A la mañana siguiente Elizabeth despertó al sentir los primeros rayos de sol caer sobre su cuerpo, tardó un poco en acostumbrarse a la luz y cuando por fin pudo abrir bien sus ojos lo primero que vio fue a Julia acurrucada junto a ella, su brazo alrededor de su estómago. Elizabeth sonrió al verla y acarició su mejilla suavemente, recordando todo lo que había ocurrido la noche anterior y como su sueño por fin se había cumplido. Nadie lo sabía, pero ella ya llevaba mucho tiempo enamorada de la doctora Hoffman, no se había atrevido a mencionarlo y ahora que ya sabía que Julia sentía lo mismo se arrepentía de haberse quedado callada.

En todo eso pensaba Elizabeth cuando sintió que Julia se estiraba junto a ella y al voltear se encontró con sus enormes ojos color café que la miraban fijamente. "Buenos días Julia", le dijo a la doctora y ella besó sus labios suavemente, "Buenos días Elizabeth". Las dos sonrieron y se quedaron acurrucadas debajo de las sábanas por varias horas, hasta que a lo lejos se empezaron a escuchar las voces de los demás miembros de la familia, quienes se preguntaban por qué Elizabeth no les tenía ya preparado el desayuno. "Tengo que irme Jules, gracias por esta noche tan hermosa", Julia acarició su mejilla y después de mirarse por unos segundos más Elizabeth se levantó y empezó a juntar su ropa, la cual había quedado esparcida por toda la habitación.

Julia rió en silencio e imitando a Elizabeth se levantó de la cama para recoger su ropa, pero se detuvo al ver que la Sra. Collins caminaba hacia la puerta de la habitación, ya completamente vestida. "Liz! Espera!" gritó la doctora Hoffman y corriendo hacia ella la abrazó fuertemente, besándola apasionadamente. Elizabeth le devolvió el beso con una sonrisa en los labios y al separarse las dos se tomaron de las manos, "Te extrañaré Jules, te quiero". Sin decir nada más abandonó la habitación y dejó a Julia sola en la habitación.

Una hora después Julia bajó a desayunar y al entrar al comedor se encontró con el resto de la familia ya sentada a la mesa, desayunando hot cakes y jugo de naranja. Elizabeth sonrió el verla y rápidamente sirvió un par de hot cakes en el plato que pertenecía al lugar que estaba junto al suyo. La doctora se sentó al lado de Elizabeth y después de ponerles miel y mantequilla a los hot cakes tomó la mano de la Sra. Collins por debajo de la mesa, arreglándoselas para comer con una sola. Ella sonrió al sentir su mano sobre la suya y la apretó suavemente mientras miraba su plato, intentando actuar lo más naturalmente posible para que el resto de la familia no se diera cuenta de lo que pasaba.

"Qué hermosa mañana, no les parece familia Collins?" dijo Julia para romper el hielo y Barnabas miró por la ventana. "Tan hermosa como usted Julia", le dijo el vampiro y la doctora lo miró muy sorprendida mientras Elizabeth azotaba el vaso de jugo contra la mesa, derramando todo su contenido. Rápidamente las dos limpiaron y la Sra. Collins fulminó a Barnabas con la mirada, mientras este seguía comiendo su desayuno sin darse cuenta de lo que acababa de ocasionar. Julia miró a Elizabeth y ella puso su mano sobre la pierna de la doctora, acariciándola muy suavemente mientras Julia se esforzaba por reprimir un gemido.

Varios minutos después todos terminaron de desayunar y Roger, Elizabeth y Julia se quedaron en el comedor para recoger los platos sucios y llevarlos a la cocina, la cual se encontraba hasta el otro lado de la casa. Las dos mujeres estaban tan ocupadas lanzándose miradas desde extremos opuestos de la habitación que ninguna de las dos se dio cuenta de que Roger las miraba con curiosidad. "Qué les pasa a ustedes dos?" les preguntó sin poder contenerse y las dos rieron suavemente. "Ayer tuvimos una pequeña plática", dijo Julia intentando mantenerse seria y Elizabeth terminó con todos sus esfuerzos cuando dijo, "Asi es Roger, de mujer a mujer". Las dos se volvieron a mirar y para el asombro de la doctora la Sra. Collins le mandó un beso, soplando en la palma de su mano.

Ese día fue uno de los peores de la vida de Julia Hoffman. Elizabeth tuvo que salir al mediodía a arreglar unos asuntos con el capitán de sus barcos pesqueros y Julia se tuvo que encerrar en su consultorio por tres horas seguidas, atendiendo al pequeño David, quien afirmaba que veía al fantasma de su madre. La doctora no probó ni una gota de alcohol en todo el día, pero aún así le fue más difícil que nunca concentrarse, sus pensamientos siempre se iban hacia Elizabeth Collins y se preguntaba qué estaría haciendo y con quién estaría. Después recordó lo que había ocurrido la noche anterior y se vio en la necesidad de despedir al niño, quien salió del consultorio muy preocupado por el comportamiento de su psiquiatra.

