no hay cómo retractarse, dejándome con la boca abierta.
Decirle gracias, ni siquiera cabria en la conversación.
Y entonces por primera vez veo quien es físicamente, tal vez lo que todas desean pero con un deje de misterio, oscuro… un chico problemático cuando tenía mi edad por ejemplo.
Bastante lindo, atractivo y de cuerpo como para no quejarse.
De esos modelos que solo puedes ver en revistas y nada más.
—Ahí está mi auto — dice levantándose sin esperar a que yo hiciera lo mismo, después de todo me encontró aquí mismo, sentada sin molestar a nadie hasta que llegó él.
Así sin más.
—Seguro— digo al momento en que veo que deja la cajetilla a mi lado o tal vez no se ha fijado que la ha puesto ahí.
—Nos vemos la próxima semana— dice comenzando a caminar hasta aquel auto negro del cual no parece ser manejado por algún chofer o algo así.
Tal vez solo fue casualidad que nos encontramos aquí.
Un chico de veintitrés años no busca a una chica de preparatoria para platicar con ella.
Debe ser eso.
"Shaoran"
Dicen que las casualidades no existen, que solo existe lo inevitable. Nunca me había interesado aquel dicho hasta este mismo momento, cuando por "inevitable situación" saliendo de la empresa me encontré con nada más que la misma Sakura Kinomoto. Sentada sin hacerle daño a nadie, bebiendo café, fumando un cigarro mentolado y con aspecto de alguien que gusta de artes.
Sonreí solo de pensarlo. Suspire después de un rato para fijarme que no estaba solo en la habitación y que dos de mis cuatro hermanas estaban conmigo. Ignorándome por supuesto, pero no podía pensar con claridad cuando alguien más estaba junto a mí.
Mis hermanas Feimei y Shiefa, ambas gemelas de catorce años se divertían viendo tranquilamente una revista de modas mientras al mismo tiempo contestaban un test en la computadora de vaya uno a saber qué tipo de mierda.
Ellas tienen permitido estar en el despacho de nuestro padre siempre y cuando se trate de alguna tarea importante y que estuviéramos o Fanren o yo para poder supervisar. Por lo general estudiaban realmente con mi hermana pero conmigo era diferente, ni yo me metía con ellas ni ellas conmigo.
De poder decir con quien tengo mejor relación de las cuatro sería difícil ya que en realidad no tengo buena relación con ninguna, bueno sí, un poco, más bien siento algo de protección respecto a Fuutie. Ella tiene ocho años y se puede decir que es con quien mejor me entiendo.
No necesito contarle nada para que ella sepa lo que me pasa, a su corta edad es la niña más madura que he conocido jamás. Tal vez a la falta de madre, exactamente mi madre murió hacia ocho años, no sabemos mucho respecto a eso y mi padre jamás había querido decir algo, pero yo jamás la vi enferma, siempre fue muy sana incluso después del parto de mi hermana.
Fuutie regresó del hospital y mi madre no. Y como todo hombre primogénito que solo tenía a su madre para consuelo, quede devastado.
A los quince años sentía que estaba muerto en vida.
Sin esperarlo y sin pensarlo sacudí la cabeza como si con eso aquellas memorias y pensamientos se fueran a desvanecer en alguna parte de mí ser, en un archivero para no ser sacados nunca de ahí.
Volví a suspirar como por tercera vez en el día fijándome en el periódico que estaba frente a mí, había recordado que mi padre lo dejo desde temprano en la oficina para mí y por supuesto me negué a leerlo hasta ahora.
Revise el periódico en la sección de sociales y ahí estaban Sakura, su hermano y la prometida de él. Se haría un gran festejo, se haría una gran fiesta, seria la boda del año, en primera plana de muchas revisas.
Tirarían tanto dinero como si no les faltara nada.
La novia presumía aquella enorme roca incolora de miles de quilates, arreglándoselas para que todo el mundo que viera la fotografía en automático se mirara su anillo de compromiso.
