CeroPositiva
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la grandiosa Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos, pero la trama es completamente de mi autoría, por favor digan no al plagio.
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Capítulo 2* Pérdida
En el poblado de Forks, muy lejos de Chicago, habitaba una familia humilde; el patriarca, Edward Masen era un hombre bien parecido, de cabellos cobrizos y ojos azules que dedicaba su vida a su esposa e hijo. Él era contador y se dedicaba a llevar la contabilidad de un pequeño negocio de objetos deportivos que pertenecía a los Smith, otra familia del lugar.
Elizabeth Masen era la ama de casa, esposa y madre que atendía los deberes de su hogar y a su único hijo: Edward. Elizabeth se casó muy joven y tuvo a Edward poco después; sus difuntos padres siempre la habían comparado con Esme, su hermana mayor, y a pesar de ello Elizabeth mantenía una muy buena relación con su hermana.
Edward Anthony Masen era el único hijo de este matrimonio, él tenía veinte años y quería ser arquitecto; estudiaba en una pequeña universidad en Seattle, pero estaba muy lejos de Forks yendo en auto, por lo que él tuvo que conseguir un pequeño cuarto donde dormir en ese lugar y buscarse un trabajo de medio tiempo para pagar el alquiler.
Algunos fines de semana, sus padres lo visitaban en Seattle pero eran muy escasos porque el dinero no les alcanzaba para costear la universidad, sus gastos personales y los servicios de la casa, por lo que era más común que él los visitara.
—¿Como va la escuela? Espero que cuando te gradúes los primeros planos que hagas sean para la reforma de la casa— escuchó a su madre desde el otro lado de la linea telefónica
—Lo serán mamá, van a ser mi primer gran proyecto— contestó Edward con una sonrisa aunque su madre no pudiera verlo
—Tu papá ya arregló el auto, tal vez podamos ir la siguiente semana— comentó Elizabeth a su hijo con añoranza, hacía dos meses no lo veía
—No te preocupes mamá, no es necesario que vengan, tengo algunos exámenes de final de semestre, y voy a trabajar estas vacaciones en el bar.
Edward no quería que sus padres viajaran a verlo, no por que no los quisiera ver, sino porque el viejo auto de su padre podía dejarlos tirados en medio de la carretera y no era algo que él quisiera que pasara.
—Pero queremos verte, tus tíos y primos vienen para las vacaciones después de su viaje y pensábamos ir por ti o que vinieras la casa para entonces— habló su madre
—Voy a hacer lo posible por estar en casa para entonces— suspiró Edward resignado
—Pronto será tu cumpleaños y no sé si podamos festejar juntos — comentó Elizabeth triste
—No es tan importante mamá.
—¡Pero claro que lo es! ¡Mi bebé cumple veintiún años! ¿Cuando te hiciste tan mayor?— exclamó la mujer
—Tengo que ir a trabajar mamá, te hablo la otra semana a la misma hora
—Está bien cariño, te amamos.
—Yo también los quiero mamá, dale saludos de mi parte a papá, adiós — dijo Edward y colgó
Edward se levantó de su incómodo sofá para irse a trabajar, pues en ese momento de su vida esa era su rutina; levantarse temprano, desayunar, ir a la universidad, tareas y demás por la tarde y en la noche a trabajar al bar. Pero últimamente con lo caro que estaba todo ya no le alcanzaba lo poco que ganaba por lo que había buscado un segundo empleo y ahora fregaba platos en un restaurante de la ciudad.
Caminó hasta el restaurante y pasó toda la tarde ahí; después se marchó al bar donde permaneció buena parte de la noche hasta que finalmente regresó a su pequeño departamento. Así pasó un mes, pero su rutina cayó cuando una noticia llegó.
—¿El señor Edward Anthony Masen?— preguntó un oficial de policía en el marco de la puerta del departamento de Edward
—¿Si?— preguntó Edward nervioso
—Lamento ser portador de tan malas noticias, pero tiene que acompañarme.
Edward se imaginó muchas respuestas a la visita del oficial, pero todo en lo que pensó no lo preparó para ver lo que estaba pasando realmente; el hombre no lo llevó a la central de policía, lo llevó a la morgue donde otro hombre le informó que había habido un accidente automovilístico en la autopista que llevaba a Seattle, y encontraron los documentos de sus padres en el vehículo pero necesitaban de su ayuda para reconocer los cuerpos, ya que lamentablemente ambos pasajeros habían fallecido.