Julia cerró la puerta con llave y fue a sentarse en el sillón que estaba junto a su ventana, intentó relajarse pero al ver a lo lejos la fábrica de los Collins solo consiguió alterarse más. Sus pensamientos se fueron hacia la noche anterior, cómo al principio Elizabeth había intentado alejarse para luego aceptar lo que sentía. Pasaron las horas y cuando anocheció Julia empezó a preocuparse por Elizabeth, así que decidió salir de su consultorio e ir a buscar a Roger para preguntarle si sabía por qué la Sra. Collins llevaba fuera todo el día. Desesperándose un poco lo buscó por toda la casa y al no encontrarlo decidió ir a buscarla ella misma, cogió las llaves del coche y un poco nerviosa por no saber manejar muy bien. Esperando que nadie escuchara el ruido del motor Julia encendió el coche y manejó colina abajo hasta llegar a la reja de Collinwood, se bajó del coche para abrirla y una vez dentro de nuevo se dirigió hacia el pueblo, manejando un poco más aprisa de lo que habría sido prudente.

Veinte minutos después por fin llegó a las puertas de la fábrica y, casi olvidando apagar el coche, corrió hacia el interior llamando a Elizabeth. Miró a su alrededor y se sorprendió al ver lo grande que era la fábrica, "Ese hombre sí que sabe reconstruir" pensó de Barnabas y empezó a caminar en círculos, sin dejar de llamarla. Julia ya empezaba a preocuparse en serio cuando por fin encontró a Elizabeth sentada enfrente de su escritorio profundamente dormida, sus manos actuando como si fueran una almohada. La doctora suspiró aliviada y caminó hacia ella, se arrodilló junto a la silla y muy suavemente besó sus labios, intentando despertarla para llevársela de vuelta a la mansión Collins. Elizabeth abrió los ojos lentamente y sonrió al ver a Julia junto a ella, "Te quedaste dormida Liz, me tenías muy preocupada", le dijo la doctora y las dos se levantaron, se tomaron de las manos y se dirigieron hacia la salida. Al ver el coche la Sra. Collins volteó a ver a la doctora, "Veniste sola Jules? Manejando?" , Julia asintió y Elizabeth rodeó su cintura con sus brazos, acercándola lo más posible a ella. Se miraron por largo rato hasta que por fin la doctora se inclinó hacia adelante y la besó apasionadamente, sin importarle quien pudiera estar observándolas o qué fuera a pensar la gente de ellas.

Media hora después estuvieron de vuelta en la mansión y se encontraron a Carolyn esperándolas en la puerta, mirándolas como si no pudiera creer que las dos mujeres pudieran estar juntas sin hacer otra cosa que no fuera pelearse. Las dos bajaron del coche y sin pensarlo mucho Elizabeth tomó de la mano a Julia mientras miraba a su hija, intentando explicarle el comportamiento tan raro que estaban teniendo. Carolyn las miró muy sorprendida y a pesar de tener solo 15 años en seguida comprendió lo que pasaba entre su madre y la psiquiatra de su primo, sus ojos se llenaron de lágrimas y corrió hacia su habitación. Julia ya iba a correr detrás de ella pero Elizabeth la detuvo, "Yo conozco a mi hija Jules, dale tiempo para que lo asimile o te correrá de su habitación incuso antes de que intentes entrar". La doctora volteó a verla y asintió, todavía un poco preocupada por lo que su relación con Elizabeth pudiera provocar.

Sin decirle nada más la Sra. Collins la llevó a su habitación y después de cerrar la puerta detrás de ellas las dos se volvieron a besar, mientras Julia tomaba la pierna de Elizabeth y la ponía alrededor de su propia cintura, acariciándola muy suavemente. Las dos caminaron hacia la cama y la Sra. Collins hizo que Julia se sentara, mientras que ella empezaba a quitarse su vestido muy lentamente. La doctora la miró con impaciencia mientras Elizabeth hacía su vestido a un lado y seguía con su ropa interior, pronto quedando completamente desnuda enfrente de ella. Julia se recostó en la cama con las piernas colgando por el borde y Elizabeth se arrodilló enfrente de ella, deslizando las manos dentro de su vestido y quitándole la ropa interior, lanzándola hasta el otro lado de la habitación. Lentamente levantó el vestido negro de la doctora hasta descubrir sus piernas por completo y las separó aún más para tener un mejor ángulo. Elizabeth se inclinó hacia adelante y sopló suavemente sobre su clítoris mientras acariciaba sus muslos, haciendo que Julia respirara entrecortada y levantara sus caderas para intentar llegar hasta su boca. Ella rió al ver el efecto que causaban sus acciones sobre la doctora y acercándose más recorrió a Julia con su lengua, haciéndola gemir y temblar un poco. Pasados unos minutes Elizabeth empujó su lengua dentro de la doctora y con uno de sus dedos masajeó su clítoris, mientras Julia gritaba de placer y arqueaba su espalda. La Sra. Collins metía y sacaba su lengua, intentando ir cada vez más profundo, hasta que por fin sintió como los músculos de Julia se contraían alrededor de ella, señal de que la doctora por fin había alcanzado el orgasmo.

Después de morderla por última vez Elizabeth se levantó y se acostó encima de Julia, escuchando como el latido de su corazón volvía a su ritmo normal. Las dos sonrieron y la doctora acarició su espalda muy suavemente. La Sra. Collins fue la primera en hablar y mirándola a los ojos le dijo, "Jules, quiero que seas mi novia". Julia la miró muy sorprendida y asintió mientras la tomaba por la parte de atrás de su cuello y la acercaba a sus labios para poder besarla. "Ya puedes cerrar las piernas amor", le dijo Elizabeth y las dos rieron mientras Julia se levantaba de la cama, dispuesta a devolverle el favor a su nueva novia.