El articulo era más o menos superfluo, entrevistas a ambos novios, un comentario de Sakura…
… "Estamos muy felices de que por fin se haya fijado la fecha" dice alegremente Akizuki, la flamante prometida del mayor y heredero de la empresa cafetalera de Kinomoto quien ha presumido a una revista de Tsubasa Reservoir que su vestido estará lleno de cientos de rosas rojas en señal del amor que se tienen ambos "no nos hemos limitado en cuanto al festejo, será la mejor boda del siglo, lo puedo asegurar, aunque este invitada alguna revista de prestigio estarán presentes familiares y amigos cercanos así como algunos socios de mi prometido".
Quien no parecía muy feliz con el festejo o por lo menos así nos pareció fue cuando se le hizo la entrevista a la hermana menor del festejado, la pequeña Sakura quien únicamente dijo "el matrimonio se debe realizar cuando la persona con la que quieres estar es de por vida, así que si no se está seguro para qué intentarlo".
Varias fuentes aseguran que lo contrario a lo que dijo la hermana menor de Touya Kinomoto es que se les ve muy felices y que parecen novios de semanas de relación a pesar de ya tener más de cinco años.
El festejo se realizara en la mansión de Masaki Amamiya, el bisabuelo de ambos quien murió el verano pasado. Esperamos con ansias la invitación a la boda del…
Reí cuando termine de leer apenas eso, la persona, el periodista que redacto estaba más emocionado por el festejo que los mismos novios, el comentario de Sakura bien acertado.
¿Quién se casaría sin amor?
Yo por ejemplo. En los negocios ninguna relación es porque sí aquí todo es arreglado más con los japoneses.
Le di un gran sorbo a mi tercer vaso de vodka mientras arrancaba la fotografía del periódico cuidando de dejar exactamente la parte en la que Sakura había hablado, incluso hoy que por primera vez había hablado con ella me percate que no es muy parlanchina como Tomoyo quien parecía hablaba por los codos.
Eso me gustaba, no tener que fingir hablar de algo estúpido únicamente para poder hacer conversación con alguien. Mire a mis hermanas quienes no estaban atentas de mí y luego sonreí, justo en un momento cuando ellas terminaran su rato de tonterías de niña haría la llamada que tanto había planeado.
Llamada que por supuesto fue idea de Eriol, quien como buen amigo había planificado el momento de abordaje. De no ser por él, yo ni en cuenta que ella estaría en aquel famoso parque.
Eriol, cuando se lo propone es bastante listo, más cuando se trata de mujeres.
—La cena estará casi lista— dice Shiefa tomando de la mano a mi hermana y a su hermana para apagar la computadora y salir tranquilamente del despacho ignorándome como siempre, dejando la revista en el taburete.
Cerré la puerta con seguro y me acerque a ese mismo escritorio que lleva años aquí y que parecía no morir.
Puse un poco de música de estilo de radio, en automático sin escogerla, algo que se viera informal y no algo actuado ya sobre escrito sin la necesidad de improvisar. Las mejores citas y conquistas son las que aparentan honestidad y las que no tienen un guion de por medio.
Fue malo de mi parte dejar exactamente el celular que uso para la gente importante pero de nada serviría comprar uno en especifico solo para eso y además estaba bloqueado. No podría ver nada.
Marque los dígitos sentándome en el mullido sofá de piel negra mirando la enorme ventana que tenía manchas de lluvia, viendo de momento el suelo que estaba repleto de granizo.
El sonidito extraño de marcación sonó una y otra vez, cinco veces y a la sexta, su voz.
— ¿Otra metáfora?
Reí, no dijo "hola" como yo esperaba o algún otro saludo cortes como cuando encuentras el celular de algún extraño, ella sabía que era mío y que yo marcaría así como yo sabía de ante mano que ella contestaría de alguna manera improvisada.
—No hay metáfora alguna para el olvido de un celular— digo sin quitar la sonrisa de mi rostro.
Estaba fingiendo claro y estoy consciente pero ella no es tonta, es lista y bonita. Hasta eso el acto seria rápido.
—Seguramente lo pensé por los cigarros — dice suspirando al mismo tiempo que se escucha que cierra una puerta.