Ese día su vida cambió por completo, pues al entrar a la habitación y que le mostraran los cuerpos que habían hallado sus peores miedos se volvieron realidad; ante él estaban los cuerpos inherentes de sus padres. No lo podía creer aún, no después de haber colgado el teléfono y hablar con su madre tres horas antes de la llegada del policía.
Lo único en lo que pensó fue en llamar a su tía, era la única familia que le quedaba; Esme Cullen estaba en un viaje por las vacaciones y por el más reciente acontecimiento decidió suspenderlas y viajar a Seattle con su sobrino. Ella y su familia llegaron un día después.
—¡¿Pero que pasó Edward?!— preguntó una desesperada y llorosa Esme
—El...el oficial me dijo que el auto derrapó en la carretera, ¡Ellos venían a verme tía! ¡Es mi culpa!— contó Edward llorando
Edward estaba conmocionado, le habían dicho que el auto de sus padres derrapó en la carretera cuando viajaban a Seattle porque habían algunas capas de hielo y el auto se salió de control.
Edward se culpaba de ello porque en tres días era su cumpleaños y sus padres seguramente viajaban a visitarlo a él; a él que bien pudo viajar para verlos, pero todo por ahorrar dinero les dijo que no iría ese año. Se sentía rabioso con él mismo, no dejaba de pensar en el "y si hubiera" que no era más que para dañar su ya muy herida conciencia.
Esme no lo culpó de nada, por el contrario, lo alentó para que dejara atrás este momento de su vida e intentara superarlo en compañía de lo que quedaba de su familia, le ofreció una vida nueva en Chicago ella le proponía viajar y quedar bajo su cuidado hasta que pudiera valerse por si mismo.
Edward pensó mucho en la propuesta de su tía, ella y Carlisle lo apoyarían si se iba a Chicago con ellos pero la universidad era un gasto muy grande que con lo poco que tenía no alcanzaba a cubrirse, no podía permitir que sus tíos cargaran con él.
Carlisle y Esme ya tenían dos hijos en la universidad, no podía sumarles sus gastos y menos ir a vivir con ellos.
—No lo pienses tanto Edward, aquí vas a estar solo y hace mucho que le propuse a Elizabeth y a tu padre ayudarlos con tu universidad, para nosotros no representa mayor gasto económico, queremos ayudarte y podemos hacerlo— se explicó Esme por tercera vez en esos tres días que llevaban en Forks por el velorio de Edward y Elizabeth Masen
—Lo sé tía, pero no quiero ser una carga para ustedes, ya sé que quieren que valla a vivir con su familia pero ¿Qué dicen Alice y Emmett sobre ello? También voy a vivir con ellos y no es justo imponerme.
—Ellos te quieren, amaban a Elizabeth, por ella por mi hermana pequeña, ella no hubiera querido que te quedes solo en Seattle, podemos hacer tu papeleo para la universidad en Chicago en la que van tus primos, por eso no debes preocuparte.
—No sé si este tomando una buena desición pero iré con ustedes, aquí todo me recuerda a mis padres y no quiero caer.
—No lo harás, Edward, nos tienes a nosotros; tienes a tu familia— le dijo Carlisle quien había escuchado las palabras de Edward.
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Unas semanas más tarde, Edward estaba llegando a la nueva universidad; esta era más grande y pintoresca nada parecido a la que asistía en Seattle, pero tenía un problema, no uno, más bien varios problemas.
Ese primer día se le había hecho tarde y a Emmett se le olvidó que lo iba a llevar a la universidad, así que Esme tuvo que llevarlo, su tía le ofreció ayuda para ubicar cada cosa en la escuela pero el se negó para no afectar más el tiempo de su tía. Su segundo problema era el tartamudeo que siempre tenía cuando estaba nervioso y ese día lo estaba especialmente, pues había llegado a lo que le pareció el edificio principal preguntando por el de arquitectura y una señora muy amablemente le señaló el tercer edificio.
