Capítulo 1

Era un día normal para Kagome, como cualquier otro, bueno, no era como cualquier otro, quizás un año atrás podría catalogarse un día normal, pero su cotidianidad se había transformado en estar en una época de quinientos años en el pasado, luchando con toda clase de monstruos, y hoy no era así, hoy se limitaba a ser una estudiante más de instituto, y con sus tres eternas amigas Yuka, Eiri y Ayumi se dirigían a una tienda de hamburguesas, ya que, siendo el primer día en que iba Kagome a la escuela después de la rara enfermedad que padecía que ni su abuelo parecía sabérsela –sorprendentemente ya se le habían acabado la lista de enfermedades- tenían que celebrar su regreso, y estaban caminando despreocupadamente, cuando de repente Kagome se adelantó y dio media vuelta encarando a sus amigas, al parecer por enésima vez estaban preguntándole acerca de su novio celoso peliplateado Inuyasha, porque la cara de la chica parecía simular perfectamente al de un semáforo en parada.

En ese mismo momento en dirección contraria a la que iban las chicas venían dos muchachos, aparentemente también adolescentes de 16 o 17 años, porque a juzgar por sus uniformes se encontraban en preparatoria, pero sin embargo no eran iguales a los verdes que nuestra muy conocida colegiala usaba, ya que estos chicos eran de un colegio privado.

El mayor, con una piel tan blanca como la nieve, de mirada carente de emociones de un profundo azul oscuro casi negro y cabello azabache de un largo envidiable, hasta su cintura con algunos mechones mas cortos que caían sin problema en su cara, agarrado con una coleta baja, tenía lo que se podría confundir fácilmente con un flux negro, pero no lo era, el saco negro el cual llevaba abierto tenía la insignia de su colegio Saint Rudolph's, y la camisa blanca que llevaba abajo tenía los tres primeros botones sueltos, dejando ver así una cadena de plata con un dije de una luna en cuarto creciente. La menor, que en estatura tan sólo era más baja que el pelinegro en dos centímetros como mucho, también de una tez blanquecina y cabello azabache largo uniforme, sin flequillo, suelto, con unos ojos de un azul ligeramente más claros que su acompañante pero con la mirada más fría que este, llevaba el típico traje de marinero, con diferencia de que era negro con blanco, la falda le llegaba un poco más arriba de las rodillas y el lazo fucsia en la camisa, y los zapatos en este caso eran botas altas –tanto en tacón como en largo- amarradas hasta arriba.

Como les iba narrando estos iban caminando en dirección contraria a nuestras cuatro conocidas, y la menor se dio cuenta de que una de ellas se atravesaba perfectamente en su camino, pero lo ignoró, haciendo que al pasar, tropezase con Kagome la cual automáticamente perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo, pero ella ni se inmutó, haciendo que sus amigas se encolerizaran por la actitud de aquella ojiazul.

¿Kagome estás bien? –preguntó Eiri mientras la ayudaba a levantarse-.

Si Eiri no te preocupes –respondió mientras se daba cuenta del gran raspón que tenía en la rodilla- auch.

Miren ustedes par de idiotas –gritó Yuka haciendo que los dos pelinegros pararan y el mayor se volteara para ver a la chica, la cual, al verlo, se quedo paralizada por tan hermoso chico, pero al recordar que le había hecho a su amiga fue suficiente para devolverla a la realidad- ¿acaso no piensan disculparse con mi amiga?

Ehm… bueno –el chico cambió su semblante frío por uno totalmente gentil, dirigió su mirada a la chica que estaba a su lado, la cual ni siquiera se había volteado, y después puso su mano libre (ya que estaba sosteniendo con la otra un maletín) detrás de su cabeza en un gesto despreocupado, para luego caminar hasta donde estaba Kagome y Eiri, tendiéndole su mano para que se parara- mi hermana y yo lo sentimos, mi nombre es Kurokami Yuki –y le dedicó una sonrisa seductora haciendo que las dos chicas se sonrojaran-.

Ka-kagome –dijo después de haberse parado con la ayuda del ojiazul-.

¿Ah?

Mi nombre es Kagome, y el de ella es Eiri, y ellas son Yuka y Ayumi –señalando a cada una de sus respectivas amigas-.

Yuki ¿terminaste de socializar? –preguntó una voz de una chica la espaldas de todos ellos, que por primera vez giró su cuerpo para encararlos-.

Ai, no seas tan antipática, ven y te las presento –dijo el chico sin quitar su sonrisa-.

No me interesa conocerlas, vámonos.

¿Pero que te pasa? ¡fuiste tu quien empujó a nuestra amiga y ni siquiera te has dignado a disculparte sino que lo hizo tu hermano! –intercedió por primera vez Ayumi-

No se preocupen, ella es mi hermana, Shirakami Ai –les dijo a las chicas mientras le hacía a su hermana un ademán para que se acercase pero al no ver ningún movimiento por parte de la chica les susurro "es una amargada" de forma de que sólo ellas escucharan para luego despedirse de cada una e irse.

. . .

La cara de esa chica me parece conocida –dijo Kagome pensando en voz alta-.

¿En serio? ¿de donde? –preguntó Yuka-.

No sé, quizás se me parece a alguien más –respondió nerviosamente-.

Si, posiblemente, es raro ver algún estudiante de Saint's Rudolph por aquí, es un colegio demasiado caro y queda algo alejado del centro de la ciudad.

Si, eso debe ser –"pero sigo pensando que se me parece a alguien"-.

¿No se les hizo raro que a pesar de que tengan apellidos distintos se dicen hermanos? –comentó Ayumi-.

Es cierto, uno de ellos es Shirakami y el otro Kurokami, aparte, es más raro aún el contraste de sus nombres con su personalidad –dijo Eiri mientras se ponía una mano en la barbilla como gesto de estar pensando-.

¿Por qué lo dices Eiri? –preguntó Kagome ya dejando sus cavilaciones para otro momento-.

Sus maletines sino se dieron cuenta tenían sus nombres, el apellido Shirakami se escribe con el kanji shuro que es blanco y kami que es dios, dios blanco, y su nombre Ai es amor –seguía Eiri analizando-.

Pero como puede tener un nombre tan lindo alguien tan antipática como ella –dijo Yuka-.

Quizás sus padres no sabía que iba a ser un tempano de hielo –se burló Ayumi- ¿y el nombre de Yuki?

Yuki está escrito como nieve, y Kurokami, es dios oscuro o dios negro, realmente interesante.

Si, aunque volviendo al tema de que se llamen hermanos, quizás sólo es que crecieron juntos, y miren ya llegamos vamos a comer –dijo Kagome para ya terminar el tema que le estaba fastidiando-.

. . .

Idiota, ¿por qué expusiste tu presencia frente a esa humana? ¿acaso no te diste cuenta que es una sacerdotisa? –preguntó Ai desinteresadamente pero con un deje de molestia en su voz-.

Si, me di cuenta, pero quería ver si podía detectarme, pero parece que ella misma es inconsciente de sus poderes, además ¿por qué le temes a una simple sacerdotisa?

No le temo, pero sabes muy bien que no podemos ponernos en riesgo en este mundo, no hasta que logremos saber cómo regresar al nuestro, es…

Un fastidio convivir con los estúpidos humanos –completó la frase de la chica- vivir con humanos no es tan malo Ai.

No, no es malo, es una pesadilla –concluyó la chica dejando a Yuki con una cara de total fastidio ante su actitud-.