—Ha dejado de llover — digo en automático abriendo la puertecita de cristal sacando mi mano derecha para verificar que no cae gota alguna del cielo.
Ella no lo ve pero siento que está haciendo exactamente lo mismo.
No sé por qué…
—Puedo dejar tu celular en la empresa de tu padre, voy de camino para la biblioteca de Tokio.
— ¿Tan lejos?
Pregunto sin querer y sonando atrevido, entrometido pero la biblioteca estaba a hora y media de Tomoeda para allá, además aquí había muchas bibliotecas.
—Una metáfora mía— dice sin más.
Sentí por un momento, un largo momento que realmente la conocía, no conocía este sentimiento, por supuesto que no entendía absolutamente nada y a mi parecer me hacia sentir como… bien por el simple hecho de no tener que esforzarme del todo.
Si bien tenia que fingir, pretender con ella para poder obtener sólo necesario pero sentía que la conocía, es tan fácil tener qué decir a su lado.
Y sólo he hablado con ella una vez.
Suspire mirando la lluvia, el cielo ya gris dejándose caer el sol cubriéndose con la manta negra de estrellas encendiendo el foco lunar.
Por un momento me puse a juguetear con el cable del teléfono en algún especie de movimiento nervioso.
—Sabes, voy en camino a la empresa de mi padre— miento ágilmente pero también sé que ella pudiera detectar la mentira.
Puede que esa habilidad de la detección de mentiras, engaños, cotilleos, etcétera era algo con lo que se nacía.
O tal vez porque no se le puede mentir a un mentiroso.
—Seguro — dice suspirando —, pues entonces te veré ahí para entregarte tu amado celular que no ha dejado de sonar.
Reí.
No es que las mujeres me llamen a cada momento para tener algún encuentro conmigo, no en absoluto yo no soy así, no necesito de una mujer a mi lado para poder quitarme la tensión del cuerpo, esas las busco cuando, dónde y cómo yo quiera.
Hasta ahora ninguna ha sabido mi número telefónico ni siquiera habían tocado el celular.
—Bueno, supongo que te veré en la entrada en unos…
—Diez minutos— se apresura a decir ella —, llevo prisa así que no podre esperarte, si te veo grandioso y te regreso tu celular sino lo dejare con algún encargado que se encuentre afuera.
Reí. Nuevamente.
Ninguna mujer me hacia reí tanto por tan poco.
—En diez minutos será.
"Sakura"
De fondo escuchando la majestuosa voz de Freddie Mercury y su Bohemian Rhapsody, de fondo como cual tarjeta de navidad la lluvia cayendo sobre aquellos grandes edificios hermosamente alumbrados en amarillo, las nubes gordas y grises, no había cielo azul o negro, era todo un tono gracias a la lluvia.
Era hermoso.
Sí, me había aventurado a tomar el auto de mi hermano con el único permiso de haber puesto una nota en la puerta de su recamara. Un simple: tome tu auto prestado.
Ni explicaciones ni nada al respecto aunque pensaba que ni siquiera lo vería dado que estaba más que encamado con su prometida o cualquier otra persona dado que mi padre había decidido viajar a Hong Kong para vaya uno a saber qué y mi madre se la pasara en algún lugar secreto como siempre.
Sin decirnos nada ni a mi padre, mi hermano o a mí.
¿Tomoyo?
Ni siquiera esta en discusión su paradero, ella siempre esta bien.
El Li Coffee estaba doblando a la esquina y en la puerta de cristal polarizado estaba recargado Li Shaoran con una gabardina en negro, sus cabellos castaños parecían empapados y su pantalón de mezclilla, al igual que su cabello con manchas más oscuras en los talones. Tal vez había llegado caminando.
—Ho mamma mia mamma mia…
Recita al mismo tiempo que los integrantes de Queen cuando decido acercarme lo suficiente como para que todo aquel que pasara a mi lado escucharan con claridad la dulce sinfonía de uno de mis grupos preferidos.
Entonces cual chica que esta siendo coqueteada, reí sin desearlo.