Caminó hasta el lugar que le indicaron, entró en el edificio buscando una oficina donde preguntar por su horario y al no hallar ninguna le preguntó a uno se los jóvenes que pasaba por ahí; el joven le informó que los horarios se entregaban en el edificio principal, con la secretaria del rector. Edward agradeció la información y salió casí corriendo de donde estaba, pero su día continuaba empeorando.
—¡Auch!— se quejó la muchacha cuando él se estampó contra ella.
—Lo... lo... lo siento... no... no... no te vi— se disculpó Edward avergonzado
—¡No importa!— contestó la chica, tomando su carpeta y la hoja que le tendía Edward —¡Joder! ¡Voy tarde! Adiós— le dijo sin volear a verlo y salió corriendo.
—Adiós.
Musitó Edward cuando ella ya iba por la mitad de la escalera; siguió su camino hasta el edificio principal tratando de no tropezarse con nadie esta vez, pero iba tan distraído que pensó que se caería; su mente estaba en el rostro de la chica con la que tropezó, porque aunque no le vio los ojos, sabía que eran hermosos, los imaginaba verdes como los de su madre o los de él mismo; transmitiendo sus sentimientos con solo una mirada. Pero fueran del color que fueran ella era hermosa, era un ángel caído del cielo, sus finos razgos y sus suaves curvas lo tenían embrujado.
Cuando llegó al edificio que le indicaron se encontró con una fila enorme de personas pidiendo su horario y no pudo hacer más que formarse y esperar. En su espera su mente volvió a la chica de cabellos caoba, ¿Cómo se llamará? Pensó.
Y después de media hora al fin fue su turno para recoger su horario, pero nuevamente comenzaba mal; su primera clase era Cálculo y ya tenía media hora desde que había comenzado.
Corrió nuevamente hasta el edificio de arquitectura y buscó en el primer piso el salón, al no encontrarlo subió rápidamente al segundo donde estaba el salón que buscaba, la puerta estaba abierta pero se escuchaba una hermosa voz hablando ¿Será ella? Su voz es idéntica pensó y sin más preámbulos tocó la puerta suavemente para llamar un poco la atención.
—Lo... lo... lo siento...— y ahí estaba su tartamudeo nuevamente — soy nuevo aquí — habló desde el marco de la puerta.
—Pase por favor, y que sea la última vez que llega tarde no tolero la inpuntualidad— contestó el profesor y para su sorpresa el hombre sonrió —Señorita Swan, parece que este año será diferente— agregó y volteó la mirada a una de las jóvenes, estaba sentada en uno de los lugares más al fondo del salón y sola
Al verla Edward supo que ella era su ángel, vio sus ojos por primera vez y se encontró con un par de orbes azules que lo veían con fastidio y él no entendía porque.
—¿Cual es su nombre? — le preguntó el profesor a Edward
—Edward Anthony Masen, señor.
—Muy bien joven Masen, tome asiento con la señorita Swan así formaremos todas las parejas de trabajo para este semestre.
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¿Qué les pareció? Estos dos primeros capítulos son loa únicos cortos, a partir del siguiente la extensión será mayor. Y aprovecho para agradecer todos sus hermosos comentarios, realmente nunca pensé que les agradaría esta idea hasta ese punto. Como informé en el grupo de Facebook, la actualización tardó mas porque estoy algo enferma y mi mamá no me deja ni acercarme a la Pc, pero hoy salió y tuve oportunidad de venir.
Maleja Twihard: ¡Me encanta que te haya gustado! Y claro que lo voy a continuar. Cary: Renée si Sue fue cobarde con respecto a Bella y pronto veremos que pasó con ella, pero ¿Quien sabe lo que pasó y pasará? Solo Renée tiene esas respuestas, Charlie adora a Bella, Sue y Seth son su familia y la aman también, ¿Que te parece Edward?
A las personas que tal vez no tienen un perfil de FF y que se dan un tiempo para comentar, les aviso que contestaré sus reviews como lo hice con Maleja Twihard y Cary. Y les agradezco mucho a todas que se tomen una parte de su tiempo para comentar.
Promocional: Les recuerdo que podrán encontrar adelantos, fotografías y mucho más referente a este y a mis otros Fics en el grupo de Fb Bella Readers (link en mi perfil)
Besos desde México, Bella.
