Gracias a la gente que haya leído el primer capítulo, me hace muy feliz saber que las letras que con tanto ahínco tecleo en mi ordenador se adentran en las mentes de las personas que me lean.
Gracias a gene por su review. Si ya tenía ganas de continuar, leer un comentario positivo como el tuyo aumenta aún más mi fervor literario.
¡Espero que os guste el segundo capítulo!
«Y si no le hubiera conocido no habría encontrado el motivo que me hiciera seguir viviendo».
Bella se repite esa misma frase día y noche desde que conoció a Jacob.
Un chico de alta estatura y porte atlético que vivía dos calles más abajo de la suya en un vecindario apartado del epicentro de Chicago. Una urbanización hermosa de casas con jardines contiguos separados por vallas de madera era la estampa que Bella contemplaba al salir de su hogar cada mañana para dirigirse al instituto. El instituto. Qué decir de esa edificación que la conducía al hastío... No era más que cimiento y paredes que la encarcelaban como si de un espécimen de laboratorio se tratase. Todos los alumnos del primer instituto de la ciudad eran famosos por las gran aptitudes laborables que adquirían al cursar sus estudios en ese instituto pero tanto Bella como Jacob eran diferentes al resto. No tan... cómo decirlo, esnobs.
Estaba de acuerdo en que su educación merecía la mejor de las enseñanzas pero no haber podido conseguir ni una sola relación amistosa decente con ninguno ni ninguna de sus compañeras, era algo más que deprimente. Bella no era la más guapa ni atrevida de la clase... ni la más inteligente. Una más.
Sin embargo, Jacob...
Era otra historia.
En el instituto era conocido como "El alpha". Era el líder de su pandilla. Un grupo de pijos vestidos con polos y camisas de cuadros. No obstante, Jacob destacaba entre ellos. Quizá porque era el único moreno... O debido a su cuerpo más desarrollado gracias al atletismo. Era tan rápido en los certámenes deportivos que recibió más de una beca para acudir a la universidad de California. Donde él quería estudiar.
Justo a 2.800 kilómetros de distancia.
O lo que es lo mismo, unas dos semanas en coche.
Ese mismo año Bella se había sacado el carné de conducir. Su madre le regaló un Chevrolet Volt. Que no es que fuese el vehículo más apropiado para una chica de su edad pero eso a su madre no debió importarle mucho. Tenía cuatro ruedas y un motor. ¿Para qué más?
Bella pensó en qué le podría ofrecer la universidad de California a ella y a su posible futuro, a parte de permanecer al lado de Jacob. No descubrió nada. Meditó durante medio año la posibilidad de marcharse con él pero la mente y la razón ganaron la batalla al corazón y así fue como Jacob se separó a miles de kilómetros de Bella.
Bella no tardó en recomponerse y todo gracias a su gran amiga Jessica.
Jessica era la típica chica a la que todo el mundo gusta. La que todo chico sacaría a bailar en una pista de baile y a la que todo chico le pediría salir. A su lado, Bella resultaba insignificante y ella se reía en sus adentros comparándose con la propia sombra de Jessica. La verdad que todo era de broma. Cuando salían de fiesta el promedio de chicos con los que ligaban era parecido, incluso tomando ventaja Bella en alguna ocasión. Remota pero alguna.
Hoy era la noche.
La noche que había estado esperando durante tanto tiempo. El grupo de rock alternativo que más le apasionaba desde que comenzó a sentir aprecio por ese tipo de música tocaba en su ciudad.
Los "Rock Altern" tocaban en Illinois. Cerca de ella.
Son las 20:18 pm y la habitación de Bella apesta a colonia. Cuando se rocía tras ducharse eso parece un hervidero de gases. A Bella le encanta el olor a jazmín que permanece en su piel. Se olisquea el hombro y el cabello y decide que ya es suficiente. Ya está, según ella, perfecta. Y la ocasión lo merece. Su amiga Jessica aún no ha llegado a casa. Se demora. Más de la cuenta. No suele tardar. No es habitual en ella. Bella se despide de su madre con dos besos y un caluroso abrazo. Le va a hacer falta ese calor. Es invierno y el frío de la calle hiela hasta el alma.
Se coloca su abrigo preferido y decide acabar de esperar a su amiga en el portal ya que acaba de mandarle un mensaje que indica que ya está en camino.
Bella no se contenta con el mensaje y la llama por teléfono. Tras dos tonos Jessica descuelga.
―Oye, ¿ya estás llegando? Me estoy congelando, Jessica.
―Sí. Te he dicho que estoy de camino, estoy con el manos libres. Me faltan dos curvas. Mira, si te estoy viendo. ¿Me ves? Te estoy haciendo luces, tía.
Dos ráfagas de luz provenientes de un Mini Cooper ciegan a Bella, que tiene que taparse los ojos con la mano derecha.
―Vale, vale.
Bella cuelga y se dirige por el camino de cemento hacia la carretera en frente de su casa. El Mini se detiene y Jessica le abre la puerta desde dentro.
―Entra, deprisa que se va el calor ―ríe Jessica.
―Ahora tendría que dejarte la puerta abierta, por todo el frío que he tenido que pasar esperándote ―gruñe Bella mientras se sienta en el asiento del acompañante.
―¿Qué te crees? ¿Que no pasaremos frío en el concierto?
―No ―sonríe Bella.
―No, claro. Cuando veas a Patrick te arderá la sangre.
Las dos amigas ríen a carcajada limpia mientras de un acelerón Jessica deja la huella de los neumáticos dibujada para siempre en el asfalto. Una firma de lo que será el día que les espera.
El día que cambiará la vida de Bella para siempre.