Tal vez Tomoyo es más experta en esto del coqueteo, aunque claro no estoy del todo segura que él este coqueteando, puede que lo haga yo o ni siquiera. Simplemente el hecho de jamás haber hablado con un chico por más de cinco minutos en el teléfono con la idea de entregarle algo y alguna conversación no estúpida pero fuera de lugar.
—Hola— me dice sonriendo tímidamente, estaba casi temblando sin importarle la lluvia mientras la hermosa sinfonía de Queen terminaba —, me parece que tienes algo que me pertenece…
Dice asomando su rostro más dentro del auto de lo que me convenía.
—Será mejor que te…
—Entre antes de morir de una hipotermia — dice invitándose ágilmente al auto.
Entrando por el lado del copiloto sin importar que dejase húmedo el lugar y bueno, a mí tampoco me importaba mucho ese hecho.
Quise guardarme una carcajada de poder hacerlo pero ni siquiera pude hacerlo dado que él estaba ahí, sentado a mi lado con el pecho subiendo y bajando una y otra vez de la agitación tal vez por correr y evitar mojarse pero obviamente sin lograrlo.
Es guapo, lo admito pero… es tan diferente, tan oscuro, tan melancólico aun mirando su sonrisa en el rostro pareciera que esta fingiendo todo el tiempo.
Un rasgo heredado de la familia para conocer del todo a las personas, aunque nunca vamos a conocer a alguien profundamente.
—Me gusta Janis Joplin — dice en cuanto una de sus tantas canciones comienza a sonar —, sabes que antes de morir y gracias a su adicción a las drogas ella dijo que…
—Algo que te hace sentir tan bien no puede hacerte daño— digo arrancando el auto sin mirarlo más, evitando sentir su presencia.
Yo no estaba del todo de acuerdo con ella.
Parece que él sí.
— ¿Te gustan las drogas?
Me atrevo a preguntar mirando que el semáforo esta marcando el amarillo para rápidamente pasar al rojo y dejarme en un alto momentáneo.
Cuanto quería el verde justo ahora.
—No todas — dice sin mirarme —. Aunque nuestro café, el cigarro y el alcohol tienden a dejar adicción. Suspira pasando una mano por su cabello para luego morder su labio inferior
Tal vez algún tipo de tic nervioso que no se ve tan mal en un chico que aparenta ser malo con esa vestimenta, esta música y ese rostro.
El verde en su libre expresión dejándome continuar manejando el preciado auto de mi hermano y que Nakuru ama tanto que ni siquiera deja que nadie, ni el mismo Touya lo maneja tan seguido.
Como si cuando ella muriera este inútil móvil y cualquier otra cosa material fueran a ser enterradas con ella.
— ¿Dónde quieres que te deje?— pregunto dando una vuelta en "u" para poder ir en dirección a su casa, me parece que puedo dar con la dirección sin que él me lo dijese dado que bueno, soy muy buena en eso de ubicarme, tal vez porque desde niña siempre tuve que estar sola a tal grado de que no me enviaran a la escuela o se les olvidara por varios días dado que mi hermano tuvo su triste historia no tan típica adolescente.
—No voy a dejar que una niña de diecisiete años vaya sola a Tokio a una estúpida librería cuando aquí hay una calle repleta de libros, mucho menos sabiendo que ella no tiene permiso de conducir.
Abrí los ojos como platos, cómo coño sabía que yo no tenía permiso para conducir, lo conozco poco y nada. Lo mismo que él a mí.
—Una persona que sabe manejar— comienza a decir mientras permite que siga manejando sin rumbo alguno —, cambia las velocidades — apunta moviendo algún aparato del auto —, y una persona responsable que ha aprobado un curso de manejo sabe que las direccionales son indispensables para evitar accidentes así que a menos que sepas manejar no permitiré que vayas a Tokio tu sola, tu decides si me permites manejar hasta alguna librería, compras lo que quieres y luego yo te regreso a tu casa.
— ¿Cómo regresaras tú a tu casa?
—De la misma manera que mucha gente sin auto— dice tranquilamente señalando su celular que se encuentra en la guantera que ha permanecido abierta desde el momento en que decidí entregársela y él decidió entrar al auto sin permiso.
Ríe tal vez al percatarse de mi cara de no entender.
Hacia frio o era mi imaginación.
De momento hacia calor o era mi imaginación.
De la nada la música se había terminado o sólo era mi imaginación.
Imaginación que por mucho tiempo que me dejo en estado…insomnio.
—Llamare un taxi — dice tomando su celular color negro táctil acto seguido cerrando la guantera, sacando su cartera gris para también mostrarme su identificación y permiso de manejo, fotografía en la que normalmente todo el mundo sale mal o le cambian el nombre, el sexo o la edad.
Tal vez a él le pasó lo mismo que a todos pero por lo menos su fotografía era perfecta.
—Vamos — me alienta como si no tuviera alternativa —, el motor estará arruinado y tu hermano o padre darán las gracias por este acto de amor a los autos que te otorgó, no creo que quieras algún castigo.
Asiento quitándome el cinturón de seguridad para abrir la puerta o por lo menos tener ese intento hasta el momento en que sentí su cálida mano cerrarse entorno a mi muñeca.
—No te bajes— pide al momento en que él también se quita el cinturón —, puedes mojarte y enfermar— dice obligándome a acercarme a él —, ven, pásate a este lado con cuidado de no pisar nada.
Entonces, como si todo fuera místico y que gracias al cielo por mis pensamientos y que la música no estaba fuera de nuestro alcance Melancholy hill hizo su aparición cual hada madrina que cumple tus deseos.
El hermoso sonidito de fondo, la letra. Su significado.
No puedes tener lo que deseas pero me tienes a mí… tu eres mi medicina.
Me trae buenos y malos recuerdos y aun así es mi favorita.
Poco a poco él se fue moviendo a modo de hacer lo mismo conmigo obligándome a sentarme en sus piernas para poder pasarme al lado del copiloto pasando su mano por mi espalda y con la otra mano moviendo mis piernas sin dificultad.
Estaba agitada y creo que él también o lo disimulaba demasiado bien.
Me mordí el labio inferior.
Los pitidos de los otros autos obligándonos a movernos.
Gorillaz de fondo.
El hijo del socio de mi padre y yo a su lado.
Puedo besarlo o él simplemente estaba actuando así porque es su forma de ser con los clientes, ganárselos afuera y adentro.
—Listo — dice poniéndome en el sillón respectivo al copiloto acercándose lo suficiente como para jalar el cinturón de seguridad y ponérmelo como si yo fuera una niña pequeña.
—Gracias — logro decir a causa de mi nerviosismo pero permitiéndole ver que mis mejillas están tan rojas como una manzana, como una cereza...
—Pareces una fresa— me dice pasando una mano por mi mejilla acariciándome con el dorso —, que bonita eres…
Entonces el escalofrío me traiciona moviendo mi cuerpo involuntariamente, cediendo ante el tacto.
Sonríe.
—No estas muy acostumbrada al contacto ¿verdad?— dice alejándose un poco tal vez notando que estoy completamente incomoda por la situación y por el momento tan inesperado.
No tenía que pasar así.
—Solo déjame en mi casa — digo en ipso facto bajando la ventana permitiéndome que el frio entrara por mi rostro y no parecer una fresa como él lo dijo.
—Desde luego — dice apretando varios botones, moviendo aquella palanca de velocidades encaminándose a la dirección correcta —. Iba a visitar a tu padre hoy así que me sé tu dirección.
—Pues pierdes el tiempo— digo subiendo la ventana nuevamente, estaba comenzando a enfriar y él parecía no estar familiarizado con el clima, puede que sólo le guste verlo pero no estar en él.
—No me digas — dice fijando aun más su mirada, apretando el volante, pisando más el acelerador.
Está loco.
—Está tarde decidió ir a Hong Kong— dice irónico, molesto, colérico.
Cierto, la situación económica de su familia.
Por poco y lo olvido, aunque no entiendo del toco a mi me parecía que tenia más dinero del que podía pedir o perder.
—Algo así— digo suspirando —, pero volverá mañana en la mañana.
— ¿Esa es una invitación para pasar la noche en tú casa esperando a que llegue tu padre?
Entonces si parecía una fresa, una manzana, una cereza ahora era en totalidad tal vez una uva por el cambio tan drástico de color.
Abrí los labios un par de veces, moviéndolos tratando de dar una negativa, algún insulto pero su comentario fue tan repentino que no estuve preparada para una confrontación rápida.
—Por supuesto que no — digo tratando de no exaltarme, ni gritar ni hacer algún gesto con el rostro pero creo que eso no lo pude evitar.
—Claro que no— consiente él mientras mueve su cabeza un par de veces cantando en silencio Feel good inc.
Imitando la risa de rap del segundo cantante.
—Feel good tan tan tan feel good…
Canta ignorándome, fijándose en las calles.
Pasando rápido el tiempo, casi sin que la canción se termine llegamos a mi cárcel, digo casa: blanca, hermosamente bien cuidada aunque yo amaba la casita pequeña que teníamos cerca del parque pingüino antes de que el bisabuelo muriera y nos heredara esta mansión.
Creo que antes éramos más felices.
—Creo que podrás meter el auto sin problemas a partir de aquí — dice quitándose el cinturón de seguridad, dejando el auto en marcha mientras abre la puerta y yo al mismo tiempo la otra.
Continúa la música pero no reconozco cuál es.
—Gracias por mi celular— me dice besando ligeramente mi mejilla para inmediatamente pasarse a la segunda calle, marcar a sepa Dios qué número y continuar con su camino como si no nos conociéramos.
Y no nos conocemos pero…
— ¡Nos vemos la próxima semana!— grita levantando su celular que ha vuelto a su poder y yo apenas sonrío entrando el auto.
Extraña forma de quitarme la respiración.
The Melancholy Coffee Shop: aquí nuevamente reportándome damas y caballeros. Espero que hayan llegado hasta aquí para poder leer un poco de la melancólica detrás de la tienda de café.
Antes que nada quisiera agradecer los comentarios en el primer capítulo, en mi piloto como prefiero decirlo. Tanto los buenos como los malos comentarios, que siempre y cuando sean con respeto, los leeré con la misma dedicación que ustedes tuvieron para escribirlo.
Me siento emocionada por el hecho de que algunas de ustedes ya comiencen a indagar con tanta problemática familiar en cada uno de los personajes y las deducciones que ya tienen en sus cabecitas, eso me da gusto quiere decir que voy por buen camino.
¿Qué les pareció el capitulo?
Ciertamente a mí me encanto dado que ya se va mostrando un poco del interés de Shaoran y que ha logrado cautivar a la melancólica Sakura, así como también hemos conocido un poco del pasado de Shaoran y el motivo del cual su madre no esta presente, hasta lo poco que él sabe.
También cabe aclarar que obviamente ellos se tenían que acercar de una forma poco común como la música o en este caso el celular que Shaoran ha dejado a propósito y la forma en la que cambian de lugar en el auto fue tan añsoidfkljdfj o al menos me lo pareció a mí que leí el capitulo lo suficiente como para decir "qué sigue" luego me puse a pensar que era yo quien lo escribía. Debo decir que ya llevo algunos capítulos escritos y que serán publicados conformes la marcha de lo que voy haciendo.
Tengo pensado que sean cada quince días seguidos de cada publicación siempre y cuando no tenga algún inconveniente que no me lo permita, pero descuiden que seguirá.
¿A alguien le gusta Gorillaz?
Si no les gustan o nunca los han escuchado ¡Adelante con su repertorio!, ciertamente me imaginaba a Shaoran cantando y me decía a mí misma "pero que bombón de hombre". Pero en fin, espero les haya agradado este nuevo capitulo creado en mi tienda de café mental con un clima frio y melancólico y me comenten acerca de él.
Acepto todas sus críticas, si les gusta, si no les gusta, si quisieran algo en especial y este en mis manos no duden en pedirlo.
¡Fin del comunicado! (/u.u\)
